Entre dos luces

Lección magistral - Lección de vida 12-V-2018

12.05.18 | 20:38. Archivado en Acerca del autor

Hoy, amigos, es para mí una jornada muy especial. Desde la primera luz del día –como sabéis. siempre me ha gustado saludar erguido a la primera luz-, atisbos de gratas sensaciones me rondan y me llenan.
¿La causa de ello? Mi asistencia hoy a la ceremonia de graduación universitaria que celebra esta mañana el Centro de Estudios Superiores Cardenal Cisneros en un salón del recinto Ifema de Madrid.

Me venía hostigando con ello Ibor –al que tengo –y no creo exagerar- por uno de mis mejores alumnos-, aunque haya sido la llamada de Mercedes, la secretaria del actual director del Instituto, el prof. Raul Canosa, la que, hace dos o tres días, me ha puesto en marcha. El hecho es que, vestido de jurista como el evento exige, allí me veo esta mañana.

Es del caso que que, soñando tal vez despierto, y antes incluso de la ceremonia, una bandada de premoniciones me revoloteaba ya como buen presagio de sensaciones positivas. ¿Qué diría yo, si tuviera que decir algo, esta mañana a unos chicos y chicas jóvenes, con toda una vida por delante y unas ansias locas -no alocadas- de ser algo en sus vidas? ¿Chicos y chicas de psicología, de derecho, de administración de empresas?.

No muchas cosas seguramente, pero algunas sí.
“Cedant arma togae” –Inclínense ante ellas, “hagan pasillo” las armas a las togas (Cicerón, De officiis, I, 77)-, les diría ante todo y para comenzar. Estas solas tres palabras del gran tribuno romano, en unos tiempos borrascosos como los actuales, sólo trata de decir que las pistolas nunca debenalzarse por encima de las ideas; y que “la fuerza de la ley” debiera bastar para mantenernos exentos de la barbarie.

Y no mucho más les diría. Tal vez, estos otros apuntes.
No puedo decir, amigos, que, al estar hoy aquí, en este acto y de esta guisa, me vea –usando la expresión vulgar- en “corral ajeno”. No lo puedo decir, porque no es verdad. El Cisneros ha sido, en mi larga vida de profesor universitario. un grato y estimulante referente; una palestra sin par de enseñar y de aprender. Yo procuro aprender cuando enseño y me esfuerzo para que otros aprendan. Quien sólo enseña pero no aprende, hasta de sus alumnos, tal vez sea profesor, pero no maestro
Lo que ciertamente diría es que, no tanto la sorpresa de la invitación, cuanto la amabilidad de la misma, particularmente la de su director Raul Canosa, me ha servido de aliciente y estímulo para seguir creyendo, a pesar de todo, en la condición humana y en el futuro del hombre. Por borrascosas que sean las horas –que lo son realmente- hasta en los rayos y truenos es posible vislumbrar la luz. Y la luz…, hasta la de una vulgar y efímera cerilla tiene valor humano.
Y qué más podría yo decir con brevedad, que no se me achaque a cursilería o arrogancia inoportuna?
Ante todo, que me siento a gusto, porque hoy me veo rememorando días felices de docencia; felices, hasta con sus sinsabores naturales.
Y también que, como tributo a tantas y tan vivas presencias aquí, hoy, en este brillante acto –la de los profesores y sobre todo la de los que se gradúan, con sus padres y madres y amigos y acompañantes- me tomaría una libertad propia de mayores: la de invitarles a que, si tienen tiempo, humor y ocasión, lean y reflexionen el cap. XXXV de una obrita de don Francisco de Quevedo y Villegas, La hora de todos y la cordura con seso –seso con ese y no con equis- y, con sosiego, paren mientes en la frase con que culmina el sorprendente relato: “Pueblo idiota es la seguridad del tirano”. La idiocía, la ignorancia, la esclavitud voluntaria, la necedad del pueblo son cuatro patas de la poltrona en que se asientan sus posaderas los tiranos.
Y es que aquel morisco, venido de las Españas e invitado por el “gran señor de los turcos” a darle novedades sobre el modo de gobernar, le hablaba de escuelas y universidades, de ciencias y de leyes, de erudición liberadora; como argumentaba el morisco,, el pueblo que conoce, sabe y gusta lo que es la libertad, se tiene orgulloso de ella, la estima y lucha por ella si fuere menester para no perderla por nada del mundo…
Pero, como las “novedades” del morisco sonaban a reto y no convencieron al Sultán, el final de “aquella hora” fue que se reafirmara en su despótico poder, pidiera a todos los presentes dejarse de novelerías y castigar al atrevido morisco cortándole el cuello.
Ahora que estamos en una sede propia de la ilustración y del saber, esa frase de nuestro genial literato -con un cierto impudor por mi parte lo hag- la propongo como objeto de meditación; para todos, aunque en especial para los que hoy, llenos de alegría y méritos, os acabáis de graduar, para que ni cedáis a esclavitudes, ni contribuyáis a que otros cedan.
Y qué más? Pues, ninguna otra cosa más que no sea decirles “gracias”.

Los sueños del amanecer ya se habían evaporado cuando Ibor, a las nueve y media de la mañana, me recogía para acercarme a Ifema. Estuve allí y las horas siguientes no me han quitado el regusto de haber estado. Espectacular todo.
Nunca hubiera podido conjeturar tantas amabilidades tras dos años de ausencia del Cisneros. No he de detallar por miedo a quedarme corto. Ni expreso nombres para no omitir a nadie.
Y el acto? Realzo especialmente, para no pasarme de riempoo- la lección del prof. Urra Portillo, de la facukltad de Psicología. Sólo diré que agoté el papel que tenía a la mano para tomar notas y apuntes. Fue toda ella un revival de puntadas encaminadas todas ellas a incitar a poner en acto –por los graduados especialmente- el difícil “arte del vivir”. Tan sólo me permito holharme con una de sus ideas: “La justicia sin la furerza es utopía o entelequia; la fuerza sin la justicia es una tirañía”. Fue todo un auténtico “vademécum” de máximas de vida humana. Sin desperdicio. Y pueto que tomo notas y notas, no dejaré –pronto- de bosquejarlas en honor de este profesor, del que aprendí esta mañana a reafirtmarme en un criterio vital para mí: que si las leyes marcan rumbos genéricos y bastranctos, sólo sion leyes de verdad cuando se encapsuilan en las personaas concretas. Mirar a las leyes, por supuesto; pero sin dejar de mirar, a su trasluz, el concreto “ser” y ”estar” de cada persona en el mundo y en su mundo.
Los tres representantes de los alumnos con sus fervorosas y juveniles primicias: el director y los demás representantes de las instituciones –la Complutense y el Patronato de la Fundación- dieron toques maestros también al brillo y el interés del acto. Hasta que el “Gaudeamus igitur” -casi a la una y media de la tarde- fue cayendo, vibrante pero sentido y como “sirimiri” de lluvia fina, sobre los asistentes, todo fue –a mi ver- un generoso recital de organización y de realización.
Las flores de la primavera presente, multicolores y variopintas que bordeaban el escenario, eran otra seña de calidad añadida a las muchas que se dan cita esta mañana en esta fiesta de graduación del Centro de Enseñanza Superior Cardenal Cisneros.

Y para decir gracias de nuevo, me voy a esa frase tópica, si se quiere, pero certera y veraz. que dice “merece nombre de persona agradecida la que publica el don recibido; demuestra empero mayor gratitud el que se olvida del beneficio para recordar únicamente al bienhechor” (cfe. L. Börne, Denkrede auf Jean Paul, 1825). Pues eso…!!!

SANTIAGO PANIZO ORALLO


La concuiencia. Mito, farsa o verdad -10-V-2018-

10.05.18 | 17:51. Archivado en Acerca del autor

El narcisismo, una patología de inflación del “ego”, arrasa hoy. Siempre hubo “narcisos” pero cuanto menos pesan los valores, más revolotean y se mueven las ingrávidas alas de las mariposas.
El narcisismo, que en lenguaje vulgar no es otra cosa que la afición desmedida, morbosa incluso, a mirarse al espejo –o al ombligo de uno mismo, que viene a ser igual-, no sólo con descaro, sino también con avidez solipsista, en tiempos de super-hombres artificiosos e irreales y de ególatras fanáticos arrasa, como digo, hasta volverse manía inclemente de los tiempos, e incluso tiranía.

Cuando digo “narcisismo”, no me estoy refiriendo escuetamente al mito bucólico del “dandy” “Narciso” que adoraba su figura, al verla reflejada en las aguas cristalinas del viejo arroyo. Me refiero más a los que, al mirarse al espejo cada mañana, se sienten más guapos que nadie, más listos y sabios que nadie, más seductores que nadie y sobre todo mejores que todos los demás.
Y más todavía me refiero a la plaga o epidemia de los que, hasta cogidos “in fraganti” –es decir, con “las manos en la masa”-, no paran de declamar sus inocencias: y dicen que son mal interpretados; que las culpas son del otro; y -sobre todo- el tópico de la “conciencia tranquila”. A mano llevan casi siempre el ya manido alegato de tener la “conciencia tranquila”.
Esto último, no hay mañana, tarde o noche que no se pueda observar en los labios de cualquier acusado, investigado o imputado….
La conciencia… Mito, farsa o verdad…

Hoy -este domingo 5º de la Pascua cristiana- las Lecturas bíblicas dan, como siempre, margen para hondas reflexiones a ras de tierra, es decir, conjugando en presente los verbos, los sustantivos y los adjetivos de los antiguos relatos.
Y como –aún ahora, cualquier día de éstos- se han podido oír los asiduos pregones de las “conciencias tranquilas” (los del “master”, los de la “manada”, los “fuenteovejunos” de Alsasua”, por citar sólo algunos de los más tesonantes estos días), hoy me ha dado por realzar la consigna que ofrece a los cristianos, y a todos, la 1ª carta del apóstol Juan, un águila sin duda por llevar generalmente su evangelio a las alturas de la mayor eticidad dentro de una selecta racionalidad: “no améis –les decía- de palabra y con la boca, sino con obras y según la verdad”. Puede venir muy bien a cuento.
“En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante Diosl, en caso de que condene nuestra conciencia; pues Dios es mayor que nuestra conciencia, y lo conoce todo.
Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios; y cuanto pidamos lo recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que a Dios agrada”.

Pero, mentada la “conciencia” en el relato bíblico, ¿qué es la conciencia en el hombre? ¿A qué se llama “tener conciencia”, “obrar en conciencia”, “ser hombre o persona de conciencia?”
La “conciencia” es concepto más amplio y abierto que lo que reductivamente se suele tomar tan sólo como criterio de eticidad o sentido estricto del bien y del mal.
Y por eso tomo la conciencia, no tanto como lo que yo pienso de mí, a mi propio arbitrio, interés o capricho; sino lo que pienso de mí a la luz de la razón y del buen sentido.
En este sentido, la llamada “buena conciencia” es hermana siamesa de eso que llamamos “autocrítica” o capacidad de valorarse a uno mismo son hacerse trampas.

El hombre es “conciencia de sí mismo” -se dice desde que Descartes situó el “cogito”, el “pensar”, el “razonar”, en la base más sólida y más altamente significante de la condición humana. Y, porque “tengo conciencia” de mí mismo soy hombre o mujer y no vegetal, animal o piedra. Y en ello está la mayor grandeza del ser humano: en llevar en los ojos, en las manos y hasta en los pies, la bandera veraz, y no farsante, de sí mismo. Otra cosa sería hacer de la existencia humana un perenne baile de máscaras; y eso, amigos, no es ser hombre, sino ser un farsante.

Es muy fácil para un charlatán de feria retorcer la conciencia para hacerle decir lo que conviene decir o lo que resulta más útil o rentable decir. La buena ciencia, o arte quizás mejor,,de la conciencia (que de una ciencia al fin y al cabo se trata) está en que “lo que hay dentro eso mismo haya fuera”; y, al revés, que lo de fuera espejee con verdad lo de dentro, cual pregonara Goethe. Y por eso, se ha de insistir en que la buena, recta y correcta conciencia de sí mismo ha de ser enemigo frontal de la “farsa” …
Por eso, el respeto a la conciencia –propia o ajena- es clave basilar de convivencias en justicia y en verdad.
Y por eso también, cuando en la boca de un infractor –el que sea-, cogido “in fraganti” como decía, aparece esa frase corriente, pero ya “tópica”, de tener la “conciencia tranquila”, una de dos: o se trata de un farsante, vendedor de falsedades y expendedor de mentiras, o ha de vérselas uno con un “minus valens”, convencido de que la gente es tonta y se va a creer lo que salga de unos labios al margen o en contra de unas evidencias, o notoriedades al menos.

Joseph Ratzinger era, antes de ser el papa Benedicto XVI, un gran teólogo y un fino pensador que se codeaba discretamente, es decir, bien, con las élites de la intelectualidad europea de su tiempo. Miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas del Instituto de Francia –es notable su discurso de recepción pronunciado el 7 de noviembre de 1992-, nombrado para sustituir nada menos que al físico Andrei D. Sajarov, son de todos conocidos sus debates -con Jürgen Habermas por ejempolo, sobre el papel actual de las reliones en la sociedad, incluso la moderna o posmoderna, en que nos hallamos.
Pues bien, entre sus relatos más sobresalientes, a mi ver, acerca de las realidades individuales y colectivas de nuestro tiempo, ha de contarse el pronunciado en Dallas en 1991, elaborado para una reunión de los obispos americanos, en el que se pone a debate el tema agudo, y más que trascendente, de los fundamentos últimos de la moral y de la ética. Así se tituola: Si quieres la paz, respeta la conciencia de cada hombre; los imperativos de la conciencia y de la verdad.
No es cosa, en este momento de reflexiones diarias, pisar más hondo en un tema tan sugestivo y vital –tanto individual como socialmente hablando. Me limito a reproducir, tal cual, una sola frase del referido relato del entionces cardenal Ratzinger en ese discurso a los obispos americanos: “El negarse a ver la culpas, el enmudecimiento de la conciencia en tantas cosas es una enfermedad del alma, más peligrosa que la culpa reconocida como culpa. Quien es incapaz de reconocer que matar es pecado cae más bajo que quien reconoce la ignominia de su acción, pues está mucho más alejado que él de la verdad” (cfr. J. Ratzinger, Verdad, valores, poder. Madrid 2005, pag. 52)

Este domingo cristiano, en su liturgia docente, interpela solemnemente a esta sociedad tan “post” en casi todo, para la que, como si de un aire nefasto de los desiertos se tratara, la conciencia personal se ha convertido, de ser una reina de la racionalidad y de la libertad humanas, en palafrenera de falsías y ruindades; de ser una seña noble de la identidad personal a tomarse como salvoconducto y comodín para instalarse en tierras de “jauja” imposibles.
Porque el hombre, si es hombre, ha de presidirse como ser de conciencia. Que el hombre sin conciencia o con una conciencia hecha de amaños y falsías sólo es un espantapájaros, hecho de paja y vestido de andrajos. Una máscara, mejor. Una máscara haciendo las veces de persona humana. Y eso –amigos del alma- no es de recibo, ni humana, ni cristianamente.

SANTIAGO PANIZO ORALLO

NOTA. Estas reflexiones fueron bosquejadas el domingo 29 de abril pasado. Hasta hoy, no me ha sido posible darles esa “postrera mano, esa última soba”, que, como decía Ortega, “no es nada y es tanto”. Por eso, este desfase cronológico, por el que os pido disculpas. Cuando sucedan estas cosas, lo que no será infrecuente por los diarios azares de la vida, seguidme perdonando, por favor (S.P.O., 10 de mayo 2018).


Dios... Ese "desconocido" 9-V_2018

09.05.18 | 20:53. Archivado en Acerca del autor

“Si nous pouvons espérer trouver Dieu vuelque part,, c’est évidemment dans les dernières profondeurs de notre être, là ou il y a de l’infini” - “Si en algna parte podemos hallar a Dios, eso será en las más íntimas profundidades de nuestro corazón, donde tenemos algo de imnfinito” (cfr. JN. REYNAUD, Terre et ciel).

He de reconocer que siempre me ha intrigado la sugestiva escena de los Hechos de los Apóstoles, en que se describe la visita de San Pablo al Areópago, en la antigua Atenas. Era, como se sabe, la sede de la justicia, un altozano rocoso, cerca de la Acrópolis y del Agora, en uno de los escenarios más representativos de Historia y Vida, como así mismo de la cultura y de la religión en la Grecia clásica. Era uno de los espejos más limpiios para ver reflejada la cultura –en todos los órdenes y perspectivas- de aquel pueblo que, como ningún otro de la Antigüedad, acertó a dar pasos de gigante –cuando los gigantes sólo eran mitos- en la historia de la civilización y del progreso espiritual.

Situémonos un momento en aquel escenarioo –mirador inigualable de panoramas fascinantes. En el Areópago, en Atenas, en una de las sedes del Poder, el judicial, que daba leyes a la vez que las hacía cumplir… Donde san Pablo –paseando como si de un turista se tratara por aquel recinto sagrado, en que las leyes y los dioses, la ciencia y la sabiduría tenían una de sus residencias mayúsculas- se da de bruces con un altar dedicado “Al Dios deconocido”.
Hoy –en las lecturas de la misa del día- toca repasar esa escena que relayan los Hechos. Un hombre –Pablo de Tarso-, inquieto y comprometido, perspicaz y sobre todo sincero consigo mismo y con todos se topa en pleno Areópago con un altar dedicado a un “dios” enigmático y confuso, que nada tenía que ver con los “dioses” oficiales griegos, y que, por eso mismo, dejaba en el aire un nutrido halo de incertidumbres, dudas, sospechas, de inquietudes también, y, sobre todo, de incógnitas pendientes. “Al dios desconocido”, rezaba la dedicatoria de aquel altar.
Pablo observó; lo contrastó con los otros altares; se sintió atraído por por el sentido profundo –o tal vez el sin-sentido- de aquella sorprendente inscripción, y no pudo por menos de improvisar un discurso, el de un converso -nada menos- al Dios vivo del Evangelio de Jesús, a los eruditos e ilustrados varones –pensemos que también mujeres, aunque no consta que las hubiera alí en ese momento-, sobre aquella realidad misteriosa e intriogante, con presencia olficial, nada menos, en aquella campa del saber y de la cultura humanos.

“Atenienses”, comenzó diciendo. “Veo que sois casi nimios en lo que toca a religión. Porque pñaseandpo por ashí y fijándome en vuieestros monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripciómn: “Al Dios deconocido”. Oues eo que veneráis sin conocerlo, hoy os lo anuncio yo. El Dios que hizo el mundo y lo que contiene. Él es señor de cielo y tierra y no habita en templos construidos por hombres, ni lo sirven manos humanss, como si necesitara de alguien Él, que a todos da la vida y el aliento y todo. De un solo hombre sacó al género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus trerritorios. Wuerías que le buscasen a ÉL; para ver si, al menos a tientas, lo encontraban, aunque no está lejos de nuingunio de nosotros, puesto que en el vivimos, nos movemos y existimos; así lo han visto incluso algunos de vuestros poetas: “Somoas estirpe suya”. Pore tanto, si somos estirpe de Dios, no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre. Dios pasa por alto aquellos tiempos de iognorancia, pero ahora manda a todos los hombres, en todas partes, que se conviertan. Porque tiene señalado un día en el que jusgará al universo entero con justicia, por medio del hombre designado ,por Él, y ha dado a todos la pruie ba de esto resucitando de entre losd muertos”.

Al llegar a este punto del paso de la muerte a la vida por obra del “Dios vivo”, del Hombre-Dios resucitado, unos lo tomaron a broma, otros lo dejaron para otro momento y algunos creyeron, entre ellos uno de los “arcontes” o jueces del Areópago, aquel Dionisio llamado “el areopagita”, experto en leyes y en aplicación de las leyes.

He de confesarlo, como al comienzo anotaba. Siempre, ante esta escena sin par del paseo evangelizador de san Pablo por esos escenarios del saber y del vivir griegos, me veo fuertemente intrigado, y animado a ver algo detrás de –sobre todo- ese altar dedicado a un “dios” que no es ni Zeus, ni Venus, ni Aries, ni Plutón, sino “el dios desconocido” –en singular y con arftículo determinado. Y esa intriga me lleva indefectiblemente a las conjeturas y las suposiciones.
Unas veces, al imaginar ese altar y esa inscripción, me parece ver a Sócrates y su adveración del “Sólo sé que no sé nada”. Y, si de Dios se trata, lo del “no saber nada” potenciado al cien o al mil.
Otras veces, en cambio, me parece la mejor señal de la ciencia, que nunca se aquieta ni se galantea demasiado con sus conquistas porque sabe, si es ciencia y no pantomima, que sus logros son -todos y siempre- provisionales, y nunca están o logran estar al cabo de todas las calles, porque siempre les queda alguna por pisar…
Incluso, no dejo de pensar, al memorar la susodicha inscripción, en el planteamiento de un reto a los miopes, muchos o pocos, que creen haber encontrado a Dios en el “poder” de cualquier Zeus, en la “belleza” de una Venus cualquiera o la “verdad” en las intrigas de una Minerva o un Aries de la guerra.
Aquellas deidades –me digo yo- que encarnaban solamente pasiones humanas, desde las más altas y nobles a las más bajas o repugnantes… Aquellos dioses de mentira no podìan satisfacer del todo a unos hombres –los griegos de entonces-, artistas finos y maestros consumados en el arte de buscar la verdad y del bien; aunque fuera con un candil y a pleno día como Diógenes, el famoso “cínico” aquel, cuando buscaba, no a Dios precisamente, sino tan sólo a un “hombnre”, a la plena luz del dìa…

“Al Dios desconocido”…
Pablo de Tarso en Atenas, en el Areòpago. En una de las cumbres de la “inteligencia” de entonces, en una cuna u ouna o placenta de las leyes, de las ciencias y las artes, del saber…
Pablo de Tarso en Atenas… Apóstol como era de la verdad de su alma, después de haber pasado por enemigo acérrimo del Dios de la vida… Lo que llevaba dentro, sin doblez ni farsa, lo cuenta con libertad y buen tino a los prohombres del saber griego. “Ese Dios que veneráis sin conocerlo os lo vengo a manifestar yo….”
¿Y quién era ese Dios al que veneraban sin conocerlo pero que presentían ya, a pesar de sus “dioses”…? No era ni Zeus, ni Minerva o Venus, ni Mercurio ni Plutón… ¿Ese Dios que no encarna pasiones del Poder, de la Guerra, de la Belleza; ni el Avernp, ni el coturno de unos pies ligeros para correr o unas alas de fuego para volar….?
¿Quién era ese “Dios desconocido”, al que aquellos atenienses ilustres e ilustrados, amantes de la Verdad y del Bien, ya intuían más allá de las estatuas rutilantes de sus “dioses” “super-hombre” –que no eran más que sueños de tales-; pero nunca el Dios único de la Verdad, de la Justicia, de la Libertad, pero sobre todo y, más que de nada, del Amor?
Pues ese Dios que vino –como Dios que era y hombre que quiso ser- es el que “evangelizó” Jesús; el que, al ser él mismo Dios, reveló a los hombres todo y sólo aquello que, de Dios, les era necesario conocer para no seguir venerando al “Dios deconocido”, que intuían pero no acertaban a conocer.
La enorme ventaja que los cristianos tenemos sobre los iconos del saber griego es que aquel “Dios deconocido” de Atenas se nos ha revelado, y lo vemos, vestido de carne y hueso en los Evangelios.
Esta frase mítica “Al Dios desconocido”, en la historia de religiones, es, en sí misma, muestra clara de dos certezas cuando menos: la primera, que -por muchos “dioses” o “iconos” que ocupen tronos en el alma o vida de los hombres, hay algo que sigue pendiente y a la espera: el Dios verdadero…Y la otra: que –al faltar a los hombres vocabulario y lenguaje adecuados para encararnos con “lo divino” -como anotara Harold Bloom- es necesario fiarse del “mensajero” que lo patentice y ayude a subir hasta Él.

Y como pasan las horas y el día se va llenando de otros quehaceres, antes de cerrar estas reflexiones, me voy a dar un paseo esta mañana riente de primavera, no sin antes dar un nuevo y leve repaso a ese genial ensayo de Ortega, que titula “Dios a la vista” y que, sin ser el “dios cristiano” que los católicos profesamos, se asemeja mucho a ese “Dios desconocido”, que san Pablo ayudó a descubrir, hace nada menos que veinte siglos, cuando daba un paseo evangelizador por el Areòpago de Atenas. El ensayo de Ortega enseña a comprender y admirar a todos los hombres egregios que, aún sin creer en el “dios crisrtiano”, saben y confiesan que Dios existe; y que la gente honrada lucha por encontrarlo.
Como dice otro poeta latino, esta vez Ovidio, tampoco cristiano, a propósito de Dios, “Expedit esse deos et, ut expedit, esse putamus” –“Conviene que existan los dioses; y -puesto que conviene-, creemos que existen” (cfr. Ars amandi, I).

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Los desvaríos de "gentes ilustres" -5 mayo 2018-

05.05.18 | 12:14. Archivado en Acerca del autor

“Desvariar” –según el Diccionario de la Lengua- tiene estos sentidos: decir cosas incongruentes o absurdas como consecuencia de una obnubilación pasajera de la conciencia; y decir o pensar cosas disparatadas o insensatas. La palabra “desvarío”, según eso y al efecto de mis reflexiones de hoy, yo la emparejaría con la “insensatez”; una forma de insensatez.
El “desvarío” -como el error o el tropezón- es cosa “de hiombres”. No son derechos en el hombre o del hombre equivocarse o tropezar, aunque se oiga con cierta frecuencia a energímenios decir: “Yo tengo derecho a equivocarme”. Es neta verdad que todos nos equivocamos “por ser hombres” precisamente, pero “tener derecho” a eso sería sin duda otra cosa…
También son “cosa de hombres” la “farsa” y la “estupidez” (“estupidez en ese sentido radical de “hacer cosas” que “asombran” o “causan estupor” o “pasmo”). Y se ha de saber que, menos aún que para errar o tropezar, haya razones para ser farsantes o estúpidos y causantes dd estupores.
Lo que pasa es que, en tiempos “líquidos” o ”gaseosos” como los actuales (testigos, los sociólogos serios, como por ejemplo Zigmunt Bauman y otros de su mismo perfil), tiempos de “mandanga” y “pandero”, cosas así, como los desvaríos o las “farsas” y las superficialidades –humanas por cierto, aunque poco o nada racionales-, no es que abunden, es que arrasan y, sobre todo, tiranizan o tratan de hacerlo.
Y, como frente a toda tiranía, debiera urdirse, también frente a ésta, otra revolución cultural para desarraigarla; porque yo creo que, si toda tiranía esclaviza, estas del espíritu, por ir más en directo contra la racionalidad, embrutecen y envilecen mucho más que las que atan las muñecas o ponen argollas en los pies.
Es difícil –yo, al menos, así lo creo- que la “gente” llamada “ilustre” –por la proximidad que observo entre “ilustre” e “ilustrado”- desvaríe; y máss si ello se hace solemnemente y queriendo plantar cara de “agente” de la modernidad y el desdarrollo humano…. Claro que las “poltronas” con frecuencia engañan y donde debieras hallar un estadista o un político serio y del “bien común” te encuentras con aventureros de la política, a los que falta hasta esa elemental “docta ignorancia” que predicaron Sócrates y más tarde, de manera ya moderna, un tal Nicolás de Cusa, cuya obrita sobre la “docta ignorancia” debiera ser libro de cabecera de algunos de nustros dirigemntes, para evitar el riesgo de ser llevados por ellos a estas tiranías del alma- que esclavizan tanto o más que las otras.

A rebufo de las anteriores consderaciones, evoco -solamente quiero evocar- dos noticias de ayer o antreayer.
Una: el Sr. Secretario general del Partido Socialista Obrero Español –PSOE- anuncia la presentación en el Congreso deuna proposición de ley para implantar la autanasia en España (los píos matices con que la quiere adornar, en estos planos tan vitales, me parecen secundarios).
Otra: el Sr. Presidente de los Estados Unidos, nada menos, un tal Donald Trump, acaba de pronunciar, tambi`´en con solemnidad, esta frase: “El derecho a tener armas es un derecho divino”
Como la frase del presidente es una soberana “boutade” y ni comentario merece, y como la proposición del Secretario da para mucho, dejo la “boutade” en el aire para risa y “coña” casi generañ; y sobre la proposición socialista envío a mis amigos un pequeño estudio sobre la “eutanasia”, que entregué el año 2010 a una funcionaria española en Bruselas. Me lo solicitó entonces ante ciertas corrientes de pensamiento que, en Europa como en España, tiranizan; y que –como enseña Ortega y Gasset en ese colosal ensayo titulado Democracia morbosa son expresiones del grandiosos plebeyismos.
Acompaño a este Punto de vista de mis reflexiones de hoy aquel escrito sobre la eutanasia, sin tocar una letra de lo que entonces puse.
Podría –ya lo pensé entonces, pero me abstuve-añadir una conjetura –sólo conjetura. Con esto del dinero para las pensiones (no hay dinero porque hay más pensionistas casi que trabajadores), ¿lo del favor a la “eutanasia” no se habrá dado una vuelta por el caletre de alguno de los “genios” de la “cosa pública” como “santo remedio” a los males de las pensiones?. Se invita -o facilita- a los “mayores” a desasirse de la vida y, a la vez que se les da gusto –a los suicidas, claro-, se ayuda a resolver lo otro. Y no es dar ideas con esta conjetura, porque a cualquiera se le ocurre, o puede ocurrir, la ilazón entre ambas cosas.
Así pues, mis queridos amigos- si tenéis humor y tiempo para leer lo que, ya en 2010, envié a Bruselas, a mi amiga Concha Mayendia –de Vega de Espinareda, en El Bierno, por cierto- lo hagáis; y, en caso contrario, lo echáis impunemente a la papelera o a la basura. Seguiremos –sea lo que sea- tan amigos.
SANTIAGO PANIZO ORALLO

EUTANASIA
EL “DERECHO A VIVIR” EN CONFLICTO DE VALORES Y DERECHOS

“La vida –en cuanto proceso- se forma y se organiza buscando la expansión a través de la permanencia”. Es “fluir” de lo inacabado hacia un final que completa –él también- el desarrollo humano ((J. L. ORTIZ-CAÑAVATE Y PUIG MARTÍ, Disquisiciones filosóficas, La Ley, Madrid, 1.989, p. 269)

I.- Cuando se escriba la historia de verdad –la que se sabe tomar la debida distancia de las cosas para verlas con objetividad sustancial y serles fiel- sobre los signos y símbolos de nuestro tiempo, no me cabe duda que confirmará un criterio que a diario nos entra por los ojos: que la “sociedad” se está muriendo cada día más a manos de su “gestor” político, el Estado
Estos tiempos son de “megalomanía estatista”, de elevación al infinito de aquel Leviatán que concibiera Hobbes en el s. XVII como instrumento de la sociedad para defender la libertad del individuo, de la que es parte su “intimidad” con el consiguiente derecho-facultad (escenario sagrado de la libertad humana) a que este campo de la “privacidad” se quede fuera de las manos invasoras de cualquiera y, por supuesto, de las del Estado. En el momento en que el Estado entrase a “mandar” en ese terreno, automáticamente se convertiría no solo en enemigo de la libertad del hombre, sino que se haría así mismo traidor a la sociedad en nombre de la que detenta el Poder y por la cual el Estado ejerce la soberanía. Sería un camino por el que el Estado nacido modernamente como forma y garantía de la libertad, fácilmente llegaría a convertirse en un nuevo y monstruoso Leviatán, que es lo que permite temer la deriva actual de las cosas.
Sería “totalitario” un Estado que fuera el “amo” de todo; todopoderoso señor y dueño de todos los terrenos del hombre, hasta de los inmunes a la juridicidad y por tanto a la batuta del Poder polìtico; “creído” hasta sentirse con derecho a “gobernar” al hombre en su “fuero interno”, hacerse “muñidor” de la conciencia personal, sustituto de la misma, con pretensiones de dar leyes sobre divino y lo humano, lo más íntimo y privado, aquello que –para los que tienen fe religiosa- hasta el mismo Dios respeta.

En el momento actual de la Política, es posible que haya espacios socio-políticos en Europa en que este grave fenómeno socio-político de la “estatolatría” sea menos visible que en España hoy. De todos modos, el más y el menos –que bien puede ser coyuntural o de los flujos del partidismo político- no deja de ser la marca de una tendencia y, en consecuencia, el síntoma de un mal cívico, que Ortega y Gasset no dudaría hoy en someter a su viejo título de “democracia morbosa” .

Con el Derecho sucede lo mismo. De ser el instrumento más típico del orden de justicia y de su implantación y vida en una sociedad, se le ha manipulado hasta convertirlo en un ”juguete” al servicio pleno del Estado, un juguete peligroso para los individuos desde el momento en que no se respetan los espacios naturalmente exentos de juridificación. El célebre axioma de la “ratio scripta” romana según el que “hominum causa omne ius constitutum est” es una perenne invitación a poner las cosas en su sitio y detener esta latría estatalista totalitaria que en su fondo lleva esa aparentemente inocua expresión, pero en humanísticamente peligrosa del llamado “Estado-providencia”

Es decir, se han achicado desmesuradamente -hasta desvanecerse casi- los “fueros” radicalmente “soberanos” de la sociedad civil ; ha ido “tomando” el Estado terrenos que “repugnan” lisa y llanamente con su “rol” de representante-detentador del Poder en nombre y por cuenta de la sociedad; y el Derecho ha pasado de ser un instrumento del Poder para un orden recto de justicia (solo el campo de la justicia es el campo del derecho) a ser instrumento de los fines de la política y no de los fines de la justicia (el campo político que, aunque conexo en mucho con el del derecho, no es idéntico ni mucho menos, como demuestra por ejemplo ese principio también sustancialmente democrático de la “división” de Poderes, pragmático principio buscado para evitar los abusos del Poder como proclamara Montesquieu), una auténtica “correa de transmisión” al servicio del Poder político, mejor que del bien común y de la sociedad.
Claro que en el reverso de las “tendencias totalitarias del Estado dentro de la sociedad democrática” no se han de observar solo los abusos del Poder estatista, sino o la dimisión de la sociedad en su sagrada responsabilidad para con la titularidad de la soberanía que detenta por derecho propio o la “masificación” de esa misma sociedad por el fenómeno masivo del llamado “hombre-masa” moderno, el que dibujara J. ORTEGA Y GASSET en su gran estudio de los años 30 del siglo XX La rebelión de las masas, a lo que ha de añadirse la dignísima réplica y complemento que de ella hace el filósofo orteguiano I. SÁNCHEZ CÁMARA, en su obra que lleva como título La degradación de las masas –remedo actualizado de la de su maestro y con resalte del impacto que el fenómeno “masa” ha podido significar en el ostensible declinar cívico de Occidente.

Estas ideas las glosaré tan solo con algunas frases de un estudio sobre las “relaciones personales” en la Modernidad, que creo ponen justamente el dedo en esta llaga de las claudicaciones y permisividades sociales ante la parasitaria tentación del Poder de absolutizarse y totalizarse. Se inicia Giandomenico MUCCI en su estudio de este modo. “In un saggio che risale alla fine degli anni Quaranta, Romano Guardini aveva descritto l'uomo della massa come una struttura umana legata alla tecnica e alla pianificazione, slegata da qualsiasi tradizione, disposta ad accettare le forme della vita come gli vengo¬no imposte dai pian razionali e dalle macchine. Essendo un uomo senza personalità, si inserisce spontaneamente nell'organizzazione, che è la forma della massa, e obbedisce al suoi programmi. La pro¬pría libertà non gli sembra un valore, la propría iniziativa non l'in¬teressa, l'individualità gli appare perfino come la radice di ogni pe¬ricolo. É un uomo oggetto che si è disposto ad essere trattato come oggetto sia dai Governi e dalle amministrazioni ordinarie sia dalle grandi violazioni dei diritti di singoli, di gruppi, di popoli interi. Forse un tale uomo sarà ancora capace di simpatia, di solidarietà, di doveri sociali. Ma saprà dare il suo assenso al tu nell'altro, cioè alía vítale conoscenza della persona, che sempre impallidisce quando si va estinguendo la relazione giusta con il proprio io e con Dio?”
“In anni più vicini a noi, altri pensatori si sono posti la medesima domanda. Sergio Cotta, che si rifà a certe acute intuizioni di Giu¬seppe Capograssi, ha sottolineato quanto il prossimo sia diventato indifferente all'uomo della massa e ha parlato per lui di «ottundi¬mento della sensibilità» e di «alienazione da massificazione». Più in generale, Francesco Barone vede nella celebrazione tecnologica dei valori dell'utile e del funzionale, se non la causa della crisi del¬l’”assolutezza assiologica”, almenio l’elemento culturale predominante che tende ad assorbire in sé ogni altro valore”

No hago otro comentario que este: dos novelas muy representativas en la literatura social del s. XX son El Mundo feliz de Aldous Huxley y 1.984 de ORWELL. En las dos, los perfiles de contenido y personajes son pragmática y proféticamente definitorios de este “tipo del hombre-masa” que gusta de venderse o de vender su libertad y hacerse esclavo hipotecándola a cambio de “favores inmediatos” como los que ahora mismo se pretenden del llamado “Estado del bienestar”, un verdadero Leviatán o monstruo del ejercicio del Poder contra el individuo y la misma sociedad en nombre de la que detenta el Poder

0En consecuencia, un Estado que pretende decir al individuo-ciudadano si ha de nacer o no, cuándo o cómo ha de nacer; si hay razones para que muera y cuándo y cómo tiene que morir; si ha de rezar o no, en qué circunstancias y cómo debe o no debe rezar; cómo tiene que orientar su creatividad artística o literaria o cultural; que hace proselitismo descarado de su ideología política o cultural; que trata de dirigirlo todo hacia sus fines propios; que organiza expediciones de periodistas pactándolas con otros Estados para informar de las cosas que pasan; que utiliza la comunicación pública con fines partidistas… es un Estado “totalizador” y “liberticida”, posesivo e impositivo en contra de la sociedad y la libertad del individuo.
El afán de regularlo todo es una de las raíces comprobadas históricamente del totalitarismo, del que hay muestras suficientes en la Europa moderna, la del s. XX especialmente. Y no es preciso particularizar situaciones concretas que en Europa han generado los grandes “horrores” de dicho siglo haciéndolo uno de los más regresivos de la historia del mundo a pesar de los espectaculares avances de la técnica y de la ciencia, o tal vez por eso mismo.
No resulta nada extraño por ello que –en defensa de la libertad y de la dignidad del hombre- haya sido en los tiempos modernos cuando se ha empezado a hablar en serio de cosas como la desobediencia civil, la objeción de conciencia, la objeción fiscal y se están manifestando, en minorìas selectas especialmente, las múltiples rebeldías como la que supuso, por ejemplo, Mayo del 68 en Francia, que en muchos de sus “slogans” llevaba “contestación” para con unos totalitarismos posibles en la democracia.

II.- Cómo y por qué nació este ensayo

Dos actuales sucesos le dieron ocasión. Ambos sucedidos en España últimamente, con alarma social y heridas de ambos a una buena parte de esta sociedad. Los dos alertan sobre realidades que oculta –pero a la vez deja ver en el subsuelo- esa superficie fenoménica.

a. En el diario EL País, del 22 de octubre 2.010, se publicó un reportaje de R. Carranco, en el que la noticia era que un “celador” del geriátrico La Caritat de Olot (Gerona) quitó la vida a tres ancianas porque “las tres mujeres le daban mucha pena”, porque “vivían en unas condiciones” que él “no podría soportar” y porque entendía que con ello él “hizo el bien”. Según la declaración del celador en cuestión ante el juez, haciendo esto, “no pensaba que estuviera asesinando a nadie. El núcleo del relato periodístico, que puede verse casi literalmente en la nota al pie sirve sin duda para sacar elementos de juicio con que reflexionar y hacer juicio sobre la pavorosa ficción de falso humanismo que connotan esta realidad y otras del mismo o parecido signo

b.- El anunciado Proyecto de Ley de la Muerte digna y de los Cuidados paliativos

El Gobierno de España, este mismo mes de noviembre 2.010, anuncia una Ley que llama de Muerte digna y Cuidados paliativos, con finalidades que dice no son de eutanasia sino de “dignificación” de la muerte de enfermos terminales. “A bote pronto” jurídico, la ostensible “inutilidad” real de una ley que se quedara en los espacios estrictos con que la anuncian y defienden sus promotores está levantando en amplios sectores humanistas y jurídicos la impresión y la sospecha de que, o encubre finalidades de eutanasia camuflada, o está concebida como coartada o cortina de humo para encubrir “necesidades políticas del momento”, o forma parte de una “política legislativa” de normas a bote pronto y sin cálculo de la proporción que debe darse –por exigencias lógicas de teoría general del derecho- entre la creación de las leyes y la necesidad social que las ha de exigir.
En cualquiera de los sopuestos, o de inutilidad de la ley , o eutanasia camuflada, utilitarismo político o antijurídica política legislativa, la base de reflexiones está servida con ello.

III.- Cuestión conceptual y metodológica

1.- Por sus raíces etimológicas, la palabra “eutanasia” (de derivación griega, “eu”-bien, bueno, y “thanatos”-muerte) connota idea general de “buena muerte”, “muerte dulce” o “muerte apacible”, con una especificación típica en el hecho o procedimiento de procurar la muerte sin dolor, generalmente a un enfermo terminal.
Los conceptos, sin embargo, propenden a ser paradigmáticos y no siempre recogen todos los matices de la realidad conceptuada. De hecho, la literatura –más directa con frecuencia y más realista muchas veces que las definiciones- se recrea en una más intensa expresividad y esto sucede con la palabra “eutanasia”, como indica por ejemplo el verbo “sacrificar” que se emplea como referencia léxicográfica a todo lo que sirve para quitar de en medio una vida que sobra o estorba, de personas o de animales, y cualquiera que sea la razón de ello

La “eutanasia” es entendida en los tratados de Humanismo y Ciencias del hombre como “l’ensemble des coins susceptibles de rendre une telle mort posible par des éfforts destinés à alleger les souffrances endurées par un malade incurable; et enfin l’acte de provoquer volontairement la mort pour épargner à un tel malade ces souffrances»

A nadie se le puede ocultar el «peligro social», por atentado a los derechos humanos o consentida claudicación de los mismos, que puede representar, como táctica o estrategia política, como portillo de permisividad moral incontrolable, ese “recurso” de “mettre fin à la vie”, de una elasticidad sin fin, en manos especialmente de políticos devotos de la falsa premisa filosófica de que “el fin justifica los medios”, si a ello se une el añadido de una “ideocracia” más que maquiavélica a la medida de los intereses del Poder o del Partido.

2.- Este ensayo sobre la eutanasia no aspira ni a ser un tratado general, ni a dar un enfoque preciso de todas las posibles caras o perfiles de un tema tan complejo, delicado y de tantos necesarios matices. De todos modos, aunque no busque en el caso demostraciones filosóficas acabadas, no es mi voluntad quedarme reducido a un mero bosquejo de impresiones subjetivas.
Quiero algo más. Deseo que este ensayo exprese mi pensamiento sobre el auténtico problema humano que subyace a la “eutanasia” tal como ahora mismo es entendida y he anotado anteriormente (no “paliar” el sufrimiento del enfermo, sino “cortar” el hilo de su vida para evitarle sufrimiento, o sea, “idée de provoquer une mort sans soufrances, non en réduisant celles-ci, mais en mettant fin a la vie du malade”), y deseo hacerlo no con las razones de ninguna ideología o ideario humanista, religioso o político, sino conjugando premisas y verificaciones de base jurídica, reflexionando sobre algo tan jurídico como es, en teoría general del derecho, tomar nota y partido en un conflicto de intereses y derechos, en que la objetiva jerarquía de los valores sea la norma -jurídica, social o política incluso- para fijar la primacía tanto del valor como de su protección jurídica.
Me propongo enfocar con brevedad y casi en un esbozo preambular esta cuestión de la “eutanasia” en perspectiva de valores e intereses en conflicto ontológico-existencial y su jerarquía, con los consiguientes derechos o exigencias de amparo de los mismos. En concreto, el valor “vida humana” y el correspondiente “derecho a la vida” en su contraste con unas posibles “facultades del hombre” sobre ese valor y ese primordial derecho, como pudieran ser, en el caso, las de quitarse la vida o disponer libremente de ella, de jerarquizar uno mismo la escala de los valores y de los derechos que los protegen; incluso esto más, la legitimidad del Estado para “disponer jurídicamente” en espacios humanos que parecen sustraídos al ámbito del derecho por ser de la intimidad de la persona. Es decir, si el ser humano puede “objetivar” en un momento dado su propia jerarquía de valores y la correspondiente exigencia de derechos; y si el Poder del Estado puede hacer eso mismo sustituyendo a la persona humana. Ello se plantea en la “pureza jurídica” del ordenamiento de la justicia contando con o partiendo de su necesario carácter de alteridad y demás notas de lo jurídico.
Cabe que la falta de demostraciones cabales e incluso de un acabado desarrollo puedan dar a mi exposición un aspecto dogmático-subjetivo que no le favorezca. Sin embargo, me recluyo voluntariamente en estos márgenes y pecho de antemano con los posibles inconvenientes porque estoy convencido, también jurídicamente, de que en ocasiones importa más la doctrina positiva que las pruebas, hasta por eso que señala Ortega , que hay veces que la prueba, siendo un deber de racionalidad, no siempre ni necesariamente es una ventaja. La ventaja al menos de poder exponer con brevedad y un mínimo de razonamiento algo que, con más amplios razonamientos y pruebas, exigiría más amplios y abiertos espacios

3.- La jerarquía objetiva de los valores –obtenida a partir de datos de inmanencia y trascendencia humanas- pueden dar claves y criterios de reflexión y de enunciados sobre los que quisiera volver en otras ocasiones y con otros espacios, para remediar las presentes precariedades del ensayo. Aquí y ahora, me he de contentar con esto, que bien pueden ser unos apuntes o poco más.

Los valores en comparación y contraste del caso serían el valor “vida humana” en cuanto valor humano primordial y el valor “autonomía personal” del ser humano –valor especificador de la condición humana- para optar libremente ante alternativas trascendentes.
Y la cuestión sería la general en toda psicología racional y aplicada, de opción ante alternativas o disyuntivas sustanciales o fundamentales de vida; o de la dinámica de la decisión libre del hombre ante situaciones plurivalentes, con la disyuntiva en nuestro caso de optar entre esos dos indicados valores-derechos tan específicamente humanos
Mis consideraciones o premisas de reflexión serán por fuerza breves y predominantemente indicativas.

IV.- El valor “vida humana”
Su puesto en la escala de los valores humanos

Vida humana y derecho a la vida
* Que la vida y el derecho del hombre a la vida hayan obtenido y mantengan ahora mismo un reconocimiento teórico -tan universal como poco efectivo con frecuencia en la práctica- de valores de primera generación humana, y derechos por tanto fundamentales del hombre, es algo que, a mi entender, no admite duda. Bastaría con asomarse a la historia de los derechos humanos y, en último término, repasar la Declaración Universal de esos Derechos, de la ONU en 1.948, concebida como la más solemne proclama de la historia universal en respuesta a los terribles horrores del s. XX, con los grandes genocidios, las “masacres” y las mil restantes formas de atentado contra la vida de los hombres. De todos modos, la solemne proclama también demuestra que las teorías van por un camino y la realidad de las cosas por otro. Una de las anotaciones críticas hechas al conmemorarse esa proclamación por la ONU de su elenco de derechos humanos fue que la de que nunca como ahora se violan tanto los derechos del hombre.
Seguramente se deba decir que ningún derecho humano se menosprecia y se viola tanto ahora mismo como el derecho a la vida.
La vida es el valor humano por excelencia, el más radical y básico de todos los derechos del hombre, porque –descartado ese valor primario- todos los demás valores y derechos serían gaseosos. Realmente, la vida humana es el hombre, el ser de valores y el auténtico soporte último de la juridicidad.

* Dicho esto, no me resisto en este momento a sacar a escena frases con ideas de N. Jubany Arnal, entonces Presidente del Comité Episcopal de la Defensa de la Vida en España, en la Presentación del librito Eutanasia, de la Conferencia A. Española, publicado en el año 1.993 . Por lo que las expresiones contienen de verismo y sobre todo de realismo, actualidad e intuición de las profundas razones en que se enraíza este tipo de cuestiones, lo resalto. Cuando el libro estaba casi terminado –dice-, “el Gobierno Español aprueba un Proyecto de Código Penal –actualmente en trámite en el Congreso de los Diputados- en el que se regula la eutanasia como un delito singular acreedor a una pena sensiblemente más liviana que la del homicidio”. El comentario es un apunte muy digno de nota para aprender a leer bajo la letra y las “rationes iuris” de leyes que se dictan en este tipo de materias. “Se inicia así en nuestro país la tendencia de “comprensión jurídica” hacia las prácticas eutanásicas que –nos tememos- puede acabar a corto plazo con su total impunidad como ha sucedido con el aborto, despenalizado parcialmente para atender a determinados “casos extremos” y legalizado en la práctica hasta el punto de constituir ya un lucrativo negocio amparado incluso por determinadas instituciones del Estado”
Esta fórmula -“tendencia de comprensión jurídica de prácticas eutanásicas” sin mencionar la palabra “eutanasia” en el propósito legal- es, en el contexto en que se analiza, un alarde o envite de “fictio iuris” o de “artificio puro” en la formulación del derecho. En su fondo representa una auténtica entronización en la “praxis” jurídica de los esquemas de un relativismo y positivismo extremos, viciados en raíz por los males de todos los extremismos. En realidad, es luz verde a prácticas humanamente inaceptables o en sí mismas o por ser verosímilmente portillo de acceso a “tolerancias” de algo inaceptable, que se sirve a la sociedad como inocuo porque se oculta o camufla el fondo real. Eso ha sido y sigue siendo en el caso del aborto. Y, en planos solamente jurídico-legales, se deja ver en ello una vía lisa y llana de antijuridicismos obvios, dejando a parte otros perfiles éticos o sociológicos.
Esta denuncia es, justamente, la razón de ser de estas consideraciones y reflexiones.

* En la imposibilidad de bosquejar siquiera los trazos más elementales de las mil y una teorías que la historia de la filosofía reseña sobre la vida humana desde Grecia hasta Dilthey, Bergson, Ortega y Gasset, etc. y las distintas posiciones existencialistas, personalistas, nihilistas, etc. llevadas algunas hasta el paroxismo de un mecanicismo casi del todo materialista , solo me decido a resaltar mi repugnancia para con las orientaciones de una total inversión de los supuestos hebreos, griegos y cristianos sobre la persona humana, implican apertura a “concepciones más o menos fáusticas de la ciencia y de la tecnología, que reducen la vida a mero problema o a objeto manipulable y que ya han sido sometidas a crítica por no pocos pensadores de índole humanista” .
En mi criterio, cualquier tipo de “cosificación” de la vida humana, de la índole que sea o bajo las finalidades que se proponga, ha de repugnar sin duda a la conciencia universal que se ha formado partiendo de un concepto de “persona”, más que “animalidad” pura y simple, en que la “racionalidad” especifica la “animalidad” que la soporta pero no debiera comprometerla más de lo debido, es decir en plano de subordinación siempre y no al contrario. Como señalaba Ortega y Gasset certeramente, aunque no sea fácil definir al hombre en su variedad, sí lo ha de ser en su sustancia, y eso nos viene de atrás con la particularidad de no haber sido aún superado

* De este modo, en mi deseo de ser humanamente positivo pero sin optar por idearios concretos, me limito a recluirme en la idea genérica de respeto total a la vida humana, completado con las ideas que fluyen –al situar la racionalidad en el vértice de las posibilidades y disponibilidades humanas- de estas frases de Ortega y Gasset: “Vivir es lo que hacemos y nos pasa, desde pensar o soñar y conmovernos hasta jugar a la Bolsa o ganar batallas. Pero, bien entendido, pero nada de lo que hacemos sería vida nuestra si no nos diésemos cuenta de ello. Este es el primer atributo decisivo con el que topamos: vivir es esa realidad extraña, única, que tiene el privilegio de existir para sí misma”. Y se completa la idea más adelante al decir que “este verse o sentirse, esta presencia de mi vida ante mí que me da posesión de ella, que la hace mía, es la que falta al demente”, es lo que falta a toda persona en la que –dentro del ya anotado pensamiento de Hans Thomae respecto de la dinámica de las decisiones humanas-, pudiendo darse aún (en casos especiales y situaciones-límite del humano vivir) “la fisonomía de una vida, pero solo como una máscara tras la cual falta una auténtica vida” . No puede ser legítimo humanamente que los “intereses” o las “interesadas miras” de otros, aunque se tratare del Poder o de allegados, suplanten ni por estado de necesidad ni suposición de ninguna clase a la persona humana en las opciones fundamentales de vida, llámese matrimonio o llámese cualquier otra opción de las vitalmente irreversibles. Las manipulaciones de lo humano caen de lleno fuera del ámbito del poder de nadie.

V.- El valor “autonomía personal” en la escala de los valores humanos

Libertad. Autocrítica. Responsabilidad. Autonomía personal. Capacidad de autodeterminación

Que una propiedad o cualidad primaria –de las mayores- en lo humano y en la racionalidad del hombre sea la libertad tampoco creo que admita dudas, como acabo de señalar en referencia a la vida y al derecho a la vida. El hombre es libre por ser hombre y la vida es vida humana por la prerrogativa especificante de la libertad.
Esta gran verdad tiene presencia explícita en la Biblia, en el libro del Eclesiástico: “Dios hizo al hombre en el principio y lo dejó en manos de su albedrio”; como la tuvo en los filósofos griegos a pesar de darse la esclavitud en Grecia; y estuvo así mismo presente y viva en toda la tradición humanista occidental, de que es muestra patente el conocido Discurso sobre la dignidad de la persona humana, de J. PIC DE LA MIRANDOLA, filósofo con el valor-hombre en el centro del saber y con el valor-hombre especificándose por la libertad que Dios le atribuye como ariete de lucha por sus posibilidades de ser o de no ser .
El hombre es libre por esencia y la más noble y vistosa librea de lo humano es la libertad.
En materia de la libertad del hombre, como en tantas otras cosas, valores y prerrogativas humanas, se produce una cesura brusca con la llamada “modernidad” y “posmodernidad” sobre todo. Si el “humanismo” llama al ser humano a la libertad, a la responsabilidad y al compromiso en todo orden de cosas, este perfil de hombre-sujeto “est mort” au XX siècle” y antes inclusive a impulso de “hipótesis” contrarias al humanismo y personalismo tradicionales
Evidentemente, la libertad del hombre no es absoluta, como nada de lo humano lo es, ni es tampoco “un cheque en blanco” puesto en la mano del hombre para obrar a su antojo. Ello es asó por exigencias de la propia condición y la racionalidad del hombre. “Tout être humain est à la fois sujet de ces actions et assujetti aux déterminants sociaux, au contexte politique et aux influences culturelles» .
Efectivamente, el ser humano es un “ser” interna y externamente condicionado, intrapersonal e interpersonalmente y los condicionantes posibles le llegan de fuera y de dentro de sí. En brevedad, se puede afirmar que los hombres somos libres pero “andamos condicionados; ni tan poco que podamos caer en la utopía de un canto total a la libertad, ni tanto que haya de negarse la libertad… Hay condicionamientos, hay motivaciones de los actos, hay circunstancias que acosan a la libertad; a pesar de todo, el hombre puede seguir siendo libre, lo que no quiere decir que siempre lo sea… Esta postura favorable a la libertad del hombre, en un sentido claramente antideterminista es defendida por la Iglesia y forma parte del acerbo cultural del cristianismo” .

En sus condiciones reales y circunstanciadas, el ser humano, incluso, está por esa misma racionalidad obligado a ejercer la libertad como exigencia lógica del ser árbitro de sí mismo y artífice de su propia construcción y desarrollo. Y siendo pasos cruciales en la vida del hombre, no sustituible por nadie en esto, las elecciones ante las llamadas opciones fundamentales de vida, también aquí la libertad es posible y obligada incluso
Pero, a la vez, es claro también que el ejercicio de la libertad, para ser verdadera la libertad y no la falsa de un ser alienado o sustituido y engañado por otros, solo es posible en el hombre dotado de “capacidad” de autocrítica y autodeterminación. Ello implica “capacité pour un sujet d’apprécier à leur valeur réelle ses actes, ses opérations intellectuelles et l’etat dans lequel il se trouve». Sin esta capacidad de juicio crítico se hacen imposibles el ejercicio de la libertad y el activarse autónomo de la capacidad de autodeterminación. Ello se rompe, como enseña la Psiquiatría, por las lesiones psíquicas que impiden a un sujeto el dominio de sí mismo “por la razón y la voluntad”, de intensidad proporcionada al “valor” o “derecho” de que se trate
Ha de admitirse, en complemento de lo anterior, que, si la libertad en el hombre es el necesario exponente de su racionalidad, ninguna racionalidad es verdadera sin el complemento de la “responsabilidad” . Una respuesta racional ha de ser por necesidad una respuesta responsable, o no sería racional.

Y, por fin, como el respeto y defensa de la libertad del hombre y a las condiciones posibles de la misma en su ejercicio real y efectivo es respeto y defensa de la dignidad del hombre, y eso, en la vida del derecho, marca fronteras que, si se saltasen, deslegitimarían por completo su razón de ser –“hominum causa omne ius constitutum est”-, cabe señalar que las violaciones de los derechos humanos son perfectamente compatibles con las mejores intenciones de una ley de las de “tendencia” a la “comprensión jurídica”, o las de unos familiares muy afectuosos del enfermo, o las de cualquier otra persona movida de compasión y lástima

VI.- Otras notas de pensamiento, juicio y reflexión

Los anteriores apuntes sobre la vida y el derecho a la vida, sobre la libertad, autonomía de la persona, posibilidad de autodeterminación personal y derecho de elección en las llamadas opciones fundamentales de vida, con lo anteriormente indicado y en el contraste dialéctico de los valores y los derechos-deberes sobre los mismos, la preferencia –por lógica- la daría la jerarquía objetiva de los valores y de los derechos.
A tal efecto, los interrogantes capitales pueden ser algunos de éstos:
¿Lo puede todo el hombre alegando o invocando su libertad?
¿Lo puede todo el ser humano respecto de su propia vida y muerte?
¿Puede alguien, aunque sea la sociedad o el Poder político del Estado, los familiares, un médico o celador de un hospital geriátrico, subrogarse, sustituirse por un ser humano si el mismo –al tomarse la decisión sobre la vida o la muerte y llevarla a cabo sobre todo- careciera de capacidad de autocrítica y no está en condiciones psíquicas mínimas para obrar humanamente? ¿Se podría decidir por otro, en base a suposiciones, consentimientos presuntos o razones de compasión?
¿Caben las transacciones –por la motivación que sea- en los derechos humanos? ¿Son renunciables estos derechos, el relativo a la vida principalmente?

Estos interrogantes pueden ser contestados a partir de las anotaciones anteriores. Los contenidos del texto y de las notas al pié han tenido esa finalidad, de aportar elementos de juicio para posibles reflexiones, jurídicas principalmente.
Pero, antes de terminar, quisiera ampliar un tanto las bases de reflexión con algún otro apunte, que aspiro así mismo a que tenga perfil jurídico, de análisis a partir de la teoría general del derecho y de la jerarquía de los valores y derechos-deberes humanos.

1) En materia de “eutanasia”, hemos advertido ya la radical cesura conceptual producida a partir del s. XIX, por toda una serie de causas o factores –ideológicos, culturales, sociológicos, de “deconstrucción” y “post-modernidad”, políticos, de barrido y difuminado o alteraciones de las señas personales o nacionales de identidad, etc.-, entre un sentido que pudiera llamarse “clásico” de la eutanasia y otro sentido que se llamaría “revolucionario” de la misma. Esa cesura la expresa la idea de esta frase ya con anterioridad aludida: “Ce n'est qu'à la fin du XIX siècle que cette signification est supplantée par l'idée de provoquer une mort sans souffrances, non en réduisant celles-ci, mais en mettant fin à la vie du malade”
En el citado ensayo de D. Moyse, se sintetizan las causas de tamaña evolución del contenido semántico de la palabra “eutanasia”. Como las causas del cambio pueden enriquecer las bases de reflexión que me propongo con estos apuntes, las reproduzco literalmente, tal como las ofrece la referida profesora de Filosofía:

“Il convient d'essayer de comprendre pourquoi ce dernier sens, est aujourd'hui devenu prévalant.
Une telle mutation sémantique peut probablement se comprendre dans le cadre d'une certairc conception du sujet humain, maître de lui-même, auteur de sa vie comme de sa mort. Elle commence à se dessiner philosophiquement au XVII siècle, et se concrétise en se radicalisant, au cours des siècle suivants. Descartes en donne une première expression conceptuelle en faisant du “je pense, done je suis”, la première des certitudes sur laquelle devaient désormais reposer toutes les autres connais¬sances. De cette nouvelle appréhension de l'homme-sujet, c'est-à-dire, suivant l'étymologie de “sujet”, de l'homme-fondement, s'ensuivit une révolution scientifique et technique où la maîtrise de la nature, qui comprend l'être humain, devint le projet dominant.
Dans ce contexte, on comprend que soit alors invoqué un “droit à la mort” quand la dégradation du corps entraîne la perte de la maîtrise de celui-ci. L'expression est néanmoins ambiguë: le projet maîtrise de la nature nous a effectivement donné un pouvoir médical sur notre vie, et il nous a permis de la prolonger, au point de parfois maintenir en vie au-delà de tout traitement possible. Les malades semblent alors avoir perdu le “droit de mourir”, dans la mesure où ils sont victimes de ce qu'on appelle l'”acharnement thérapeutique”. Mais dans le cadre de la montée en puissance des droits subjectifs, le “droit de mourir” renvoie aussi au droit de recevoir une assistance au suicide quand la dégradation du corps est jugée insupportable. On distingue alors “euthanasie passive” et “euthanasie active”.

Indudablemente, el análisis de las raíces y causas de la evolución semántica de la palabra “eutanasia”, en el amplio e inespecífico espectro de sus procedencias y pertenencias, puede servir elementos de juicio –aplicables muchos de ellos al campo del derecho- para observar con cuánta frivolidad a veces se derogan los patrones más serios de una juridicidad normal hasta contaminarlos con incidencias parasitarias de ideologías, utilitarismos, intereses políticos o económicos y, sobre todo y en general, con los efectos de la gran crisis de valores en que se debate nuestra sociedad post-moderna.

2) Otras indicaciones finales de base para la reflexión

a.- Los límites de la libertad y de la autonomía personal. El valor “vida humana” y la jerarquía primaria del derecho a la vida frenan –por lógica racional- las posibilidades de la libertad propia y ajena. Es imposible la legitimidad de la libertad frente a lo que es raíz y soporte de la libertad, la vida

b.- El instinto de conservación. El dicho vulgar del “primum vivere, deinde philosophare”, en su simplismo, da idea de necesarias prioridades en el orden de los valores más vitales del hombre. Incluso puede decirse que contiene una estimable dosis de sabiduría natural en su alusión a los mecanismo naturales de defensa cuando anda en juego lo primordial del hombre. En esta línea sapiencial, rozaría el absurdo que la racionalidad del hombre pudiera alinearse legítimamente contra la permanencia de la condición humana en que se radica.

c.- La racionalidad en el obrar humano.
Las elecciones racionales en cuanto expresiones de la autonomía personal han de producirse siempre –para ser verdaderas y humanas elecciones- dentro de una normalidad proporcionada al valor de la realidad u opción sobre la que han de versar “La personalità individuale può dunque consolidarse o evolversi, impegnarsi affetivamente in misura variabile, dirigendo la sua energia psichica, il complesso delle sue tendenze verso mete antiche o nuove, e anche il suo orientamento verso il mondo può variare verso un’accettazione più realista o una negazione del mondo stesso... Il processo fondamentale del consolidamento delle direzioni presse preferenzialmente dalle energie psichiche e degli orientamenti verso il mondo col tempo costituisce una base relativamente stabile della personalità” . La personalidad como estructura y la misma como proceso de la vida radicada en la persona, lo estático y lo dinámico del ser humano-persona, a pesar del cambio que supone el dinamismo vital, responden a unos mismos patrones o raíces del individual psiquismo. Cuando las acciones contradicen esos patrones, la racionalidad del obrar se resiente por fuerza. Ha de dudarse por tanto de la racionalidad del obrar del “yo impulsivo” frente al del “yo propulsivo-proyectivo”

d.- La disposición racional sobre valores humanos y derechos humanos
En criterios o coordenadas de lógica racional, puesto que la vida y el derecho a la vida –en la jerarquía objetiva de los valores y derechos- son de rango primordial humano, no puede legitimarse el invocar siquiera un “derecho a la muerte” ni admitirse como humano un derecho a quitarse la vida uno mismo (derecho al suicidio), porque lo primero implicaría una contradicción en sus mismos términos (no se pueden compaginar los contrarios ni cabe admitir que si el derecho a la vida es el soporte de la inviolabilidad total de la vida humana sea del mismo rango un derecho que fuera instrumento legitimador de su destrucción) y lo segundo sería lo mismo pero agravado con el abuso de las facultades de uno mismo sobre su propia vida.
Jurídicamente, medios ilegítimos como la tortura judicial o extra-humanos como la compulsión; respuestas en estado de necesidad; reacciones ante las llamadas situaciones-límite, etc., o conviven con la injusticia o, al connotar situaciones de excepción, no deben generalizarse sin hacer claudicar la vida normal del derecho

e.- El suicidio, el derecho y las oportunidades de una juridicidad positiva sobre el mismo.
Quien decide “suicidarse” ¿está bien psíquica o mentalmente, obra bien y se justifica éticamente, es racional “quitarse uno mismo la vida y darse muerte?
¿Puede hablarse siquiera de un derecho del ser humano al suicidio?
Cabe naturalmente que el orden jurídico defienda el derecho a la vida, pero ¿cabe que del mismo modo ampare “quitarse” la misma vida que otro derecho fundamental de este mismo ser humano protege?
En caso de juridificarse tal cosa, ¿no se daría un estatuto de juridicidad contrario a la misma condición humana, personal y social?

Es claro que tan compleja cuestión no se puede resumir en pocas líneas. “Le problème est trop complexe au point de vue psychologique pour qu’on ait le droit d’assimiler d’amblée toute tentative de suicide à un symptôme morbide» como anota Porot ; sin embargo, no se pueden por menos de resaltar en este punto al menos estas ideas: la de Henry EY sobre la “evidencia” del “papel de la involución psíquica” en el suicidio” ; y la de “autodestrucción intencionada” de uno mismo –que eso es lo que en realidad supone suicidarse- que se ha de incluir en el concepto médico de “suicidio” . Estas expresiones, “involución psíquica” e “intencionalidad” formando parte del cuadro conceptual del suicidio, abonan campos de crítica al tratar de evaluar las concretas situaciones de suicidio y de sus equivalencias posibles.

Estos apuntes pueden servir de base de análisis y reflexión de la “incongruencia” jurídica que puede suponer, en una recta teoría general de la justicia y del derecho, dar simetría al derecho fundamental del hombre a la vida y su contrario.

f.- La “compasión” y el “bien del otro” como “razones” o “excusas” de la “eutanasia activa”. Si la “intencionalidad cualificada” requerida en las llamadas opciones fundamentales de vida humana ha de tenerse en cuenta como base y raíz de puntualizaciones jurídicas en los supuestos de la “eutanasia pasiva” , siendo el valor “vida humana” inviolable e indisponible por nadie, cualquier “disposición” –de la sociedad, del Poder, la familia, los médicos, etc.- con efecto de destrucción de la vida por la muerte de “otro”, en lógica humana, nunca podría legitimarse con razones de justicia y derecho. Los atentados al “orden de la justicia” que incluye la jerarquía de los valores –eso es el derecho- no podría eludir el calificativo de injusticia.
Los criterios usuales de “compasión”, “no ver sufrir”, etc. pueden servir para el alivio del dolor y evitar el sufrimiento. Pero el salto que supone hacer eso quitando la vida al que se duele o sufre es tan cualitativo en el orden y jerarquía de los valores que todo intento de justificación no pasaría de la categoría de “excusa” o “coartada• para otros fines-
¿Puede el Poder político decidir de cualquier manera sobre la vida del hombre? ¿Pueden los familiares o los médicos decidir eso mismo?
Siempre, y más en estas cosas, aunque las caras de la verdad pueden ser variadas, la verdad es una sola, y tiene objetividad aún contando con los subjetivismos respecto de ella, que son otra cosa.

g.- La economía, la eutanasia y el utilitarismo económico.
Régis DEBRAY, en su reciente libro Le moment fraternité , abre el prefacio de la obra con una frase digna del florilegio del personalismo: “L’individu est tout, et le tout n’est plus rien”. Al cuestionarse seguidamente “que faire pour qu’il devienne quelque chose”, pero en armonía con el “otro” y en una “fraternidad” en acto y no evasiva ni de solo ideal ilustrado pero sin obras, invoca los derechos humanos como garantía suprema de la solidaridad entre los hombres. El individualismo insolidario y el colectivismo anti-persona, al provocar tensiones difíciles de templar, se convierten en auténticos desafíos para el desarrollo interhumano. En la actual quiebra generalizada de los valores, el recurso a los derechos humanos –desacralizados y quizá por eso mismo también deshumanizados- se vuelve en exceso relativo, poco o nada objetivo, a merced de caprichosas elasticidades subjetivas y, por todo eso y más, inservible, incluso contraproducente para la causa del hombre y del equilibrio justo de los valores y de los derechos que los deben proteger. Retos con proyecciones de directa trascendencia humana y hasta de supervivencia necesitan plantearse y obtener respuestas auténticas y no de engaño, en aras del desarrollo humano en la sociedad moderna, la actual, desde o a partir de la “convicción”, como el autor alega, de “que l’economie seule ne fera jamais une societé”

Esta última idea –que la economía no puede ser “suprema ley” del desarrollo humano- es digna de tenerse en cuenta siempre que se analizan y se jerarquizan los valores humanos. La economía es, sin duda, un valor importante en la vida de los hombres y en su progreso individual y social. Pero no es un primer valor al que deban subordinarse –ni ética ni jurídicamente- los demás. Como no es tampoco la economía el único problema.

El moderno afecto a la “eutanasia”, aunque lo disfracen o desmientan los promotores, puede que sea parte de la moderna “inversión” de los valores que va desde la manipulación del lenguaje (históricamente se ha visto con la semántica de la palabra “eutanasia”) hasta extremismos inaceptables de positivismo y relativismo jurídicos. Ello unido por una parte al “economicismo” conexo con el principio del “bienestar” como suprema aspiración individual y social y a esa patología de la “neurosis del Poder”, de la obsesión por conquistarlo, conservarlo y aprovecharlo (utilitarismo puro y duro) hasta cambiar las bases ideológicas y morales de la sociedad, dentro de una colosal “deconstrucción” masiva de los valores tradicionales, como el matrimonio, la familia, el respeto a la dignidad del hombre por ser persona, etc.

Que, en el caso de la “eutanasia” como en otros de parecido marchamo, no es baladí la referencia a la inversión de los valores y a la manipulación de lo justo en la creación del derecho puede ser buena muestra la frase reciente de un escritor en un diario ante el reciente proyecto de ley de la muerte digna y los cuidados paliativos en España; “Las pensiones peligran; ya las han congelado y terminarán congelando a los propios ancianos”

Advenido el extremo de situar la economía en el vértice de los valores, nada de extraño tendría que el “homo oeconomicus” acabase definitivamente con el “homo sapiens sapiens”.
Si poner la “verdad” de felpudo o tarima de la “utilidad” constituye un “morbo gravísimo” de la “política” especialmente cuando así lo hace, ello mueve a Ortega y Gasset a calificar de “mentira” el “hacer de la utilidad la verdad”, hasta llegar a decir que “el imperio de la política es el imperio de la mentira” , lo mismo vale decir y concluir siempre que la “economía” se “sacraliza” socialmente de tal forma que se erige criterio supremo de valor de las personas y de la misma sociedad. Identificar economía y justicia sería, del mismo modo, contaminar sustancialmente las raíces del derecho.
Es otra base válida de reflexión en la materia

h.- La “eutanasia” y la “pena de muerte”. La “razón de Estado”
Los fundamentos modernos de la oposición radical a la “pena de muerte” son los derechos del hombre, contrastados con el hecho innegable de la falibilidad de la justicia humana y los históricamente comprobados “errores judiciales”. Se trata de otro “conflicto de valores y derechos” con el valor “vida humana” igualmente en la balanza de lo justo. En este caso se opta –cultural y cívicamente- por el más elevado de los valores humanos, el de la vida.
En la defensa del la “eutanasia”, aunque se pretende adobar las razones de su aceptación con razones que casi solo son de conveniencia en el fondo y en la verdad de las cosas y no de racionalidad y justicia, juegan los mismos valores y los mismos derechos humanos, a la vida y a su amparo y defensa.
A parte de lo grotesco de las “dos varas de medir” lo justo en un caso y en otro, ¿la conveniencia en sus distintos modos de presentarse en este caso de la “eutanasia” puede hacer que la misma realidad objetiva sea en un caso favorable y en el otro contraria a la dignidad y a los derechos del hombre?
Y, en cuanto a la cuestión de los “derechos del hombre”, me permito reproducir unas frases recientes de un joven pero ya curtido escritor: “Al establecer que son “inherentes” a la persona, los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos quisieron significa que eran derechos de naturaleza pre-política, constitutivos de la persona, y también apolíticos, porque no son construcciones del Poder, que independientemente de su orientación ideológica debe luchar por su preservación. En los últimos años, sin embargo, se está imponiendo una nueva versión de los derechos humanos que no es sino el camuflaje con el que se trata de satisfacer intereses particulares, a veces de naturaleza criminal. Los derechos humanos han dejado de ser definiciones objetivas para convertirse en acuñaciones moldeables según la conveniencia social del momento, según las preferencias ideológicas de una determinada formación política que ostenta coyunturalmente una mayoría parlamentaria”
Con esta falsa base de juridicidad o de creación del Derecho, ¿no se estarán cegando por el propio Poder las raíces de la Justicia?. Otra base de reflexión sobre el tema de la”eutanasia”

El derecho contaminado no es el que se deja “influir” e “informar” por bases auténticas de justicia en cuanto esas bases y valores son el único garante válido de la normalidad en una convivencia social, que es lo propio, sino el que se deslegitima con intrusismos de “cuerpos extraños” al sentido radical de la justicia en su calidad jurídica de única razón de ser del derecho, instrumento típico de la justicia en la sociedad. No se rechaza la ley, pero –como señala Hermann Kantorowicz en su Lucha por la ciencia jurídica- lo que sí debiera rechazarse es concebir lo “legal” como un sistema de leyes cerrado y acabado, capaz por sí mismo de dar respuesta a todos los casos y situaciones posibles. Ello estaría también en los orígenes del totalitarismo.
Teoría pura del derecho quiere decir teoría del derecho libre de “ingerencias” ideológicas, de la fuerza contraria a la justicia de las ideologías, de todas ellas, en cuanto contaminen en la sustancia el recto orden de lo justo social .

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Estos puntos de vista sean esbozos de invitación a reflexiones jurídicas en una materia tan delicada y compleja, al ser tan humana y por eso mismo individual y socialmente trascendente, como la “eutanasia”. Un reto moderno sin duda, con el aliciente así mismo jurídico de procurar que el derecho sea, en esta sociedad, el instrumento de un recto orden de la justicia.

EPÍLOGO

Con la conocida “Oratio de hominis dignitate”, el humanista Pic de la Mirandola se consagró, ya en el siglo XV, como un auténtico maestro del mejor humanismo. Hombre de valores era el hombre del Renacimiento y del Cristianismo. La exaltación y promoción del ser humano por este Humanismo se gestan precisamente en función de tales valores, y la inexcusable tarea de todo hombre, de “hacerse a sí mismo”, habrá de resultar de los principios de un obrar coherente y consiguiente a los imperativos emanados de los mismos, de lo que derivaba igualmente conformar y someter a ello la conciencia, la voluntad y la libertad; tres pivotes por tanto de la dignidad inalienable humana..
Obra de libertad es “hacerse hombre” con todo –lo favorable o lo adverso- que pasa en la vida de cada uno de los hombres, sin pervertir ni los valores ni los derechos que amparan a esos valores.
Erich Fromm instala en la misma apertura de su obra El miedo a la libertad esa Oratio de hominis dignitate de Giovanni Pic de la Mirandola, que –en su traducción castellana- dice:
“No te di, Adán, ni un puesto determinado ni un aspecto propio ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obten¬gas y conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que -casi libre y soberano artífice de ti mismo- te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás -de acuerdo con la decisión de tu voluntad- regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas”

Sin comentario especial a este canto a la libertad del hombre con su conceptual acompañamiento de responsabilidad (una libertad humana sin compromiso humano no puede llamarse prerrogativa de un ser racional como el hombre), solo me permito rubricar este espejo del mejor humanismo con unos párrafos de Ortega y Gasset en sus estudios sobre el humanista español Juan L. VIVES.

“La vida de un hombre, cualquiera sea su puesto social y su oficio es una lucha por realizar su personal vocación en medio del mundo, según éste sea al tiempo de su naci¬miento. El mundo histórico donde el hombre tiene que fabricarse su propia existencia se compone siempre de ciertas corrientes intelectuales, morales, políticas. De éstas, son unas adversas a su vocación individual que le obliga, quiera o no, a ser tal hombre determinado; otras le son favorables. La vida de un hombre es, pues, una precisa ecuación entre su vocación y el mundo en derredor. Es, pues, todo lo contrario de una serie de anécdotas. Es un teorema donde en vez de figuras geométricas se trata de dicha y desdicha ... Intentaré hacer en este sentido la biografía de Luis Vives, una biografía esencial en que habrá mucho más de álgebra histórica que de chismes y cuentos”

Lo favorable y lo adverso en la vida del hombre, su vida y su muerte, sus alegrías y sus dolores, su libertad en buen uso y la lúcida conciencia con voluntad de ser lo que uno “deber ser” son la “respuesta” que todo ser humano está obligado a dar a su concreta “vocación”.

SANTIAGO PANIZO ORALLO
Ex - Decano del Tribunal de la Rota Española
Profesor Titular de Derecho
De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Madrid

Madrid, 22 de noviembre de 2010

NOTA.- Este ensayo es enviado a Concha Mayendia, a Bruselas, el 26 de noviembre de 2010

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El trabajo es salud - Dïa Mundial del trabajo 1-V-2018

02.05.18 | 12:19. Archivado en Acerca del autor

“Labor omnia vincit improbus”- Un trabajo constante y solícito todo lo supera. Es máxima de vida humana que patenta el poeta clásico Virgilio en sus Geórgicas –I, 145/146)

La mayor dignidad del hombre está en “ser hombre”. Como la de un insecto estará en ser abejorro y no salamandra o escorpión.
Y -como para “ser hombre”- no basta con nacer, pues es menester de cada cual “hacerse” hombre, y no en serie sino a la medida de “sí mismo”, es decir, trajinando día a día las disponibilidades, potencialidades, capacidades propias, mal se entendería ese necesario “trajinar” estando de brazos cruzados, o “cacareando” tan sólo por calles y plazas, o “sin dar golpe” a la espera de que otro le saque “las castañas del fuego”, o haciendo de parásito “chupasangre”
Y si ese necesario “trajinarse” la propia vida se llama en “román paladino” “trabajar”, el trabajo es a la dignidad del hombre lo que las medicinas son a la enfermedad o el martillo, a clavar una punta: el instrumento necesario, la condición “sine qua non”.

Hablar, por tanto, de la dignidad del hombre es hablar de la dignidad del trabajo, de la honra y el honor que ha de ser para los homnres trabajar; y trabajar, a ser posible, en aquello que se cohonesta con la propia vocación y los propios potenciales humanos.
Y, “a sensu contrario”, salta a la vista el drama que representa, y es realmemnte, no poder trabajar, o porque no se quiere, o porque no se puede. O porque no hay trabajo o porque, habiéndolo, está insuficientemente remunerado. O porque se discrimina al que trabaja. O porque la “justicia social” se predica de boca pero no con otras. O porque trabajar hace callos y esos callos de las manos o los codos no son de los que se comen tan a gusto con garbanzos en uno de los platos tan sabrosos y ricos de ricos de nuestra gastronomía….

El trabajo –digan lo que digan los vagos y los vividores- es una honra humana y un salvoconducto imprescindible para ir por la vida con la cabeza alta y ganando batallas a diario a la colosal empresa humana de ser hombre y no piedra, vegetal o bestia.

El trabajo, a pesar de ser inseparable instrumento de la dignidad y el -desarrollo humanos, siempre ha sido asignatura pendiente en la carrera de la “humanitas”. Se ha puesto mucho más el énfasis en lo negativo del mismo: en el “negrero”, en el “esplotador”, en el “capitalista salvaje”, en los “maulas” que se las apañan tan bien para “no dar golpe” o en los que huyen del trabajo como los gatos del agua fría, que en las virtudes positivas que el trabajo supone sin duda para la salud –incluso física, pero sobre todo psicológica y mental- del trabajador y de los suyos (no se olvide esta proyección del trabajo.
Muchos hay que consideran el trabajo una maldición o cosa de esclavos y gente vil; o sencillamente, al soñar con super-hombres, por una especie de “pedigrí” de clase o casta, se ven exentos o ajenos a esta grandeza del “hombre a secas”, para esos “paria”, que que siente vocacionado a “trabajar”.

Asignatura pendiente lo ha sido siempre el trabajo, o eso me parece a mí. Ypor eso tal vez, siempre ha habido quienes han censurado a los vagos como si de verdaderos “maleantes” sociales se tratara.
Es clásica la dura invectiva de san Pablo –en el cap. 3 de la segunda carta a los cristianos de Tesalónica- contra tanta gente que parece haber nacido cansada y no haber hecho nada nunca por enmendarse. “•Si alguno no quiere trabajar –les dice san Pablo-, que tampooco coma. Porque nos hemos enterado que hay entre vosotros algunos que viven desconcertados, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A éstos les mandamos y les exhortamos por el Señor Jesús a que trabajen con sosiego para comer su propio pan”

La invectiva, como se aprecia, es directa, rotunda y afilada como un estilete. No mnecesita interpretación. Creo, no obstante, que merece la pena –didácticamente- destacar en ella esa pincelada psicológica con que san Pablo rasguea la personalidad del “cuentista” del trabajo y del esfuerzo. “Viven desconcertados, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo”. En nuestra vida de “currelo” ¿no hemos podido ver muchas veces –a nuestro lado- perfiles como el que bosqueja con tanta claridad san Pablo en esa carta? Ese perfil tan viejo como el trabajo y el hombre del que, sin dar golpe o creyendo que lo da sin darlo, se cree con derecho a ser “el gallo del corral”. Creo que ese perfil neurótico debiera ser más estudiando en los manuales de psiquiatría…

Trabajar no es una maldición; al contrario, es el preciado instrumento que pone en la mano del hombre las buenas y más auténticas oportunidades de ser hombre. El trabajo es componente sustancial de la “humanitas”, como digo.

La Iglesia trae del Evangelio-mensaje de Jesús unos sagrados que han hecho de ella –y lo deben seguir haciendo una institución “experta en humanidad”. Desde hace más de un siglo, aparece como abanderada primera de la justicia social. Trabajo. Trabajo digno. Salario justo. Censura de los “negreros” y del “capitalismo salvaje”. Han sido y siguen siendo postulados primarios de esa doctrina, con raíces ineluctables en el Evangelio de Jesús…
Y aunque, a veces, como sucede con las “cosas de Dios” que manejamos los hombres, se llegue tarde o mal, nadie –objetivamente- le podrá negar un serio esfuerzo por reformarse hasta ponerse enteramente “a la hora del hombre de nuestro tiempo”. .

Hoy he presenciado la manifestación del primero de mayo. Los y las he visto pasar gritando “slogans”, con banderas y con arengas sindicales para reivindicar igualdades, mejoras, respeto, dignidad. Bien está. He sido hijo de minero, a mucha honra y no me duelen prendas en esto.
Pero, al verlos y verlas pasar, me hacía una pregunta. ¿No sería bueno también que los Sindicatos impulsaran a reivindicar la dignidad del trabajo y del trabajador exigiendo que el trabajador trabaje y no sea ni un “maulas, ni un “trepa”, ni un “capitán araña”? ¿NO sería esto también un posible campo de las reivindicaciones sindicales del Uno de Mayo?.

Lo de san Pablo es clásico y sigue con vigor: hay quien vive a su aire, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo…. Miremos alrededor y las pruebas de ello sobrarán, por ser evidente.

Yo creo –y perdonen los que no piensen como yo- que si está bien la justicia social efectiva, y la lucha de todos por ella, no lo debieran estar menos, la seriedad, la responsabilidad y el respeto del trabajador para con el trabajo y sobre todo para los que de verdad trabajan y quieren trabajar. Un obrero “maulas”, como se dice, es un saboteador de los derechos de los trabajadores, de la dignidad del trabajo y de la misma fiesta del Uno de Mayo. Y, anque sea de los que salen hoy con banderas por las calles de todas las ciudades del mundo, será un farsante.

Cierro ya como comenzaba esta reflexión.
Si la mayor dignidad del hombre está en “ser hombre”; si ese necesario “trajinarse” la propia vida se llama en “román paladino” “trabajar”; y si el trabajo es a la dignidad del hombre lo que la medicina es a la enfermedad o el martillo es a poner un clavo: instrumento imprescindible; si todo eso es así, saca tú, amigo mío, las conclusiones ante este Día Mundial del Trabajo.
El trabajo es –yo lo creo- medicina de muchos males del cuerpo y del alma. El trabajo es salud, aunque haya quien, al oírlo, mire animado a la tuberculosis.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


A pesar de todo, mayo florido y hermoso -1-v -2018--

01.05.18 | 17:36. Archivado en Acerca del autor

Este día se abre el mes de mayo, llamado el de las flores recién estrenadas y de los pajarillos recién nacidos. Mes de bellezas y de vida reciente. Mes de apogeos primaverales, que no quiere decir “sazones”, porque esas vendrán más tarde, aunque ya este mes les dé la bienvenida. Mes, en una palabra, de fulgores, de fervores y hasta de revoluciones, porque como la sonada de aquel “Mayo del 68” –de la que ahora mismo se cumplen 50 años-, que tantas cosas dió que decir y tantas otras que callar.
Mayo, en fin, es un mes de venturas primaverales, aunque quizás lo sea menos de corduras, si por cordura hemos de entender ese equilibrio que ni se contenta con lo mediocre, ni se extasía demasiado con lo esplendoroso; ese justo equilibrio, que ni es ataraxia o insensibilidad manifiesta, pero tampoco es movimiento continuo de trastorno bipolar. Mayo, como la primavera, un recital de colores vivos, con algunos tonos grises y hasta de negro azabache.
Mayo se me antoja más sonrisa de “gioconda”, aunque sea con frecuencia enigmática sonrisa, que “aguafuerte” de Goya, creado por su mente de artista, para poner en su sitio y liberar de romanticismos aéreos la gesta heroica del Dos de mayo.

“Marzo airoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso”. Así reza ese refrán del “pueblo” que, siendo tal vez más ignorante que docto e ilustrado, “se las sabe todas”, como también se dice, cuando de mirar al cielo y sacar conclusiones de buen sentido y mejor humanismo se trata.

Mayo amanece hoy en Madrid resueltamente decidido a brindarse a sí mismo los honores de ser el centro esencial de una primavera. Un cielo sin nubes; un amanecer cargado de promesas; luz a raudales; y las flores y los pajarillos llenando la tierra y el aire de bellezas, de ilusiones, de colores para todos los gustos y de arpegios que arrullan al amor desde los corazones enamorados de las avecillas del campo. Ni Salomón, en todo su fasto, acertó a vestirse con el primor de la más humilde flor de un campo de margaritas o de violetas.
Por ello, tal vez, ni el silbo galante de un mirlo, ni el nocturno romántico del ruiseñor en vela de su amor han dejado nunca de ser retos vivos para la inspiración de los artistas.
Y todo eso es mayo….

Mayo llega hoy a mi ventana como en los mejores tiempos; sin pizca de marañas en el cielo; anunciando bellezas de luz y color; retando, audaz, a enamorarse de la Verdad, de la Belleza, del Amor y –sobre todo lo demás- de la Vida, que de Dios viene y con Dios está, por mucho que los innumerables francotiradores de la Muerte se empeñen en tirotearla sin piedad por todos los caminos del hombre…
Mayo es “divino” entre los meses del año, tal vez porque nunca deja de ser “humano”. Parece un juego malabar la frase, pero –si se la mira bien- puede que tenga “miga” para esas almas de hombre y de mujer -de un humanismo integral las dos conjuntamente-, siempre que se afanan por “ver donde hay” y no se obstinan en “ver donde no hay”, como me sugiere la óptima idea de Quinto Septimio Severo acerca de las dos cegueras, viejas las dos como los vicios del hombre, pero tan actuales como la post-verdad asentada en todos los proscenios de esta “modernidad” líquida, o ya tal vez gaseosa.

Pero no nos pasemos en romanticismos. Mayo hermoso y primaveral no quita un ápice de realismo y verdad a los buenos y malos augurios de nuestro tiempo.
Por eso, a estas reflexiones mías de hoy, de mayo, no les puedo negar su punto de sal y pimienta; y si se ven y nos sorprenden cosas y más cosas por su negritud, hasta en mayo, hay otras que invitan seriamente a vivir y a ser optimistas, como ese voluntario de hacer el bien que, cual ruiseñor en la noche, canta sus amores del alma; o ese periodista que no se vende a la ideología de quien le paga; o esa joven que –acorralada por una “manada” o •piara”- no tiene más remedio que “resignarse” a lo peor –el miedo, no se olvide, acobarda y acochina-, con riesgo de que unos ojos poco avispados la tomen por lo que no es: porque “intimidan” los palos y las pistolas, pero también lo hacen los relativos recursos humanos que se llevan dentro y, a veces, no dan para más ante los “matones” cuando acosan en pandilla.

Hoy, desde el amanecer, me estoy asomando a la luz de mayo. Y aunque haya mucho de bonito y optimista, esa misma luz radiante hace que “lo negro” que sigue pisando la tierra aún se vea con mayor nitidez y hondura. Y hoy mismo, a pesar de la promesa de luz de su amanecer, hay noticias tan infaustas como las que saltaron en el “marzo airoso” o en el “abril lluvioso”
Y no es –creo yo- patología bipolar este paso continuo del blanco al negro o del morado al azul y viceversa… Es muestra simplemente del “claroscuro” perenne de que está hecha la humanidad desde que Dios –por fortuna para el hombre- decidió hacernos libres, y se juró a sí mismo mantenerse fiel a su designio, a pesar de todo y pasase lo que fuere de bueno y de malo.
Y es este sino maravilloso, hecho de luces y sombras, el que me ha movido esta mañana del 1 de mayo, antes de volar hacia otras reflexiones, a dirigir a Dios la oración, con que aquella mujer libre que fue siempre Concha Sierra –miembro que fuera de la Comisión General de Codificación y abogada tan experta como recia y firme en sus defensas- se dirigía a Dios cada mañana al poner los pies en el suelo para rogarle: “Señor, no te canses hoy de haberme hecho libre”. Me dijo más de una vez que lo hacía por mayo que es cuando le cuadra mejor a la libertad; pero seguía haciéndolo en los días cortos de diciembre y en los fogosos de agosto.

Y para cerrar este encanto del uno de mayo que es hoy, nada más oportuno que los versos de un poema de los Laudes de un sábado cualquiera del año, aunque no sea mayo florido y hacendoso:
“Alfarero del hombre, mano trabajadora/ que de los hondos limos iniciales/ convocas los pájaros a la primera aurora,/ al pasto a los primeros animales.
De mañana te busco, hecho de luz concreta,/ de espacio puro y tierra amanecida;/de mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta de los sonoros ríos de la vida
EL árbol toma cuerpo y el agua melodía/ Tus manos son recientes en la rosa/ Se espesa la abundancia del mundo a mediodía/ y estás de corazón en cada cosa
No hay brisa si Tú no alientas, ni monte si no estás dentro;/ ni soledad en la que no te hagas fuerte/ Todo es presencia y gracia. Vivir es este encuentro/ Tú por la luz; el hombre por la muerte
¡Que se acabe el pecado! Mira que es desdecirte dejar tanta hermosura en tanta guerra…/ Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte/ de haberle dado un día las llaves de la tierra!”.
Para un amanecer de un uno de mayo como el de hoy, es difícil hallar algo mejor para encararse al vino con el claroscuro de la libertad del hombre y con sus dramas.

Lo dicho: “Marzo airoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso”. Eso reza el dicho popular y eso puede entonar cualquiera que tenga ojos y tino para leer entre líneas las paradojas de nuestra condición.

La fiesta universal del Trabajo. La Cruz de mayo. El mes de las flores y de los gorjeos enamorados... Y sin embargo ayer mismo una bomba en Kabul mataba niños y periodistas…. Una mujer maltratada –en casi todas partes- era acosada o aniquilada en algunos ambientes…. Un niño es aún más hermoso que mayo y, a pesar de eso, se les maltrata y utiliza…. Y algunos rampantes populismos que cantan de mañana a los “dioses” de la verdad, de la justicia o de la libertad, no tienen inconveniente, por la tarde, en aplaudir. o tal vez hacer mutis que es parecido, ante los “matones” de Alsasua, y lo hacen sin inmutarse como si no se viera de sobra que “los votos” les interesan más que “las verdades”…

Lo de siempre. Mayo florido y hermoso, pero, con más frecuencia de la deseada, abierto así mismo a las heladas y a negritudes también. Por eso creo que, hasta en “mayo florido”, es tontería dejar de pensar y reflexionar. Porque, si eso se deja, mayo puede ser enero…

A media mañana, el día se va nublando y el cielo se va cubriendo de luces y sombras. ¿Para no quitar del todo mal a los meteorólogos? ¿Para dejar ver que donde haya luces ha de haber sombras? Bien. Pero , a pesar de todo, amigos, “mayo florido y hermoso”.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


El niño y el Papa... La fe del ateo... Travesuras y bromas de Dios -24-IV-2019-

24.04.18 | 21:33. Archivado en Acerca del autor

El niño y el Papa… La fe del ateo… Travesuras y bromas de Dios.

¿Quién puede escrutar el corazón del hombre con mayor acierto y verdad que el Dios que está en el hombre? Esta idea –primaria en una antropología que vea en el hombre algo más que “nada”- es bíblica; salta cada dos por tres en los salmos y en los profetas… Y es que “el misterio del hombre hasta para sí mismo” es es “de libro” y el “ansia de Absoluto” que –se quiera o no reconocer- todos llevamos dentro- juega “malas pasadas” a muchos que alardean de ser “ateos” o simplemente se recrean en llamarse ateos. Hay ateos, claro que sí, pero –en mi opinión- bastantes menos de los que van por la vida mostrando credenciales de ateismo…

Hace dos días o tres, las ondas dieron la noticia. Un niño –en una recepción concedida a los “pequeños”- se dirige al Papa y, llorando, le confía una inquietud que le llena el alma.
El niño es italiano y se llama Enmanuele y el Papa se llama Francisco. Y entre ambos se teje una conversación entrañable y cercana.
El niño le dice su pequeño/gran problema. Entre lágrimas, le hace un relato breve y una pregunta que, en estos tiempos, sonaría a tonta o ridícula de no haber salido de los labios de un niño. “Mi padre era un ateo, aunque mandó que nosotros, sus 4 hijos, fuéramos bautizados… Mi padre ha muerto”. El relato del niño se corta y la pregunta salta. “Mi papá ¿está en el infierno?
El Papa le sonríe y le dice: Mira, niño, Dios es bueno; seguramente, el buen Dios estará orgulloso de tu papá, porque es más fácil bautizar a un hijo cuando se tiene fe que hacerlo cuando se carece de fe. Y tu padre hizo que fueran bautizados sus cuatro hijos siendo ateo. Así fue en esencia la respuesta del Papa al niño.

No se dijo, o no tomé nota, de la reacción del niño ante la respuesta del papa Francisco. Presumo que las lágrimas que llenaban sus ojos cuando le hizo la pregunta se volverían sonrisa de toda su ser al escuchar esa contestación.
Y no hizo el Papa –creo yo-, al responderle así, la simple obra de amor de consolar al triste; hizo más que eso: una obra de justicia. Y, si no de justicia pura, de equidad al menos. ¿Quién puede ver el fondo mismo del hombre con mayor verdad que Dios que está en el hombre, y que conoce, por eso, mejor que uno mismo, la razones de corazón y del alma, y que no siempre son lo que muestran las palabras o denotan los gestos, tantas veces hechos “para la galería”, o por intereses, o por los mil y un azares que pueden hacer de las apariencias de un ser humano una “falsilla” de lo que es en verdad?..
La moraleja es clara. No nos adelantemos a los juicios de Dios y recordemos la finura de esa idea –tan manoseda pero tan cierta- de que “Dios escribe recto hasta con línea torcidas”. El Papa no le daba un caramelo al niño para que dejase de llorar; le respondió a las razones del teve relato del pequeño: es más fá cil, y menos meritoria por tanto, la decisión de bautizar al hijo de un padre creyente que la de otro que no tiene fe y se profesa ateo. Y en recta justicia los matices, el más y el menios, cuentan…

Pero este asombroso diálogo del niño y el Papa, con esa recámara de la “fe del ateo” en el fondo, me llevó al recuerdo de uno de mis buenos amigos de vida. La bala de uno asesino de Eta se la llevó, una mañana de comienzos de febrero y a plena luz del día en una calle céntrica de la ciudad, cuando dejaba su despacho de abogado para irse a comer con su mujer y sus hijos en su casa, en el Monte Igueldo de San Sebastián. Pero esto fue aquel día fatal…
Aquel otro día… Era por los años 60 del siglo pasado. Era la mredia tarde y en el Salón de actos de la Caja de Ahioroos Municipal de San Sebastián, en la calle Guetaria, de la capital guuipuzcoana, se celebraba uno de aquellos debates de moda en aquella época: divorcio sí o divorcio no. No había divorcio en España, pero se veía venir, lenta pero inexorablemente. Y se hablaba de ello y se razonaba sobre ello. Yo era moderador de aquel debate.
En un momento dado, del medio de los bancos de oyentes, Fernando se levanta y, con su estirpe judía en las manos, saca a relucir el “repudio” de la mujer acordado por Dios con su priopìo pueblo elegido… Y en la líneas de su discurso, Fernando dijo que maldecía el día en que sus padres le hicieron bautizar…
Fernando -le dije pausado cuando esperaba en pié mi respuesta-, me asombra que me digas que maldices el día en que tus padres te llevaron a bautizar, tu te casaste por la Iglesia; llevaste a bautizar a tus tres hijos; recibieron con tu “placet” la primera comunión y los tienes estuidiamndo en el colegio de los Marianistas…. Iba diciendo que sí a todo, y –llegados a este punto- se sentó de golpe y se tapó la cara con las manos mientras la gente se reía, alguns apolaudía y los más se limitaban a sonreír…. A la mañana siguiente, Fernando fue a verme al despacho de la calle de Fuenterrabía para decirme¨”Sólo a mí se me ocurre envizcarte cuando me conoces tan bien como la madre que me parió….”. Efectivamente, más de una vez le había dicho, cuando alardeaba de agóstoco o más, esta frase: Fernando, convéncete de que eres tan católico o más que yo.
Más tarde, cuando aún no había nacido el primero de sus nietos, me llamó para pedirme que me prestara a bautizarlo… Cuando yo, ante su mujer, le quise bromear con su “cacareado” agnosticismo, se me puso serio y me replicó pidiendo que no le tomara el pelo y que le dijera si me prestaba a ir desde Madrid a Donosti para bautizar a su futuro nieto. Pero lo de aquel bautismo es otra cosa de la que algún dìa –si Dios quiere- hablaré…

Fernando Múgica Herzog –de estirpe judía, noble donde los haya, socialista y gran amigo-, cuando al llevarme a casa, tras el bautizo y la comida en Txomin, me dijo que “estaba en la nube”, me estaba dando su despedida; dos días más tarde la bala del asesino de Eta puso fin a su vida.
Las vivencias tan expresivas de ayer y esta otra vivencia no menos expresiva del niño y el Papa me parecen caras distintas de una misma verdad. Lo que quiere decir que “la fe del ateo” –aunque suene a paradoja- puede no ser un absurdo.

Hace bastantes años ya, leí la impresionante novela-relato de José Mª Gironella Los cipreses creen en Dios. No es cosa de reproducir su argumento; para muchos de nosotros fue en aquel momento, quizá el más patético dd nuestra historia moderna, en aquella fractura cívica, un revulsivo ante el horror que los hombres podemos desatar cuando nos miramos uinos a otros como enemigos y no como semejantes. Pero dejemos estar el argumento y sólo rememoremos el título al aire de estas reflexiones de hoy. Si los cipreses de los cementerios “creen en Dios” como reza el título, y si el ser humano es algo más que un ciprés, ¿no sed puede suponer en todo hombre la misma capacidad de los cipreses?

Y para cerrar un tema como este, vidrioso, paradójico, misterioso dentro dekl gran misterio del hombre, cuelgo en el aire de mi reflexión esta sola pregunta. ¿Alquien puede afirmar que un padre, que se proclama ateo pero quiere y pide que sus cuatro hijos sean bautizados, ha de ser verdaderamente ateo?

Siempre que saltan a la palestra temas así, yo me vuelvo al desconcertante Evangelio y a la proclama de Jesús cuando asegura –hablaba a fariseos y demás– que “los publicanos y las prostitutas os precederán en el reino de los cielos”. O lo otro del “no el que se mata a decir, Señor, Señor, entrará en el reino sino el que hace la voluntad de Dios….

No creo –lo digo con frecuencia- en los ateos de verdad. Creo en los “ateos de conveniencia” o de postureo o de resentimiento y docta ignorancia. Y mi expleriencia con “ateos” que se lo llaman a sí mismos, por lucir esta medalla de progresía, me da razones para pensar así. La última que tuve discurrió así. Yo soy ateo, me dijo. Pues allá tú, le respondí. Tú te lo pierdes. No me importam replicó. Estoy contento de ser ateo. Ya se sabe que “sarna con gusto no pica”, le dije medio en broma, medio en serio. Y nos pusimos a hablar de lo mal que va el Real Madrid, en la Liga, este año. Me reconforta un tanto lo que se dice de Buñuel cuando –al que le preguntaba por su religión- le contestó que él era “ateo por mla gracia de Dios”.

Pero, fuera bromas con estas cosas y volvamos a a lo del niño y el Papa: Mira, niño, Dios es bueno. Y el buen Dios no deja de apreciar lo de tu padre: es más fácil bautizar a un hijo cuando se tiene fe que hacerlo cuando se carece de fe…. Y Dios, además de bueno, es justo o quizá es justo porque es inmensamente bueno.
Consolémonos de todos modos con la célebre idea de Harold Bloom con la que asegura que, a los humanos, por razones de lógica elemental, nos falta vocabulario para encararnos con lo divino.
Por eso, me encanta la contestación del papa Francisco al niño… Seguro que el niño le entendió perfectamente.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


DE SABLES Y BASTONES DE MANDO A MODOS HUMANOS DE AUTORIDAD -22-iv-2018-

22.04.18 | 18:59. Archivado en Acerca del autor

“La piedra que desecharion los arquitectos es ahora la piedra angular”. Así lo canta el salmo 117, que -en el N. Testamento, por mano de los apóstoles- fue referido a Jesús, el “Dios hecho hombre” para evangelizar al Dios inaccesible hasta dejarlo en una extrema cercanía y proximidad. Como Él, no hay otro bajo el sol…
Los que somos de pueblo y hemos visto pastores, o lo hemos sido tal vez, de ovejas y cabras, de vacas y potros, hasta de gallinas o conejos, entendemos mejor que los de ciudad el sentido de este relato del evangelio de san Juan que la Iglesia pone este cuarto domingo de Pascua a la vista de los cristianos.
La figura del Buen Pastor entraña -en acentos agudos y modélicos- lo que debe ser un sacerdote, un cura o pastor de almas en la Iglesia de Cristo. Ahora mismo, con ese especial énfasis de viveza y actualidad que le viene poniendo el papa Francisco al insistir, como lo hace, en que los “pastores”, para ser dignos de este nombre, han de oler a “oveja”; más y mejor que a perfume, a ventanilla de oficina o a pluma de burócrata.
Los que somos de pueblo y hemos visto pastores, sabemos que hay pastores que van detrás del rebaño arreándolo, y otros que marchan al frente, dando la cara como adelantados o abanderados, marcando el paso, abriendo los caminos e invitando a transitarlos.
Todos hemos visto pastores que apalean a las ovejas para que se muevan o salgan de la modorra, y otros que las encelan con sólo ponerse a caminar ante ellas.
Hay pastores que se empeñan en ser “profesores” del rebaño y otros que sólo aspiran a ser “maestros”, si -como bien se sabe- la diferencia está en que el profesor ilustra, mientras el maestro –aunque sepa menos- “se mata” por hacer que se aprenda.
Hay buenos y malos pastores. En toda tierra los hay. En política; en religión; en las aulas; en los escenarios deportivos; y en cualquier empresa de cuidados y ayudas a los demás, donde – aunque se le llame “jefe”, “secretario de partido” o simplemente “responsable de grupo” tiene funciones de dirigir, orientar o animar, pero no de “caudillo” ni de “amo del cortijo”.
Este domingo, sin embargo, a esa letra común del “pastor”, le pone la Iglesia un acento agudo al dedicarla a los “pastores” de su grey, la de los creyentes en el “Dios hecho hombre” que vino para evangelizar al Dios insondable e infinito….. Alza un espejo a su paso, en el que va reflejado un modelo acabado: el del Buen Pastor; del que hoy dice la Iglesia en su liturgia, con evocaciones evangélicas y apostólicas, que es “piedra angular” y gozne de las puertas de entrada o salida en las “verdes praderas” de su “Buena Nueva”. Como Él, ni hay otro bajo el sol, ni otro que dé mas.
Por eso la fecha de hoy puede verse como el Día de los buenos pastores; pero también –por contraste- el de los malos. El de los “buenos”, porque en sus manos y labios como en su vida hay algo que recuerda a Dios; y el de los otros, porque en ellos hay algo también que debiera recordarlo.
Pero, de verdad, ¿hay también malos pastores en la Iglesia de Dios y de Cristo?
Asunta es una gran señora de la Mallorca profunda, que con su familia tiene las raíces en esa tierra del centro de la isla que –sin perder de vista el mar- huele a terruño y aires de la sierra de Tramontana, esa espina dorsal que parece partir en dos y sin embargo une y suelda la tierra con el mar. Asunta tiene un familiar muy próximo sacerdote, que –tras años y años de brega y pastoreo del bueno- se ve achicado ahora en una silla de ruedas con los miembros atenazados pero con la mente y el alma lúcidos, templados y serenos como un mar en calma o una tierra en sazón. El 20 de enero pasado les llamé para felicitar a Sebastián y se puso Asunta. Nos saludamos; hablamos unos momentos y ella, que –como se dice- “ve nacer la hierba- comentó sobre la marcha dos o tres cosas que, si ya entonces me hicieron pensar, hoy se reviven con el relato del “Buen Pastor”, porque vienen a cuento. Me dijo que Sebastián les decía la misa en la silla de ruedas y que esa misa le sabía bien, y mejor quizás, que otras misas de otros escenarios…. Y lo rubricó con un pensamiento que fue realmente el que me puso en vilo y hoy me lleva a sacarlo a colación. “Aún quedan –dijo rotunda- algunos “curas cafres” (sic). Va una a la iglesia en busca de Dios y lo que se encuentra es un “tío” vociferando como si para encontarse con Dios hicieran falta gritos y disparates”.
“Aún quedan algunos “curas cafres….”. ¿Lo creo? ¿No lo creo? Pensándolo bien, ¡no me lo puedo creer!. Sobre todo, si por “cafre” se entiende lo que dice el Diccionario en la 2ª de sus acepciones, “bárbaro” o “salvaje”, montaraz o asilvestrado, bruto zopenco…
Recuerdo ahora un pasaje de Rafael Sánchez Ferlosio, allá por los años cincuenta del s. XX, cuando obtuvo el Premio Nadal-1955 con su novela El Jarama -ya entonces, en esa obra, me impresionó su realismo social y su empeño por ver las cosas de “otra manera” en la España de entonces. Narra cómo “querían arrastrar a Miguel hacia el agua, pero no conseguían dominarlo y acabaron los cuatro en el río” y Paulina comenta: “Siempre tiene que ser a estilo cafre; si no es así, no les gusta”.
“Aún quedan algunos curas cafres…”. Vas a una iglesia para verte con Dios y alguna vez te sale al paso el “estilo cafre” que aleja de Dios. Que en realidad no es otra cosa que el “estilo” de los “pastores” que van detrás del rebaño “arreándolo”, con látigo y no con batuta que modula y aproxima…
Creo que Asunta tiene mucha razón. A pesar de todo -de lo llovido y tronado en los últimos tiempos, del Vaticano II y de los Papas que han luchado por darle vida real-, aún resiste y perdura algún ejemplar suelto….
De hecho, la insistencia del papa Francisco invitando a todos los pastores de la Iglesia a “oler a oveja”, ¿no se podría referir también a estos lejanos y extemporáneos residuos de la Cafrería?
“Es la piedra angular”…. No hay otro igual bajo el sol… La gente le seguía, y muchos, no porque les hubiera dado de comer o hiciera milagros, sino porque nadie hablaba como él y, además, lo hacía “con autoridad”.
Amigos. La diferencia que va de los “sables” y los “bastones del ordeno y mando” a unos “modos” racionales y justos de ejercer la “autoridad” es algo que –aún sin ser linces- entra por los ojos.
Don Julián Marías, en un capítulo de esa gran obra suya titulada “España inteligible” (Madrid, Alianza Editorial, 2014) –todo un reto para los miopes que aún dudan de que haya una España posible y que esa sea o deba ser la de su “razón histórica” y no una cuarteada, inventada o copiada a la letra de otros- marca plásticamente, por ejemplo, la diferencia entre “poder” y “autoridad”, cuando se refiere el “Tanto monta” de los reyes Isabel y Fernando. Fernando es el tipo del poder duro e hirsuto, y de hecho algunos críticos modernos lo tienen por el modelo de Maquiavelo al escribir “El principe”. Isabel, en cambio, es prototipo del poder ejercido con moderación, armonía y siempre con esa equidad que, cuando se la usa bien, sabe dar a la “justicia” humana el adorno y el buen tono, más humanos aún, del amor…
Los malos y los buenos pastores. Los que “arrean”, y los que “engatusan” e ilusioan para convencer. Los que gustan de aplastar gritando y no se contentan con menos que con “vencer” aunque a nadie se convenza, y los que, sin gritar demasiado, abonan sus creencias con la luz de la fe y lealtad a la Verdad de Dios. Los que, para ser algo, se han de hacer temer, y los que –para ser eso mismo- sólo precisan hacerse querer...
El cayado del pastor lo veo siempre, y más hoy, como batuta de director de orquesta que como látigo de domador; más como anuncio y señal de caminos en una encrucijada e indicador y modulador de ritmos suaves y asequibles, que como dictador o feriante….
Es, de todos modos, el oficio de “pastor” un reto vivo, en unos tiempos especialmente inciertos, en que el “olor a oveja” ha de significar algo más que olor a “corral” y a “cagarrutas”. No será tampoco el otro extremo del olor a funcionario, a burócrata o a profesor de filosofías o de ciencias físicas o químicas… Entre los dos polos extremos, hay algo que este Día del Buen Pastor los “pastores” deberían esforzarse por adivinar y ejercer. Ha de adivinarlo cada cual ante el espejo y la imagen de cada uno. Es lo menos para una día como este.
Hay otras ovejas. Hay lobos. El silbo y las maneras del pastor los conocen buen las ovejas. El “olor a oveja” es olor al Dios que no renunció –ni ante la sombra alargada y patética de la Cruz- a dar la vida por ellas: en su sitio, delante del rebaño; sin concesiones a las diversas “galerías” para no distraer los objetivos; hablando y escuchando; y sobre todo rezando cuando los caminos de Dios parecen borrados y sacados fuera del porvenir del hombre.
SANTIAGO PANIZO ORALLO


Trío de ideas con glosa y retranca -20-IV-20º8

20.04.18 | 18:36. Archivado en Acerca del autor

Por “glosa” entiendo tanto el apunte breve que, a bote pronto y al aire de la lectura, voy anotando al margen de lo que leo y que, sobre la marcha, me va inspirando; y también entiendo un explicación o comentario, generalmente breve y sin pretensiones, tratando sólo de esbozar juicios o consignar ocurrencias. En ambos sentidos lo tomo yo al dedicar hoy mis reflexiones al interesante juego de dialogar con las palabras o frases que me pueden salir al paso a cada paso que doy. Más que un juego, es un deporte de espíritus abiertos al juicio y a la sana crítica.
Hoy sigo este camino, con tres apuntes breves sobre tres ideas o frases oídas hoy –eso es glosa-, y la correspondiente retranca –eso es la pizca de sal y pimienta con que ciertos sucedidos o “cosas de ahora” se han de adobar para no caer en unas excesivas entonaciones que reclamarían más tiempo y espacio.

* El hombre o mujer que no tienenn “máster”
El tertuliano hablaba de Podemos y de las trifulcas interiores que se traen entre sí las varias corrientes de interés dentro del mismo; y de paso se guaseaba -un tanto o un mucho- de las artes de hablar y escribir de alguno de los directores de orquesta –o que quieren serlo- de esta formación tan novel como rudimentaria. A propósito de algo escrito este día por la sin par Carolina Bescansa, decía esto: “He intentado leer el documento de Carolina Bescansa y creo que no está en castellano”.
Mi glosa se quiere ceñir a la ironía del contertulio.
Cervantes (en El Quijote -2ª parte, c. III), en la graciosa conversación a tres bandas entre el Caballero andante, su escudero y el bachiller Sansón Carrasco, en la inminencia del gobierno de la “ínsula” al escudero prometida y por las dudas sobre las buenas actitudes de Sancho para gobernarla; cuando Sancho afirma haber visto gobernadores “por ahí, que, a mi ver, no llegan ni a la suela de mi zapato, y con todo eso les llaman señoría y se sirven con plata”, el bachiller le replica –con retranca- con esta sentencia aplicable a gobernadores y gobernanzas de toda índole, y particularmente de las cosas públicas o comunes: “Esos no son gobernadores de ínsula, sino de otros gobiernos más manuales; que los que gobiernan ínsulas, por lo menos, han de saber gramática”
Un perfil de lo mismo podría otearse ahora mismo en ese “tejemaneje” de los “másters”, que los de la “crême” política, posiblemente a falta de otros menesteres o inquietudes de mayor fuste social y público, se traen entre manos –hoy por ti, mañana por mí, ya lo verán- para hacer ver al “pueblo” que hacen algo de provecho. .
Por lo visto, lo de “la gramática” cervantina se ha quedado viejo y pobre; hoy, el bachiller hubiera resaltado la necesidad de “tener” un “máster” como aparejo mayor del arte de gobernar. Eso de la “gramática” puede sonar a minucia comparada con un “master”
¿Tendrá doña Carolina un “máster”? ¿Será necesario tener un “máster” para hacer ver que se sabe “gramática” y así cumplir con la exigencia del bachiller? Y puestos a pensar en “gramáticas” ¿será la de la Lengua o esa otra que llaman “parda” los malintencionados? la que precisan los llamados a gobernar “ínsulas” y así dotarse del “pedigrí” necesario para suponerles -sólo suponerles- credenciales de buen gobierno?
Es muy cierto que el buen Sancho no sería hombre de mucha “gramática” -de la de la lengua, se entiende, porque de la “parda” era buen feligrés-, pero –en lo demás- andaba bien sobrado de buen juicio, buen tino y unas dosis elevadas de sentido común; como podrá ver quien lea y medite ese delicioso capítulo XKV de la 2ª parte del Quijote, tomado por muchos como abecedario del buen hacer en materias de justicia.
Me pregunto si muchos de los que, sin saber “gramática”, se meten a gobernar “ínsulas”, le llegarían al rudo, pero realista y de buen sentido, Sancho a la suela de sus zapatos.-

Quede suelta en el aire la pregunta de mi glosa, por si alguien quisiera darle cuerda y poner más todavía en esta hora de los “masters”.

** “A enemigo que huye puente de plata”
Esta máxima militar, con que, según la Historia, el Gran Capitán invitaba a sus soldados a poner la mayor distancia posible con el enemigo, y en Cervantes, en El Quijote, o en La estrella de Sevilla, de Lope de Vega, con menos arte militar pero con el mismo aliento de dar facilidades al enemigo para que se vaya lo más lejos posible, se puede ver en cierto modo comprometida con la versión actual de otro contertulio.

Hace un momento le oía decir muy seguro que “a los amigos hay que tenerlos cerca; pero a los enemigos también”; para saber por dónde andan, observar sus movimientos y adelantarse a sus conjuras y asechanzas.
No sabría decir ahora si Maquievelo llegó a tanto en sus malicias, al arbitrar sus consejos al “príncipe” para precaverle de los enemigos. Posiblemente no se le escaparía la ventaja de tenerlos a la vista, y no para darles la mano de amigo, sino para ver por dónde vienen o por dónde van
Me digo yo.
Puede que los tiempos hayan cambiado hasta cambiarse las reglas del juego. Que “lo del enemigo lo más lejos posible” valiera antes, cuando los enemigos andaban a cara vista y más o menos- se mostraban, de lleno, en su ser de tales y en sus hechuras de odio, de rencillas, enojos, ojerizas y demás artificios de acoso y derribo al “otro”. Pero que ahora –con los odios más despelotados que nunca, pero muchas veces con atuendo de mantillas de farsa y careta-, la cosa cambia y las estrategias se han de amoldar a los nuevos usos.

Para cerrar esta otra glosa, me sirvo de otra pregunta que también djo al aire de otros posibles glosadores.
La cultura del Evangelio de Jesús, que es cultura de encuentro con el “otro” y que encierra máximas como el “poner la otra mejilla”, “amar a los enemigos” o “vencer al mal con el bien” ¿tiene –ahora mismo- algo que ver con/o algo que decir a esta otra cultura del odio, del descarte, del desencuentro, del mirarse el ombligo propio sin más o de tirar puentes y alzar barricadas entre el “yo” y el “tu”?

***
“Conócete a ti mismo”. Iba en el frontis del Templo de Delfos.
Cuando se parte del supuesto de que la vida humana es imperfecta por sí misma y que todo hombre -por bueno, santo, ilustre o super-hombre incluso que se quiera llamar a sí mismo- ha de tener siempre algo de qué arrepentirse, de qué avergonzarse, o simplemente razones para sentirse menguado en su virtud o en sus cualidades, lo justo y racional sería no presentar enmiendas a la totalidad cuando se trata de apuntar o censurar imperfecciones en “otros”.
Esta es la idea básica de la otra frase de un tercer tertuliano que, esta mañana, me incita a glosarla con brevedad también.

Yo no he querido ver nunca las bases y raíces últimas de la “tolerancia” –en política, en religión, en cultura, en usos y costumbres, en todo- en las “Cartas de la tolerancia” de un Locke o un Voltaire; ni en los cánticos de un “racionaismo” unificados en todo y para todos; O en que, siendo todos del mismo barro, las emulaciones serían secumndarias. Las veo más bien a ras de tierra y con mayor pragmatismo; las pongo en esa otra idea de que, como todos tenemos el tejado de vidrio, ponerse a tirar piedras al de los demás puede ser “boomerang” que rompa nuestro techo de cristal mañana o pasado mañana.

Ser conscientes de esta verdad, tan humana como palpable a cada paso que se da por la vida, invita, así mismo por cautela elemental, a lo que recomendaba el contertulio esta mañana: no andar a todas horas por la vida –y cuando digo vida, entiendo vida en política, en religión, matrimonio, familia, enseñanza, etc.-, presentando enmiendas a la totalidad ante cualquier imperfección –hasta la mínima- que se observe en los otros.

Y como los del “buenismo” suelen predicarlo sólo de sí mismos o en función de sí mismos, limito esta última glosa a reproducir una frase del gran Chesterton, en esa obra tan suya, por tan abierta a la búsqueda de la verdad, dondequiera que se halle, que se titula Ortodoxia.
Esa frase con la que, en referencia a una de las tradicionales claves de la presencia del mal en el mundo -el pecado original o radical del hombre- dice con tanta cordura como realismo esto. “Ya en nuestros días, algunos directores religiosos de Londres, y no sólo los materialistas, han empezado, no diré a negar la discutible eficacia del agua bendita, sino a negar el indiscutible estado de impureza del hombre. Así no faltan hoy teólogos que nieguen la existencia del pecado original, que es el único punto de la teología cristiana realmente susceptible de prueba. Algunos discípuilos del reverendo R. J. Campbell, en su espiritualidad demasiado meticulosa, admiten la perfección divina, que ni en sueños les es dable admirar; pero en cambio niegan terminantemente el pecado humano, que pudieran comprobar con sólo asomarse al balcón” (vid. Ortodoxia, cap. II, El Maníaco).

Y ya, como no me parece que hagan falta más comentarios a tan radiante exposición de una verdad que, siendo del ámbito religioso, entra por los ojos, como es la imperfección de todo hombre, cierro aquí estas glosas con un envite.

Cada cual puede tener derecho, y tal vez razones, para ser o aparentar lo que quiera; pero siempre con una reserva en ciernes: la de la honradez para tratar a los demás como se quisiera que trataran a uno.
Es una de las patas del trípode de las eternas esencias de la Justicia –como anota el Digesto Romano nada más abrirse-; es la de “neminem laedere”-“no hacer daño a nadie”: el daño, claro, que lesionara el equilibrio de la misma Justicia, el “suum cuique tribuiere”-“dar a cada uno lo suyo”. Y “lo suyo” no ha de ser “nada que deshonre” a uno mismo o a los demás: el “honeste vivere”- el “vivir con honra” o tercera pata de las esencias de “lo justo y de lo recto”.
Por eso el envite es: la conveniencia de mirarse al espejo antes de apuntar a nadie. Es clave de sabiduría.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Amigos, conocidos y otras verdades -17-IV-2018-

18.04.18 | 12:42. Archivado en Acerca del autor

Amigos, conocidos y otras verdades

Yo -de los amigos- tengo un concepto exigente. Y no es, creo, deformación conceptual. Del amigo, del que tengo por amigo, me fío. Y, si me fío, le creo, le aguanto como él de ha de aguantar a mí, le digo la verdad de lo que pienso, alabo sus virtudes pero no me recato de echarle en cara también sus defectos o vicios y salidas de tono; a los amigos les doy lo que puedo hasta perder horas de sueño por ellos…. Pero, a mi vez, les exijo que ellos me den también algo, sobre todo que no me den “coba” y que me ayuden a mirar, a ver, a escuchar, a saber criticarme de la mano de sus críticas a “mis cosas”. Que me digan lo que piensan sobre lo que yo haga, piense o cavile…
En una palabra, les requiero a que sean amigos y a que, con el tesoro de su amistad me den ese otro tesoro de su “verdad” sin falsías ni camelos melífluos
El dicho de la Biblia –Eclesiastico, VI, 14- de que “quien encuentra un amigo, halla un tesoro”, si se le despoja de su posible barniz romántico, encierra gran carga de realismo y puede abanderar una de las buenas claves del vivir. La amistad es una necesidad del alma menesterosa de los hombres, y lleva consigio –entre sus flecos amables o risueños- el valor inconmensurable del “compartir” –las ideas también- para crecer juntos e ir así, de la mano, más lejos y más seguros los dos….

Esa tan sugerente frase de Las Confesiones, con la que san Agustín añora al amigo perdido llamándole nada menos que “dimidium animae meae” -la “mitad de mi alma”, si realza por un lado la entrañable calidad humana de la amistad, lleva a pensar que los amigos de verdad no pueden ser muchos, porque ni el alma ni el corazón dan para tanto…. Por eso, alguno ha dicho que los amigos son pocos y los conocidos, muchos. Va diferencia, claro, de “amigo” a “conocido”. El amigo está; el “ comnpocido” viene y va, plñasa y sigue…
De los amigos hablo y en los amigos pensaba esta mañana al enhebrar estas reflexiones, al leer el comentario de un amigo –de Emilio, un cura gallego tan bravo al saltar en paracaídas como cordial y servicial al contarte un chiste o una anécdota vibrante de su vida- a uno de mis ensayos.

A mis reflexiones del domingo pasado les puse como rótulo “Atrévete a creer”. Al trasluz del evangelio del día, contemplaba la fe como un reto humano de la máxima entidad y calidad: una fuente de merecimientos, porque quien sólo cree lo que ve muestra unos horizontes tan cortos y pequeños como sus ojos, sus narices o su epidermis, y quedarse en eso no supone gran cosa; y una consigna de amor: el que cree pone su corazón al mismo paso de su mente. Es, ni más ni menos, lo que el atormentado Unamuno señala en su idea de El diario íntimo, cuando confesaba que, al rezar, reconocìa con el corazón al Dios que discutía con su mente. La fe es amor.

Ayer, lunes, recibía de Emilio este mensaje de respuesta a mis ideas sobre la gracia y el mérito de la fe; especialmente de esa fe que más merece la pena porque va en ello una trascendencia en la que –hasta sin saberlo- creemos, aunque a la hora de las verdades a ras de tierra, lo trascendente pueda parecernos ilusorio, innecesario o prescindible.
Me dice Emilio; “Te agradezco mucho tus
reflexiones, no sólo por lo que aprendo, sino también por lo que me
obligan a recordar y actualizar. Pienso que tenemos que atrevernos a creer, porque no tenemos más remedio. En mi modestísima opinión, (ya quisiera yo que no fuera tan modestísima), el hombre está hecho para la fe. En la vida ordinaria es imposible vivir sin la fe humana, por la imposibilidad de comprobarlo todo, así que tenemos que fiarnos de lo que nos dicen. Y en la vida sobrenatural, porque sin fe, no podríamos conocer nada o casi nada. Claro que los hombres solemos ser demasiado pretenciosos y presumimos màs de la razón, como si razón y fe no tuvieran el mismo Autor. En una entrevista al Dr. Ochoa, le preguntaron por qué moría el hombre y el Nobel respondió: "Mire usted; el hombre muere, porque está hecho para morir". Nosotros estamos hechos para la fe, humana y divina, afortunadamente”.

Gratitud es hoy mi respuesta a las glosas del amigo. ¿Qué aprendo yo de él en estas frases suyas? Una cosa sobre todo: Tenemos que atrevernos a creer porque no tenemos más remedio que creer. Condenados a creer, como condenados a ser libres o a equivocarnos. El hombre limitado no puede vivir sin fe; la humana desde luego; pero también esa otra fe, sobrenatural, que es la que se palpa en ese evangelio del domingo, y que es la que no pone puertas al campo de las ansias del hombre de ser más y más, hasta el infinito, hasta el verdadero “superhombre”; que no es –por suerte- el del Nietzche nihilista, ni otros y otros que no pasan de ser “espantapájaros” inanes e imposibles de tejas abajo, nada convincentes por tanto y que no han conseguido, a pesar de sueños y esfuerzos, hacer del hombre un “dios” como en el fondo pretendían.

Gracias por ello, amigo, y que cunda tu amigable tarea de caridad cristiana, la de subir “al otro” a los hombros de uno –hasta los más pequeños entre los hombres tienen hombros y horizontes- para ayudarle a ver más lejos, e ir después más confiado.

El “Atrévete a creer” lo tomo yo como hermano gemelo del “Atrévete a saber” o “Atrévete a pensar”. ¿No es acaso la fe uno de los caminos hacia la sabiduría?
Un día de estos mis reflexiones irán posiblemente hacia esos campos del “saber de los que no saben,, pero quieren saber”: el que quiere saber, como el que quiere creer ya está sabiendo y ya está creyendo.

Gracias, amigo, de nuevo. Y hasta mañana mismo. Con otras reflexiones y con otros intercambios. Eso es amistad.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


"Txacurras", "fachas" y otras hierbas del tiempo -16-IV-2018-

18.04.18 | 12:37. Archivado en Acerca del autor

“Questra caridad no sea una farsa”.
Pedía ya san Pablo a los cristianos de Roma (12. 9)

“Txacurras” y “fachas”, y el odio al fondo del escenario.
Una imponente mascarada servida por minorías tan ajadas como ineptas, a la carta y el gusto de una sociedad tan pasota como cobarde y necia.
Un gran alarde con rimbombancia de las apariencias y de las farsas.
Y detrás de todo el “atrezzo” farsante, las mentiras de unas –por así llamarlas- élites o “crême” de lo “progre” fosforescente;, y, al socaire, un “pueblo-masa”, ciego, ignorante y necio, como se lo figuraba ya el propio Lope al transigir en el debate sobre guerra y paz del “nuevo arte de hacer comedias”: “Escribo –dice- por el arte que inventaron los que el vulgar aplauso pretendieron, porque, como las paga el vulgo, es justo hablarle en necio para darle gusto”.
Pues esas tenemos y en esas estamos.

Tanto repugnaban a don Pío Baroja las mentiras y las farsas –una “farsa” ¿qué es sino una mentira cuidadosamente arropada para que no se note?-, que su amigo Ortega y Gasset –tan celoso como el escritor vasco de la sinceridad y de la verdad- le dedica su “Ensayo de crítica” Ideas de Pío Barioja: en el que siempre resalto el apartado IX del mismo, dedicado al “fondo insobornable” del hombre.
Ya entonces veía Ortega, a través de Baroja y sus sentires, el mundo de las ideas y de los valores como atrofiado por “no pocas hipocresías, falacias, deslealtades, torpes utopismos y patéticos engaños”. Anota el pensador el gran sentimiento de insuficiencia de las iedas y de los valores “en la cultura contemporáne” y lo califica como resorte que movía el alma entera de su amigo. Y acota esta frase para definirlo en esa parcela de su fondo: “Para quien lo más despreciable del mundo es la farsa, tiene que ser lo mejor del mundo la sinceridad. Baroja resumiría este destino vital del hombre en este imperativo: ¡Sed sinceros”. El odio puede valer absolutamente, ser absolutamente real si es sinceramente sentido. Ser y ser sincero valgan como sinónimos”.
Por esto, cabría decir con lógica que, cuando el odio o los odios pretenden vestirse con piel de cordero, la fiera que va dentro nunca se difumina; es tan real aunque trate de disimularlo; es “fiera” por mucho que se cuelgen de palabras o gestos líricos y enternecedores, pero farsantes en realidad.

En Navarra y Cataluña suenan marchas de farsa y mentira. En esos aires, pudiera visumbrarse lo que don PÍO broja sentía al venirse a tierra estrepitosamente muchos de los utopismos ilustrados que, ilusionados con haber volteado la cultura anterior, se quedaron realmente en entronizar ideas y valores “insuficientes” para almas enteras como la del novelista vasco, áspero a veces y retorcido pero nunca doblado en su respeto al “fondo insobornable” que todo ser humano lleva dentro, con imperativo de no hipotecarlo por nada.
¿Es posible que tal cosa suceda en tierras mcurtidas por sobas seculares de “seny”, principios y buen sentido? No es que sea posible, es que tal sonata de farsa va cantándose, estos mismos dóas, por los pagos y trochas ilustres de Navarra y Cataluña.
Tan nobles tierras, como digo, echadas en las manos de impresentables politicos de asilvestrados intereses.
Las nobles instituciones declinando sus razones de ser y arrastrando la dignidad humana y la decencia por las calles…

+++

“Txacurra” es “perro”, y “facha” tiene sentido, según el Diccionario, a parte del buen o mal aspecto con que una persona se presenta, de “dandy” o de “adefesio”, , de buena o mala facha, ese otro peyorativo de “faccioso”, “fascista” o gente del dedo apuntando y del poder aplastando con bota de hierro todo lo divino y lo humano que encuentra a su paso y se le resiste lo mnás mínimo. Todos conocen –hasta no siendo muy perspivcaces- lo que era “txacurra” en labios terroristas y lo que es “facha” en el argot de la sub-cultura “progre”: el “Heil Hitler” de los espendedores de créditos de democracia y de libertad: a ti si, a ti no; tú eres de los “nuestros” tú eres “txacurra”.
Lo de Baroja en labios de Ortega: hipocresías, falacias, deslealtades, torpes utopismos y patéticos engaños.

Hoy –esta mañana- plagan el aire dos noticias que, por parecer increíbles si nos fiamos de los teletipos, no se escapan de ser asombrosas verdades.
Según la una, el ayuntamiento de Barcelona decide quitar al almirante Cervera la calle que hasta el momento tenía dedicada en la ciudad.
Según la otra, el gobierno y el parlamento foral de Navarra apoyan, animan y amparan a la manada de “valientes” que animalescamente apaleó con saña, furia y aviesas intenciones (según se dice, 25 o más la componían) a dos guardias civiles y a sus novias cuando festejaban tomando unas copas en un bar de Alsasua. A todo eso, los “circunstantes”, el “pueblo”, “caladiños” com,o suele ocurrir salvo excepciones muy honrosas, cuando “el salvaje” enseña los dientes y el llamado “hombre medio” se siente tan pequeño que parece minusválido. Y el “feminismo”boquilargo y tan voraz de otras ocasiones, sin abrir, ni entionces ni ehora, la boca… ¿No es chocante, co mo quiera que se mire, la doble vara de medir?

Ahora resulta que el almirante Cervera –en la óptica miope y en la euforia republicana la Sra. Colau y su domesticado ayuntamiento- ha pasado de ser todo un almirante culto, valeroso y liberal, elogiado en su día hasta por Fidel Castro, a ser un “facha” o alevín de “facha” porque en el s. XIX no se estilaba ese léxico. Y todo para poner en su lugar a un tal Pepe Rubianes que, en sus ansias de colgar su nombre en la esquina de una calle, se verá crecido en su raquitismo al ver sustituir su pobretona figura por la figura egregia del almirante nacido en Vilagarcía de Arousa. “Cosas veredes” que os llenarán de pasmo. Pero es real y, además, es lo que hay…
Y lo otro?…. Lo del gobierno y el parlamento navarros saliendo corporativamente en amparo de la cuadrilla de los “valientes” de Alsasua? ¿Y la befa “chavacanesca” de la farsa, la menrita, la cobardía y un etcétera de virtudes cívicas navarras puestas a los piés de los caballos” nada menos que por la más representativas instituciones del antiguo “reino dre Navarra” y hoy comunidad foral privilegiada y por demás creída? ¿Es que no tuvieron fueros y hubieron reinos, antes incluso que Navarra, otras regiones de España? ¿Es que se creen con más derechos que los demás? ¿Es que no les bastan los antidemocráticos privilegios para que, además, vuelvan al horrendo lenguaje del “txacurra”, confiando plenamente en que el pueblo duerme porque de hecho se calla ante su barbarie?. Todo un descaro y bastante más que una torpeza institucional.

“Txacurra” y “facha”: dos caras de una misma realidad. La farsa en dos ediciones y represdentaciones simultáneas. Si lo del almirante Cervera parece zafio, lo de Navarra parece estupefaciente, por no decir estúpido, porque asombra…. Y da la casualidad que, en ambos casos, trata de dictar lecciones de democracia el trapicheo nacionalista de los intereses asilvestrados… Nada menos.

El nacionalismo, amigos, no el normal de los que aman a su tierra por ser la suya, que hasta ese punto es legítimo… El nacionalismo excluyente es anti-todo: anti-humano; anti-cristiano; anti-social; anti-democrático…. A parte de ir contra los signos de los tiempos globales en que estamos y de jalearse contra la igualdad de todos los hombres y mujeres, arrasa también el precepto central del amor cristiano.
Tomen, por eso, nota los clérigos y obispos que aplauden y corean la farsa de estas alharacas republicanas o forales, como si fuera cosa de pervivencia de derechos humanos cuando más bien se los alancea. Los nacionalismos altivos y separadores no son “católicos”, hasta por razones de nomenclatura.

El gran Chesteron, hombre de razón, de verdad y hasta de ironías flamantes, escribió una vez que “cuando no se cree en Dios, se termina por creer en cualquier otra cosa”.
Cuando se elude a Dios o se le niega y se contravienen las ansias de Absoluto que van con el hombre por el mero hecho de serlo, pasa que se divinizan otras cosas sin hacer ascos por ello o tal vez sin enterarse de ello; a veces, la estupidez es la entronizada; otras veces, las ideas o los intereses, que se elevan a categoría de dogmas.
Creo yo que, a estas alturas de los “guiones”, sólo con abrir los ojos un poco bastaría para observar que no andaba lejos de la verdad el gran escritor inglés en sus atisbos y cálculos de pensador conspicuo y realista.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


"Txacurras", "fachas" y otras hierbas del tiempo -16-IV-2018-

18.04.18 | 12:35. Archivado en Acerca del autor

“Questra caridad no sea una farsa”.
Pedía ya san Pablo a los cristianos de Roma (12. 9)

“Txacurras” y “fachas”, y el odio al fondo del escenario.
Una imponente mascarada servida por minorías tan ajadas como ineptas, a la carta y el gusto de una sociedad tan pasota como cobarde y necia.
Un gran alarde con rimbombancia de las apariencias y de las farsas.
Y detrás de todo el “atrezzo” farsante, las mentiras de unas –por así llamarlas- élites o “crême” de lo “progre” fosforescente;, y, al socaire, un “pueblo-masa”, ciego, ignorante y necio, como se lo figuraba ya el propio Lope al transigir en el debate sobre guerra y paz del “nuevo arte de hacer comedias”: “Escribo –dice- por el arte que inventaron los que el vulgar aplauso pretendieron, porque, como las paga el vulgo, es justo hablarle en necio para darle gusto”.
Pues esas tenemos y en esas estamos.

Tanto repugnaban a don Pío Baroja las mentiras y las farsas –una “farsa” ¿qué es sino una mentira cuidadosamente arropada para que no se note?-, que su amigo Ortega y Gasset –tan celoso como el escritor vasco de la sinceridad y de la verdad- le dedica su “Ensayo de crítica” Ideas de Pío Barioja: en el que siempre resalto el apartado IX del mismo, dedicado al “fondo insobornable” del hombre.
Ya entonces veía Ortega, a través de Baroja y sus sentires, el mundo de las ideas y de los valores como atrofiado por “no pocas hipocresías, falacias, deslealtades, torpes utopismos y patéticos engaños”. Anota el pensador el gran sentimiento de insuficiencia de las iedas y de los valores “en la cultura contemporáne” y lo califica como resorte que movía el alma entera de su amigo. Y acota esta frase para definirlo en esa parcela de su fondo: “Para quien lo más despreciable del mundo es la farsa, tiene que ser lo mejor del mundo la sinceridad. Baroja resumiría este destino vital del hombre en este imperativo: ¡Sed sinceros”. El odio puede valer absolutamente, ser absolutamente real si es sinceramente sentido. Ser y ser sincero valgan como sinónimos”.
Por esto, cabría decir con lógica que, cuando el odio o los odios pretenden vestirse con piel de cordero, la fiera que va dentro nunca se difumina; es tan real aunque trate de disimularlo; es “fiera” por mucho que se cuelgen de palabras o gestos líricos y enternecedores, pero farsantes en realidad.

En Navarra y Cataluña suenan marchas de farsa y mentira. En esos aires, pudiera visumbrarse lo que don PÍO broja sentía al venirse a tierra estrepitosamente muchos de los utopismos ilustrados que, ilusionados con haber volteado la cultura anterior, se quedaron realmente en entronizar ideas y valores “insuficientes” para almas enteras como la del novelista vasco, áspero a veces y retorcido pero nunca doblado en su respeto al “fondo insobornable” que todo ser humano lleva dentro, con imperativo de no hipotecarlo por nada.
¿Es posible que tal cosa suceda en tierras mcurtidas por sobas seculares de “seny”, principios y buen sentido? No es que sea posible, es que tal sonata de farsa va cantándose, estos mismos dóas, por los pagos y trochas ilustres de Navarra y Cataluña.
Tan nobles tierras, como digo, echadas en las manos de impresentables politicos de asilvestrados intereses.
Las nobles instituciones declinando sus razones de ser y arrastrando la dignidad humana y la decencia por las calles…

+++

“Txacurra” es “perro”, y “facha” tiene sentido, según el Diccionario, a parte del buen o mal aspecto con que una persona se presenta, de “dandy” o de “adefesio”, , de buena o mala facha, ese otro peyorativo de “faccioso”, “fascista” o gente del dedo apuntando y del poder aplastando con bota de hierro todo lo divino y lo humano que encuentra a su paso y se le resiste lo mnás mínimo. Todos conocen –hasta no siendo muy perspivcaces- lo que era “txacurra” en labios terroristas y lo que es “facha” en el argot de la sub-cultura “progre”: el “Heil Hitler” de los espendedores de créditos de democracia y de libertad: a ti si, a ti no; tú eres de los “nuestros” tú eres “txacurra”.
Lo de Baroja en labios de Ortega: hipocresías, falacias, deslealtades, torpes utopismos y patéticos engaños.

Hoy –esta mañana- plagan el aire dos noticias que, por parecer increíbles si nos fiamos de los teletipos, no se escapan de ser asombrosas verdades.
Según la una, el ayuntamiento de Barcelona decide quitar al almirante Cervera la calle que hasta el momento tenía dedicada en la ciudad.
Según la otra, el gobierno y el parlamento foral de Navarra apoyan, animan y amparan a la manada de “valientes” que animalescamente apaleó con saña, furia y aviesas intenciones (según se dice, 25 o más la componían) a dos guardias civiles y a sus novias cuando festejaban tomando unas copas en un bar de Alsasua. A todo eso, los “circunstantes”, el “pueblo”, “caladiños” com,o suele ocurrir salvo excepciones muy honrosas, cuando “el salvaje” enseña los dientes y el llamado “hombre medio” se siente tan pequeño que parece minusválido. Y el “feminismo”boquilargo y tan voraz de otras ocasiones, sin abrir, ni entionces ni ehora, la boca… ¿No es chocante, co mo quiera que se mire, la doble vara de medir?

Ahora resulta que el almirante Cervera –en la óptica miope y en la euforia republicana la Sra. Colau y su domesticado ayuntamiento- ha pasado de ser todo un almirante culto, valeroso y liberal, elogiado en su día hasta por Fidel Castro, a ser un “facha” o alevín de “facha” porque en el s. XIX no se estilaba ese léxico. Y todo para poner en su lugar a un tal Pepe Rubianes que, en sus ansias de colgar su nombre en la esquina de una calle, se verá crecido en su raquitismo al ver sustituir su pobretona figura por la figura egregia del almirante nacido en Vilagarcía de Arousa. “Cosas veredes” que os llenarán de pasmo. Pero es real y, además, es lo que hay…
Y lo otro?…. Lo del gobierno y el parlamento navarros saliendo corporativamente en amparo de la cuadrilla de los “valientes” de Alsasua? ¿Y la befa “chavacanesca” de la farsa, la menrita, la cobardía y un etcétera de virtudes cívicas navarras puestas a los piés de los caballos” nada menos que por la más representativas instituciones del antiguo “reino dre Navarra” y hoy comunidad foral privilegiada y por demás creída? ¿Es que no tuvieron fueros y hubieron reinos, antes incluso que Navarra, otras regiones de España? ¿Es que se creen con más derechos que los demás? ¿Es que no les bastan los antidemocráticos privilegios para que, además, vuelvan al horrendo lenguaje del “txacurra”, confiando plenamente en que el pueblo duerme porque de hecho se calla ante su barbarie?. Todo un descaro y bastante más que una torpeza institucional.

“Txacurra” y “facha”: dos caras de una misma realidad. La farsa en dos ediciones y represdentaciones simultáneas. Si lo del almirante Cervera parece zafio, lo de Navarra parece estupefaciente, por no decir estúpido, porque asombra…. Y da la casualidad que, en ambos casos, trata de dictar lecciones de democracia el trapicheo nacionalista de los intereses asilvestrados… Nada menos.

El nacionalismo, amigos, no el normal de los que aman a su tierra por ser la suya, que hasta ese punto es legítimo… El nacionalismo excluyente es anti-todo: anti-humano; anti-cristiano; anti-social; anti-democrático…. A parte de ir contra los signos de los tiempos globales en que estamos y de jalearse contra la igualdad de todos los hombres y mujeres, arrasa también el precepto central del amor cristiano.
Tomen, por eso, nota los clérigos y obispos que aplauden y corean la farsa de estas alharacas republicanas o forales, como si fuera cosa de pervivencia de derechos humanos cuando más bien se los alancea. Los nacionalismos altivos y separadores no son “católicos”, hasta por razones de nomenclatura.

El gran Chesteron, hombre de razón, de verdad y hasta de ironías flamantes, escribió una vez que “cuando no se cree en Dios, se termina por creer en cualquier otra cosa”.
Cuando se elude a Dios o se le niega y se contravienen las ansias de Absoluto que van con el hombre por el mero hecho de serlo, pasa que se divinizan otras cosas sin hacer ascos por ello o tal vez sin enterarse de ello; a veces, la estupidez es la entronizada; otras veces, las ideas o los intereses, que se elevan a categoría de dogmas.
Creo yo que, a estas alturas de los “guiones”, sólo con abrir los ojos un poco bastaría para observar que no andaba lejos de la verdad el gran escritor inglés en sus atisbos y cálculos de pensador conspicuo y realista.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


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