LA CRUZ DE CADA DÍA
Jesús de Nazaret invitaba a sus discípulos a coger la cruz de cada día y seguirle: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt 16,24).
No nos engañemos. La cruz es nuestra “compañera de viaje” en el peregrinar de la existencia, y aparece de “mil maneras” en nuestra vida diaria.
La verdadera cruz cristiana tiene un tramo hacia Dios, como ofrenda y donación para “completar a lo que falta a la pasión de Cristo”, y un trazo horizontal como entrega al prójimo.
Entrega a Dios en la oración, la vida honrada, la llamada a la conversión y a la construcción de este mundo desde la paz y la justicia.
Entrega al prójimo en el amor, el respeto, el perdón, la compasión y la misericordia.
Madre Teresa de Calcuta decía que “el sufrimiento tomado en sí mismo no vale nada, pero si es compartido con la pasión de Cristo es un don maravilloso”.
Ofrece tu sufrimiento al Señor y ofrécelo por la transformación del mundo en claves de amor, bondad, justicia y solidaridad.
Martes, 29 de mayo
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola