SABER CALLAR
Saber hablar y callar es una gran virtud. Entre las dos no sabemos cuál es la más importante.
Callar de sí mismo es humildad; no hablar de si mismo cuando sientes el deseo de exponer tus propios méritos e ideas es signo de verdadera humildad.
Callar los defectos ajenos es caridad; no hablar tanto de los defectos del otro es, ciertamente, caridad.
Callar a tiempo es prudencia. No hablar “a golpe de impulsos, diciendo aquello que nos viene sin meditarlo y razonarlo. Eso es prudencia.
Callar en el dolor es heroísmo; no proyectar en los demás las propias penas eso es heroísmo.
Ya sabes que cuando “las palabras no son más importantes que el silencio, es mejor callar”.
Viernes, 17 de febrero
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