
13.05.08 @ 08:13:22. Archivado en Sobre el autor
Dios quiere ser servido en los pobres.
Hay lugares en el corazón que sólo pueden ser descubiertos en contacto con la pobreza y con los pobres.
En ocasiones, una vida que no se abre a los demás se pudre, y se hace infecunda, insolidaria, egocéntrica, rastrera y autocomplaciente.
Verdaderamente Dios quiere ser servido en sus pobres, y nos invita a mirar “la realidad desde abajo” porque “el Sur también existe”, y solamente en contacto con la pobreza la memoria no omite ningún recuerdo.
San Vicente de Paul afirmaba con la contundencia que da la experiencia y el testimonio coherente que
“los pobres son nuestros señores”.
Nunca olvidemos que la pobreza es el rostro sufriente de Cristo que quiere ser amado y servido en los pobres, que nos recuerdan que los monstruos del sistema capitalista dejan a muchas masas en las garras de la miseria y la hambruna.
Seremos reengrendados en la caridad cuando no miremos con horror el drama del hambre y descubramos que Dios nos pide descubrirlo entre los pobres: “Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui extranjero y me recogísteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y fuisteis a verme” (Mt 25,34ª-36).
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12.05.08 @ 13:26:48. Archivado en Sobre el autor
No defraudes a Cristo.
No defraudes a Cristo. Ha salido a la plaza y ha mirado con entusiasmo el corazón del hombre para “atraerlo con correas de amor”.
¡Por favor, no defraudes al Eternamante joven, Cristo, que quiere contagiar de perdón y compasión las fibras más invisibles de tu existencia!
No olvides nunca que Cristo ha puesto toda su confianza en ti para que tu vida sea un si en disponibilidad permanente como si fuera la única y más valiosa a los ojos de Dios.
No defraudes la llamada vocacional a la que Dios te empuja y recuerda en el silencio de la noche que hay espacios interiores que deben ser purificados para que brille la huella y “los sentimientos de Cristo”.
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10.05.08 @ 19:41:14. Archivado en Sobre el autor
Querer lo que uno hace.
Jean-Paul Sartre fue filósofo, dramaturgo, novelista y periodista político francés, nacido en París el año 1905. Rechazó el Premio Nobel de Literatura que se le concedió en el año 1964 afirmando que si lo aceptaba comprometería su integridad como escritor. Él fue uno de los principales representantes del existencialismo y gracias a él este movimiento filosófico tuvo una repercusión mundial.
Jean-Paul comentaba que “la felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace”.
¡Qué bien supo expresar Sartre, este filósofo preocupado por la identidad y la libertad de elección, que la felicidad no está en hacer muchas cosas ni en poseer todos los tesoros del mundo, sino en querer y degustar lo que haces!
Muchos hombres y mujeres estuvieron rodeados de muchas cosas pero le faltó enamorarse de su trabajo y de sus actos, de su destino y de su existencia. Y fueron desgraciados auténticos, que deambulaban sin ilusión por la vida.
Sartre supo que la libertad y la aceptación de la responsabilidad son los valores principales de la vida y que amar lo que haces constituye la esencia misma de una vida humana satisfecha.
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09.05.08 @ 10:59:09. Archivado en Sobre el autor
El templo del Espíritu Santo.
El ser humano es, en esencia, templo del Espíritu Santo, un verdadero sagrario donde se manifiesta la presencia sacramental de Cristo.
El verdadero cristianismo aspira a armonizar siempre el amor inmenso y absoluto al Dios invisible, manifestado plenamente en Cristo, con el amor al hombre y a la mujer, manifestación y gloria del Misterio.
El ser humano es el camino para ir a Dios, y desde ahí todos los derechos humanos, juntamente con su dignidad, alcanzan su fundamento.
No profanes el auténtico sagrario del Espíritu y nunca destruyas el clamor del respeto al ser humano, la quintaesencia de lo eterno.
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08.05.08 @ 09:02:07. Archivado en Sobre el autor
LA RELIGIÓN
Frente al pronóstico de los ateos más influyentes en la configuración de la cultura actual europea, que vaticinaban su final, la religión permanece en la vida de los hombres y de los pueblos en sus más diversas modalidades.
La gran contribución social de la Religión en una cultura fragmentada, contradictoria y ambigua como la nuestra radica en "dar sentido último a la propia existencia, al conjunto de la realidad y al curso de la historia" (Martín Velasco).
Desde la Religión la vida en su conjunto cobra una cierta consistencia y una unidad fundamental desde Dios, que da sentido último a la realidad, convirtiéndose en la profundidad última de la misma existencia.
Para la persona religiosa su mismo existir en este mundo no es meramente el fruto azaroso de una noche de placer de sus padres sino que, más allá de este hecho, es alguien querido por Dios en lo más profundo de su esencia que viene a este mundo para realizar una misión de realización y de servicio.
Para la persona religiosa el conjunto de la realidad no es meramente la consecuencia de una explosión enorme y su posterior desarrollo hasta hoy, sino que, desde Dios, encuentra su soporte último en Éste, que despeja la incógnita fundamental filosófica ¿por qué existe el ser y no la nada?. Desde Dios el conjunto de la realidad aparece como una creación en la que podemos vislumbrar la huella eterna de Éste.
Para la persona religiosa el curso de la historia, tan ambigua en sus contornos y tan contradictoria en sus hazañas, tan poco exigente con la justicia de aquellos que más sufren y menos privilegiados, camina hacia el punto Omega, hacia el encuentro con Dios. De ahí que para el creyente, la historia tiene un dinamismo de futuro en su propia impulso, que hace siempre peregrino el presente y desaconsejable la instalación en lo presente como lo único definitivo.
En definitiva, la dimensión religiosa está en la propia búsqueda de todo hombre y la negación de la misma, e incluso su rechazo, por parte de los hombres de cada generación e incluso por los diseñadores de la sociedad en cada momento histórico, no hace otra cosa que generar más incertidumbre y más frustraciones en la gente, lanzándose hacia nuevas manifestaciones religiosas, en ocasiones de raíz patológica y muchas veces sectaria.
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05.05.08 @ 21:34:45. Archivado en Sobre el autor
¡SÓLO EN DIOS DESCANSA MI ALMA!
El salmo 61 resume perfectamente el sentimiento religioso y vislumbra el papel, que gran parte de los profesionales de la psicología y de otras ciencias, dan a la creencia auténtica para el equilibrio psíquico, emocional y global del ser humano.
El salmista saborea en sus labios una frase lapidaria, una oración síntesis, una emoción hecha plegaria: "Sólo en Dios descansa mi alma". Sólo en Dios, no en cualquier criatura o institución social o religiosa, o talismanes falsos como el dinero, la fama, el poder..., puede residir la aspiración plena del hombre.
Desde esta referencia pueden ser matizadas instancias que aspiran, en todo momento, a elevarse como absolutas, todopoderosas e intocables para la crítica y el espíritu humano: partidos políticos, comunidades religiosas, autoridades sociales, sistemas de producción... Todas ellas exigen una devoción casi divinizada, pero son ídolos de pies de barro, y necesitan ser destronadas por el único Santo, el Dios vivo, que hace salir el sol sobre buenos y malos, que llama a la auténtica liberación y pide la vivencia de lo más sublime. Desde Dios nuestra vida se convierte en la única historia de la salvación y descubrimos que hemos sido llamados a la superación de lo superficial. Efectivamente, "sólo en Dios descansa mi alma; El es mi roca y mi salvación, mi alcázar".
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02.05.08 @ 19:52:12. Archivado en Sobre el autor
Vosotros, los enfermos.
El Concilio Vaticano II dedica un mensaje maravilloso a los enfermos. Si estás enfermo o eres cuidador de enfermos haz tuyas estas palabras: “¡Oh, vosotros que sentís más pesadamente el peso de la cruz! Vosotros que sois pobres y desamparados, los que lloráis, los que estáis perseguidos por la justicia, vosotros sobre los que se calla, vosotros los desconocidos del dolor, tened ánimo; sois los preferidos del reino de Dios, el reino de la esperanza, de la bondad y de la vida; sois los hermanos del Cristo paciente, y con El, si queréis, salváis al mundo... Sabed que no estáis solos, ni separados, ni abandonados, ni inútiles: sois los llamados por Cristo, su viva y transparente imagen”
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01.05.08 @ 19:33:40. Archivado en Sobre el autor
Valorar lo que tienes.
Cicerón afirmaba: “La buena salud la aprecian más los que acaban de pasar una grave enfermedad que quienes nunca estuvieron enfermos”.
Efectivamente, sólo el que ha pasado por una experiencia es capaz de entenderla y comprenderla en su justa medida.
Bien sabemos, por experiencia propia, que sólo valoramos las cosas cuando estamos lejos o la hemos perdido.
¡Cuántas veces estamos al lado de la fuente y no percibimos su agua cristalina! ¡Cuántas veces tenemos la salud y no la valoramos hasta que se resquebraja sin remedio!
Valora todo lo que te rodea, todo lo que eres y a todas las personas que pertenecen a tu universo simbólico.
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26.04.08 @ 13:10:48. Archivado en Sobre el autor
ANA Y EL TESTIMONIO VAN THÛAN (I)
Ana: Quiero hablarte sobre un gran testigo de la fe en nuestro tiempo: François Xavier Nguyên Van Thuân. En el año 1975, Van Thuân fue nombrado por el Papa Pablo VI arzobispo de Ho Chi Minh. El gobierno comunista definió su nombramiento como un complot y tres meses después lo encarceló. Estuvo encarcelado en las cárceles vietnamitas durante treces años, de los cuales nueve los pasó en régimen de aislamiento.
Van Thuân estuvo durante nueve años de aislamiento “en una celda sin ventanas, iluminado en ocasiones con luz eléctrica durante días enteros, o a oscuras durante semanas”. Le atormentaba la idea de tener que abandonar su diócesis y dejar que se hundieran “todas las obras que había levantado para Dios”. Pero, así lo comenta el propio Van, una noche, en lo profundo de su corazón, escuchó una voz que le decía: “¿Por qué te atormentas así? Tienes que distinguir entre Dios y las obras de Dios... Todo aquello que has hecho... son obras de Dios, no son Dios. Si Dios quiere que dejes todas estas obras poniéndote en sus manos, hazlo inmediatamente y ten confianza en Él. Él confiará tus obras a otros, que son mucho más capaces que tú. Tú has escogido a Dios, y no sus obras”. Desde aquel momento, una nueva paz llenó su corazón y ese pensamiento le acompañó durante los trece años de prisión.
En la prisión, Van se convenció de que “vivir el momento presente era el camino más sencillo y seguro para alcanzar la santidad”. Se repetía “Yo no voy a esperar. Viviré el momento presente, llenándolo de amor”.
El joven Obispo, al día siguiente de su arresto, pudo escribir a los suyos, para pedir lo más necesario: ropa, pasta de dientes... y “un poco de vino como medicina contra el dolor de estómago”. Sus fieles comprendieron que lo que verdaderamente pedía era “una botellita de vino de misa”.
Ellos le enviaron una botella de vino con la etiqueta “medicina contra el dolor de estómago” y unas hostias escondidas en una antorcha contra la humedad.
Diariamente, con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma en la mano, celebraba la misa. Van repetía que “¡este era mi altar y ésta era mi catedral!. Era la verdadera medicina del alma y del cuerpo”. Años después, decía que “¡han sido las misas más hermosas de mi vida! Ana, la Eucaristía se convirtió para Van y para los demás cristianos en una presencia alentadora en medio de las dificultades. Se arreglaban para que hubiera cinco católicos con él... Cuando se apagaba la luz para dormir, Van se encogía en la cama para celebrar la misa, de memoria, y repartía la comunión pasando la mano debajo de la mosquitera. Fabricaron bolsitas con el papel de los paquetes de cigarrillos para conservar el Santísimo y llevarlo a los demás... Incluso hacían turnos para “adorar al Santísimo”... En ese tiempo, muchos cristianos volvieron al “fervor de la fe”, e incluso, budistas y otros no cristianos abrazaron la fe. François, inspirándose en San Pablo, escribió cartas a las comunidades desde la cárcel, que eran sacadas de la cárcel en unos calendarios viejos por medio de un niño de cinco años llamada Quang. Así escribió el libro “El camino de la esperanza”, libro traducido a varios idiomas.
Un amigo.
ANA Y EL TESTIMONIO VAN THÛAN (II)
Ana:
¡Te has sentido sobrecogida por la experiencia espiritual de Van Thûan en la prisión! ¡Y me comentas que de esos cristianos quedan pocos! ¡Es cierto que a veces nuestra mediocridad nos hace deambular por caminos tan pobres y tan poco ejemplares, que ante cristianos de esta talla palidecemos sin remedio! ¡Sentimos vergüenza y pudor ante la grandeza de estos “mejores hijos de la Iglesia! ¡Y me suplicas que te cuente algo más de este cristiano vietnamita ejemplar, François Xavier Nguyên Van Thuân!
Van Thuân nació el 17 de abril del 1928 en Hué, una pequeña ciudad de Vietnam. Provenía de una familia de mártires: en 1885 todos los habitantes de la aldea de su madre fueron quemados vivos en la parroquia. Fue ordenado sacerdote el 11 de junio de 1953. Luego de los estudios en Roma volvió a Vietnam como profesor y luego rector del seminario, vicario general y, finalmente, desde el 3 de abril de 1967, obispo de Nha Trang.
En la cárcel de Vinh Luang, sus guardias carceleros le permitieron recortar una madera en forma de cruz, y en otra cárcel le permitieron hacerse una cadenita para el crucifijo con trozos de cable, y ponérsela al cuello bajo la ropa. Esa cruz fue la que siguió llevando cuando fue nombrado Cardenal.
En la cárcel hizo muchos amigos. Uno de ellos fue un espía. Antes de que fuera liberado le prometió que iría a orar por él al Santuario de Nuestra Señora de Lavang. Van creía en la amistad, pero dudaba que un comunista fuera orar a la Virgen María. El propio Van Thûan se sintió sobrecogido y emocionado, cuando seis años después, en su aislamiento, recibió una carta de su amigo: “Querido amigo, te había prometido ir a orar por ti ante Nuestra Señora de Lavang. Lo hago cada domingo, si no llueve. Tomo mi bicicleta cuando oigo sonar la campana. La basílica está totalmente destruida por el bombardeo, por eso voy al monumento de la aparición que aún permanece intacto. Oro por ti así: Señora, no soy cristiano, no conozco las oraciones, te pido que des al señor Thuan lo que él desea». ¡Verdaderamente, se sintió conmovido hasta el fondo de su corazón! ¡Es normal!
Ana, Van Thûan, a pesar de tanto daño como le hicieron, no guardó rencor hacia sus carceleros y guardianes. Un día, uno de los guardias, le preguntó: “¿Es verdad que usted nos ama? ¿Nosotros le hemos tenido encerrado tantos años y usted nos ama? No me lo creo. Cuando quede en libertad, seguro que enviará a su fieles a quemar nuestras casas y a golpear a nuestros familiares”. Y Van le respondió: “Si, claro, que los amo, aunque me maten, porque Jesús me ha enseñado a amar a todos, también a los enemigos. Y si no lo hago, no soy digno de llevar el nombre de cristiano".
Van Thûan fue Presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz desde el año 1998, y nombrado Cardenal por el Papa Juan Pablo II el 21 de Febrero del 2001. Murió el año el 17 de Septiembre del 2002.
Un amigo.
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24.04.08 @ 19:25:24. Archivado en Sobre el autor
El artículo 2 de los derechos humanos.
Medita en este día el artículo segundo de la declaración universal de los derechos humanos, verdadera carta de una humanidad redimida y liberada: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.
¡Qué lejos quedan de esta declaración universal la multitud de posturas condenatorias que se prodigan en nuestro planeta, vinculadas a la xenofobia, el racismo, la violencia, la injusticia y la guerra!
¡Qué gran don los derechos humanos para los hombres y mujeres de hoy, hechos con lágrimas y sangre de antaño!
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20.04.08 @ 18:58:42. Archivado en Sobre el autor
La grandeza de un alma.
Teresa de Calcuta, fundadora de las misioneras de la caridad, una de las mujeres más importantes de nuestro reciente catolicismo, cuya espiritualidad giraba en el amor a Cristo encarnado en los más pobres y marginados. Ella gustaba rezar a este Cristo mendigo: “Líbrame, Jesús mío, del deseo de ser amada, del deseo de ser alabada, del deseo de ser honrada, del deseo de ser venerada, del deseo de ser preferida, del deseo de ser consultada, del deseo de ser aprobada, del deseo de ser popular, del temor a ser humillada, del temor de ser despreciada, del temor de sufrir rechazos, del temor de ser calumniada, del temor de ser olvidada, del temor de ser ofendida, del temor de ser ridiculizada, del temor de ser acusada...
Haz que nuestros corazones se llenen de paz. Nuestro mundo, nuestro universo: paz, paz, paz”.
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19.04.08 @ 18:26:21. Archivado en Sobre el autor
El valor de la mujer.
El Papa Pablo VI en la clausura del Concilio Vaticano II lanzó un maravilloso mensaje a las mujeres, que aún conserva toda su fuerza: “La Iglesia está orgullosa, vosotras lo sabéis, de haber elevado y liberado a la mujer, de haber hecho resplandecer, en el curso de los siglos, dentro de la diversidad de los caracteres, su innata igualdad con el hombre.
Pero llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzado hasta ahora.
Vosotras, las mujeres, tenéis siempre como misión la guarda del hogar, el amor a las fuentes de la vida, el sentido de la cuna... Reconciliad a los hombres con la vida...
Mujeres del universo todo, cristianas o no creyentes, a quienes os está confiada la vida en este momento tan grave de la historia, a vosotras toca salvar la paz del mundo”
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