SOÑAR
El Cardenal Suenens afirmaba: “¡Felices los que tienen la audacia de soñar y están despiertos a pagar el precio necesario para que su sueño tome cuerpo en la historia de los hombres!”
Bien sabemos que los hijos e hijas más grandes de cada generación histórica se han distinguido del resto por su capacidad de soñar y su constancia, unida a una esperanza brillante por anhelar una sociedad diferente.
No te desanimes en tu aventura existencial y atrévete a soñar.
Sueño que llegará el día en que los carros del combate se harán arados y los corazones insolidarios de los hombres se abrirán en beneficio de la paz y de la justicia.
Sueño que el Primer mundo abrirá las puertas de su egoísmo para mirar al Tercer Mundo con benevolencia y misericordia, y se pueda perdonar la deuda externa de los países pobres para que los países pobres puedan invertir sus recursos en su propio desarrollo.
Sueño que los pobres de la tierra encontrarán en nosotros las palabras que necesitan para sumergirse en las moradas del amor, ese dinamismo placentero y animoso que da sentido más auténtico al mundo y a la vida del hombre.
Sueño que se promueva en todos los países una auténtica cultura de la solidaridad que tenga como objetivo la promoción de la justicia y la paz, la educación y la convivencia, el respeto y la educación para todos.
Sueño que los violentos, que siembran con sus golpes nuestro pequeño planeta de muerte y odio, abracen a sus víctimas y declaren un manifiesto a favor de la paz y renuncien a la carrera de armamentos que rompe todo intento de los países pobres para salir de su situación.
Sueño que el Dios del amor y de la misericordia, manifestado en Jesucristo, nos bendiga y nos alcance todo cuanto le pedimos, al tiempo que suplicamos que la paz y la justicia sean las alas de un mundo que camine hacia la plenitud.
LA IGLESIA ES SANTA Y PECADORA
La Iglesia es Santa y pecadora.
Santa, basada y anclada en la acción salvadora y redentora del Dios, Uno y Trino, el Dios Amor, el Sólo Santo. Santidad respaldada y alentada por el Espíritu Santo desde el principio hasta el final de los tiempos.
Pecadora, fruto de las acciones y las faltas de cada uno de sus miembros, también de los nuestros.
Efectivamente, “la Iglesia es santa y pecadora.
Realmente la Iglesia como grupo humano tiene una larga historia llena de virtudes y almas grandes pero también tiene páginas tristes y oscuras, escandalosas y atroces.
Toda la Historia de la Iglesia debe ser debe ser leída desde la llamada a la conversión que nos lanza el evangelio a todos.
Pero tampoco es de recibo que la Iglesia reniegue de su pasado sin más. Todo el patrimonio de la Iglesia es el fruto de su historia y no puede rechazarlo.
Siente que la Iglesia no se tambalea por los fallos, sino por la falta de fe, y que Dios nos llama a construir una Iglesia más fraterna, solidaria y evangélica.
VI MIÉRCOLES DEL TIEMPO ORDINARIO /15-02-2012
El Evangelio de San Marcos en este Miércoles de la Sexta Semana del Tiempo Ordinario , nos habla cómo Jesús cura progresivamente la vista a un ciego en Betsaida (cf. Mc 8,22-26).
El Evangelio nos relata un nuevo encuentro. Jesús desembarca en Betsaida, a orillas del lago de Galilea. Allí le presentan un ciego suplicándole que lo toque. Este hombre aparece inicialmente sin voz, sin voluntad propia y depende de otros para acercarse a Jesús. Jesús le toma de la mano, le saca del pueblo, pone saliva en sus ojos, le impone las manos, le pregunta... En definitiva, Jesús le acompaña en su proceso.
En un segundo momento, el ciego aparece con voz pero no recupera del todo la visión: expresa su falta de claridad pues ve a las personas como seres lejanos con quienes no puede entrar en relación. Finalmente vemos a un hombre sano, muy diferente al que Jesús encontró: ve claramente y puede regresar a casa por sí mismo. Seguir a Jesús es disponerse a caminar, acompañar procesos que les posibiliten a las personas ponerse en pie, caminar por ellas mismas y ver la vida con esperanza.
Usemos este precioso Himno de la Liturgia de las Horas para dirigirnos a Dios y suplicarnos que nos conceda ver con claridad: “Libra mis ojos de la muerte; dales la luz que es su destino. Yo, como el ciego del camino, pido un milagro para verte.
Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva; cura su fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos. Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede; que el corazón no se me quede desentendidamente frío. Guarda mi fe del enemigo (¡tantos me dicen que estás muerto!) Tú que conoces el desierto, dame tu mano y ven conmigo”.
Martes, 29 de mayo
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola