LA IGLESIA CON LOS ENFERMOS DEL SIDA
23.12.08 @ 09:08:34. Archivado en Sobre el autor
LA IGLESIA CON LOS ENFERMOS DEL SIDA
El Cardenal Javier Lozano Barragán, Presidente del Consejo Pontificio para la Salud, ha presentado la campaña navideña que realiza este discaterio vaticano a través de la Fundación “El Buen Samaritano” para ayudar a los enfermos de sida en el mundo.
El Cardenal Lozano Barragán ha afirmado que desde el año 1994 esta campaña ha ayudado a decenas de países, especialmente en África, para la adquisición de fármacos destinados a personas que no tienen recursos para tratar sus enfermedades.
Según el cardenal mexicano, el año pasado la campaña recaudó 28 mil euros y 40 mil dólares. Durante este año el dicasterio ha enviado a África 119 millones de dólares en fármacos antiretrovirales.
Según el Cardenal Javier Lozano Barragán aseguró que el año pasado, los enfermos de Sida sumaban 33 millones, de los cuales el 45 por ciento son jóvenes entre 15 y 24 años y 2 millones son niños.
De los centros que atienden a los enfermos de Sida en todo el mundo, un 44 por ciento son gestionados por los gobiernos, un 27 por ciento por la Iglesia, un 18 por ciento de ONG, un 11 por ciento por otras instituciones religiosas y un 8 por ciento por diferentes entidades.
No pocas veces se nos presenta en los Medios de Comunicación Social a la Iglesia como la “enemiga número uno” de los enfermos del Sida y se mira con recelo sus planteamientos para prevenir el Sida desde la educación a los jóvenes en la abstinencia sexual y la fidelidad en el matrimonio. ¡No se subrayan suficientemente que el 27% de los centros que atienden a los enfermos de Sida en todo el mundo son de la Iglesia y que el año pasado el Consejo Pontificio para la Salud envió a África 119 millones de dólares en fármacos antiretrovirales!
Viene a mi memoria una anédota que escribió Dominique Lapierre en su libro “Más grandes que el amor” acerca de las hermanas de Madre Teresa de Calcuta, que atendían a enfermos de Sida en Nueva York.
Una mañana, en la capilla, una de las monjas se echó a llorar durante la oración: “No puedo más. No se nos pide que cuidemos a leprosos ni a moribundos, sino a verdaderos monstruos. Parias malditos de Dios, castigados por sus pecados. Amarlos y respetarlos es superior a mis fuerzas”.
Sor Paula la abrazó, le enjugó las lágrimas y trató de calmarla: “Precisamente porque Dios les ha castigado, nosotras debemos ofrecerle sus sufrimientos y los nuestros”.
Entonces intervino Sor Ananda: “Estos hombres no son unos monstruos ni pecadores. No son más que víctimas. Yo viví la esclavitud de algunos de ellos, yo conocí su degradación física y moral. Yo fui insultada como lo han sido muchos de ellos. No, hermana, su enfermedad no es un castigo sino la prueba de que Dios les ama, como me amó a mí, como te ama también a ti, en tu aflicción”.
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Francisco Baena Calvo
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