EL CRISTIANO ANTE LO HUMANO
Todo lo humano debe encontrar eco en tu corazón, en el corazón del cristiano.
El Vaticano II decía: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia.” (G.S. 1)
Nada humano, alegrías y tristezas, gozos y angustias, del hombre y de la mujer de hoy debe quedar al margen de las preocupaciones y anhelos de todo cristiano.
En Jesucristo, lo humano ha sido llevado a su plenitud y lo divino se ha hecho más humano. San Ireneo decía: “La gloria de Dios es que el hombre viva”.
Dos caminos comunicados e inseparables: Ir a Dios por el hombre e ir al hombre por Dios.
El cristiano no elimina nada de cuanto bello, bueno y verdadero hay en cualquier persono o cultura. En cada persona y cultura debe encontrar “semillas de eternidad” y “señal del Eterno”, que desde Jesucristo le manifiesta el don maravilloso de la salvación.
No podemos encontrar contradicción entre las aspiraciones nobles para transformar la realidad, la realización personal de cada ser humano y la Buena Noticia de Jesucristo.
Vive la armonía de todo cuanto existe y ábrete a la acción sorprendente de Dios.
V JUEVES DEL TIEMPO ORDINARIO /9-02-2012
El Evangelio de San Marcos en este Jueves de la Quinta Semana del Tiempo Ordinario , Jesús emprende una travesía hasta la región de Tirio y Sidón, ubicadas al norte, fuera de Palestina, territorios del Líbano.
En una casa, Jesús acoge a una extranjera, una sirofenicia, que le pide que expulsara de su hija un espíritu inmundo. Y es acogida y alabada precisamente por su fe y se hace merecedora de participar en el banquete que Jesús ofrece (cf. Mc 7,24-30).
La reacción de Jesús, ante la petición de la mujer pagana, es aparentemente insultante. Los judíos, que se creían los únicos poseedores de la salvación de Dios, consideraban a los demás pueblos “perros” que sólo tenían derecho a las migajas del pan de salvación.
Jesús comienza por asumir en apariencia el criterio de los judíos, para luego, ante las palabras de la mujer, conmoverse y acoger la petición de la pagana, que pedía la liberación del mal que aquejaba a su hija.
Nos sorprende el coraje, la perseverancia y la fe de esta mujer extranjera, que nos ayuda a nosotros a suplicar en este día la fe.
Con Anamaría Rabetté nos dirigimos a Dios: “ Señor, aumenta mi fe. Aumenta mi fe para aumentar mi confianza. Aumenta mi confianza y aumentará mi abandono. Aumenta mi abandono y aumentará mi Amor. Aumenta mi amor para perder el temor. Quitándome el temor mi abandono será total. Señor aumenta mi fe.
Martes, 29 de mayo
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola