Entre dos luces

Luna de miel 8-VI-2018

09.06.18 | 17:46. Archivado en Acerca del autor

Luna de miel…
Evoquemos hoy –al asomarnos al panorama del día- esa etapa florida que es la “luna de miel” de los matrimonios recién iniciados. Evoquémosla, al mirar hoy los primeros pasos efectivos del gabinete de “ministras” y “ministros” que acaba de poner en acto y en marcha el nuevo presidente deel gobierno de España, el socialista don Pedro Sánherz. Luna de miel…

La “luna de miel”, en el sentido más lírico y romántico de la expresión, se constituye por esa primera etapa de la vida en común de los recién estrenados cónyuges, y muestra ese tiempo dulce, risueño, feliz, que los matrimonios viven antes de dar la cara a “la verdad del matrimonio”, que no está ni puede estar en el “jijí-jajá” de los “confettis” o del “arroz” que sigue a la ceremonia, sino que realmente se masca en “el dia a día” del ir haciéndose efectivamente –con mezcla de amores, de sudores y de voluntad sobre todo- esa “una sola carne”, que proyectara el Divino Hacedor, al diseñar una “humanidad” emergiendo de la unión del varón y la hembra humanos.
De este modo, la ”luna de miel” se puede llamar la peripecia bonita antes de la verdad del matrimonio; el sueño previo al amanecer y a los sabores –dulces, amargos, agridulces e incluso apestosos- del día; la calma antes de la tempestad o lo que suele significar el ”caramelo a la puerta del colegio”. Que algo de todo eso puede ser, o es de hecho, la “luna de miel”. Es matrimonio, pero no dice casi nunca con precisión lo que va a ser el matrimonio: lunas de miel esplendorosas se han muerto nada más bajar del avión de regreso a casa los esposos.

Don Pedro Sánchez, tras la moción de censura exitosa, ha escogido un llamativo florero de “ministras” y “ministros”, y ha mostrado -al hacerlo- buenas dotes de agudeza y sagacidad. “Demuestra que es listo” –me dijo un avispado amigo, antiguo alumno y buen perceptor de sensaciones a bote pronto, nada más saberse que había escogido a Borrell para la cartera de Exteriores. “Sí que demuestra ser listo, pero no me basta”, le repliqué al instante; “porque yo distingo “listos” ea “inteligentes”; y si los “listos” dan buena imagen por agudos y sagaces, es a los “inteligentes” –los que saben leer de dentro a fuera la realidad y lo hacen con acierto y acompañamiento de obras- a quienes se han de atribuir los éxitos prolongados y sostenidos. El golpe de chispa del listo es el “flash” vivaz que anima y da esperanza; pero sólo el inteligente consigue hacer buenas las primeras impresiones”. Mi amigo se limitó a escucharme, sin decir ni sì ni no. Tal vez, porque le hizo pensar.

Obra de un “tío lislo” parece a casi todos -no creo que lo parezca a don Pablo, el de la coleta y el chalet, ni por asomo- el gabinete de don Pedro, que ayer prometía fidelidad a la Constitución ante el Rey.
Pero –me pregunto- este punto de listeza y sagacidad ¿será también muestra de una pareja inteligencia del “listo” que demuestra ser don Pedro al escoger este gabinete?

Esta calidad –creo yo- aún está por ver. Por buenos que puedan ser los indicios o los augurios que apoyen las caras, la vestimenta, las palabras, las sonrisas, las palmaditas y demás que se están viendo ahora mismo en las ceremonias de trasmisión de los poderes, queda por ver si se trata de meros gestos, guiños para la galería, de apariencias debidamente azucaradas para la ocasión o de verdaderos modos y maneras propios de auténticos personajes de Estado de Derecho y de buen Gobierno. Lo que va de una cosa a la otra puede ser mucha y decisiva para valorar, como es mucho lo que va del guiño al hacer lo que con el guiño se quiere significar o representar.

Me parece claro que, si lo de “listo” se puede mostrar con primeros actos o pasos, lo de “inteligente” no se demuestra tanto con las sonrisas, las buenas maneras o las solas palabras de las “ministras” y “ministros”, sino con las obras de hacer “buena política” –lo de la “nueva” política, tan cacareada en estos tiempos es para mí otra forma de heliplejia mental posmoderna-, siempre que, a partir de las apariencias y los relumbrones de primeros planos o de plenas pantallas, se ejerce muy en serio el noble arte de gobernar a un pueblo.

El Sr. Sánchez estrena gabinete y se da un prometedor y reconfortante baño de multitudes, a la vez que descoloca bastante a competidores e interesados amigos; se adscribe, sin embargo, por el momento a una vaporosa e inane “política de gestos”. Del momento, no hay más que eso.
Está mostrando sin duda con ello buenas dotes de listeza y buen tino para la España en que nos hallamos. Pero aún no ha demostrado inteligencia, tal como muchos -y yo con ellos- la entienden: obras racionales, que, secundando primeros impulsos o intuiciones a bote pronto, rubrican trayectorias vulgares y son capaces de hacer de un politicastro cualquiera un providencial estadista. Porque “gobernar” un pueblo en grave dificultad, sin limitarse a unos cuantos experimentos con gaseosa, es ciertamente otro cantar, y cosa de verse mañana o pasado, cuando haya que tomar decisiones, no tanto para la galería o el grupeto de los militantes del partido, sino para los votantes también, e incluso para los que no piensen como él o no le voten y acaso le discuten; sencillamente porque también son “pueblo”, del mismo modo que sus “pasniaguados” de uno u otro signo.

No bastan los gestos en política seria; porque los gestos valen para “camerlar” adictos, pero no para “gobernar” un paía plural y hacerlo “sin acepción de personas” y con el “bien común” en el punto de mira de todas las decisiones que tome el gobernante.

Claro que lo tiene difícil el Sr. Sánchez; y, más que difícil, endiablado.
Ya le echan en cara algunos de los llamados al festín de haberse olvidado pronto de quienes le auparon en la moción de censura. Alguno inluso le anuncia el “calvario” que le espera si no es dócil.
Pero lo ha de tener peor aún cuando “los otros” –los magnates de la historia falseada, de la mentira por verdad y de la ganancia del “pescar a río revuelto”- le pregunten una y otra vez: “Y de lo mío, ¡qué!.

Todo el mundo –creo yo- está deseando que acierte y sea, además de listo, inteligente; todos, menos los que esperan de sus “favores” taburetes para subirse a sus hombros y trepar como la hiedra o el musgo pegado como lapa a la corteza del árbol que destaca en el bosque. ¿Será posible que logre aderlantar algunos pasos en el arriscado camino por el que ahora mism o transitamos?. Tengo m is dudas…

Hoy, en el primer Consejo de “ministras” y de “ministros” -en esto de la nomenclatura sigue la cursillería-, la ministra portavoz anuncia solamente humo. Que se levanta la intervención –esperemos que no la supervisión- de las cuentas de la Generalitat por cese de la aplicación del art. 155 de la Constitución es humo porque ese cese ya fue anunciado por el PP antes de ser defenestrado Rajoy. Y cuando la misma “ministra” entona un canto heroico a una política -“nueva”?- de “escuchar, dialogar y consensuar”, a la vez que desde la Generalitat no se deja de insistir en el derecho catalán a la independencia o se “machaquea” con que la “república de Cataluña” está ya proclamada y en vigencia desde aquel “referéndum” sin base del uno de octubre último, ¿qué más que humo se podrá ver en el horizonte?.

Está bien, sin duda, todo afán o empeño en “quitar hierro” a los conflictos, sean dramas o sean comedias esos conflictos. Pero que no se deje de llamar a las cosas por sus propios nombres; y que no se hable de diálogo cuando, a pesar de las palabras bonitas y “diálogo” lo es, lo que se busca o pretende por los que piden el diálogo es claudicación o “tabla rasa” de lo que no puede serlo sin caer en injustos o pazguatos.
Y, en cualquier caso, que se pase ya de lo que casi sólo se ve hasta ahora: propaganda, los gestos, las sonrisas edulcoradas o los guiños a la galería o a los tendidos de sol, en merma de las obras de un buen gobernar en democracia. Que la democracia no está en llenarse la boca con el culto o el servicio al “pueblo” para hacer después lo que a uno le parezca; ni es democracia tomar por el “pueblo” a los del partido o a los compadres.
Y sobre todo –cuando los “aupantes” levanten la voz para preguntar “Qué hay de lo mío”, u ofreciendo baratijas o falsificaciones de la historia o del derecho a cambio de las dádivas, pedirle al Sr. Sánhez la sabia cautela de “no fiarse mucho de los griegos que hacen regalos”, como sucediera en la antigua Troya. Hay veces que las mitologías enseñan bastante más que algunos brillantes doctorados.

Luna de miel…. ¡Qué bueno y bonito que dure; y que dure lo mas posible!. Pero ¡qué mayor tontería o simpleza fiarse de las “lunas de miel” más que del “día a día” –aunque lo sea con sus dolores, amores, alegrías o pesares, etc.- de los matrimonios; sobre todo de esos matrimonios que, peleándose buenamente a cada paso, no pasa hora sin que extrañen estar el uno sin el otro.

Y ya, al cerrar hoy, no veo cosa mejor para estos días de “luna de miel política” que la frase aquella de La Bruyère (Les caracteres- Les jugements, 87): “Ne songer qu’à soi et au présent, surce d’erreur dans la politique” ¬ Ir o estar en la política para pensar sólo en uno mismo y en tiempo presente es fuente segura de error en un terreno tan delicado y exigente co.mo el de gobernar pueblos.
Por eso me digo a veces que la gente que, siendo “lista”, no es “inteligente”, puede valer para la mercadería o la picaresca incluso, pero no para la política.

¡Ojala don Pedro Sánchez, que en los primeros pasos y nombramientos está mostrando ser listo, resulte también ser inteligente mañana y pasado. Ganarían él y su partido y ganaríamos todos los españoles. Sin duda.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Y ahora, ¡qué1. 4-vi-2018

04.06.18 | 17:05. Archivado en Acerca del autor

Mis reflexiones iban hoy por otros derroteros o al menos esos eran mis propósitos a las seis de la mañana. Pero –como suele decirse, una cosa es lo que el hombre propone y otra, lo que Dios o las circunstancias le imponen… El “yo” –lo saben hasta los que saben poco de Ortega y Gasset-, para ser el “yo” cumplido, se ha de amoldar a las circunstancias, que lo van haciendo “yo”, paso a paso hasta la madurez.
No pensaba yo -este amanecer- dejarme manipular por los hechos que estos días nos embargan. Pensaba dedicarme, desde el “punto primero de la mañana”, a reflexionar cuestiones prácticas de la última reforma del proceso y de la procedura en los pleitos de nulidad matrimonial canónic; una reforma entrada en vigor a finales de 2015 y alumbrada por el Motu Proprio, del papa Francisco, “Mitis Judex Dominus Jesus”.
Habré de retrasarlo y hacerlo algo más tarde, hoy mismo, porque no pienso con estas primeras reflexiones, al aire de los hechos, otra cosa que poner a mis amigos en el brete de tener de pensar ellos también y confesarse ante lo que pasa o nos pasa. Yo pienso… Tú pìensas… El de más allá también pi,ensa…

Es una verdad que los hechos hablan; incluso acosan y exigen; y no parece correcto darles la espalda o no hacerles aprecio, sobre todo, si son abultados o llamativos. Pero, como hoy me esperan otros empeños muy gratos y acuciantes también, quisiera ser breve e inquisitivo esta mañana. Breve porque la ruta está trazada y no es factible que no exista lo que ya se mueve. Inquisitivo, porque a mis amigos y lectores los considero adultos y mayores de edad en saber y discernir y conforta poner alguna vez en su tejado la pelota del pensar y del decir. Aprender de ellos me estimula. No sé si me será posible ser breve al menos. Inquisitivo, seguro que lo voy a ser.

Mi hermano, ayer –mi hermano no es de medias tintas ni de cambalaches teorizantes o romancescos: le gustan más las líneas rectas que las oblícuas o curvadas-…. Mi hermano, ayer, decía que el Senado debería tumbar los presupuestos y devolverlos al Congreso para que el nuevo presidente del gobierno bailara un pasodoble con ellos.
A la politica, aunque sea el “imperio de la mentira” como se sabe por Ortega, tal vez repugnara la treta, que no sería excesivamente honesta, ni quizás patriótica, le respondí.
Pero, lo que son las cosas… Esta mañana acabo de oír a un contertulio de la Cope una idea paralela a la de mi hermano, un tanto maquiavélica posiblemente, pero con cierto toque de sublimidad. Era esta: que el Senado, con mayoría absoluta popular, no rechace los presupuestos, pero que los enmiende. Y que concretamente los enmiende en lo que se refiere a esos 540 millones de euros y demás ganancias que el PNV exigió como condición para appyarlos y sacarlos adelante. Por la felonía del PNV, que -después de pactar con Rajoy y sacarle la ”tajada” de esos millones y más-, en días tres o cuatro, -tras “sopesar” y “meditar” mucho, como dijera su presidente- trapichea, pacta y apoya la moción de censura contra el propio Rajoy, condicionando el nuevo pacto a que le respeten esa “tajada” y no sin exigir otras, de lo que no me cabe duda.
Cuando le acaban de plantear esta posible treta al portavoz de los socialistas, dejó caer, sin dudarlo un momento, que eso sería uns “venganza” y que no sería justo.
Y como todos llevamos a bordo de nuestras personas el instinto de la justicia, esta salida del portavoz, a parte de hacerme gracia, hizo también que mis reflexiones no pudieron resistirse y me llevaran -otro día más- a hacer un guiño a estos hechos: en vez de, como yo me proponía, irme a los indicados análisis procesales.

Voy a plantear la cuestión muy escueta y concretamente: si el PP en el Senado enmendara los presupuestos en lo referente a las concesiones economicas exigidas por el PNV –esos casi 600 millones para empezar-, en razón a la felonía de pactar –en cuatro días, como quien dice- a favor de Rajoy y en contra de Rajoy, en un trapicheo indecoroso a todas luces, y con la “tajada” a buen recaudo y más que eso tanto en el anverso como en el reverso de la medalla, ¿sería una venganza, como afirma el portavoz socialista? ¿Sería una injusticia? ¿O, tal vez mejor, pudiera ser más bien lo justo y necesario, en este juego de intereses de unos y de otros?
Se sabe que en el Derecho internacional –en materia de los tratados, acuerdos y pactos entre los Estados- vige la cláusula del “pacta sunt servanda rebus sic stantibus”. Es decir, que los pactos han de mantenerse y observarse mientras las cosas, las condiciones o las circunstancias, sean las mismas; en otro caso, no.

dDespués de pensar un poco en ello, no me parece que la jugada del PP en el Senado, si se produjera, fuese una venganza, o que fuera injusta o falta de equidad. Y no sólo ni tanto por la traición de PNV –un partido que sabe bastante de “recoger nueces” del árbol que otros agitan- o por su avaricia descarada, sino porque considero que esas concesiones a los “periféricos” vascos y catalanes son atentatorias contra la democracia y sus bases de respeto a la igualdad y a la dignidad de los ciudadanos en general; y porque creo que los privilegios están reñidos frontalmente con la democracia, como clamaban -y con razón- los que han echado en cara al Estado conceder privilegios civiles a la Iglesia, discriminando a otras religiones, en sus mismas circunstancias sociales. Si esto ya no va, ¿por qué ha de seguir yendo lo otro?
Si el PNV se decidió, después de sopesarlo y meditarlo bien, a traicionar a Rajoy como lo hizo en realidad, ¿no hubiera sido lo ético, lo honorable, lo digno renunciar a los millones que le había sacado, en vez de asegurarlos bien, previamente al nuevo pacto, del que también sacaría más ”tajada” sin duda?.

Y aquí viene la cosa. ¿Qué pensáis de todo esto, mis queridos amigos?. Me pirro por saberlo.

He oído también hoy mismo –y abundo en los guiños a los hechos- cosas como estas:
-En democracia, los galones sólo se ganan en las urnas
-Pedro Sánchez no ta tomado la presidencia para gobernar España, sino para “estar” en la Moncloa
-La política de don Padro ha sido -hasta ahora- una política casi sólo de gestos. ¿Será, a partir de ahora, de algo más que gestos?
-Los socialistas, al pactar con los enemigos de España y de los españoles (¿No es de recordar la sarta de insultos que el Sr. Torra Pla, de “viboras” para arriba, nos dedicó a todos no hace tanto?), se han salido del bloque constitucional.
- A Ciudadanos se le ha quedado cara de “pasmao” después de sus aventurillas en la refriega de la “moción”; se le ha visto descolocado…
- Un Psoe pactando con los peores enemigos de España ¿es Psoe? No debiera quitarse alguna de las letras de su rótulo?
-El PP debe cuanto antes dejar de lamerse las heridas para reflexionar, con objetividad primero, para después autocriticarse y enderezar el rumbo. Porque sabido es que las instituciones se oxidan y envejecen cuando no se renuevan a tiempo y con energía. A circunstancias nuevas, caras y actitudes nuevas. Al fin y al cabo, los partdos políticos son medios y no fines; son andaderas y no poltronas…

Todo esto se decía esta mañana en los mentideros de la radio y la prensa.

Y como no tengo tiempo de más, “paso palabra” a mis amigos lectores para que ellos entren también en esta liza que se ha abierto con las recientes circunstancias; y para que, después de reflexionar por su cuenta y razón, piensen y después digan, si les parece, lo que opinan de estas novedades que los hechos traen esta mañana consigo.
¿Mañana más? Seguramente. ¿Quién se resiste a los guiños de ciertos hechos?

Para cerrar hoy, otro pensamiento de Antonio Machado, al que no me canso de citar porque nunca me canso de aprender de él. Oigamos lo que anota sobre España por boca de Juan de Mairena o de Abel Martín. “España no es una invención de las cancillerías europeas, la resultante de un tratado de paz mas o menos inepto. España lleva siglos de vida propia perfectamente definida por su raza, por su lengua, por su geografía, por su historia, por su aportación a la cultura universal. No es fácil disponer de su presente ni, mucho menos, de su porvenir. Aún suponiendo –y es mucho suponer- que pueda caer arrollada por la fuerza bestial de sus enemigos, su deber es caer con dignidad, resistir hasta el fin, porque sólo así sería indefectible su resurgimiento futuro. Y, por de pronto, España piensa en la victoria, porque está segura de merecerla”.
Las graves palabras del poeta parecen hechas para esta circunstancia. Pensemos y, sobre todo, no desesperemos. Animo, pues, que –como dice el sabido refrán- hay “matones”, cuyos “muertos gozan de buena salud”.

Amigos. Lo prometo. Por unos días os dejo en paz con vosotros mismos. Me voy a mis reflexiones procesales y, si puedo compaginarlo, también a recrearme por los ríos y las montañas de mi tierra. Traen satisfacciones que no son capaces de dar otros afanes u otros menesteres.
SANTIAGO PANIZO ORALLO


"Perdonen que no me levante" -6-III-2018-

03.06.18 | 09:34. Archivado en Acerca del autor

No son las palabras sino los hechos y las obras lo que define, magnifica o prostituye una personalidad. Así lo enseñan la psicologia racional y el sentido común.
Hoy, a las once y dos minutos del día, en el palacio de la Zarzuela, ante el rey Felipe y las más altas magistraturas de la nación, el nuevo Sr. Presidente del gobierno de España toma posesión del cargo y hace la promesa de respetar y hacer cumplir la Constitución. Estaba en su facultad prometer o jurar y ha elegido prometer tan sólo. Hasta aquí, nada que objetar.
El síntoma que aludo al abrir estas reflexiones de hoy está en otra cosa, en un detalle que me parece sintomático: por primera vez en la historia de nuestra democracia contemporánea, el Sr. Presidente dispone que, en el acto de su toma de posesión, y de su promesa de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, fueran excluídos los símbolos religiosos católicos, la Biblia y el Crucifijo.
Respetable así mismo la decisión del Sr. Presidente, pero sintomática; y –en cuanto sintomática- digna de algunas reflexiones o quizá mejor atisbos, conjeturas o resalte de indicios. El Sr. Sánchez, por primera vez en nuestra historia, no ha querido y ha rechazado expresamente la presencia de unos concretos símbolos religiosos católicos en la mesa de su promesa. Respetable, como digo, la decisión por cuanto desde 2014 eso está previsto en el protocolo de la Casa Real para este acto; pero sintomática y, como tal, elocuente.
Si una buena parte de este pueblo aún llamado España –hasta la fecha al menos- es católica, el síntoma no es que merezca reflexiones –que por supuesto las merece-, sino también tomas de conciencia y de postura ante lo que puede venir mañana o pasado. Y es que, más de una vez, en estos pasados años, el Sr. Sánchez ha proclamado sus anhelos de denunciar los Acuerdos vigentes desde el año 1979 –enero de 1.979 concretamente- entre la Santa Sede y España. Bien es verdad que hay otros Acuerdos -en vigor ahora mismo- del Estado español con las religiones judía, musulmana y evangélica protestante; pero solamente ha venido hablando de denuinciar los Acuerdos con la I. Católica, plenamente constitucionales y acordes –puesto que son posteriores a la entrada en vigor de la constitución y nadie ha dudado, ni el tribunal constitucional, de su compatibilidad con el espíritu y la letra de nuestra vigente constitución. Esta especie de “fijación” freudiana del Sr. Presidente llama -a mí, al menos- la atención.
Es posible que el Sr. Presidente sea “laicista” y sueñe con un Estado laicista, porque laico ya lo es desde que entró en vigor la Constitución y en concreto su art. 16 sobre libertad religiosa y separación de la Iglesia y el Estado. No sólo no es el Estado español en la actualidad un Estado aconfesional, sino laico en el sentido usual de esta palabra en la nomenclatura más común ahora mismo. No es “laicista”, claro, y en ello tal vez radique el desliz –a mi ver, naturalmente- del Sr. Presidente.
Es posible que el Sr. Presidente confunda la laicidad con el laicismo, en cuyo caso tal vez debiera hacer un “master” –ahora que están de moda- para enterarse de las diferencias; eso si, advirtiendo de paso que la laicidad es una virtud tan cristiana y católica como secular, porque está en la misma constitución de la Iglesia, en ese Evangelio en el que se impone a los creyentes, como parte sustancial del mensaje cristiano, “dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar”. ¿No se habrá enterado aún el Sr. Presidente de que ese “crucificado”, al que expulsa de la mesa de su solemne promesa, fue el primero que, en la historia humana, impuso la separación de lo sagrado y lo profano en defensa nada menos que de la libertad de la conciencia de los hombres?
Y hasta es posible que el Sr. Presidente no haya estudiado antropología moderna para saber que la condición de “homo religiosus” en el hombre es tan predicable del mismo como la de “sapiens”, “faber”, “ludens” o “oeconomcus”. Y que hoy, por esa ciencia moderna sobre el hombre, es retrógrado pensar que la condición de “homo religiosus” sea una imposición de curas o de obispos y no un dato de neta naturaleza humana, que sólo se niega hoy, no por los que defienden que el hombre procede del mono –cosa que nadie niega ya, aunque sea creyente-, sino por los que defienden que es el mono el que viene del hombre; en regresión, claro, más que enn evolución. No hace tanto, en una revista científica de buen predicamento –Magazin Philosophie-, se alentaba esta sensacionalista teoría.
Y como ya puede ser factible todo después de este primer síntoma, harán bien los católicos españoles, a la vez que rendir homenaje del respeto debido al nuevo Sr. Presidente del gobierno de España –ya lo predicó san Pablo- (que lo es aunque no haya ganado ningunas elecciones para serlo en plenitud de verdad y de legitimidad… Harán bien los católicos españoles en tomar nota, precaverse y no dormirse. Porque –insisto- el síntoma es significativo.

Ayer cerraba mis reflexiones diciendo: “Pueblo, despierta y espabila”, para no verte ninguneado por los mismos que se llaman a sí mismos demócratas de toa la vida….
Hoy añado: Católicos, ¡alerta!. Que somos pocos y seguramente mañana seremos menos; pero lo que somos -poco, mucho o regular-, hemos de hacerlo valer; y el modo, en política, está en el voto y en las urnas… . Que si unos se pavonean con derechos, otros también los tienen con seguridad y con verdad. Y hay cosas que un católico y un cristiano, si lo son y no hacen farsa, no pueden ver y quedarse impasibles sin dar señales de vida.
Y abono estas reflexiones de hoy con otra idea: los horizontes no son buenos para la religión, y los creyentes -en esta encrucijada de posmodernidad inclemente-, si no otros derechos que tienen sin duda, como el de la libertad, debieran exigir y ejercitar alguna vez ese tan vulgar pero no siempre inútil ejercicio del vulgarmente llamado derecho al pataleo. Creo que no es mucho pedir… Este derecho no está en las declaraciones universales de los derechos humanos, al menos en forma explícita; pero está muy presente –y con buenas razones- en la historia de la humanidad. Veamos.
- “No he de callar hasta que rompa la aurora de la jusuicia”, cantaba -ya en su tiempo- el profeta Isaías (cap. 61), ante las murallas hostigadas de Sión.
-“No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. No ha de haber un espíritu valiente? Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”. Lo dijo don Francisco de Quevedo y Villegas en su famosa Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a don Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivare, en su valimiento.
Amigos. Dar señales de vida –algunas al menos- puede no ser poco cuando tantos pregonan a coro eso de que “Dios ha muerto y yo soy dios”. Y de los “dioses” que no sion ”Dios!”, líbrenos Dios.
Y cierro ya por hoy estas reflexiones con una letrilla sugerente de don Antonio Machado: “Ayer soñé que veía a Dios gritándome ¡”Alerta!”. Después era Dios quien dormía y yo le gritaba; ¡”Despierta!”. Buen pensamiento para tiempos preocupantes, sobre todo en labios de una persona como el poeta que se pasó la vida entera buscando a Dios.
Cuando los síntomas son los que son y si, como dicen por esta tierra, “los lobos pierden su lana antes que las mañas”, ¡òjo, perdiz! y, como ayer decía, “a verlas venir” pero sin que nos sorprenda su vuelo raso y a ras de tierra..
Lo dicho. Somos pocos y mlñana tal vez seremos menos; pero lo que somos -poco, mucho o regulasr- hemos de hacerlo valer; por dignidad y respeto a unas creencias, que como dice también Ortega de ellas, han de ser mäs que las puras idea que van y vienen, porque en ellas, en las creencias, “estamos”, y las ideas solo las tenemos….
Y al nuevo Sr. Presidente, el mayor respeto del mundo, pero con los ojos muy abiertos… Que los síntomas, en patología médica, son ayudas para curar las enfermedades porque alertan.
SANTIAGO PANIZO ORALLO


Al son de la moción de censura - Atisbos a bote pronto 2-VI-2018

02.06.18 | 18:00. Archivado en Acerca del autor

Me pregunta un amigo –Jesús se llama este amigo, ingeniero industrial y buen zahorí de aguas subterráneas- cómo veo –a pocas horas de producirse- la defenestración de Rajoy y el encumbramiento de Pedro Sánchez por mor de la –exitosa esta vez- moción de censura, orquestada –en “manada”- contra el PP a partir de una frase -no sabría decir si desafortunada, inoportuna o improcedente procesalmente hablando- de la reciente sentencia dictada en el caso Gurtel. Me pregunta y le respondo que con deportividad me lo estaba tomando.
Me pregunta también cómo estaba tomando la otra sorpresa de los días, la dimisión del entrenador del Real Madrid, Zidane, y le respondo lo mismo: con deportividad igualmente me lo tomo.

Al decir “con deportividad”, quiero decir con calma, sin aspavientos, con cierto gracejo incluso, sin perder el sueño ni las ganas de comer y en disposición psicológica de ”a verlas venir”. O, como dice mi sobrino Gelín cuando jugamos al tute, en actitud espectante, de “oro baio y a esperar”. “A verlas venir” sobre todo, porque en los dos casos –el del nuevo presidente y el del maduro entrenador- hay trastienda, y el futuro, más pronto que tarde, despegará las telarañas que causan ahora mismo asombros, incertidumbres y hasta incredulidad en gentes de buen sentido y mejores luces.

Pero como de reflexionar se trata y de leer las entretelas de los “hechos” –siempre digo que “los hechos hablan” a quienes los interpelan con objetividad y con respeto y ambas cosas las procuro siempre que los miro-, esta deportividad de que hablo no me lo va a impedir en este trance, sin duda histórico, desconcertante y lamentable para muchos y posiblemente dramático –otra vez el drama salpicando la historia patria- de nuestras pertinaces “dos Españas”, una mitad maldición y la otra mitad, ganancia de “pescadores a río revuelto”.

No quedarse “pasmaos” e “insensibles” ante “la política” de tu país y decidirse a meterse algo en ella no es descaro, sino riguroso deber cívico.
Ortega y Gasset –lo saben bien mis amigos y conocidos- es uno de mis mentores o guías por los caminos –no siempre fáciles y abiertos- del pensamiento lógico y del no ceder nunca ante la farsa o el “cuento chino”. Y cuando se trata de sus temas favoritos –el de la política y los políticos es uno de ellos-, procuro no dejar de mentarle. Porque sus ideas lo merecen y además me van bien. Por eso, y aunque peque de reiterativo, ante los hechos de hoy, no me privo de ofrecer a mis amigos -y a quien me quiera leer sin gafas de aumento ni pre-juicios de villano- unas frases suyas que van con los primeros compases de El Espectador y que pueden servir de ayuda a los que -aunque preocupados, porque la cosa no es para menos- se deciden, a pesar de todo, a mirar con deportividad y en positivo el momento presente.
Dice Ortega al caro, lejano e ignoto amigo, que le reprochaba quedarse en mero espectador en medio de las refriegas, varias cosas interesantes, hoy como ayer, sobre el quehacer político. E insisto: aunque ya en otras ocasiones las he mentado, ahora que vienen como anillo al dedo, no me siento mal volviéndome a ellas. Tomemos nota.
Escribía Ortega por febrero-marzo de 1916 y aunque, desde entonces, haya llovido mucho, secundado por sequías pertinaces, en esta “piel de toro” no han cambiado tanto las cosas como para ver en Ortega un habitante de otra galaxia. Casi todo lo que dice es tan actual ahora como hace un siglo. Es lo que tienen los clásicos en algo. Y en política, Ortega –socialista y de los de pro- lo fue con su ciencia mayestática y con sus andares y quehaceres en la política de su tiempo, que fueron los de la 2ª república nada menos.
“La vida española nos obliga, lo queramos a no, a la acción política. El inmediato porvenir, tiempo de sociales hervores, nos forzará a ello no mayor violencia. Precisamente por eso, yo necesito acotar una parte de mí mismo para la contemplación. Y eso que me acontece, acontece a muchos…”
“Desde hace medio siglo –y nos metemos en pleno siglo XIX-, en España y fuera de España, la política, es decir, la supeditación de la teoría a la utilidad- ha invadido por completo el espíritu. La expresión extrema de ello puede hallarse en esa filosofía pragmática que descubre la esencia de la verdad, de lo teórico por excelencia, en lo práctico, en lo útil. De esta suerte, queda reducido el pensamiento a la operación de buscar buenos medios para los fines, sin preocuparse de éstos. He aeuí el pensar utilitario”… “La pasada centuria se ha afanado harto exclusivamente en allegar instrumentos: ha sido una cultura de medios…”, mucho más que de fines y de metas.
“Situada en su rango de actividad espiritual secundaria, la política o el pensamiento de lo útil es una saludable fuerza de la que no podemos prescindir. Si se me invita a escoger entre el comerciante y el bohemio, me quedo sin ninguno de los dos. Mas cuando la polítrica se entroniza en las conciencias y preside toda nuestra vida mental, se convierte en un morbo gravísimo. Y la razón es clara. Mientras tomemos lo útil como útil nada hay que objetar. Pero si esta preocupación por lo útil llega a constituir el hábito central de nuestra personalidad, cuando se trate de buscar lo verdadero, tenderemos a confundirlo con lo útil. Y esto, hacer de la utilidad la verdad, es la definición de la mentira. El imperio de la polìtica es, pues, el imperio de la mentira”.

¿No os parece, amigos, que recordar –ahora, en este trance a todas luces “expectante” de nuestra historia contemporánea- unas aseveraciones tan luminosas como rotundas de un tal José Ortega y Gasset puede servir de acicate para mirar lo de hoy con deportividad, en el sentido indicado?.
Porque así lo creo, así os lo digo. Sin rebozo y con buen animo, por si las negras conjeturas del caso aún pudieran tener reverso de alegres previsiones.

Por estas razones y animado por ellas, no me voy a privar hoy, en una primera entrega y a bote pronto, de soltar unas cuantas reflexiones, en atisbos solamente, al aire de la defenestración de Rajoy y el encumbramiento subitáneo de don Pedro Sánchez; sin elecciones democráticas, que es como deben subir al Poder los gestores del “pueblo soberano” -no se olvide que, en democracia, hay veces que lo legal, por muy legal que sea, y la moción de censura lo es, se topa de frente con lo limpiamente democrático-; y con la “santa compaña” -ah, lo de la “santa compaña” qué cerca tiene lo de las “malas meigas”!- de sus muy dudosos compañeros de viaje; sin que alivie mucho en este caso lo de Fraga en sus tiempos: que la política hace a veces extraños compañeros de cama. No parece normal –al menos, a mí no me lo parece- subir al Poder a hombros de rufianes, de racistas, de provocadores o de felones comerciantes de bicocas y de cupos, de populismos de chalet y “escraches”, sin abonarse gratis a hipotecas insufribles o a chantajes demoledores. Perversa es toda esclavitud, pero mucho peor es la esclavitud voluntaria. Y -si no- que se lo pregunte el Sr. Sánchez a Etienne de la Boëtie, leyendo –hay edición en castellano si quiere ahorrarse buscar la edición francesa- su interesante Tratado sobre estas clases de esclavitud. Es aleccionador y no tiene desperdicio. ¡Palabra!!!

¿ALgunas de mis reflexiones y atisbos?
Hoy solamente algunos. Otro día, más.

-Hoy es un día para la Historia. Lo estoy oyendo decir a casi todos. Lo que pasa es que esta es una historia que aún no se ha escrito, porque no está hecha, y los hechos que la han de hacer van a ir viniendo más pronto que tarde para darle cuerpo, color y tonos. Sus hechos los veremos sin tardar, seguramente.
-¿Será de fiar el hombre que ahora promete consenso a raudales cuando ha pasado años siendo el hombre del “no es no y siempre lo será”?
-¿Será leal quien pide ahora lealtad sin medida a quienes él se la ha dado a cuentagotas, con reticencias y poniendo palos en las ruedas de la carreta? ¿Quién puso frenos, por ejemplo, a la aplicación del art. 155 de la Constitución?

Mi amigo Jesús –después de hablar un rato de esto y de otras cosas (de nuestras aficiones comunes concretamente)- me pone en el brete de un reto que acepto. Verás -me dice- lo poco o nada que va a tardar Pedro Sánchez en convocar elecciones, dando -como debe ser en buena democracia- la palabra al pueblo en situaciones como esta. Ni de “coña”, le contesté. Ni lo pienses. Te apuesto una comida de “garbanzos con callos” en Trabadelo, y con café, copa y puro –aunque no seamos fumadores ni tú ni yo- a que no veremos caer esa breva. Él aceptó la apuesta y yo, el reto. ¡Ojalá me equivoque y el nuevo Sr. Presidente del gobierno de España se decida a llamar a la democracia por su propio nombre y no con seudónimos.
Por lo pronto, hoy mismo está repitiendo su cantinela de que “España es una nación de naciones” y el baile con las hipotecas está programado y a punto.

De todos odos y en aras de la deportividad, como dice mi sobrino cuando jugamos juntos al tute: “Oro bajo y a esperar”
Deportividad. A verlas venir. Y a la espera –¿será posible?- de perder la apuesta con mi amigo y comerme los “callos con garbanzos” pagados de mi bolsillo. Ojalá me equivoque en los cálculos, aunque tengo pocas esperanzas. Prometo que los 15 euros del menú los pagaría con sumo gusto.
Más bien se verán venir otras cosas antes que las elecciones….. Pero he de callarme ya para no traicionar la deportividad con que estoy encarando –o, al menos, lo intento- esta hora incierta –de las más- de nuestra moderrna historia democrática.
Y me voy -para cerrar ya estas reflexiones de hoy- a mi poeta moderno favorito, a mi querido don A. Machado en esa letrilla en la que parece esperar contra la esperanza, pero que da confianza hasta en medio de las tormentas o en las noches cerradas: “Esa España inferior que ora y bosteza, vieja y tahúr, zaragatera y triste; esa España inferior que ora y embiste; cuando se digna usar de la cabeza, aún tendrá luengo parto de varones, amantes de sagradas tradiciones y de sagradas formas y maneras…”.

Y en éstas, sólo cabe pedir: “Pueblo, despierta”, para que no te ocurra lo que ya Quevedo pronosticara en el cap. XXXV de La hora de todos y la fortuna con seso: que a pueblo necio e ignorarte, ganancia de los tiranos. Por precaución o tal vez por supervivencia, con deportividad también porque la deportividad no está reñida con las verdades, anoto esta idea para cerrar.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Mi pueblo

31.05.18 | 12:47. Archivado en Acerca del autor

MI PUEBLO

Hoy –en un Supra de Alsa, con salida de Madrid a las dos y media de la tarde- viajo a mi pueblo, para estarme allí hasta –más o menos- el 10 de junio, en que habré de volverme unos pocos días a la capital del Reino. Por eso, mis reflexiones hoy se mecen -más que al son o el compás de unos hechos o de unos pensamientos e ideas que me llegan de fuera- al de las sensaciones que me van tomando mirar los paisajes desde la ventanilla del autobús. También las sensaciones han de tener su pizca –o tal vez mas- de “mando en plaza” para el buen gobierno de las vidas; y más todavía si son positivas como las que a mí me embargan hoy.

El viaje –dando de lado a las más de cuatro horas empotrado en el asiento y el monótono run-run del motor- ha sido normal. Lo dediqué, en parte, a contemplar el paisaje de esta Castilla llamada La Vieja, así llamada tal vez por su indubitada condición de añosa raíz de las Españas o quizás por su adusta faz de líneas rectas y planicies de horizontes abiertos que invitan a pensar más en años que en fogosas juventudes. Ancha y abierta es Castilla, en el mejor sentido de los dos adjetivos. Casi siempre parda y agostada, es una delicia verla ahora verdeante, risueña y vegetal, en una primavera sin arrogancias pero verde y esperanzadora como todas las primaveras, hasta las más humildes y austeras.
A la vez que contemplaba, pensaba; en las cosas que pasan o nos pasan; en esas cosas de todos los días que, si no siempre son para tirar cohetes, tampoco lo son para poner cara de vinagre o pegarse un tiro. Y también en las cosas de algunos días, esas otras que, al ser imprevistas y en ocasiones inoportunas, se resisten a pasar sin pena ni gloria.

Otro espacio del viaje lo dediqué a escribir el bosquejo de un ensayo sobre Babel, aquella torre tan bíblica como mitológica y sugerente, que -la víspera de Pentecostés, es decir, mañana mismo- trae a colación la Iglesia para contrastar la primigenia comunidad de lenguas con esa otra diversidad tantas veces arbitrada para romper la unidad del hombre y hacer así, de un universo ideal e idílico, un pluriverso de antagonismos irreconciliables y humanamente perniciosos.

Y en éstas andada cuando, pasada la media tarde, el Bierzo nos daba la bienvenida, exultante y con brazos también de primavera esplendorosa y risueña. De espectacular se puede calificar este año la primavera, tras lluvias y lluvias y un invierno empeñado en no irse por las buenas…. Pues, o mucho cambia en estos días próximos, o el “cuarenta de mayo” nos va a coger con el “sayo” a cuestas y haciendo rogativas para que cese de llover… De todos modos, disfrutar de la primavera berciana, aunque sea por pocos días no deja de tener alicientes.

Al bajar en Ponferrada del autobús, una nueva sensación y un deseo se asoman a mi horizonte personal: la sensación de estar en casa y a gusto, y el deseo de respirar hondo para no perderte nada de los aires de la tierra que te viera nacer. Al llegar a casa y aliviarme un poco, dedico un rato antes de la cena a escuchar a Nino Bravo y, en concreto, esa canción que, dedicada a su tierra, que tiene palmeras y tiene montañas, pero tiene también “el mismo sol que otras rierras”. Y me dije, tras oír esa canción mayestática para curas de nacionalismos rabiosos o subnormales, que sin duda me siento ufano de mi Bierzo, pero no hasta el punto de no reconocer, y admirar también –sin mirar por encima de los hombros a nadie- las bellezas y las bondades de ese “sol de todos” que unifica a los hombres por encima de lenguas, de particularismos, de idiotizados fanatismos y de los cuentos y las mentiras de quienes, hasta siendo cretinos como cualquiera pueda serlo sin abdicar de ser hombre, se pirran por lo suyo, pero sin menosprecio de lo demás….

Y aquí, en este punto, retorné con la mente a la Babel aquella en que unos hombres, obsesionados, emperrados, en edificar una torre que llegara hasta el cielo –lo del “asalto al cielo” tiene solera y veteranía “chulescas” en la historia humana-, cambiaron el “progreso humano” por por un os egocentrismos patógenos. “Tú lo qusiste” valdría tal vez comentar con el “fraile” aquel

Tras mi cena habitual de una sopa de fideos y un yogourt y después de estarme un rato tratanto de contar estrellas desde mi baslcón, con la silueta del convento de las monjas de mi pueblo en le retina e intentando escuchar, como antaño, al ruiseñor velando enamorado a la madre de sus polluelos –hace mucho que es intento vano oír al ruiseñor en las noches de abril y mayo-, se voy a la cama, aunque no sin antes rememorar ese poema de A. Machado “al olmo seco”; de tantas aplicaciones filosóficas, o no tan filosóficas; y más en estos días del renuevo y del milagro primaverales. ¿Por qué no, si a ratos llueve y a ratos hace sol?. Lean el poema y verán si es o no posible…
Mañana –me digo al acostarme- será otro día. Y el Dios de ese sol que es el mismo para un sueco que para un americano, para un asiático que para un negro de Tanzania, nos ayude –a los que creemos en Él cuando menos- a usar más la cabeza y algo menos las vísceras cuando de estas cosas tan de comer a diario se trata. Que nos incite y ayude a pensar un poco antes de soltar la lengua y hacer bobadas. Un viejo amigo del pueblo -farruco y suficiente él- es partidario de hacer prinero las cosas y después pensarlas y hasta se ufana de esa fantasía de falsa racionalidad. Después de preguntarle, una y otra vez, si le salen bien con ese método, le suelo decir –para su consuelo- que hay quienes no las piensan ni antes ni después de hacerlas….
Él se ríe y yo me río, porque como dice Iñaki Linazasoro en uno de sus libros de humor, hay que reírse, a pesar de todo. Mañana será otro día.

SANTIAGO PANIZO ORALLO

NOTA POSTDATA.
Mis queridos amigos.
Perdonadme que os haya dejado de lado estos pasados días, desde que me vine al pueblo la tarde del 17 de mayo actual. No me avengo bien con estas técnicas ultra-modernas de la comunicación on-line (¿se dice así?) y me cuesta encararme “vis a vis” con estas –tan fáciles para muchos- “historias” de “fibras ópticas”, de “ruter”, de “wi.fi” y demás zarandajas de comunicaciones por estas vías, tan importantes por otro lado para estar y vivir en este tiempo y en este mundo. Cosa de preferencias generacionales, me digo yo. Me apetece más, por ejemplo, leer un libro de papel que uno virtual. Cuestión de gustos, así mismo diría.
El hecho es que han pasado días y días sin tener del todo a punto esta vía de contacto. Perdonad, insisto.
Poco a poco –y asociado a lo actual de cada día- os iré pasando mis reflexiones, esas que aguantáis pacientes dando muestras de una esquisita amistad. Mis gracias por ello. SPO


La hora sde Rosa -17-V-2018

17.05.18 | 12:53. Archivado en Acerca del autor

“Por los alrededores del año 600 de la era fordiana ¿quieresaber qué puede ocurrir? En cuanto a los restantes rasgos de ese mundo más feliz y más estable –los equivalentes al soma, la hipnopedia y el sistema científico de castas- probablemente no se hallen más que a tres o cuatro generaciones de distancia. Ya hay algunas ciudades americanas en que el número de divorcios iguala al número de bodas. Dentro de pocos años, sin duda alguna, las licencias para matrimonios se expenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un período de 12 meses, y sin ningunas lrey que impida cambiar de perro o tener más de un perro a la vez. A medida que la libertad política y económica disminuye, la sexual tiende, en comparación a aumentar. Y el dictador (a menos que necesite carne de cañón y familias con que colonizar territorios deciertos o conquistados) hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticosd, del cine o de la radio , las libertad sexual ayudará a reconciliar a los súbditos con la servidumbre que es su destino” (Del Prólogo a la 2ª edición de Un mundo feoliz, de Aldous Huxley).

Quien leyere atentamente este Prólogo, adicionado por Huxley a su Brave New World – Un mundo feliz, editado por primera vez años antes, podrá ver en el mismo varios añadidos a la profecía y atisbar entre sus líneas ajustes de aceleración.
El ser humano, según la teoría del escritor inglés, se perfila echado de pies y manos en brazos de unas tecnologías de fantasía, pero sin alma ni principios, elevadas -porque sí- a categoría de fines, y todo él movilizado por ansias tan desmesuradas como locas de “doparse” para su final “asalto al cielo” –un cielo, por cierto, previamente vaciado de Dios-. Quien lea, he de insistir en ello, con una pizca de atención ese Prólogo ha de advertir sin gran esfuerezo que los plazos de la profecía se acortan y que lo que en la obra original son 600 años de la era fordiana pocos años más tarde ya son pòco más de cien años de la misma era tecnológica; es decir, hablando en plata, que vamos aceleradamente hacia una deshumanización sin porecedentes, como ciegos e hipnotizados por esa idea de “un mundo feliz” tan utópico como imposible.
Para comenzar y a los efectos de esta reflexión concreta, realzo la frase de dicho Prólogo que plasmo al comenzar: “Ya hay algunas ciudades americanas en que el número de divorcios iguala al número de bodas. Dentro de pocos años, sin duda alguna, las licencias para matrimonios se expenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un período de 12 meses, y sin ningunas lrey que impida cambiar de perro o tener más de un perro a la vez”
Con Rosa -pedagoga, logopeda y sobre todo amiga y arúspide-, desde hace unos cuantos meses, tengo pendiente una deuda. Le pedí una tarde del último verano –y ya está el próximo en ciernes- que me tentara con cinco temas que a ella le parecieran importantes en la hora presente e interesantes por su “bravura”, espinosa o dialéctica. Cuestiones de “aguas bravas” –quedamos-, de esas que encienden polémica y no son de pacífica posesión. Le mandé a su tiempo mis mreflexiones y puntos de vista sobre algunos, como que Dios no es un invento de nadie, ni de curas ni de chamanes o hechicerios, o si las creencias en que estamos o nos movemos, son ficciones, ilusiones, mentiras o engaños a nosotros mismos para sentirnos mejor, y no sería saludable depurarlas de cuando en cuando y, llegado el caso, algunas al menos, dejarlas de lado.
Veo que aún quedan pendientes dos de de los temas de Rosa. El de la indisolubilidad de los matrimonios que la Iglesia sigue defendiendo como patrimonio de humanidad y la cuestión de si hay o no “milagros”. Y como me da un poco de rebozo verme con ella y su marido –abogado y según parece atizador de la cuestión- en Ponferrada dentro de unos días, no lo difiero más y dedico a “la hora de Rosa” estas reflexiones.
Esta cuestión de la indisolubilidad del matrimonio (en el ideario jurídico-moral de la Iglesia Católica) –muy compleja y, sobre todo, muy debatida y polémica desde los secularismos de los ss. XVII y XVIII especialmente todo- pudiera resumirse en algunos interrogantes; más o menos de esta guisa. ¿Es raciona,l o irracional tal vez, que un ser humano pueda comprometerse a algo de por vida? Concretando más ¿hay razones de peso para que un matrimonio pueda dejar de serlo por el sólo arbitrio de quienes lo contrajeron? En definitiva, humanamente, ¿son posibles decisiones irrevocables de vida?
Recuerdo que, hace ya muchos años, tuve en Leòn, en la sede del Colegio de Médicos, una charla con este mismo título y cuestión: ¿se pueden reputar asequibles a la condición humana decisiones irrevocables de vida? O puede comprometerse un hombre a no cambiar el rumbo que elije consciente y libremente?.

No cabe duda, y sé muy bien, que el tema es peliagudo y que la polémica está servida con solo enunciarlo.
Entonces adobé el relato con un parangón de carne y hueso. Santiago Carrillo, comunista conocido, nunca -que yo sepa- alteró su compromiso con las ideas y con el partido comunista, ni siquiera lo hizo en la Transición aunque –por altura de miras- en aquel momento crucial cediera compos de circunstancia. Se mantuvo fiel de por vida a sus ideas, a porincipios y a sus decisiones.
Y dije que no es irracional; al contrario, que puede ser muy racional y correcto, que un hombre o mujer se comprometan de por vida a algo, aunque con dos condiciones: que sea en la línea de la propia vocación (es decir, del punto de partida de unos potenciales, capacidades y disponibilidades dadas por la naturaleza a una condición humana concreta), y que el compromiso lo sea consciente y libremente adoptado, de tal modo que ese hombre o mujer se pueda calificar de “dueño de sus propios actos”.
Defiendo, pues, que con estas condiciones no repugnan a las condición humana determinadas decisiones irrevocables de vida. Incluso veo algunas de ellas por entero consonantes con las propias esencias de “lo humano”.

En relación con el matrimonio y la familia, dos datos estadísticos son de reciente cuño. España es el país de Europa más proclive hoy a las separaciones y los divorcios. España está cerca a la cola en cuanto a tasa de natalidad.
Quizá lo sea por aquello que Ortega Y Gasset anota al comenzar su ensayo, Democracia miorbosa: “Las cosas buenas que por el mundo acontecen obtienen en España solo un pálido reflejo. En cambio, las malas repercuten con increíble eficacia y adquieren entre nosotros mayor intensidad que en parte alguna”.

Hay ahora mismo –no cabe duda- movimientos muy pujantes de ideas para los cuales el matrimonio y la familia son instituciones periclitadas, que han de dejarse de lado para llamarse “modernos”, por anacrónicas y ajenas a los signos de los tiempos. Muchos piensan que es de “progreso” “juntarse” y no casarse, ni formar una familia al modo tradicional; que es mejor contribuir a lo que Huxley pronostica como factible y muy verosímil en su libro de premoniciones y profecía.

Tampoco estoy de acuerdo en que el matrimonio y la familia –los llamados matrimonio y familia tradicionales- estén o periclitados o muertos ya.
Chesterton –el fino, audaz, irónico y nada memo G. K Chesterton, converso del ateísmo al catoliciosmo no hace tanto- enfica y habla de estos dos temas tan vivos y vivaces con soberbia puntería y claridad, huyendo –con buena lógica- tanto de los que ven el matrimonio y la familia como instituciones del pasado, inservibles ya por tanto como de los que las adoran hasta con el óxido y la pátina circunstanciada de tiempos pasados, El matrimonio y la familioa no han muerto ni pueden morir; medios muertos, eso sí, renquedano a veces, víctimas –ellos también- de estatismos e inmovilidades increíbleas, esperan la mano que lqas ponga al día y las renuevem pero sin romper su esencia.
“La familia, por supuesto no ha muerto. Medio enterrada en el polvo de la frivolidad y en el barro de la insensatez y el egoismo, que parecen ser congénitos a la humanidad y que nunca dejan de acompañarla en su caminar, la familia, el matrimonio, languidecen en las sociedades tecnológicamente más avanzadas del globo. Y además, como todas las cosas grandes de verdad –las realidades que de verdad importan- la familia está siempre muriendo y siempre resucitando o, por lo menos, debería estarlo. ‘Semper refformanda’… Frente a ella parece alzarse también una fuerza del sino” (cfr. G. K. Chesterton, EL amor o la fuerza del snio, 3ª edic. Rialp Madrid, 1994, Introducción de A. de Silva, p. 19)
Por lo que se refiere específicamente al matrimonio, señala el pensador británico que no es tanto cuestión de “instituciones” como de “personas”; que no son malas las instituciones, ni anacrónicas, ni desacordes con los tiempos que vivimos –la del matrimonio concretamente-, sino que es la poca talla, el raquitismo de los hombres y mujeres llamados a contraerlo, lo que –la mayor parte de las veces y en momentos tan lacios y gaseosos como los actuales- deja mucho que desear..

No es que yo pretenda con estas reflexiones sacar a nadie de sus casillas. No se trata de eso. Sólo trato de decir lo que pienso en una cuestión de vida o muerte para el futuro del hombre. Cada cual piense como quiera; está en su derecho, siempre que se pongan razones y no emociones tan sólo o vísceras en el platillo de la balanza.
¿Puede usted casarse o cambiar de pareja cada año o cada mes incluso, si una ley se lo permite? Allá usted y allá la justicia de esa ley (porque hay leyes injustas salidas de parlamentos bien constituidos, como, por ejemplo, las hitlerianas racistas y antisemitas…
Pero como yo pienso –y estoy convencido de que una cosa es hablar y otra distinta tener razón en lo que se dice- digo lo que pienso a este respecto; al decirlo, procuro abonarlo con razones; y desoués me quedo tan tranquuilo a la puerta de mi tienda viendo pasar las aguas del río de la posmodernidad haciendo tabla rasa de todo o casi todo lo que hasta ahora fue serio, sólido y auténtico. Como si la “modernidad líquida” o “gaseosa” de Zigmunt Barman y de otros muchos sociólogos encerrara el destino y el futuro del hombre y ahora –sólo ahora- lo hubiésemos descifrado por fin.

No sé yo si a Rosa le habrán llenado o no mis razones. Es –insisto en reconocerlo- un tema polémico, hasta para quienes admitimos que –en las condiciones que he señalado ya- son posibles y hasta racionales pueden serlo, decisiones de por vida.
Pero si no estuviera de acuerdo en todo –muy posible tal vez- que no se apure; seguiremos hablando para mensurar un poco mejor las cosas, matizar algunas (siempre son posibles los matices en cuestiones como estas); y –acto seguido. a meternos en más “aguas bravas” cuando quiera. Es saludable deporte nadar contra la corriente y no dejarse mecer o acunar en un “dolce far niente” que tiene más de suicida que de cómodo y saludable.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Addendum -16-V-2018-

17.05.18 | 05:53. Archivado en Acerca del autor

Addendum a las reflexiones de ayer, tituladas El ánimo por los suelos.
Ayer cerraba con dos adjetivos: Descorazonador, pero canallesco. Lo sigo del mismo modo calificando.
Esta mañana, una de las noticias era que el alcalde Sabadell había recibido a las familias de los “matones”, intrépidos “gudaris”, de Alsasua, para apoyarlas, darles ánimos y parabienes.
A la vista de ello, y sin cambiar un ápice los adjetivos de ayer. me digo que no es cosa de encorajinarse y perder la serenidad. No es para tanto, si se piensa que llueve sobre mojado..
Sólo es cosa de remedar el verso genial con que Lope de Vega abordaba en su tiempo la revuelta Letras, diciendo en el verso de su El nuevo arte de hacer comedias lo mismo que él decía aunque aplicado a este otro respecto: y puesto que el pueblo es necio demos al pueblo lo que el pueblo quiere…. Y como además, y se atribuye a la Biblia, “el número de los necios es infinito”, que haya un necio más…. Tampoco es tanto. Y todavía más, que en esta colosal sinrazón catalana haya un episodio más tampoco muta la especie, si –como se asegura- cada pueblo tiene los gobernantes que se merece. Por todo eso…

¿Para qué hacerse mala sangre con las subnormalidades o las conjuras de los idiotas…..?. Creo sinceramente que no merece la pena, si no se quiere caer en la trampa de sus maliciosos cálculos.

Lo malo, sin embargo, lo triste, lo asombroso e indescriptible, lo que da pena y más sorprende y hace pensar, es que –en toda esta sinrazón- haya tenido bastante que ver la Iglesia; en esta anti-humana fractura social de la que son artífices, por lo menos ideológicos o amparadores, curas, frailes, monjas y, por supuesto, algunos obispos de Cataluña.

Lamentable todo el “affaire”, como quiera que se le mire, desde planos humanos y también cristianos.
Pero, como en el caso del tonto que va siguiendo un camino y, cuando se acaba el camino, el tonto sigue, hagámonos a esperar otros episodios del esperpento. Con calma y flema, eso si, y sin salirse de madre (SPO, el 16-V-2018)


"Negra sombra que me asombras... (12-III-2018)

17.05.18 | 05:05. Archivado en Acerca del autor

“Omnis pontifex, ex hominibus assumptus, pro hominibus constituitur in iis quae sunt ad Deum” (Carta de san Pablo a los Hebreos, 5, 1-2).
“Todo pontífice o sacerdote es sacado del común de los hombres y deputado a su favor en todo aquello que se refiere a Dios; par ofrecer ofrendas y sacrificios por los pecados, para compadecerse de los ignorantes y de los extraviados, por cuanto él está también metido en la flaqueza y, por ello, debe por sí mismo ofrecer sacrificios, igual que por el pueblo”.
“Pontífice” –“Sacerdote”- “Hacedor de puentes”– “Dispensador de lo sagrado”
En este paso de la Carta traza san Pablo el estatuto de lo que ha de ser un sacerdote.

Aquel 19 de mayo de 1.968 –año, por cierto, de hervores revolucionarios en el Barrio Latino de París-, veía realizado el sueño de su vida: ser sacerdote. Todo lo de antes y después se iba a perder en la ilusionada y grandiosa magnitud del mismo y todos los caminos de su vida iban a percibirse y abordarse en función de ese sueño y de la realidad que encarnaba su despertar.

Esta mañana tiro los pies de la cama con una deuda que saldar; deuda -por mitad- de justicia y amistad; pero también, y campeando sobre esas dos mitades, deuda con un tinte añadido que realza la deuda: de honor a la persona que viste el cargo, de cura y arzobispo en el caso.
Hoy, el Sr. Arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vega celebra sus bodas de oro con el sacerdocio. Y como no me es posible vivenciar ese día de oro a su lado, la amistad me empuja a ofrecerle -desde la distancia- este obsequio que –debo confesarlo- tiene en verdad mucho más de cariño y exultación que de cualquier otra cosa; nada por supuesto ni de coba ni de ficción. Ni mi libertad me lo permitiría, ni su humildad sería merecedora de tal ofensa.

Don Fidel es de tierra de santos. Abulense de terruños fríos y austeros, es –como esa tierra que le vió nacer- no frío aunque sí austero y recatado. Como Teresa de Ahumada, sabe buscar y hallar entre los pucheros y los cacharros a Dios, aunque sabe también, desde ellos, subir hasta las alturas en que ese Dios habita especialmente. Porque Dios habla desde la tormenta y el aguacero, pero desde mál arriba también habla Dios.
Huérfano de padre desde pequeño, con su madre –poco ha fallecida, santa mujer, castellana “vieja” -de las que miran menos el “afeite” aparente que la “casra de mujer” y madre de cura (lo que es sin duda otro título)- y con su hermano (el “bueno” de los dos segín parece), bregó lo indecible en una vida de azares y vislumbre de certezas (los azares sin las certezas tendrían más de Lázaro de Tormes que de Teresa de Jesús): de Avila a Madrid y, en la gran ciudad, su vida fue de lucha por hacerse hueco y por hacerse hombre.
Uno de sus sellos y rasgos de su vida fue -como suele decir en confidencias “sotto voce”- la determinación de dejarse llevar hacia las metas sin trazar él los caminos: nada de lo que pretendió se hizo; todo lo que ha sido le ha llegado sin pedirlo. Un sello y rasgo, por cierto, que libera de arribisms y de arrogancias y pone vitola de autenticidad sobre la piel del hombre.
En Madrid discurrió el curso mayor y más representativo de su vida, con ejes centrales en la ordenación como sacerdote ese día de mayo del 68 –qué seña tan evocadora e impactante: ni él mismo niega haberse visto agitado a distancia por los adoquines de las barricadas parisienses- y en la designación como arzobispo de Burgos. En lo que a Mayo del 68 respecta, me parece a mí que ese “affiche” primario del mismo, que rezaba “Il est interdit d’interdire”, el “Prohibido prohibir” de tanta y tan abrupta solera revolucionaria, en él se traduciría muy justamente por el “encomiable convencer, con verdad y con razones” para no tener que prohibir.
La verdad, su vida es mosaico policromado en el que los tonos se van turnando y los colores se combinan y hasta se difuminan para resultar y dejar ver al final una figura de arte mayor: formador sacerdotes; asesor de obispos; obispo auxiliar; estudioso en España y en Roma; y siempre, y en todo, en brindis permanente por un sacerdocio y una Iglesia de Cristo, mirándose a diario al espejo del Evangelio de Jesús y a ese facsímil del mismo que es el Vaticano II, que –como dice don Fidel- necesita implantarse aún en bastantes cosas.

Segurio que tiene defectos como cada “quisque”, y a mucha honra tenerlos (lo contrtario sería mentira o prepotencia); pero, en todo caso, los lleva bien, como han de saber llevarlos los hombres cuerdos y discretos: con humildad y con verdad, dos virtudes de las tierras austeras; otro lema capital en la ascesis teresiana.

Este pequeño ensayo de reflexiones en honor del amigo y, sin embargo, respetable arzobispo de Burgos, don Fidel, lo voy a cerrar con unas frases del comienzo del Testamento literario de Palacio Valdés; joya auto-biográfica que él mismo dice haber escrito “antes de cerrar los ojos para siempre”, en que da refglas para el gobierno de uno mismo, que bien pueden valer, aún hoy, para adoctrinar a cualquiera.
“EL más alto interés de la vida está en saber para qué hemos sido llamados, el por qué de nuestra existencia. El engaño en ete punto es fatal, pues de él depoenden nuetra dicha y el destino del mundo. Son muchos los hombres que se equivocan, que se obstinan, aunque a todos nos habla al oído la sabia Naturaleza. Pero esta voz es tan baja en ocasiones que no la percibimos. Mejor nos sería estarnos quietos; no introducir en la vida nuestras parcialidades ny apetitos y esperar que una ola benéfica nos empuje a puerto seguro. Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto de su caballo”

No quisiera, de todos modos, finiquitar del todo este ensayo en honor de este día de oro de don Fidel sin decirle algo que siento y que, si no dijera, me daría una mala digestión: el sagrado olor a pastor, que tanto inculca para los sacerdotes de hoy el papa Francisco, más que en el olor material a establo; se nota en los andares, los pensares, los sentires y los quereres del “pastor de almas”. Y eso, en don Fidel, se da más y mejor que lo otro, las prepotencias o las ínfulas de amo y dueño, más que servidor del “pueblo de Dios”.
Amigo don Fidel. Con Dios siempre, a pesar de todo y “Ad multos annos” en ese sacerdocio de los sueños de niño y joven.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


El ánimo por los suelos -15-V-2018-

15.05.18 | 13:36. Archivado en Acerca del autor

Acabo de escuchar por la radio una entrevista. A una de las mujeres que, hace meses ya, fueron vejadas, maltratadas, insultadas y heridas -junto con una amiga y dos guardias civiles-, cuando tomaban –los cuatro- una tarde, unas copas en un bar de Alsasua. El relato es de los que imponen respeto a quien relata, pero asco hacia otros, porque descubren los bajos fondos de toda una serie de “comparsas” que revela de todo menos calidad humana y esa mínima dignidad que se exige para ser hombre o mujer mínimamente normales. Se dan cosas en estos tiempos que valdrían como como bocetios para un “aguafyeuerte” de Goya, si Goya no hubiera pasado ya a la histortia hace tiempo, lo mismo que los sucesos que provocaron fusilamientos de los 43 patriotas en la Montaña de Príncipe Pío, en Meadrid, la noche del 2 al 3 de mayo de 1808. Si a Goya no le fue difícil trazar en su lienzo “la crónica negra de aquellos días negros”, es posible que, si reviviera, no le faltaran ni ánimo ni pinceles parta trazar esta otra crónica, negra tanto o más que aquella, de unos hechos -el del bar aquella tarde y los que le siguen hasta el dìa de hoy.
El relato que acabo de oír me incita a este “flash vivo” de mis reflexiones de hoy. No es que estremezca y encoragine; es que flipa o hace flipar, y no es entusiasmo sino de asco y vergüenza….

EL acoso bestial y salvaje a que –desde aquello- se está viendo esta mujer supera con creces los tintes, negros por sí, de “la manada” del bar. Porque la ola espansiva sigue sacudiendo los aledaños –próximos y lejanos- del pueblo –ciudad, villa o lo que sea- de Alsasua. El relato de la mujer, entre otras cosas macabras, hace hincapié en una de las pancartas que, en este acoso masivo a la dignidad humana- alguien plantó en la cercanía de las víctimas: “El pueblo no olvida”. Una pancarta como esta, paseada ante los ojos de las víctimas, no es que levante ampollas en cualquier persona normal o de bien –que lo hace-; es que se hace veredicto de culpabilidad y dedo acusador de todo un pueblo; y más si el pueblo se calla; y más que eso, de toda una serie de maleantes e hipócritas para los que o el oportunismo o el odio son alimento digerible.
Si buscara el adjetivo con que calificar la situación que revelan estos hechos –todavía sin cifrar ni centrar del todo-, me decidiría por este: descorazonador.
-Las feministas –las que salieron no hace tanto en masa para gritar dignidad e igualdad para la mujer- calladas como si ciertos acosos a la mujer no fueran con ellas
-Autoridades complacientes con la barbarie
-La gente del pueblo, cómplice por el silencio y el gusto de mirar hacia otro lado
-Las conjuras orquestadas para que lo blanco sea negro y lo negro blanco
-Y el odio que se siente andar suelto por las calles y esquinas del pueblo.

Cuando la mujer termina su relato y dice que ha de sacar a sus padres de Alsasua e irse ella misma para comenzar de nuevo en otra parte y quitarse de encima el sambenito de “maqueta” con que allí la distinguen unos “gudaris” de mierda y nada más, m,e siento impulsado con fuerza a cambiar el adjetivo “descorazonador” por “canallesco”.
Y puesto que “canalla” es, como dice el Diccionario de la Lengua, la persona o colectivo miserable, vil, despreciable y malvado, valga el Diccionario para calificar el cuadro de Alsasua. La pena, como digo, es que las nuevas víctimas no tengan a mano otro Goya que pase para siempre a la posteridad el horror de las víctimas y maldad de la canalla.

Hay un consuelo, sin embargo y a pesar de todo: que, siendo mortífgero el veneno del odio, lo es más para los que odian que para los que son odiados. Y como dice Ortega –maestro en catalogar al odio entre las fuerzas centrífugas de instintos asesinos-, “el odio envuelve a lo que odia en una atmósfera desfavorable; lo maleficia; lo agosta como un siroco tórrido; lo destruye virtualmente; llo corroe”. El discurso del odio -cualquiera que sea o como quiera que se exprese, a machetazos o en silencios o connivencias- es rigurosamente negativo, anti-social y, por supuesto, discriminador y racista. Porque “odiar es –así concluye Ortega el primer capítulo de sus Estudios sobre el amor (Las facciones del amor, ed. Revista de Occidente Madrid, 1954, pags. 3-14)- anulación y asesinato virtual –pero no asesinato que se ejecuta una vez, sino que estar odiando es estar sin descanso asesinando, borrando de la existencia al ser que odiamos”. Y esto es –en liso y llano- delito de lesa humanidad; de los que no se perdonan. Y no porque no se puedan perdonar, sino porque la metástasis del odio es dañina como la del cáncer. Antropológicamente, una deserción en toda regla de lo humano. Individualmente, una patología del alma; y socialmente, una bomba de relojería en la línea de flotación de cualquier sociedad.
Descorazonador, pero también canallesco.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Elogio del caminar 13-V-2018

14.05.18 | 19:26. Archivado en Acerca del autor

“¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” (Hechos de los Apóstoles, 1, 10-11). A recio aldabonazo en la puerta me suena este apóstrofe que, a aquellos “galileos”, asombrados y estupefactos, zarandea con voz de apremio para sacarlos de su ensimismada parálisis.

Aunque hoy sea domingo, me parece jueves; uno de “los tres jueves que relucen más que el sol”. La Ascensión de Jesús a la vera del Padre marca –para los que tenemos fe- una hora de consumación y otra de incertidumbres, pero sin que “lo incierto” deje nunca de la mano la esperanza.
Hoy se cierra un camino, el que arranca del pesebre, de Belén; el que -después de muchas jornadas del “Dios hecho hombre” por caminos de tierra y de historias de hombres –exilio en Egipto, desierto de los alacranes y las tentaciones, idilio en las bienaventuranzas, gloria vislumbrada del Tabor, parábolas didácticas como las del pródigo o el samaritano, el precepto supremo del amor, los malos presagios y sudores de Getsemaní, la traición y la negación del “no reinsertable” y del que sí lo era, el paripé del falso demócrata Pilato recurriendo a la “masa” para lavarse las manos, la cruz de los cuatro brazos abiertos a los cuatro puntos cardinales, el sepulcro y la resurrección-… El camino que se agota este día, en el que Jesús, a la vista de “los suyos” –los “suyos” son los que, mal que bien y a veces dudando y otras creyendo, no le hacen ascos y le quieren-, se eleva y sube al cielo, hasta que una nube se lo quita de la vista.
Pero. como ellos seguían mirando sin saber qué hacer –o tal vez queriendo traspasar las nubes para no perderse la estela intinita por los infinitos espacios siderales, esa voz les vuelve a la realidad desde aquel marasmo y la nostalgia de las presencias vivas de un Dios al que tocaron y sin embargo nunca lo aceptaron del todo, hasta que Dios mismo –Espíritu Santo en toda regla- les encendió la llama sobre sus cabezas el Día de Pentecostés….
El reproche de aquella voz que les corta la mirada es la voz de la realidad, que les incita a bajarse de las nubes para pisar la tierra. ¡Qué hacéis ahí plantados como paparotes mirando al cielo…! Ese Jesús. al que habéis visto irse tras cerrar al completo el ciclo providente de redimir al hombre, ese mismo “volverá”…. Pero, entre tanto, es vuestra hora la que ha sonado…. “Id a proclamar, no a imponer, en Evangelio: el que crea y se bautice, se salvará; el que no quiera creer –todos somos libres de creer o no creer- será condenado, por no haber creído y aceptado la salvación ofrecida, a costa de tanta sangre y controversia, y con tanto amor, por Dios.
Por todo esto y más aún, la Ascensión de Jesús es, no sólo el arranque de otro camino o de un camino más, sino la “puesta de largo” de la Iglesia de Cristo, el momento de encararse consigo misma, de verse de lleno ante su misión, ante sus compromisos con el Dios que la funda y con el hombre de todos los tiempos, que tiene derecho a esperarla, limpia y sin mancha, clara y sin disimulos ni diplomacias, valiente y sin complejos, pero sobre todo vivaz, es decir, mostrándose a la medida del “yo” del hombre tal cual se dinamiza en las presentes circunstancias del ser hombre.

Mirar al cielo está muy bien. Contar estrellas, no dIgo…!; especialmente cuando las estrellas se deciden, al anochecer, a ensayar sus guiños, cuando el solo intento de contarlas parece evocar impulsos ascendentes..
Contar estrellas, pero sin quedarse sólo en eso. Los ojos que cuentan estrellas han de ser ojos también que ayuden a aterrizar y a ponerse a caminar. La voz, por tanto, que a los discípulos reprocha el marasmo de la nostalgia, les acicatea, les saca del dulce contar estrellas para ponerlos en marcha hacia caminos de tierra y encrucijadas nada fáciles de descifrar o sortear. Por eso, la Ascensión y esa Voz que le sigue me parecen el punto de partida inicial de una “iglesia en marcha”; siempre andando y siempre también en espera.
Contar estrellas y romperse la cara en defensa de la verdad, de la justicia, de la paz y del amor… Es el camino.
La contemplación y la acción…. Dos perfiles o anverso y reverso de una misma realidad: la vida humana. El que es hombre no se contenta con ser apariencia o barulo; necesita, en su propio escenario, reservar un espacio para sí mismo, para sus pensamientos e ideas, para contemplar y pensar antes de hacer y obrar. Porque, racionalmente, no está tanto el acierto en hacer las cosas como en hacerlas bien. Eso sí, que la contemplación y la idea no sean una huída –cómoda o cobarde- de la realidad, sino una catapulta, un ariete, para topar con ella y entrar en ella. No concibo una verdadera “contemplación” –ni la del convento de clausura más estricto- que no tenga dentro de sus pàredes, y sienta vivo, el soplo indigente de la entera problematicidad del hombre.
Contemplar para mover los pies. La estampa de este domingo no reprocha a los “galileos” que miren a las nubes y cuenten las estrellas; les reprocha que “estén como “plantados”, estáticos, atrapados, atornillados al palmo de tierra que pisaban sus pies.

Elogio del caminar…. Cada cual a su paso y a su ritmo y estilo, pero, siempre y en todo, siguiendo una estela capaz de atrapar los ojos y fijas los pies; la de ese Señor que –después de ensayar el camino- invita a ponerse en maarcha.
Ascensión es, pues, vida ascendente sin duda; pero también es panopla de caminos abiertos y posibles.
Ahora mismo, amigos, llevo en las manos un librito con título de “Elogio del caminar”. Es de David Le Breton, sociólogo y antropólogo, profesor en la universidad de Estrasburgo. Editado por Siruela (2015), todo él se muestra como un envite al “caminar”, y no sólo por la salud del cuerpo, sino por la de un integral desarrollo humano. La espiritualidad no es estatismo e inmovilidad; sino dinamismo ascendente sin pausa.
Sólo entresaco de mi lectura de este libro dos o tres ideas reveladoras.
“Caminar es una apertura al mundo. Restituye en el hombre el feliz sentimiento de la existencia. Lo sumerge en una forma activa de meditación, que requiere una sensibilidad plena” (pag. 15)…
“Igual que una blanca nube de verano, en armonía con el cielo y la tierra, flota libremente en el azul del cielo, desde un horizonte a otro, siguiendo el aliento de la atmósfera, de la misma forma el peregrino se abandona a si mismo al aliento de una vida mejor, que brota de lo más profundo de su ser y le conduce más allá del más lejano horizonte hacia un fin ya presente en su interior, aunque tal vez oculto aún a su mirada”. Con estas palabras de L. A. Govinda –de mucha miga y proyección si se las degusta bien- da paso Le Bretón al capítulo que dedica a las “espiritualidades del caminar” (pag. 209)
Para cerrar hoy estas reflexiones, me vuelvo –como tantas veces hago- a mi predilecto poeta filósofo, a ese gran maestro –a la vez y conjuntamente- de la belleza y del pensamiento que, para mi gusto, es don Antonio Machado; en esa tan manoseada como poco seguida letrilla de sus Proverbios y Cantares que dice: Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar”.
El hombre racional ha de tener siempre disponible un espacio de sí mismo para el pensamiento y la contemplación. El espacio así reservado no ha de verse como teoría pura o trivial “dilettantismo”, ni un lujo tampoco. Se revela en ello una ostensible necesidad de orden y coherencia. Primero pienso y después hago. Primero entono y después ejecuto. Edifico en la mente y en el corazón antes de poner las formas, las plumas o los colores. Sobre todo cuando “nos la jugamos” con esa suerte de de cosas que trascienden, o están llamadas a trascender, la parte meramente animal o vegetal de nuestra especie.
Machado, que fue solemne poeta y agudo pensador, porque se preciaba de adornar con su poesía los pasillos desnudos del entendimiento y gustaba de los espacios siempre abiertos a la trascendencia; especialmente buscador incansable de Dios como dejan entrever muchos de sus versos; no conocía de los caminos hechos y trillados, sino de caminos que van haciéndose al paso de cada hombre, de los que aspiran –claro- a ser hombres y no otras cosas. Caminos que se van paso a paso empedrando con el seguimiento de la propia vocación, reflejada en las capacidades de la propia y personal existencia.
“Caminante”, reza la rima que ahora mismo estoy evocando. “Caminante, son mis huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino; se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y, al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar” (Proverbios y Cantares, XXIX)
SANTIAGO PANIZO ORALLO


Lección magistral - Lección de vida 12-V-2018

12.05.18 | 20:42. Archivado en Acerca del autor

Hoy, amigos, es para mí una jornada muy especial. Desde la primera luz del día –como sabéis. siempre me ha gustado saludar erguido a la primera luz-, atisbos de gratas sensaciones me rondan y me llenan.
¿La causa de ello? Mi asistencia hoy a la ceremonia de graduación universitaria que celebra esta mañana el Centro de Estudios Superiores Cardenal Cisneros en un salón del recinto Ifema de Madrid.

Me venía hostigando con ello Ibor –al que tengo –y no creo exagerar- por uno de mis mejores alumnos-, aunque haya sido la llamada de Mercedes, la secretaria del actual director del Instituto, el prof. Raul Canosa, la que, hace dos o tres días, me ha puesto en marcha. El hecho es que, vestido de jurista como el evento exige, allí me veo esta mañana.

Es del caso que que, soñando tal vez despierto, y antes incluso de la ceremonia, una bandada de premoniciones me revoloteaba ya como buen presagio de sensaciones positivas. ¿Qué diría yo, si tuviera que decir algo, esta mañana a unos chicos y chicas jóvenes, con toda una vida por delante y unas ansias locas -no alocadas- de ser algo en sus vidas? ¿Chicos y chicas de psicología, de derecho, de administración de empresas?.

No muchas cosas seguramente, pero algunas sí.
“Cedant arma togae” –Inclínense ante ellas, “hagan pasillo” las armas a las togas (Cicerón, De officiis, I, 77)-, les diría ante todo y para comenzar. Estas solas tres palabras del gran tribuno romano, en unos tiempos borrascosos como los actuales, sólo trata de decir que las pistolas nunca debenalzarse por encima de las ideas; y que “la fuerza de la ley” debiera bastar para mantenernos exentos de la barbarie.

Y no mucho más les diría. Tal vez, estos otros apuntes.
No puedo decir, amigos, que, al estar hoy aquí, en este acto y de esta guisa, me vea –usando la expresión vulgar- en “corral ajeno”. No lo puedo decir, porque no es verdad. El Cisneros ha sido, en mi larga vida de profesor universitario. un grato y estimulante referente; una palestra sin par de enseñar y de aprender. Yo procuro aprender cuando enseño y me esfuerzo para que otros aprendan. Quien sólo enseña pero no aprende, hasta de sus alumnos, tal vez sea profesor, pero no maestro
Lo que ciertamente diría es que, no tanto la sorpresa de la invitación, cuanto la amabilidad de la misma, particularmente la de su director Raul Canosa, me ha servido de aliciente y estímulo para seguir creyendo, a pesar de todo, en la condición humana y en el futuro del hombre. Por borrascosas que sean las horas –que lo son realmente- hasta en los rayos y truenos es posible vislumbrar la luz. Y la luz…, hasta la de una vulgar y efímera cerilla tiene valor humano.
Y qué más podría yo decir con brevedad, que no se me achaque a cursilería o arrogancia inoportuna?
Ante todo, que me siento a gusto, porque hoy me veo rememorando días felices de docencia; felices, hasta con sus sinsabores naturales.
Y también que, como tributo a tantas y tan vivas presencias aquí, hoy, en este brillante acto –la de los profesores y sobre todo la de los que se gradúan, con sus padres y madres y amigos y acompañantes- me tomaría una libertad propia de mayores: la de invitarles a que, si tienen tiempo, humor y ocasión, lean y reflexionen el cap. XXXV de una obrita de don Francisco de Quevedo y Villegas, La hora de todos y la cordura con seso –seso con ese y no con equis- y, con sosiego, paren mientes en la frase con que culmina el sorprendente relato: “Pueblo idiota es la seguridad del tirano”. La idiocía, la ignorancia, la esclavitud voluntaria, la necedad del pueblo son cuatro patas de la poltrona en que se asientan sus posaderas los tiranos.
Y es que aquel morisco, venido de las Españas e invitado por el “gran señor de los turcos” a darle novedades sobre el modo de gobernar, le hablaba de escuelas y universidades, de ciencias y de leyes, de erudición liberadora; como argumentaba el morisco,, el pueblo que conoce, sabe y gusta lo que es la libertad, se tiene orgulloso de ella, la estima y lucha por ella si fuere menester para no perderla por nada del mundo…
Pero, como las “novedades” del morisco sonaban a reto y no convencieron al Sultán, el final de “aquella hora” fue que se reafirmara en su despótico poder, pidiera a todos los presentes dejarse de novelerías y castigar al atrevido morisco cortándole el cuello.
Ahora que estamos en una sede propia de la ilustración y del saber, esa frase de nuestro genial literato -con un cierto impudor por mi parte lo hag- la propongo como objeto de meditación; para todos, aunque en especial para los que hoy, llenos de alegría y méritos, os acabáis de graduar, para que ni cedáis a esclavitudes, ni contribuyáis a que otros cedan.
Y qué más? Pues, ninguna otra cosa más que no sea decirles “gracias”.

Los sueños del amanecer ya se habían evaporado cuando Ibor, a las nueve y media de la mañana, me recogía para acercarme a Ifema. Estuve allí y las horas siguientes no me han quitado el regusto de haber estado. Espectacular todo.
Nunca hubiera podido conjeturar tantas amabilidades tras dos años de ausencia del Cisneros. No he de detallar por miedo a quedarme corto. Ni expreso nombres para no omitir a nadie.
Y el acto? Realzo especialmente, para no pasarme de riempoo- la lección del prof. Urra Portillo, de la facukltad de Psicología. Sólo diré que agoté el papel que tenía a la mano para tomar notas y apuntes. Fue toda ella un revival de puntadas encaminadas todas ellas a incitar a poner en acto –por los graduados especialmente- el difícil “arte del vivir”. Tan sólo me permito holharme con una de sus ideas: “La justicia sin la furerza es utopía o entelequia; la fuerza sin la justicia es una tirañía”. Fue todo un auténtico “vademécum” de máximas de vida humana. Sin desperdicio. Y pueto que tomo notas y notas, no dejaré –pronto- de bosquejarlas en honor de este profesor, del que aprendí esta mañana a reafirtmarme en un criterio vital para mí: que si las leyes marcan rumbos genéricos y bastranctos, sólo sion leyes de verdad cuando se encapsuilan en las personaas concretas. Mirar a las leyes, por supuesto; pero sin dejar de mirar, a su trasluz, el concreto “ser” y ”estar” de cada persona en el mundo y en su mundo.
Los tres representantes de los alumnos con sus fervorosas y juveniles primicias: el director y los demás representantes de las instituciones –la Complutense y el Patronato de la Fundación- dieron toques maestros también al brillo y el interés del acto. Hasta que el “Gaudeamus igitur” -casi a la una y media de la tarde- fue cayendo, vibrante pero sentido y como “sirimiri” de lluvia fina, sobre los asistentes, todo fue –a mi ver- un generoso recital de organización y de realización.
Las flores de la primavera presente, multicolores y variopintas que bordeaban el escenario, eran otra seña de calidad añadida a las muchas que se dan cita esta mañana en esta fiesta de graduación del Centro de Enseñanza Superior Cardenal Cisneros.

Y para decir gracias de nuevo, me voy a esa frase tópica, si se quiere, pero certera y veraz. que dice “merece nombre de persona agradecida la que publica el don recibido; demuestra empero mayor gratitud el que se olvida del beneficio para recordar únicamente al bienhechor” (cfe. L. Börne, Denkrede auf Jean Paul, 1825). Pues eso…!!!

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Lección magistral - Lección de vida 12-V-2018

12.05.18 | 20:38. Archivado en Acerca del autor

Hoy, amigos, es para mí una jornada muy especial. Desde la primera luz del día –como sabéis. siempre me ha gustado saludar erguido a la primera luz-, atisbos de gratas sensaciones me rondan y me llenan.
¿La causa de ello? Mi asistencia hoy a la ceremonia de graduación universitaria que celebra esta mañana el Centro de Estudios Superiores Cardenal Cisneros en un salón del recinto Ifema de Madrid.

Me venía hostigando con ello Ibor –al que tengo –y no creo exagerar- por uno de mis mejores alumnos-, aunque haya sido la llamada de Mercedes, la secretaria del actual director del Instituto, el prof. Raul Canosa, la que, hace dos o tres días, me ha puesto en marcha. El hecho es que, vestido de jurista como el evento exige, allí me veo esta mañana.

Es del caso que que, soñando tal vez despierto, y antes incluso de la ceremonia, una bandada de premoniciones me revoloteaba ya como buen presagio de sensaciones positivas. ¿Qué diría yo, si tuviera que decir algo, esta mañana a unos chicos y chicas jóvenes, con toda una vida por delante y unas ansias locas -no alocadas- de ser algo en sus vidas? ¿Chicos y chicas de psicología, de derecho, de administración de empresas?.

No muchas cosas seguramente, pero algunas sí.
“Cedant arma togae” –Inclínense ante ellas, “hagan pasillo” las armas a las togas (Cicerón, De officiis, I, 77)-, les diría ante todo y para comenzar. Estas solas tres palabras del gran tribuno romano, en unos tiempos borrascosos como los actuales, sólo trata de decir que las pistolas nunca debenalzarse por encima de las ideas; y que “la fuerza de la ley” debiera bastar para mantenernos exentos de la barbarie.

Y no mucho más les diría. Tal vez, estos otros apuntes.
No puedo decir, amigos, que, al estar hoy aquí, en este acto y de esta guisa, me vea –usando la expresión vulgar- en “corral ajeno”. No lo puedo decir, porque no es verdad. El Cisneros ha sido, en mi larga vida de profesor universitario. un grato y estimulante referente; una palestra sin par de enseñar y de aprender. Yo procuro aprender cuando enseño y me esfuerzo para que otros aprendan. Quien sólo enseña pero no aprende, hasta de sus alumnos, tal vez sea profesor, pero no maestro
Lo que ciertamente diría es que, no tanto la sorpresa de la invitación, cuanto la amabilidad de la misma, particularmente la de su director Raul Canosa, me ha servido de aliciente y estímulo para seguir creyendo, a pesar de todo, en la condición humana y en el futuro del hombre. Por borrascosas que sean las horas –que lo son realmente- hasta en los rayos y truenos es posible vislumbrar la luz. Y la luz…, hasta la de una vulgar y efímera cerilla tiene valor humano.
Y qué más podría yo decir con brevedad, que no se me achaque a cursilería o arrogancia inoportuna?
Ante todo, que me siento a gusto, porque hoy me veo rememorando días felices de docencia; felices, hasta con sus sinsabores naturales.
Y también que, como tributo a tantas y tan vivas presencias aquí, hoy, en este brillante acto –la de los profesores y sobre todo la de los que se gradúan, con sus padres y madres y amigos y acompañantes- me tomaría una libertad propia de mayores: la de invitarles a que, si tienen tiempo, humor y ocasión, lean y reflexionen el cap. XXXV de una obrita de don Francisco de Quevedo y Villegas, La hora de todos y la cordura con seso –seso con ese y no con equis- y, con sosiego, paren mientes en la frase con que culmina el sorprendente relato: “Pueblo idiota es la seguridad del tirano”. La idiocía, la ignorancia, la esclavitud voluntaria, la necedad del pueblo son cuatro patas de la poltrona en que se asientan sus posaderas los tiranos.
Y es que aquel morisco, venido de las Españas e invitado por el “gran señor de los turcos” a darle novedades sobre el modo de gobernar, le hablaba de escuelas y universidades, de ciencias y de leyes, de erudición liberadora; como argumentaba el morisco,, el pueblo que conoce, sabe y gusta lo que es la libertad, se tiene orgulloso de ella, la estima y lucha por ella si fuere menester para no perderla por nada del mundo…
Pero, como las “novedades” del morisco sonaban a reto y no convencieron al Sultán, el final de “aquella hora” fue que se reafirmara en su despótico poder, pidiera a todos los presentes dejarse de novelerías y castigar al atrevido morisco cortándole el cuello.
Ahora que estamos en una sede propia de la ilustración y del saber, esa frase de nuestro genial literato -con un cierto impudor por mi parte lo hag- la propongo como objeto de meditación; para todos, aunque en especial para los que hoy, llenos de alegría y méritos, os acabáis de graduar, para que ni cedáis a esclavitudes, ni contribuyáis a que otros cedan.
Y qué más? Pues, ninguna otra cosa más que no sea decirles “gracias”.

Los sueños del amanecer ya se habían evaporado cuando Ibor, a las nueve y media de la mañana, me recogía para acercarme a Ifema. Estuve allí y las horas siguientes no me han quitado el regusto de haber estado. Espectacular todo.
Nunca hubiera podido conjeturar tantas amabilidades tras dos años de ausencia del Cisneros. No he de detallar por miedo a quedarme corto. Ni expreso nombres para no omitir a nadie.
Y el acto? Realzo especialmente, para no pasarme de riempoo- la lección del prof. Urra Portillo, de la facukltad de Psicología. Sólo diré que agoté el papel que tenía a la mano para tomar notas y apuntes. Fue toda ella un revival de puntadas encaminadas todas ellas a incitar a poner en acto –por los graduados especialmente- el difícil “arte del vivir”. Tan sólo me permito holharme con una de sus ideas: “La justicia sin la furerza es utopía o entelequia; la fuerza sin la justicia es una tirañía”. Fue todo un auténtico “vademécum” de máximas de vida humana. Sin desperdicio. Y pueto que tomo notas y notas, no dejaré –pronto- de bosquejarlas en honor de este profesor, del que aprendí esta mañana a reafirtmarme en un criterio vital para mí: que si las leyes marcan rumbos genéricos y bastranctos, sólo sion leyes de verdad cuando se encapsuilan en las personaas concretas. Mirar a las leyes, por supuesto; pero sin dejar de mirar, a su trasluz, el concreto “ser” y ”estar” de cada persona en el mundo y en su mundo.
Los tres representantes de los alumnos con sus fervorosas y juveniles primicias: el director y los demás representantes de las instituciones –la Complutense y el Patronato de la Fundación- dieron toques maestros también al brillo y el interés del acto. Hasta que el “Gaudeamus igitur” -casi a la una y media de la tarde- fue cayendo, vibrante pero sentido y como “sirimiri” de lluvia fina, sobre los asistentes, todo fue –a mi ver- un generoso recital de organización y de realización.
Las flores de la primavera presente, multicolores y variopintas que bordeaban el escenario, eran otra seña de calidad añadida a las muchas que se dan cita esta mañana en esta fiesta de graduación del Centro de Enseñanza Superior Cardenal Cisneros.

Y para decir gracias de nuevo, me voy a esa frase tópica, si se quiere, pero certera y veraz. que dice “merece nombre de persona agradecida la que publica el don recibido; demuestra empero mayor gratitud el que se olvida del beneficio para recordar únicamente al bienhechor” (cfe. L. Börne, Denkrede auf Jean Paul, 1825). Pues eso…!!!

SANTIAGO PANIZO ORALLO


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