FIN DE AÑO 2011
Esta tarde he tomado conciencia que faltan unas pocas horas para decir adiós al año 2011 y he descubierto con preocupación que no siempre damos gracias por todo lo que tenemos a nuestro alcance. ¡Y no me he resistido a no compartir mi acción de gracias a Dios por todo lo que nos rodea, actitud fundamental para ser felices y no caer en la desesperanza!
Gracias, Señor, por las gafas que nos ayudan a contemplar la realidad de manera brillante y clara. Ellas nos descubren que hay inventos mágicos al servicio del hombre y no solamente para destruir el “hábitat” y el ecosistema. Nadie vislumbra la pérdida de la vista con unas lentes adecuadas, pero quítate las gafas y sabrás dar gracias desde la mañana hasta la noche.
Gracias, Dios de los mil nombres, por el teléfono e internet que nos hacen sentir muy cerca de las personas que están lejos, que nos hacen palpar en segundos que la distancia no está en los kilómetros sino en unas miradas con rabia y unos labios mudos.
Gracias, Señor, que nos haces sentir en el día la grandeza de los inventos humanos a favor del progreso y de la calidad de vida.
Hoy, Señor, cogiendo el teléfono, y usando Internet, he comprendido que el hombre es grande porque participa de Ti, verdadero creador de todo lo que existe.
Gracias, Señor, por el coche que nos hace sentir que las distancias no son motivo para no conocer las maravillas de la naturaleza y la grandeza de los mejores hijos de ayer que dejaron plasmados su ingenio y su arte en Iglesias, museos, palacios, plazas y calles.
Gracias, Dios mío, por el coche, invento del hombre para el hombre, que a pesar de la contaminación y el ruido nos hace comprender que sin él la vida nuestra sería impensable.
Gracias, Señor, por las carreteras, arterias vivas por donde caminamos, a veces sin sorprendernos de las grandezas de la creación, pero que ellas nos ponen en contacto con otras culturas, con otros pueblos y nos hacen sentir que las distancias en el espacio no son impedimentos para saborear la vida.
Gracias, Señor, por el bolígrafo que pone figura a los sentimientos y pensamientos del hombre y deja enmudecido al vacío.
Gracias, Señor, por el bolígrafo, ese compañero diminuto en el bolsillo de la camisa pero que sin él un momento de inspiración o el miedo al olvido serían terribles.
Gracias, Señor, por el bolígrafo que hace comprender a los humanos que somos diferentes del resto de los animales, precisamente por ser gastadores de cultura, creadores de la escritura….
Señor mío, dueño del cielo y de la tierra, artífice de la libertad y de la justicia, amo del tiempo y esencia misma de la permanencia del ser, quiero pedirte en fin del año 2011 que nos des la capacidad de perdón y la posibilidad de gestar nuestros sueños.
Señor mío, invisible hasta lo inexplicable y cercano hasta lo más íntimo, arquitecto de los sentimientos y de la plegaria, forjador del futuro y guardián de lo extraño, quiero suplicarte que nos hagas soportables nuestros pasos y destruye el mal que contamina nuestra historia en este tiempo, especialmente la violencia y la guerra.
¡Ay, Dios mío, Señor mío, no te quedes lejos de nuestra vida y haznos capaces de amar a los demás, haciendo del tiempo una oportunidad para “hacer del bien”!
MEDITACIÓN DE LA NAVIDAD
Todo lo creado suspira en lo más íntimo de su esencia la plenitud que le haga alcanzan mayores cotas de perfección y desarrollo. Este anhelo, conectado fundamentalmente a la búsqueda de sentido global último, lo remite y lo proyecta más allá de sí.
¡Sí, en el fondo, todos esperamos que Alguien derrame su presencia y nos haga soportables nuestros pasos!
La Navidad nos inserta en el meollo de la historia, convirtiéndola toda ella en sagrada y santa. La Navidad nos recuerda que toda la historia de la Humanidad ha nacido de una Alianza, un pacto de amor en beneficio de la felicidad y la compasión.
La Navidad nos reconcilia con los mejores deseos y con lo mejor de lo humano, porque en Jesucristo, el niñito de Belén, Dios y el hombre se abrazan en lo más íntimo. La Navidad es el anhelo íntimo por “un mundo nuevo y una tierra nueva”, sellado en nuestra propia psique con la justicia y la solidaridad.
La Navidad nos llama a cuidar la oración y a descubrir deseos profundos de austeridad y la limosna, antídoto contra la avaricia y la ambición. La Navidad es dar la acogida a cualquier prójimo, especialmente al más necesitado, en nuestro caminar diario, demasiado cargado de individualismo y falta de sensibilidad al otro.
¡Navidad cristiana es decir no a todo aquello que a menudo contrasta con el Evangelio y con la dignidad de la persona humana, en ocasiones tan aireadas por los medios de Comunicación Social y por nuestra sociedad de consumo!
Recuperemos el sentido cristiano de la Navidad, frente a una cultura dominante que intenta “excluir a Jesucristo y omitir cualquier signo religioso y de los valores que representa esta celebración” (Agustín García-Gasco).
EL “ABAJAMIENTO” DE DIOS
Para comprender la Navidad, especialmente toda la vida de Jesús, es necesario situarla en la dinámica del amor. El amor es el único camino que humaniza al hombre de ayer, hoy y mañana. Sin el amor jamás la historia saldrá de los escondrijos del egoísmo y la envidia, la violencia y la desolación.
El amor es "paciente, servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta" (1 Cor 13, 4-7).
Dios desde el principio del tiempo, cuando las horas no eran marcadas por el reloj y el universo aprendía a armonizar su propia estabilidad, quiso hacer un pacto de amor y de alianza con el hombre, el verdadero rey de la creación.
Dios, que ha preparado todo para que el hombre y la mujer de siempre fueran encontrando su propio destino, incluso al margen suyo, nos ha repetido por medio de los profetas y de mil maneras en la historia de la humanidad que su amor es un pacto de fidelidad y de alianza incluso más allá de la muerte.
Cuando la vida, en ocasiones fatigosa y cansada, te haga llorar recuerda que hay Alguien más grande que tus lágrimas y más poderoso que aquello que hizo estallar en tu corazón la desesperación y el vacío. Cuando los arpegios de la soledad desean que sean tocados en tu corazón recuerda que Alguien ha sellado tu existencia a la pasión y muerte de Cristo.
Cuando sientas que la vida te ha dejado fuera del tiempo recuerda que Alguien, que está más allá del tiempo y del espacio, ha deseado hablar a tu corazón, y ése es el único diálogo que quiere hacer Dios con el hombre. Cuando el vaso se llene de problemas reza: ¡Oh, Dios, dame luz para ver, ciencia para saber, y valor para transitar mi camino virgen!
Las garras de la maldad se depositan en el corazón del hombre y la angustia se esconde en el interior, pero el amor lo limpia y su luz invisible ilumina los secretos más ocultos.
El amor jamás encuentra su fundamento en la vida finita del hombre, porque su origen está más allá de lo inmanente y más íntimo que la empatía misma. Y la expresión máxima del amor es el rostro de Dios mismo, que se abaja en su propia dignidad y grandeza para elevar al hombre hacia Él.
Esta Kénosis divina es la que enmarca toda la encarnación de Dios, asumiendo desde su propia inmutabilidad las categorías de espacio y tiempo en su más íntima dinámica… Y toda Kénosis tiene dos direcciones: Uno que abaja al Dios vivo hacia el hombre asumiendo la pobreza y la debilidad de la finitud, y otro que hace elevar al hombre hacia la esfera de Dios como un gran camino de divinización.
En Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, se dan estas dos direcciones fantásticas de la Kénosis divina.
Repite en el día de hoy esta máxima: ¡Dios me ama! Soy único(a) para Él y quiere atraerme "con correas de amor". Él me ama siempre, incluso más allá de la muerte!
TODO QUIERE SER AMADO
Y dijo el profeta: "En este tiempo mágico de la Navidad todo quiere ser contemplado y admirado, saboreado y asimilado, amado y conquistado desde el Niñito de Belén. Toda la realidad nace y es recreada continuamente para que el hombre aprenda a ser él mismo, y de esa manera descubrir que pertenece a una creación infinita, sabiamente armónica y rigurosamente silenciosa.
La realidad que no es amada se mantiene callada para el hombre pero cuanto es deshojada y abrazada hasta los hechos más lamentables y terribles para el ser humano cobran un significado especial.
Muchos momentos pasamos de largo por tanta belleza y majestuosidad como si no existiera ante nuestros ojos la naturaleza grandiosa que necesita ser contemplada para que nos seduzca desde dentro, y muchas veces somos insensibles a lo que nos rodea arrinconados en nuestro egoísmo y nuestro individualismo.
Todo cuanto existe cobra vida cuando amamos sin desfallecer desde lo más diminuto hasta lo más grandioso. Y este amor se manifiesta a borbotones desde la “ternura de Belén”. Muchos hombres y mujeres pasaron por la vida con la sola intención de violentar a los demás y de hacer daño a todo lo que les rodeaba y murieron tristes y sin emoción cuando el Eterno les exige la vida, pero otros amaron todo cuanto les rodeaba, desde la hormiga hasta sus semejantes, y en la hora de su partida sonrieron gustosamente porque eran devuelto a la armonía final con todo lo creado y al abrazo compasivo del Misterio, que se manifiesta sin sobresaltos en el acontecimiento de la Navidad".
El amor es el único capaz de redimir al hombre de su propia debilidad. Sin duda alguna, para que entre en tu corazón el amor hay que desterrar el odio, la envidia, el rencor y el desprecio.
Lo único que hará grande a un alma será el amor que pueda depositar en su interior y la compasión hacia sus semejantes.
Verdaderamente, como bien decía Séneca, “hace falta toda una vida para aprender a vivir”, y es en esa vida nuestra donde tenemos que hacer méritos para entrar en la dinámica del amor.
Un consejo puede ser pauta fundamental de discernimiento: “escuchad el consejo del que mucho sabe; pero sobre todo, escuchad el consejo de quien muchos os ama” (Arturo Graf).
MEDITACIÓN DE LA NAVIDAD (I)
El hombre es el “animal con capacidad de amar y ser amado”, de ahí que lo verdaderamente significativo en su vida será el amor. ¡Será el amor lo que realmente nos eleva y nos hace participar de Dios! No será el poder sino el amor; no será el tener, sino el amor; no será el vencer, sino el amor, lo que nos hará cada vez más personas y nos adentrará en una cultura cada vez más integradora y sin exclusiones, cada vez más justa y sin discriminaciones, cada vez más libre y sin desigualdades.
Desde siempre la humanidad, envuelta en sus sombras, ha buscado la luz. La cultura de los pueblos antiguos es testigo tanto de la sombra sufrida como de la luz deseada. Y entre ellos es especialmente significativa la historia de Israel, una historia de sombra y de luz.
También nosotros, hoy, envueltos en sombras y en oscuridades, se nos invita a buscar la luz. ¡Cuántas oscuridades existen en nuestro mundo que necesitan ser iluminadas!
¡Cuántas sombras y huecos existen en cada uno de nosotros que necesitan ser clareadas por la luz del Niño que nace en Belén!
El profeta Isaías presenta el nacimiento de un niño y nos narra la entronización del infante como rey y las consecuencias de su reinado para el pueblo.
El pueblo que vive en las tinieblas de la ocupación extranjera, en medio del caos y de la muerte, ve nacer una luz en medio de él. La luz trae consigo la alegría del nuevo futuro, una alegría sencilla y elemental. La luz y la alegría surgen por tres motivos: la opresión, las cargas injustas han sido quebrantadas por Dios mismo; la guerra y las consecuencias de ésta han desaparecido de la tierra, devoradas por el fuego; y el nacimiento de un niño dado por Dios al pueblo. En él se hace realidad y se actualiza la promesa hecha a David. Él es el consejero que gobernará al pueblo de forma admirable; es el guerrero que defiende valientemente a su pueblo; el padre que acoge y cuida a su pueblo como a un hijo; el príncipe que con su gobierno instaura la paz para el mundo.
Este oráculo de Isaías adquiere su plenitud en Cristo en quien los Santos Padres lo veían cumplido: “Él es admirable en su nacimiento, consejero en la predicación, Dios en el perdón, fuerte en la pasión. Padre en la era futura, Príncipe de la paz en la felicidad eterna” (San Bernardo).
El artículo 2 de los derechos humanos
Medita en este día el artículo segundo de la declaración universal de los derechos humanos, verdadera carta de una humanidad redimida y liberada: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.
¡Qué lejos quedan de esta declaración universal la multitud de posturas condenatorias que se prodigan en nuestro planeta, vinculadas a la xenofobia, el racismo, la violencia, la injusticia y la guerra!
¡Qué gran don los derechos humanos para los hombres y mujeres de hoy, hechos con lágrimas y sangre de antaño!
EN EL ROSTRO DE LOS POBRES
“El amor ve en el rostro del pobre, del que sufre, y del perseguido, el rostro de Jesús” decía continuamente Raúl Follerau, el vagabundo de la caridad fraterna.
¡Qué bien aprendió Raúl las palabras de Cristo en el evangelio de San Mateo, capítulo 25: “Venid, benditos de mi Padre, a tomar posesión del Reino porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recibisteis en vuestras casas, estuve desnudo y me vestisteis, estuve enfermo y fuisteis a visitarme, estuve en la cárcel y fuisteis a verme” Entonces los buenos preguntarán: “Señor, ¿Cuándo te vimos? ? Y el Rey responderá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con alguno de esos mis hermanos más pequeños, lo hicisteis conmigo” (Mt 25,34b-40).
Un matrimonio cristiano tuvo una hija y vino con dificultades psicológicas y fisiológicas. La niña quedó gravemente dañada.
Sin embargo, el padre repetía continuamente: “Tengo en mi casa un sagrario viviente”.
Aquella niña, toda dependiente del cariño de los demás, sus sentimientos se expresaban nada más que con la sonrisa y el llanto. Aquella niña, sin malicia alguna, necesitaba el amor de su familia para seguir viviendo, sentada en su sillón.
Aquella niña, que para muchos no debería de existir, era un sacramento de Cristo en aquella casa cristiana.
¡Si eres cuidador de enfermos repite sin cansarte: “Tengo en mi casa un sagrario viviente”!
¿Habrá alguien que ame sin pedir más perfección y acepte a los humanos inútiles sin más, por pura misericordia? ¿Sabes si tu corazón ha buscado una respuesta? Si no lo has encontrado y te inquieta la pregunta mira un crucifijo. Seguro que encontrarás un consuelo satisfecho y hermoso.
¡Qué nos queda si eliminamos a los débiles de la andadura cansada de esta historia nuestra que a la primera de cambio, casi sin notarse y con grandes silencios, se oculta las huellas de los sin-voz y el grito silencioso de los inútiles, los que no sirven y los que nada aportan a esta sociedad tan tecnificada y deshumanizada!
¡Qué nos queda si cuando aparece una reestructuración técnica aparecen cada día miles y miles de seres inseguros e ignorantes seres humanos que se sienten impotentes ante el imperio de la máquina y del ordenador.
¡Qué ocurre si este mundo va dejando en la cuneta a los pequeños que su cuerpo no posee las medidas perfectas, sus conocimientos no alcanzan el diez, su actualización profesional ha sido aprobada por las nuevas técnicas y a pesar del aparente equilibrio social surgen nuevas pobrezas y marginaciones!
Haz tuya esta máxima de Madre Teresa de Calcuta: “No debemos permitir que alguien se aleje de nuestra presencia sin sentirse mejor y más feliz”. No te encierres a tu propia carne y a tu egoísmo, expulsa los alacranes de la insensibilidad e intenta hacer el bien porque quien siembre bondad recogerá vendavales de eternidad, y reconoce en los que sufren el rostro de Cristo.
QUIERO SER UNA VIDRIERA
El amor de Dios, manifestado plenamente en Jesucristo, constituye toda la esencia misma de la Revelación.
“Dios nos ama” es el clamor fundamental que recorre desde el origen hasta el final del Cristianismo, y que reivindica su gran aportación en el tejido social.
No imaginemos la salvación como resultado final del esfuerzo y del conocimiento del creyente, sino reafirmemos la salvación como un derroche y un don de Dios.
Hay que señalar que admitir la salvación como don y como gracia de Dios conlleva cierto sacrificio y esfuerzo por llevar una vida concorde a su voluntad, pero subrayemos que no la conseguimos por esfuerzo sino por como gracia.
Ante este amor misericordioso, el creyente responde por la fe, que, en el fondo, es la respuesta libre y obediente a un Dios que se comunica en amor.
Agradecido por este amor desproporcionado, el creyente teme defraudarlo, y aquí radica el “temor de Dios”.
Un joven se acercó a una capilla. Se dirigió al Sagrario, se arrodilló y, casi sin levantar la cabeza, oró así: “Señor Jesús, Tú lo puedes todo. Tú conoces mi miseria y las oscuridades de mi corazón.
Sin Ti la vida sería menos amable, menos auténtica, menos solidaria y menos plena.
Tú conoces mis pasos vacilantes y mis pobrezas. Pero, a pesar de todo, siento en mi interior que me llamas a seguir tus pasos, hacer mío tu proyecto de salvación y de liberación.
Quiero ser una vidriera para dejar traspasar tu luz y tu presencia en mis ambientes, no siempre favorables a tu oferta y a tu proyecto.
En el libro de los Proverbios, el autor bíblico dice así: “Seis cosas hay que aborrece Yahveh, y siete son abominación para su alma: ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, corazón que fragua planes perversos, pies que ligeros corren hacia el mal, testigo falso que profiere calumnias, y el que siembra pleitos entre los hermanos” (Prov 6, 16-19). ¡Señor mío, purifica mi mente, limpia mi lengua, sana mis sentimientos y hazme tuyo!
Hazme todo tuyo, y, aunque a veces mi vida es “si, pero…”, deseo que en esos momentos, cuando caminos con pasos vacilantes y con grandes indecisiones, no me abandones a mi suerte.
DIOS ES PURIFICADO EN NUESTRA ALMA
Y dijo el profeta: Dios es purificado en el más profundo centro del alma. Un rasgo de Dios es su inmutabilidad, pero la vida del que cree cambia muy a menudo y se percibe de manera diferente en el transcurso de la existencia.
Cuando la vida, en ocasiones fatigosa y cansada, te haga llorar recuerda que hay Alguien más grande que tus lágrimas y más poderoso que aquello que hizo estallar en tu corazón la desesperación y el vacío.
Cuando los arpegios de la soledad desean que sean tocados en tu corazón recuerda que Alguien ha sellado tu existencia a la pasión y muerte de Cristo.
Cuando sientas que la vida te ha dejado fuera del tiempo recuerda que Alguien, que está más allá del tiempo y del espacio, ha deseado hablar a tu corazón, y ése es el único diálogo que quiere hacer Dios con el hombre.
Cuando el vaso se llene de problemas reza: ¡Oh, Dios, dame luz para ver, ciencia para saber, y valor para transitar mi camino virgen!
La creencia en Dios es personal y contemplada desde perspectivas muy existenciales y radicalmente psicológicas, pero la fe tiene que ser purificada por la sospecha más honda que es potenciada por “nuestro ateo interior” que nos lanza los interrogantes más hirientes y el clamor más intenso.
No tengáis miedo a esa sospecha interna que pone en cuestión hasta los más diminutos cimientos y cuestiona la misma fidelidad a un credo, porque la fe y la sospecha brotan de una misma fuente interior. Y lo que un día es motivo de confianza, mañana será causa de desconfianza.
Y es en tu espíritu donde el seguimiento y la fidelidad al Misterio se forjan y se purifican sin remedio, porque bien sabemos que cuando se desmorone de tu cabeza y de tu existencia un “dios” lo único que puede comprender es que ha sido destruido afortunadamente una imagen falsa del Dios invisible y sorprendente, fascinante y tremendum, pleno y absolutamente otro. Efectivamente, Dios es purificado en nuestra alma y desvelado en el silencio.
“ESTA NOCHE HE MIRADO LAS ESTRELLAS”
Esta noche he mirado las estrellas y he pensado vivamente en todos los jóvenes. ¡Verdadera esperanza para una sociedad!
El ser humano es una "caña que piensa" (Pascal), un ser indefenso y rodeado de limitaciones, anclado en múltiples miedos e inseguridades. Este ser humano necesita un "Algo", o mejor dicho un "Alguien", que pueda satisfacer su apetito existencial y su vacío interior.
Es aquí, desde el desvalimiento existencial, cuando brota con fuerza la revelación divina "Dios te ama".
Cuando aumente la insatisfacción y la ansiedad que genere desequilibrios psíquicos, ojalá brote con fuerza la frase lapidaria de Jesús: "Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor" (Jn 15,9).
Cuando resurja con fuerza la soledad y los recelos más dispares, repite sin desmayo como un susurro en la noche: "No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os ha llamado amigos" (Jn 15,15a).
Cuando la venganza y la reacción instintiva del odio broten por doquier en tu vida, siente que el perdón misericordioso de Dios llega a tu corazón como un bálsamo que destruye la sombra.
Cuando tu vida atrae en la noche grandes dosis de egoísmo, deja oír con gran nitidez el eco de una voz distinta: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien, por su gran misericordia, mediante la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros" (1 Pe 1,3).
Cuando la sociedad reclame cada día mayores competencias y la historia arrincone a los más débiles, recurre al "rehabilitador de hombres", Jesucristo, que proclama un perdón para todos.
¡Hoy necesitamos encontrar un mensaje revolucionario que eclipse lo oscuro y favorezca lo eterno! ¡Sí, una llamada que nos mantenga despiertos y nos lance hacia el futuro con entusiasmo y esperanza! ¡Sí, un clamor que llene el corazón de los hombres y mujeres, heridos por tantos desalientos, y nos diga en lo más hondo de la conciencia que Dios nos ama más allá de nuestras debilidades y nuestros desalientos!
UN MENSAJE AL OÍDO
Necesito deciros que Dios es el soporte fundamental de la realidad y que sin Él todo se desvanece.
Necesito deciros que la vida es un huracán repleto de oportunidades que un día florecerá casi sin notarse en las manos del Eterno. Cada hombre y cada mujer que venimos a este mundo, arrastrados por la misma existencia, danzaremos en las manos del Creador en muchos momentos sin que al menos lo sepan y sean conscientes de ello.
¡Sí, somos como dos bailarines en la pista, que no sabemos a ciencia cierta quién está más íntimo y más escondido!
Necesito deciros que Dios sale al encuentro de tu alma y en su intimidad más íntima quiere “danzar con ella” para atraerla con “correas de amor”.
Cuando un ser humano desea con fuerza la intimidad con Dios le da a la mente una fuerza extraordinaria para conseguir alcanzar su vida hacia Él y eso es lo que convierte a la andadura existencial, en ocasiones angosta y difícil, una peregrinación.
Necesito deciros que Dios es bueno y solamente su bondad será la que nos hará alcanzar las mayores cotas de la realización.
Necesito deciros que cuando realizas una actividad en el fondo lo que tú buscas es que tu alma se sacie de felicidad y bien sabes que no todas las ofertas que nos plantean la sociedad llevan a este cumplimiento.
Los lirios del campo alcanzan cuotas perfectas de belleza y los humanos estamos llenos de talentos y dones que nos deben de entusiasmar hasta el fondo desde el amor profundo al otro.
La vida misma es todo un canto y tu mayor tesoro que debe de ser descubierto, y revelado desde el alba hasta la noche.
Muchos hombres y mujeres niegan como posible la existencia de Dios pero sin Él el paso de los años y los acontecimientos se hacen vanos y el anhelo de justicia una despiadada ilusión.
La experiencia de muchos hombres y mujeres, que se encontraron en un momento de su vida con la huella del Maestro y sus vidas cambiaron de inmediato, es un impulso para que podamos alcanzar ese encuentro espiritual como posible y anhelante.
“DIOS VIENE EN NUESTRA AYUDA”
La vida cristiana será fructífera en la medida que nos enamoremos de Dios, el Eternamente Santo. Cuando Dios no es el valor más preciado y la perla más preciosa entonces nuestra vida cristiana se convierte en mediocre y vacía, lamentable y vaga, falsamente cumplidora e hipócritamente vacía.
Dios debe ser el amado que consume el alma dormida y el calor que enciende la hoguera en nuestra noche, la luz que penetra radiantemente en nuestra diminuta esencia y hace que los arpegios de nuestra melodía interna dancen en su mano, el silencio que echa a volar nuestros pensamientos y el suspiro que invada nuestra fatigada existencia de ideales y esperanzas.
Dios debe ser el huracán que nos lanza hacia metas insospechadas y el faro que nos ilumina el sendero que acoge nuestros pasos, la paz que deja la guerra y nos deja insatisfechos, el amor eterno que nos hace buscarlo en las cosas creadas y en el silencio de la noche.
Dios es el amor con mayúsculas y la esencia misma de la vida. Cada uno de los humanos somos “su debilidad” y la razón de su amor para con el mundo.
Dios ha pintado tu nombre en las paredes de la luna y ha susurrado al viento que te quiere y desea hacer una historia de amor contigo, una aventura de salvación con tu vida. Él ha donado a la historia de un deseo de sentido que va desde tu existencia hasta lo último creado para que tú seas feliz y consigas que el mal sea triturado y vencido.
Dios es el susurro del viento que consigue levantar al hombre de su vacío existencial y lo lanza hacia su propia rebeldía contra todo lo que destruya la vida y la realidad más plural y diversa.
Dios es el aliento que suspira por un mundo más solidario y más justo sin que al menos los vendavales sean capaces de arrodillar al hombre en su propio barro y resentimiento.
Cierto día un catequista exhortaba a unos niños en la catequesis para que amaran a Dios sobre todas las cosas y que Dios era como su padre, un padre bueno que nos amaba, nos perdonaba y nos ayudaba.
Aquel comentario fue respondido rápidamente por un niño, nervioso e inquieto: “¡No, No, como mi padre no, porque es una mala persona, nos pega a mis hermanos, a mi madre y a mí. No trabaja, se emborracha y cuando viene a mi casa les tenemos miedo. Como mi padre no. Dios debe ser como mi abuelo!”
Aquel comentario impresionó al grupo de niños y al catequista, que descubrió con qué frecuencia utilizamos en la transmisión de la fe conceptos, que en la mayor parte de las veces están condicionados por la experiencia que tenemos de los mismos, y que esa misma experiencia nos dificulta el acercamiento a la auténtica dimensión religiosa..
AL QUE POCO SE LE PERDONA, POCO AMA
Jesús de Nazaret era un seductor y un profeta que no quería la muerte del pecador sino que se convierta y viva. No dejó a nadie indiferente y sus palabras tenían la fuerza del amor en sus adentros.
En cierta ocasión, un fariseo lo invitó a comer en su casa y una mujer, conocida pecadora, se acercó, derramó perfume en sus pies y llorando se puso a besarlos. El profeta se escandalizaba de aquella reacción de Jesús que, quedándose quieto, dejaba que le tocara una mujer pecadora. Y Jesús le dijo al fariseo: "Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?" Simón contestó: "Supongo que aquel a quien le perdonó más"... Y Jesús le dijo: "...sus muchos pecados están perdonados porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama" (Lc 7, 36-50).
¡Qué grandeza tenía Jesús en su corazón que sabía mirar al ser humano más allá de sus actos y leía en lo más recóndito de sus sentimientos! ¡Qué liberación sentiría aquella mujer que alguien la miró con dignidad y la acercó a la misericordia de Dios! ¡Si tu vida está llena de caídas y eres consciente de tus pecados, recuerda que "al que poco se le perdona, poco ama"!
E. H. Chapin sentenciaba: “Jamás da el alma humana mejor prueba de fortaleza y nobleza que cuando renuncia a la venganza y se atreve a perdonar una ofensa”.
Maravillosa sabiduría la de Chapin que supo resumir en breves palabras el único sentimiento que es capaz de liberar al hombre de la venganza y de su propia ira, y la única grandeza que hace conquistar a la humanidad cotas morales más allá de la “ley del más fuerte”.
Recuerda la enseñanza de Cristo en este día: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5,43-45).
Martes, 29 de mayo
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola