“LOS SANTOS DE A PIE”
Jacinto Benavente, Premio Nobel de Literatura en el año 1922, afirmaba: “A perdonar sólo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho”.
Contemplado el perdón desde el dinamismo interno que nos provoca en nuestra conciencia por algo que hemos cometido, surge la gran exigencia que necesita el ser humano de esta actitud moral de proporciones gigantescas para el desarrollo histórico.
Difícil tarea es la de convencer a un hombre y a una mujer de la importancia del perdón cuando están sumidos en un laberinto de odio y de ira tan fuertes hacia alguien que no soportan las palabras de Cristo: “Se dijo asimismo: Ama a tu prójimo y guarda rencor al enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por vuestros perseguidores; así seréis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace brillar el sol sobre buenos y malos y envía la lluvia sobre justos y pecadores” (Mt 5,43-45).
Una amiga contó su maravillosa experiencia: “Mi padre fue asesinado en la guerra cuando yo era pequeña. Quedamos desolados y tristes. Sin embargo, mi madre me enseñó a perdonar a los verdugos y asesinos de mi padre…Todas las noches rezábamos por sus asesinos, y le pedíamos a Dios que no llenara nuestros corazones de odio, ira y violencia.
Cuando he crecido, he descubierto la grandeza de mi madre, que supo vivir y enseñar a sus hijos a vivir la máxima evangélica: “Amad a vuestros enemigos y rezad por vuestros perseguidores; así seréis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores” (Mt 5, 44-45).
Esta amiga actualmente es religiosa, dedicada a dar una buena noticia a los pobres, y a llenar de amor y de perdón el espacio que invade la violencia y el odio.
Haciendo memoria de esta experiencia, que recordado unas palabras del Beato Bartolomé Blanco Márquez, Patrono de la Pastoral Juvenil en Córdoba, nacido el 25 de Diciembre del 1914, y beatificado el 28 de Octubre del 2007.
En la cárcel de Jaén, poco antes de su muerte, el 1 de Octubre del 1936, escribió a sus familiares una carta que emociona: “Queridas tías y primos: Cuando me faltan horas para gozar de la inefable dicha de los bienaventurados, quiero dedicaros mi último y postrer recuerdo con esta carta…. Conozco a todos mis acusadores; día llegará que vosotros también los conozcáis, pero en mi comportamiento habéis de encontrar ejemplo, no por ser mío, sino porque muy cerca de la muerte me siento también muy próximo a Dios Nuestro Señor, y mi comportamiento con respecto a mis acusadores es de misericordia y perdón…..Sea ésta mi última voluntad: perdón, perdón y perdón; pero indulgencia que quiero vaya acompañada del deseo de hacerles todo el bien posible. Así pues, os pido que me venguéis con la venganza del cristiano: devolviéndoles mucho bien a quienes han intentado hacerme mal…Hasta el cielo. Os abrazo a todos. Bartolomé”.
¡Por favor, en el día de hoy, devuelve bien por mal y haz tuyas estas palabras impresionantes de Cristo, verdadero artífice de la santidad y perfección espiritual del hombre!
Martes, 14 de febrero
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Alejandro Córdoba
Manuel Mandianes
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Josemari Lorenzo Amelibia
José Mª Castillo
Faustino Vilabrille Linares
Francisco Margallo