Entre dos luces

Me resisto a ver las cosas en negro o en gris, pero... 29-VI-2018

29.06.18 | 21:49. Archivado en Acerca del autor

Estos días de mañanas de sol y tardes de tormenta, parece como que el ánimo anda decaído o arrugado. “No puedo con el alma y ni ganas de comer tengo”, decía mi hermano ayer, ante lo plomizo de las horas previas al rayo y el trueno. Y es que las tormentas –como quiera que sean- inhiben y aplanan
Tal vez por lo mismo, esta mañana me levanto abonado a la pesadumbre y a un paso del desencanto. Y no veo motivos aparentes. Es cierto que los años pesan, pero no tanto como para oscurecer más de la cuenta las horas primeras de un amanecer como el de hoy, en que no falta la algarabía de los pajaritos que dialogan y se saludan a coro, ni la luz preclara de otro día deja de acudir a su cita, sin fallar una sola vez desde hace miles y quizás millones de años. No es eso, sin embargo, lo que hoy me causa sensaciones de una cierta pesadumbre o, quizás mejor, de estupor y asombro.
Las tormentas del aire no me asustan. La de ayer era rimbombante y enardecía –a mí, al menos- con la majestuosa seriedad de sus centellas y ruidos.
Eran otras cosas las que, este amanecer, pesaban en mis ánimos como si fueran losas de una pizarra más oscura que de costumbre. Eran huellas de lo que deja ver la tempestad cuando trae más que la luz cegadora del relámpago y la rotunda intensidad del trueno. Eran desconcierto y pesar lo que, esta mañana, me hacía escuchar de otra manera -nada habitual en mi- el guirigay de los pajarillos al amanecer y esa lucha vigorosa del sol de hoy con las neblinas y celajes que parecían obstinarse en cerrarle el paso. No lo consiguieron y –a la espera de las nuevas tormentas que se anuncian para la tarde- un sol radiante se colocó enseguida en su camino de luz y calor.
Además, tuve suerte porque dos buenos amigos me ayudaban, algo más tarde, a desintoxicarme con las gracias que toda buena amistad procura.
Jesús me llamó para preguntarme por mi día. Al hablarle de mi ocasional pesadumbre, me recomendó lo mismo que aconsejaba Ortega y Gasset ante las realidades penosas, discutibles o azarosas: tomar distancia de ellas para que las sensaciones fueran menos traumáticas y penosas y los juicios, más objetivos y equilibrados. Jesús me aconsejaba subirme a dos o tres mil kilómetros y mirarlo todo desde allí.
Aunque no sea fácil, ni mucho menos, irse -de un salto- a miles de kilómetros de las cosas que pasan o nos pasan, he de reconocer que el consejo orteguiano es bueno para ganar en objetividad y que mi amigo tiene razón, al invitarme a ganar esas distancias que ayudan a sobrevivir animosamente hasta en medio de un terremoto.
Es difícil, de todos modos. sustraerse al peso de las evidencias y, en las cosas que ayer me apesadumbraban, creo que las hay.
Al otro amigo, a Pedro, lo llamé yo para felicitarle por su onomástica. Era media mañana y andaba trajinando con sus vacas y sus ovejas; y, por añadidura, metido de lleno en la recogida de la hierba. Anda que no para Pedro casi todos los días del año; pero ahora más, porque las tareas de la hierba son duras, agobiantes y de apremio, como saben bien los que, alguna vez en un pajar, se han sentido ahogar con el polvo de la hierba seca.
Cuando –al desearle un buen día de su santo- le dije que rebajara la intensidad de sus desvelos y tareas, me replicó con esta frase digna de un hombre que, a pesar de los años y las tormentas, sigue con buen tono en la brega diaria: “Hay que moverse para sentirse vivo. Si te paras, tienes la sensación de estar acabado, y yo me niego, o me resisto al menos, a sentirme acabado. Hay que abrirse a las ilusiones para sobrevivir”.

Lo he de confesar. Los dos amigos –cada uno a su manera, Jesús rebajando la tensión de las impresiones penosas y Pedro elevando el listón de las personales exigencias- me cambiaron el aire de la mañana y me ayudaron a sobrellevar mejor las conjuras de todos los “necios”, “canallas”, “irresponsables”, o “gesticulantes” que, ayer, parecieron darse cita sobre nuestra sufrida “piel de toro” y, a más de uno y de dos, invitaron al desánimo y a la pesadumbre.

Creo que la pesadumbre que esta mañana me cogía y desbordaba no era vana ni fútil. Júzguenlo mis amigos, que en sus manos pongo algunas de sus razones.
-El Sr. Torra Pla, en Nueva York, prosiguiendo la pertinaz carrera de insultos, falsedades, provocaciones, befas a este país; y para mayor “Inri” con el dinero de todos los españoles….
-El Sr. Embajador de España en los Estados Unidos, enmendando la plana al truhán y provocando con ello el ruidoso, chulesco y esperpéntico abandono del local por la delegación separatista catalana…
-El ministro de Asuntos Exteriores respaldando al embajador y afirmando que “ningún embajador de España puede permanecer impasible ante estos ataques a la nación…”
-El Sr. presidente del gobierno -seguramente preso por deudas contraídas en pago de su ascenso -legal, aunque muy poco legítimo por el momento- a la Moncloa, escurriendo el bulto y diciendo que no quiere ni busca la confrontación sino el diálogo….
-El mayestático desplante al Rey en Cataluña, con un doble agravante: el vacío de las instituciones patrias, reducido a la mínima expresión para el evento; y el silencio cómplice de esa parte de Cataluña que dice no ser independentista y anti-española, pero que, una y otra vez, se calla, a la vez que pide que no se la deje sola…. No soy monárquico, lo he dicho más de una vez; pero –como español- me da vergüenza….
-Y lo de los presos vascos y catalanes...
-Y lo del PP? Bien hizo Rajoy en marcharse a Santa Pola y dejar a sus huestes en cueros puros y a la greña viva….. A ver si va a ser verdad lo del refrán que asegura que “lo malo conocido es más que lo bueno por conocer”?. Es refrán del pueblo y de estas cosas de consejas y refranes el pueblo sabe bastante más que de ver los forros de las chaquetas de sus representantes…..

Francamente no puedo evitar la sensación de que vamos a pagar muy caro los españoles de verdad los ávidos e incontenibles antojos de Moncloa del Sr. presidente. La luna de miel y los buenos augurios de los primeros pasos van sonando a lo que ya sonaban el primer día: a “dulces sueños”, a pagos que van venciendo, a lo de siempre de la “política” en el sentir de Ortega: ser “el imperio de la mentira”.

Por cierto, ayer, en Bruselas, nuestro Sr. presidente fue recibido y saludado por J. C. Junker como “el nuevo chico”. Si miramos lo que en el Diccionario significa “chico”, quizás el gracioso saludo tenga más miga de lo que parece. De “chico guapo” también le calificaba ayer un diario inglés….. Es cierto que las palabras pueden tener varios sentidos, pero lo de “chico” referido al presidente de un gobierno como el de España, no es que escame, alerta.

Y para cerrar estas reflexiones con puntos de vista preocupados, como se puede ver, ya que en democracia, según parece, estamos, pongo a la vista de mis amigos unos versos, con los que el gran Lope de Vega –en ese genial poema que se titula El nuevo arte de hacer comedias en este tiempo- parece resignarse al “plebeyismo” en el noble arte de dar al pueblo lo mejor y lo más bello y justo, ilustrando a la vez que gustando: “Cuando he de escribir una comedia, encierro los preceptos con seis llaves; saco a Terencio y Plauto de mi estudio, para que no me den voces, que suele dar gritos la verdad en libros mudos; y escribo por el arte que inventaron los que el vulgar aplauso pretendieron, porque, como las paga el vulgo, es justo hablarle en necio para darle gusto”.
Aunque no a la letra, la historia –amigos- se repite. Y una cosa es “predicar” –lo sabe hacer cualquiera – y otra “dar trigo” de buen gobierno o de cualquier otra dedicación o cargo. Es otro refrán.
Deseo que mi pesadumbre se acabe con el día de hoy. Me resisto a pensar en negro y hasta en gris. Pero…

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Aquel hombre grande 24-VI-2018

25.06.18 | 23:59. Archivado en Acerca del autor

“Entre los nacidos de mujer, nadie fue más grande que Juan el Bautista” (Evangelio de san Mateo, 11.11). Estas palabras de Jesús a la gente refrendan un criterio de “grandeza” y “excelencia” poco afín a lo que se lleva y vende como tal en los “rastrillos” y “pasarelas” de la “gran comedia humana”.

Me refiero, al escoger para mis reflexiones de hoy el título y la leyenda que anteceden –no podría ser menos tratándose del día- a Juan el Bautista, el inmediato precursor de Jesús: el “Dios con nosotros”, el “Dios hecho hombre”, el “evangelizador auténtico del Dios verdadero”. “Entre los nacidos de mujer, no hay otro más grande”.
No es menester siquiera bosquejar su biografía, porque todo en ella es llamativo y altamente significador. Grande desde el vientre de su madre, fue erecto como la punta del ciprés apuntando al cielo; austero hasta alimentarse de saltamontes y miel silvestre; contemplativo en el desierto, hecho a vivir con alacranes y escorpiones, y activo para, a su tiempo, invitar a la conversión y al bautismo de penitencia; pero más activo aún para censurar a Herodes sus licencias con la mujer de su hermano y acabar al fin con la cabeza cortada en las manos de la vaporosa Salomé tras la consigna de su pérfida madre.
Hirsuto. Rectilíneo y sin curvas ni dobleces. Realista cuando de la verdad se tratara y de eludir elogios propios: “Yo no soy el que esperáis”, pero lo anuncio…
Nacido para verdades y no para seducciones, engaños ni pos-verdades, Juan encarnaba en su tiempo el tipo de hombre posible, pero casi inéditto: entero, audaz, sin miedos, provocador e incluso molesto para los “señores” de su tiempo, como lo sería poco más tarde Jesús, y como lo han sido y lo siguen siendo, en la general historia humana, los que dicen la verdad tal como la sienten, los de “”Antes romperse que doblarse”, los “hechos a medida” y no “en serie”, los que admiran por la rareza y asustan por su verdad. Vamos, los hombres de la estirpe de los “hombres grandes”.

San Juan cae a finales de junio, por esas fechas y noches embrujadas en que “las calores” como que sorbieran el seso y metieran en las cabezas aires truculentos de ascuas encendidas. San Juan trae consigo evocaciones de mixturas de mitologías, de ritos paganos y de las más profundas esencias cristianas; y de esta mezcla informe han salido auténticas borracheraas de usos y costumbres, tan arraigados como difíciles de calificar en sus mismas raíces. Las “noches de san Juan” tienen por eso muy bien ganada, aunque ardua para precisar, denominación de origen: se distinguen a simple vista de las restantes “noches” del año.

Ayer estuve de pesca (es un decir), y de fiesta más tarde, en el pueblo de Horta, a la vera del Burbia; un pueblo en que mis amigos viven: Eladio y su familia y la sin par Rosaura –una mujer adusta, al cien por cien liberada e implacable en la gracia femenina –no feminista- de un certero llamar a las cosas por su nombre de pila... Por la tarde, cansado ya de sortear la maraña espesa de la floresta del campo, sólo para veredas de jabalíes apta, me llegué a pasar un rato con ellos y a disfrutar de su fiesta; una fiesta popular donde las haya, en que el pueblo –el de verdad, el de la “gente del pueblo” y no de los que al “pueblo” adulan y al “pueblo nombran sólo para utilizarlo o explotarlo- rinde un sincero culto –de “cultura” y devoción mezcladas- a la amistad y a los valores de siempre, aunque ahora estén en baja forma. Rosaura, la sin par Rosaura, cantaba ayer –no las glorias de san Juan- sino lo que san Juan hubiera dicho de haber visto las hechuras, y las facturas sobre todo, de los actuales “populistas” y adláteres que no pierden comba para llenarse la boca con la palabra “pueblo” y con la subalterna “democracia” para después -conseguido el voto- gobernar al mismo estilo de los Herodes y demás “ralea” del tiempo de san Juan. Esta Rosaura, la verdad, donde pone el ojo, allí pone la bala de su implacable agudeza, que suele ser más apropiada para delatar las injurias de los gobernantes a los pueblos ignorantes o necios.

Escuchando esta mañana al grupo “Luar na lubre”, en su música celta de “A noite de san Xoan”, se podía percibir y degustar todo ese mundo de fantasías que rodea esta noche -de las primeras del verano-, que cada año nos vuelve a rejuvenecer con melancolías, saudades y las inevitables sensaciones de sueños con sus “bruxas” “mouchos” y “coruxas”, de “aquelarre” festivo o de “conxuro” profético, que, en el fondo, llevan esos aires del pueblo –yo no no dudo- de volverse a los *mitos y a terrores irreales cuando de sobrevivir a las inclemencias, cualesquiera que sean, se trata.

Y como hace poco –ayer mismo- prometí a mis amigos de reflexión mostrarles, de algún modo, la diferencia entre un ”gran señor” y un “gran hombre” –expresiones ambas que, siendo sinónimas o casi, portan consigo notables diferencias-, y además la cosa viene a cuento del día, os voy a trascribir a la letra –permitidme- el relato de un viejo Diccionario, heredado de un sacerdote encomiable, mi inolvidable don José Barrio y Barrio. Es un Diccionario de Sinónimos, editado en París el año 1892 (Garnier Hermanos, 1892, pag. 196). Su autor es don Pedro María de Olive, quien, al contrastar estas dos expresiones de “gran señor” y “gran hombre” dice textualmente lo siguiente:
“Cuando los romanos se pervirtieron con las riquezas de las provincias conquistadas, se empezó a ver cómo nacía de su abatimiento la época del nombre de “gran señor” y el filósofo reservó el título de “gran hombre” para los hombres que aman, que sirven y que honran a su país.
“Gran señor” y “grande hombre” no expresan una misma cosa. Explicaremos su diferencia.
Los “grandes señores” son muy comunes en el mundo; los “grandes hombres” son muy raros.
El primero es, a veces, una carga para el Estado; el segundo es siempre su apoyo y su honra.
El nacimiento, los títulos y los empleos hacen al ”gran señor” ; el mérito poco común, el genio y los talentos eminentes hacen o forman al “grande señor”
El “gran señor” se acerca más que los demás hombres al soberano; tiene sus antecesores, sus pensiones y sus grandes rentas.
El “grande hombre” sirve a su patria de una manera desinteresada, sin esperar nunca la recompensa, ni aún la gloria que le puede reportar”.

Este es –escuetamente- el relato de las diferencias del aludido Diccionario de Sinónimos. El “gran señor”, al que tanto se aspira en la sociedad líquida de hoy, puede no ser el “gran hombre” que los pueblos necesitan para ser, cuando menos, “algo”, cual soñaba el jacobino “Abbé Sieyés” de la Revolución francesa.

Como creo que el relato de las diferencias no requiere comentario especial para verlas e incluso ponerles cuerpos y cabezas concretos, y cualquiera de mis amigos puede, si se lo propone, ir apuntando con el dedo a los que, en su entorno y tiempo, merecen uno u otro título, el de “gran señor” o el de “grande hombre”, hágalo cada cual a su aire, ya que seguramente, en esta hora de los arribistas, los “cucañistas” y los “trepas”, encontrará con facilidad especimenes de “grandes señores”, aunque no tanto, por desgracia para los pueblos, de “grandes hombres”.

Me valgan para cerrar estas reflexiones del gran día de san Juan –“el mayor hombre entre los nacidos de mujer”, como asegura el propio Jesús- dos citas muy a tono para este lema del día.
La una tiene su asiento en un pensamiento de Pascal, para quien hay dos suertes de grandeza o excelencia en los seres humanos: la que les viene de fuera, del cargo, del dinero, de los escudos, de los membretes y demás cosas así; y la que les viene de dentro de ellos mismos, de los valores humanos que cultivan, de sus virtudes y potenciales positivos, de su respuesta a una vocación sentida y comprometida. Si en los primeros brilla la honra del cargo y de los emblemas y escudos, en los otros brilla esa otra honra, más personal e intransferible, de las obras de verdad, de justicia, de amor, del respeto a todos, del culto diario y sin treguas a esas virtudes que expresan los llamados “valores humanos” -que van más lejos y más allá de los típicos “derechos humanos”-
La otra está en esa frase, tan repetida por mí, de don Antonio Machado, que, puesta en boca de Juan de Mairena, resalta que, “por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre”.

Por san Juan y su grandeza humana, vale –creo- la pena pensar un poco en la distancia que va de ser un “gran señor” a ser un “gran hombre”. Los matices, amigos, en los sinónimos, dan el buen tono final a cualquier discurso. ¿No estará en esto una clave real de las crisis en que nos vemos, casi a diario, metidos?
Como veis, mis amigos, las “noches de san Juan” pueden dar para mucho. Y lo dan realmente si uno se propone pensar en ello.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Y el punto de mira en las raíces 17-VI-2018

22.06.18 | 20:41. Archivado en Acerca del autor

El “Ya estoy aquí” fue un cumplido aserto de Joseph Tarradellas en ocasión solemne; y lo repito yo ahora en una ocasión vulgar, pero sensible para mis afectos. Tras una semana en Madrid, por azares de salud y otros menesteres de circunstancia, hoy retorno a mi pueblo, a mi tierra, a mi patria chica, al Bierzo de mis raíces, de mis ancestros y de mis amores.
El viaje de regreso, en el autobús, una mitad contemplativo y la otra mitad -como suele acaecerme- de percepciones y nota de las sensaciones e impresiones que las cosas del día –las de dentro y las de fuera- me van sugiriendo al pasar a mi lado; que, aunque algunas no digan nada o casi nada, otras hay que se vuelven dicharacheras a poco que se percaten de ser miradas con interés o una pizca de ilusión. Poco exigen -la verdad- para volverse locuaces. Poco piden para lo mucho que pueden dar…
Cuán distinta, de todos modos, esta ronda contemplativa de hoy y cuán distantes las sensaciones y las impresiones de lo que fueron en el viaje anterior, a mitad de mayo. Las primaveras castellana y berciana eran entonces sembradura de promesas casi sólo; hoy todo aquello es ya estallido polícromo de flores blancas, amarillas, violetas y el rojo vivo de amapolas enervantes y aterciopeladas. Campos rojos de amapolas. Setos interminables de escobas de un amarillo provocador. Retamas violeta o lila y las blancas y amoratadas flores de los cantuesos llenando los terraplenes y los aledaños de la carretera en luengos tramos de la misma.
Y sobre todo, el sol… Hoy es distinto el sol. Hace un mes andaba rezagado y remiso, como jugando al escondite con la lluvia pertinaz y las nubes grises y voraces. Ahora el sol se ha descarado ya y manda en el día sin tolerar competidores que lo desluzcan. El sol de esta tarde de mi regreso al pueblo es sol de junio y con todas las de la ley, es decir, orgulloso de su fuerza y dispuesto a mandar. ¡Como debe ser!
Además, si la contemplación sigue siendo lujuriante y plena de colores y verdores, las sensaciones –las que nacen del chocar de la idea con la vida y con la realidad- se empeñan también por tirar hacia arriba por las ganas de vivir que dan las amapolas rojas o las sencillas corolas de los cantuesos –entre dichos todos de la contemplación y la tierra que se pisa. Aunque hay veces –como ahora- que las sensaciones que llegan hasta uno, más carnosas o más pegadas a la tierra que las puras ideas, se cansan de ascender, porque la vida –tal como es- con frecuencia se cansa y, descabalgando de las flores, prefiere dialogar con las espinas y con el polvo de los caminos a vérselas con romanticismos demasiado bonitos o estirados…
Y es que las briosas primaveras castellana y berciana, que llenan hoy los ojos del alma, no logran –ni proponiéndoselo- borrar del todo el peso que de los interrogantes que atenúan la fuerza de este decidido sol de junio. Y es todo porque no dan tregua ni respiro los menguados presagios –fruto quizás de sólo temores sin otros fundos- que, a no querer, ponen en guardia siempre que de elegir entre “vivir” y “filosofar” se trata. “Lo primero vivir y más tarde, si acaso, filosofar” tal como mandan loos cánones, pero no al revés. Que “el miedo es libre” como se dice, aunque el miedo siempre sea, más o menos, un mal paso de la libertad.
Y es que…. A don Pedro Sánchez, a pesar de “estar” ya instalado en ese celo de sus ansias locas de Moncloa, no se le “espera” todavía…
Al Sr. Torra, el catalán –erudito según cuentan algunos pero zafio como pocos-, se le sigue viendo el plumero de sus “rondas” de celo de pavo real y se le vislumbra –más de la cuenta- con la mano extendida demandando “lo suyo” al novato presidente…
Y los demás, como siempre. Unos, lamiéndose –acríticos, a pesar de todo- las heridas. Otros, tratando de vestir –disfrazar quizá mejor- el populismo de sus amores o de sus entrañas glotonas con ropaje de “gran señor”. Y algunos, desconcertados, cogidos con el pié cambiado, en esta hora -dramática por demás- de nuestra historia patria…

Y es que las políticas que se ven asomar por casi todos los horizontes son mucho más, o casi sólo, de gestos puros, pero no de gestión rigurosa y medianamente seria.
El deporte –otro exponente de la buena o mala salud de los pueblos-, dando que hablar con unas increíbles fintas de una injustificable rusticidad.
La justicia y el derecho –dos cosas muy distintas a pesar de sus proximidades-, levantando sospechas, o a expensas de buenos o malos humores, de discutibles resoluciones a simple vista y con más abonos de pantalla que de razones de su verdad….
Y los inmigrantes -a bandadas diarias siguen intentando colarse en la Europa otrora llamada “civilizada”-, poniendo en disyuntiva permanente la “humanitas” de siempre y la ”razón de “Estado” del pensamiento totalitario modernista o posmoderno.
Y también los titiriteros de todas clases componendo cantigas o bailando coplas de posverdad, como si de recatados salmos de la Biblia se tratara.

Y en éstas, yo estaba otra vez arribando a mi tierra y patria chica. Con sol; con primavera io casi verano.
Eran las siete de la tarde cuando el “bus” callejeaba en busca de la Estación de Autobuses de Ponferrada. Pleno día. Pleno sol. Plena luz y ganas de llegar para ver cumplidos otra vez esos pequeños sueños que son, se quiera o no reconocer, el alma de los que miran la vida con ganas de ser sencillamente “hombres” y menos con las de ser “grandes señores”. Otro día, pronto, os prometo, amigos, contar la diferencia que va de ser un “gran señor” a ser “gran hombre”. Vieja la diferencia, tiene sin embargo gran acomodo en estos tiempos de “quita y pon”.

Como diría para casos así mi predilecto poeta de Caastilla, “Hoy es siempre todavía”. A mi amigo Eduardo, este jocundo dicho del gran poeta se le hace feliz y oportuna casi siempre, como divisa breve, hecha para soñar que siempre, a pesar de todo, nos queda –a los humanos- la esperanza; una esperanza. Y si la esperanza es, como se dice, lo “último que se pierde”, es también lo primero que se echa de menos.

Los que tenemos fe, amigos -aunque pueda ser en ocasiones una fe trufada de dudas o de malos momentos –en todo hay malos momentos-; y, aunque no se vea bien el sol, o no se le pueda ver cara a cara por razones obvias- andamos seguros de que, hasta con nublados, vemos acrecerse el vigor y el valor de sus rayos. Tal como lo proclama San Pablo y la Iglesia recoge este mismo domingo en una de sus lecturas; esa concretamente, en que se hipotiza una de los retos más naturales –y por eso mismo más dignos y meritorios de la fe de los creyentes-: “Caminamos a oscuras, llevados por la fe”.
En los que no cuentan –porque no quieren o no les interesa- con la fe para estas travesías endiabladas de la vida humana, el problema quizás no sea, como es para el creyente, el de un gran reto, sino mejor -y conozco más de un caso- escena de comedia, singladura de drama y hasta quizás obertura de tragedia en casos especiales.
Es mi punto de vista; y los que tengan otro distinto, con su libertad ee las hayan, aunque buena verdad es también que el simple uso de la libertad no siempre sirve de colchón para aquietar la conciencia del hombre. Porque entiendo que libertad sin responsabilidad des una pifia humana que, no por extendida y practicada, deja de serlo.

Al recoger la bolsa de libros con que viajaba esta vez desde Madrid a mi pueblo, a pesar de todo y de la placidez del momento, una idea resumiría bastante bien mi viaje: el campo es una sola flor. De mil colores de las muchas flores, pero una flor diversificada.
Y como importan menos los colores –a mí, por supuesto- que la flor, aquello tan redicho del gato del proverbio chino: que importa mehos que sea blanco o negro, si caza ratones, pues quedemos con esa idea: que hay flores… Puede que también haya frutos algún día.
De todos modos, no olvidemos que las flores son poco más que gestos y cosa de primaveras. Ahora que está a la vista ya el verano, recelemos de todas las políticas de gestos y las culturas de solos instrumentos y exijamos a la tierra y a los hombres menos gestos y algo más de obras y de respuestas eficaces a los problemas tan serios que nos acompañan.

Habré de insistir en ello. Es en la hora de la verdad cuando mejor se ve la gran distancia que va de un “gran señor” a un “gran hombre”. Un día de estos, pronto, os contaré, mis amigos, la diferencia entre ambas cosas. Importa mucho para saber distinguir entre un gesto -nada más- y el buen arte de hacer cosas dando cara a los problemas -nada menos.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Luna de miel 8-VI-2018

09.06.18 | 17:46. Archivado en Acerca del autor

Luna de miel…
Evoquemos hoy –al asomarnos al panorama del día- esa etapa florida que es la “luna de miel” de los matrimonios recién iniciados. Evoquémosla, al mirar hoy los primeros pasos efectivos del gabinete de “ministras” y “ministros” que acaba de poner en acto y en marcha el nuevo presidente deel gobierno de España, el socialista don Pedro Sánherz. Luna de miel…

La “luna de miel”, en el sentido más lírico y romántico de la expresión, se constituye por esa primera etapa de la vida en común de los recién estrenados cónyuges, y muestra ese tiempo dulce, risueño, feliz, que los matrimonios viven antes de dar la cara a “la verdad del matrimonio”, que no está ni puede estar en el “jijí-jajá” de los “confettis” o del “arroz” que sigue a la ceremonia, sino que realmente se masca en “el dia a día” del ir haciéndose efectivamente –con mezcla de amores, de sudores y de voluntad sobre todo- esa “una sola carne”, que proyectara el Divino Hacedor, al diseñar una “humanidad” emergiendo de la unión del varón y la hembra humanos.
De este modo, la ”luna de miel” se puede llamar la peripecia bonita antes de la verdad del matrimonio; el sueño previo al amanecer y a los sabores –dulces, amargos, agridulces e incluso apestosos- del día; la calma antes de la tempestad o lo que suele significar el ”caramelo a la puerta del colegio”. Que algo de todo eso puede ser, o es de hecho, la “luna de miel”. Es matrimonio, pero no dice casi nunca con precisión lo que va a ser el matrimonio: lunas de miel esplendorosas se han muerto nada más bajar del avión de regreso a casa los esposos.

Don Pedro Sánchez, tras la moción de censura exitosa, ha escogido un llamativo florero de “ministras” y “ministros”, y ha mostrado -al hacerlo- buenas dotes de agudeza y sagacidad. “Demuestra que es listo” –me dijo un avispado amigo, antiguo alumno y buen perceptor de sensaciones a bote pronto, nada más saberse que había escogido a Borrell para la cartera de Exteriores. “Sí que demuestra ser listo, pero no me basta”, le repliqué al instante; “porque yo distingo “listos” ea “inteligentes”; y si los “listos” dan buena imagen por agudos y sagaces, es a los “inteligentes” –los que saben leer de dentro a fuera la realidad y lo hacen con acierto y acompañamiento de obras- a quienes se han de atribuir los éxitos prolongados y sostenidos. El golpe de chispa del listo es el “flash” vivaz que anima y da esperanza; pero sólo el inteligente consigue hacer buenas las primeras impresiones”. Mi amigo se limitó a escucharme, sin decir ni sì ni no. Tal vez, porque le hizo pensar.

Obra de un “tío lislo” parece a casi todos -no creo que lo parezca a don Pablo, el de la coleta y el chalet, ni por asomo- el gabinete de don Pedro, que ayer prometía fidelidad a la Constitución ante el Rey.
Pero –me pregunto- este punto de listeza y sagacidad ¿será también muestra de una pareja inteligencia del “listo” que demuestra ser don Pedro al escoger este gabinete?

Esta calidad –creo yo- aún está por ver. Por buenos que puedan ser los indicios o los augurios que apoyen las caras, la vestimenta, las palabras, las sonrisas, las palmaditas y demás que se están viendo ahora mismo en las ceremonias de trasmisión de los poderes, queda por ver si se trata de meros gestos, guiños para la galería, de apariencias debidamente azucaradas para la ocasión o de verdaderos modos y maneras propios de auténticos personajes de Estado de Derecho y de buen Gobierno. Lo que va de una cosa a la otra puede ser mucha y decisiva para valorar, como es mucho lo que va del guiño al hacer lo que con el guiño se quiere significar o representar.

Me parece claro que, si lo de “listo” se puede mostrar con primeros actos o pasos, lo de “inteligente” no se demuestra tanto con las sonrisas, las buenas maneras o las solas palabras de las “ministras” y “ministros”, sino con las obras de hacer “buena política” –lo de la “nueva” política, tan cacareada en estos tiempos es para mí otra forma de heliplejia mental posmoderna-, siempre que, a partir de las apariencias y los relumbrones de primeros planos o de plenas pantallas, se ejerce muy en serio el noble arte de gobernar a un pueblo.

El Sr. Sánchez estrena gabinete y se da un prometedor y reconfortante baño de multitudes, a la vez que descoloca bastante a competidores e interesados amigos; se adscribe, sin embargo, por el momento a una vaporosa e inane “política de gestos”. Del momento, no hay más que eso.
Está mostrando sin duda con ello buenas dotes de listeza y buen tino para la España en que nos hallamos. Pero aún no ha demostrado inteligencia, tal como muchos -y yo con ellos- la entienden: obras racionales, que, secundando primeros impulsos o intuiciones a bote pronto, rubrican trayectorias vulgares y son capaces de hacer de un politicastro cualquiera un providencial estadista. Porque “gobernar” un pueblo en grave dificultad, sin limitarse a unos cuantos experimentos con gaseosa, es ciertamente otro cantar, y cosa de verse mañana o pasado, cuando haya que tomar decisiones, no tanto para la galería o el grupeto de los militantes del partido, sino para los votantes también, e incluso para los que no piensen como él o no le voten y acaso le discuten; sencillamente porque también son “pueblo”, del mismo modo que sus “pasniaguados” de uno u otro signo.

No bastan los gestos en política seria; porque los gestos valen para “camerlar” adictos, pero no para “gobernar” un paía plural y hacerlo “sin acepción de personas” y con el “bien común” en el punto de mira de todas las decisiones que tome el gobernante.

Claro que lo tiene difícil el Sr. Sánchez; y, más que difícil, endiablado.
Ya le echan en cara algunos de los llamados al festín de haberse olvidado pronto de quienes le auparon en la moción de censura. Alguno inluso le anuncia el “calvario” que le espera si no es dócil.
Pero lo ha de tener peor aún cuando “los otros” –los magnates de la historia falseada, de la mentira por verdad y de la ganancia del “pescar a río revuelto”- le pregunten una y otra vez: “Y de lo mío, ¡qué!.

Todo el mundo –creo yo- está deseando que acierte y sea, además de listo, inteligente; todos, menos los que esperan de sus “favores” taburetes para subirse a sus hombros y trepar como la hiedra o el musgo pegado como lapa a la corteza del árbol que destaca en el bosque. ¿Será posible que logre aderlantar algunos pasos en el arriscado camino por el que ahora mism o transitamos?. Tengo m is dudas…

Hoy, en el primer Consejo de “ministras” y de “ministros” -en esto de la nomenclatura sigue la cursillería-, la ministra portavoz anuncia solamente humo. Que se levanta la intervención –esperemos que no la supervisión- de las cuentas de la Generalitat por cese de la aplicación del art. 155 de la Constitución es humo porque ese cese ya fue anunciado por el PP antes de ser defenestrado Rajoy. Y cuando la misma “ministra” entona un canto heroico a una política -“nueva”?- de “escuchar, dialogar y consensuar”, a la vez que desde la Generalitat no se deja de insistir en el derecho catalán a la independencia o se “machaquea” con que la “república de Cataluña” está ya proclamada y en vigencia desde aquel “referéndum” sin base del uno de octubre último, ¿qué más que humo se podrá ver en el horizonte?.

Está bien, sin duda, todo afán o empeño en “quitar hierro” a los conflictos, sean dramas o sean comedias esos conflictos. Pero que no se deje de llamar a las cosas por sus propios nombres; y que no se hable de diálogo cuando, a pesar de las palabras bonitas y “diálogo” lo es, lo que se busca o pretende por los que piden el diálogo es claudicación o “tabla rasa” de lo que no puede serlo sin caer en injustos o pazguatos.
Y, en cualquier caso, que se pase ya de lo que casi sólo se ve hasta ahora: propaganda, los gestos, las sonrisas edulcoradas o los guiños a la galería o a los tendidos de sol, en merma de las obras de un buen gobernar en democracia. Que la democracia no está en llenarse la boca con el culto o el servicio al “pueblo” para hacer después lo que a uno le parezca; ni es democracia tomar por el “pueblo” a los del partido o a los compadres.
Y sobre todo –cuando los “aupantes” levanten la voz para preguntar “Qué hay de lo mío”, u ofreciendo baratijas o falsificaciones de la historia o del derecho a cambio de las dádivas, pedirle al Sr. Sánhez la sabia cautela de “no fiarse mucho de los griegos que hacen regalos”, como sucediera en la antigua Troya. Hay veces que las mitologías enseñan bastante más que algunos brillantes doctorados.

Luna de miel…. ¡Qué bueno y bonito que dure; y que dure lo mas posible!. Pero ¡qué mayor tontería o simpleza fiarse de las “lunas de miel” más que del “día a día” –aunque lo sea con sus dolores, amores, alegrías o pesares, etc.- de los matrimonios; sobre todo de esos matrimonios que, peleándose buenamente a cada paso, no pasa hora sin que extrañen estar el uno sin el otro.

Y ya, al cerrar hoy, no veo cosa mejor para estos días de “luna de miel política” que la frase aquella de La Bruyère (Les caracteres- Les jugements, 87): “Ne songer qu’à soi et au présent, surce d’erreur dans la politique” ¬ Ir o estar en la política para pensar sólo en uno mismo y en tiempo presente es fuente segura de error en un terreno tan delicado y exigente co.mo el de gobernar pueblos.
Por eso me digo a veces que la gente que, siendo “lista”, no es “inteligente”, puede valer para la mercadería o la picaresca incluso, pero no para la política.

¡Ojala don Pedro Sánchez, que en los primeros pasos y nombramientos está mostrando ser listo, resulte también ser inteligente mañana y pasado. Ganarían él y su partido y ganaríamos todos los españoles. Sin duda.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Y ahora, ¡qué1. 4-vi-2018

04.06.18 | 17:05. Archivado en Acerca del autor

Mis reflexiones iban hoy por otros derroteros o al menos esos eran mis propósitos a las seis de la mañana. Pero –como suele decirse, una cosa es lo que el hombre propone y otra, lo que Dios o las circunstancias le imponen… El “yo” –lo saben hasta los que saben poco de Ortega y Gasset-, para ser el “yo” cumplido, se ha de amoldar a las circunstancias, que lo van haciendo “yo”, paso a paso hasta la madurez.
No pensaba yo -este amanecer- dejarme manipular por los hechos que estos días nos embargan. Pensaba dedicarme, desde el “punto primero de la mañana”, a reflexionar cuestiones prácticas de la última reforma del proceso y de la procedura en los pleitos de nulidad matrimonial canónic; una reforma entrada en vigor a finales de 2015 y alumbrada por el Motu Proprio, del papa Francisco, “Mitis Judex Dominus Jesus”.
Habré de retrasarlo y hacerlo algo más tarde, hoy mismo, porque no pienso con estas primeras reflexiones, al aire de los hechos, otra cosa que poner a mis amigos en el brete de tener de pensar ellos también y confesarse ante lo que pasa o nos pasa. Yo pienso… Tú pìensas… El de más allá también pi,ensa…

Es una verdad que los hechos hablan; incluso acosan y exigen; y no parece correcto darles la espalda o no hacerles aprecio, sobre todo, si son abultados o llamativos. Pero, como hoy me esperan otros empeños muy gratos y acuciantes también, quisiera ser breve e inquisitivo esta mañana. Breve porque la ruta está trazada y no es factible que no exista lo que ya se mueve. Inquisitivo, porque a mis amigos y lectores los considero adultos y mayores de edad en saber y discernir y conforta poner alguna vez en su tejado la pelota del pensar y del decir. Aprender de ellos me estimula. No sé si me será posible ser breve al menos. Inquisitivo, seguro que lo voy a ser.

Mi hermano, ayer –mi hermano no es de medias tintas ni de cambalaches teorizantes o romancescos: le gustan más las líneas rectas que las oblícuas o curvadas-…. Mi hermano, ayer, decía que el Senado debería tumbar los presupuestos y devolverlos al Congreso para que el nuevo presidente del gobierno bailara un pasodoble con ellos.
A la politica, aunque sea el “imperio de la mentira” como se sabe por Ortega, tal vez repugnara la treta, que no sería excesivamente honesta, ni quizás patriótica, le respondí.
Pero, lo que son las cosas… Esta mañana acabo de oír a un contertulio de la Cope una idea paralela a la de mi hermano, un tanto maquiavélica posiblemente, pero con cierto toque de sublimidad. Era esta: que el Senado, con mayoría absoluta popular, no rechace los presupuestos, pero que los enmiende. Y que concretamente los enmiende en lo que se refiere a esos 540 millones de euros y demás ganancias que el PNV exigió como condición para appyarlos y sacarlos adelante. Por la felonía del PNV, que -después de pactar con Rajoy y sacarle la ”tajada” de esos millones y más-, en días tres o cuatro, -tras “sopesar” y “meditar” mucho, como dijera su presidente- trapichea, pacta y apoya la moción de censura contra el propio Rajoy, condicionando el nuevo pacto a que le respeten esa “tajada” y no sin exigir otras, de lo que no me cabe duda.
Cuando le acaban de plantear esta posible treta al portavoz de los socialistas, dejó caer, sin dudarlo un momento, que eso sería uns “venganza” y que no sería justo.
Y como todos llevamos a bordo de nuestras personas el instinto de la justicia, esta salida del portavoz, a parte de hacerme gracia, hizo también que mis reflexiones no pudieron resistirse y me llevaran -otro día más- a hacer un guiño a estos hechos: en vez de, como yo me proponía, irme a los indicados análisis procesales.

Voy a plantear la cuestión muy escueta y concretamente: si el PP en el Senado enmendara los presupuestos en lo referente a las concesiones economicas exigidas por el PNV –esos casi 600 millones para empezar-, en razón a la felonía de pactar –en cuatro días, como quien dice- a favor de Rajoy y en contra de Rajoy, en un trapicheo indecoroso a todas luces, y con la “tajada” a buen recaudo y más que eso tanto en el anverso como en el reverso de la medalla, ¿sería una venganza, como afirma el portavoz socialista? ¿Sería una injusticia? ¿O, tal vez mejor, pudiera ser más bien lo justo y necesario, en este juego de intereses de unos y de otros?
Se sabe que en el Derecho internacional –en materia de los tratados, acuerdos y pactos entre los Estados- vige la cláusula del “pacta sunt servanda rebus sic stantibus”. Es decir, que los pactos han de mantenerse y observarse mientras las cosas, las condiciones o las circunstancias, sean las mismas; en otro caso, no.

dDespués de pensar un poco en ello, no me parece que la jugada del PP en el Senado, si se produjera, fuese una venganza, o que fuera injusta o falta de equidad. Y no sólo ni tanto por la traición de PNV –un partido que sabe bastante de “recoger nueces” del árbol que otros agitan- o por su avaricia descarada, sino porque considero que esas concesiones a los “periféricos” vascos y catalanes son atentatorias contra la democracia y sus bases de respeto a la igualdad y a la dignidad de los ciudadanos en general; y porque creo que los privilegios están reñidos frontalmente con la democracia, como clamaban -y con razón- los que han echado en cara al Estado conceder privilegios civiles a la Iglesia, discriminando a otras religiones, en sus mismas circunstancias sociales. Si esto ya no va, ¿por qué ha de seguir yendo lo otro?
Si el PNV se decidió, después de sopesarlo y meditarlo bien, a traicionar a Rajoy como lo hizo en realidad, ¿no hubiera sido lo ético, lo honorable, lo digno renunciar a los millones que le había sacado, en vez de asegurarlos bien, previamente al nuevo pacto, del que también sacaría más ”tajada” sin duda?.

Y aquí viene la cosa. ¿Qué pensáis de todo esto, mis queridos amigos?. Me pirro por saberlo.

He oído también hoy mismo –y abundo en los guiños a los hechos- cosas como estas:
-En democracia, los galones sólo se ganan en las urnas
-Pedro Sánchez no ta tomado la presidencia para gobernar España, sino para “estar” en la Moncloa
-La política de don Padro ha sido -hasta ahora- una política casi sólo de gestos. ¿Será, a partir de ahora, de algo más que gestos?
-Los socialistas, al pactar con los enemigos de España y de los españoles (¿No es de recordar la sarta de insultos que el Sr. Torra Pla, de “viboras” para arriba, nos dedicó a todos no hace tanto?), se han salido del bloque constitucional.
- A Ciudadanos se le ha quedado cara de “pasmao” después de sus aventurillas en la refriega de la “moción”; se le ha visto descolocado…
- Un Psoe pactando con los peores enemigos de España ¿es Psoe? No debiera quitarse alguna de las letras de su rótulo?
-El PP debe cuanto antes dejar de lamerse las heridas para reflexionar, con objetividad primero, para después autocriticarse y enderezar el rumbo. Porque sabido es que las instituciones se oxidan y envejecen cuando no se renuevan a tiempo y con energía. A circunstancias nuevas, caras y actitudes nuevas. Al fin y al cabo, los partdos políticos son medios y no fines; son andaderas y no poltronas…

Todo esto se decía esta mañana en los mentideros de la radio y la prensa.

Y como no tengo tiempo de más, “paso palabra” a mis amigos lectores para que ellos entren también en esta liza que se ha abierto con las recientes circunstancias; y para que, después de reflexionar por su cuenta y razón, piensen y después digan, si les parece, lo que opinan de estas novedades que los hechos traen esta mañana consigo.
¿Mañana más? Seguramente. ¿Quién se resiste a los guiños de ciertos hechos?

Para cerrar hoy, otro pensamiento de Antonio Machado, al que no me canso de citar porque nunca me canso de aprender de él. Oigamos lo que anota sobre España por boca de Juan de Mairena o de Abel Martín. “España no es una invención de las cancillerías europeas, la resultante de un tratado de paz mas o menos inepto. España lleva siglos de vida propia perfectamente definida por su raza, por su lengua, por su geografía, por su historia, por su aportación a la cultura universal. No es fácil disponer de su presente ni, mucho menos, de su porvenir. Aún suponiendo –y es mucho suponer- que pueda caer arrollada por la fuerza bestial de sus enemigos, su deber es caer con dignidad, resistir hasta el fin, porque sólo así sería indefectible su resurgimiento futuro. Y, por de pronto, España piensa en la victoria, porque está segura de merecerla”.
Las graves palabras del poeta parecen hechas para esta circunstancia. Pensemos y, sobre todo, no desesperemos. Animo, pues, que –como dice el sabido refrán- hay “matones”, cuyos “muertos gozan de buena salud”.

Amigos. Lo prometo. Por unos días os dejo en paz con vosotros mismos. Me voy a mis reflexiones procesales y, si puedo compaginarlo, también a recrearme por los ríos y las montañas de mi tierra. Traen satisfacciones que no son capaces de dar otros afanes u otros menesteres.
SANTIAGO PANIZO ORALLO


"Perdonen que no me levante" -6-III-2018-

03.06.18 | 09:34. Archivado en Acerca del autor

No son las palabras sino los hechos y las obras lo que define, magnifica o prostituye una personalidad. Así lo enseñan la psicologia racional y el sentido común.
Hoy, a las once y dos minutos del día, en el palacio de la Zarzuela, ante el rey Felipe y las más altas magistraturas de la nación, el nuevo Sr. Presidente del gobierno de España toma posesión del cargo y hace la promesa de respetar y hacer cumplir la Constitución. Estaba en su facultad prometer o jurar y ha elegido prometer tan sólo. Hasta aquí, nada que objetar.
El síntoma que aludo al abrir estas reflexiones de hoy está en otra cosa, en un detalle que me parece sintomático: por primera vez en la historia de nuestra democracia contemporánea, el Sr. Presidente dispone que, en el acto de su toma de posesión, y de su promesa de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, fueran excluídos los símbolos religiosos católicos, la Biblia y el Crucifijo.
Respetable así mismo la decisión del Sr. Presidente, pero sintomática; y –en cuanto sintomática- digna de algunas reflexiones o quizá mejor atisbos, conjeturas o resalte de indicios. El Sr. Sánchez, por primera vez en nuestra historia, no ha querido y ha rechazado expresamente la presencia de unos concretos símbolos religiosos católicos en la mesa de su promesa. Respetable, como digo, la decisión por cuanto desde 2014 eso está previsto en el protocolo de la Casa Real para este acto; pero sintomática y, como tal, elocuente.
Si una buena parte de este pueblo aún llamado España –hasta la fecha al menos- es católica, el síntoma no es que merezca reflexiones –que por supuesto las merece-, sino también tomas de conciencia y de postura ante lo que puede venir mañana o pasado. Y es que, más de una vez, en estos pasados años, el Sr. Sánchez ha proclamado sus anhelos de denunciar los Acuerdos vigentes desde el año 1979 –enero de 1.979 concretamente- entre la Santa Sede y España. Bien es verdad que hay otros Acuerdos -en vigor ahora mismo- del Estado español con las religiones judía, musulmana y evangélica protestante; pero solamente ha venido hablando de denuinciar los Acuerdos con la I. Católica, plenamente constitucionales y acordes –puesto que son posteriores a la entrada en vigor de la constitución y nadie ha dudado, ni el tribunal constitucional, de su compatibilidad con el espíritu y la letra de nuestra vigente constitución. Esta especie de “fijación” freudiana del Sr. Presidente llama -a mí, al menos- la atención.
Es posible que el Sr. Presidente sea “laicista” y sueñe con un Estado laicista, porque laico ya lo es desde que entró en vigor la Constitución y en concreto su art. 16 sobre libertad religiosa y separación de la Iglesia y el Estado. No sólo no es el Estado español en la actualidad un Estado aconfesional, sino laico en el sentido usual de esta palabra en la nomenclatura más común ahora mismo. No es “laicista”, claro, y en ello tal vez radique el desliz –a mi ver, naturalmente- del Sr. Presidente.
Es posible que el Sr. Presidente confunda la laicidad con el laicismo, en cuyo caso tal vez debiera hacer un “master” –ahora que están de moda- para enterarse de las diferencias; eso si, advirtiendo de paso que la laicidad es una virtud tan cristiana y católica como secular, porque está en la misma constitución de la Iglesia, en ese Evangelio en el que se impone a los creyentes, como parte sustancial del mensaje cristiano, “dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar”. ¿No se habrá enterado aún el Sr. Presidente de que ese “crucificado”, al que expulsa de la mesa de su solemne promesa, fue el primero que, en la historia humana, impuso la separación de lo sagrado y lo profano en defensa nada menos que de la libertad de la conciencia de los hombres?
Y hasta es posible que el Sr. Presidente no haya estudiado antropología moderna para saber que la condición de “homo religiosus” en el hombre es tan predicable del mismo como la de “sapiens”, “faber”, “ludens” o “oeconomcus”. Y que hoy, por esa ciencia moderna sobre el hombre, es retrógrado pensar que la condición de “homo religiosus” sea una imposición de curas o de obispos y no un dato de neta naturaleza humana, que sólo se niega hoy, no por los que defienden que el hombre procede del mono –cosa que nadie niega ya, aunque sea creyente-, sino por los que defienden que es el mono el que viene del hombre; en regresión, claro, más que enn evolución. No hace tanto, en una revista científica de buen predicamento –Magazin Philosophie-, se alentaba esta sensacionalista teoría.
Y como ya puede ser factible todo después de este primer síntoma, harán bien los católicos españoles, a la vez que rendir homenaje del respeto debido al nuevo Sr. Presidente del gobierno de España –ya lo predicó san Pablo- (que lo es aunque no haya ganado ningunas elecciones para serlo en plenitud de verdad y de legitimidad… Harán bien los católicos españoles en tomar nota, precaverse y no dormirse. Porque –insisto- el síntoma es significativo.

Ayer cerraba mis reflexiones diciendo: “Pueblo, despierta y espabila”, para no verte ninguneado por los mismos que se llaman a sí mismos demócratas de toa la vida….
Hoy añado: Católicos, ¡alerta!. Que somos pocos y seguramente mañana seremos menos; pero lo que somos -poco, mucho o regular-, hemos de hacerlo valer; y el modo, en política, está en el voto y en las urnas… . Que si unos se pavonean con derechos, otros también los tienen con seguridad y con verdad. Y hay cosas que un católico y un cristiano, si lo son y no hacen farsa, no pueden ver y quedarse impasibles sin dar señales de vida.
Y abono estas reflexiones de hoy con otra idea: los horizontes no son buenos para la religión, y los creyentes -en esta encrucijada de posmodernidad inclemente-, si no otros derechos que tienen sin duda, como el de la libertad, debieran exigir y ejercitar alguna vez ese tan vulgar pero no siempre inútil ejercicio del vulgarmente llamado derecho al pataleo. Creo que no es mucho pedir… Este derecho no está en las declaraciones universales de los derechos humanos, al menos en forma explícita; pero está muy presente –y con buenas razones- en la historia de la humanidad. Veamos.
- “No he de callar hasta que rompa la aurora de la jusuicia”, cantaba -ya en su tiempo- el profeta Isaías (cap. 61), ante las murallas hostigadas de Sión.
-“No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. No ha de haber un espíritu valiente? Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”. Lo dijo don Francisco de Quevedo y Villegas en su famosa Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a don Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivare, en su valimiento.
Amigos. Dar señales de vida –algunas al menos- puede no ser poco cuando tantos pregonan a coro eso de que “Dios ha muerto y yo soy dios”. Y de los “dioses” que no sion ”Dios!”, líbrenos Dios.
Y cierro ya por hoy estas reflexiones con una letrilla sugerente de don Antonio Machado: “Ayer soñé que veía a Dios gritándome ¡”Alerta!”. Después era Dios quien dormía y yo le gritaba; ¡”Despierta!”. Buen pensamiento para tiempos preocupantes, sobre todo en labios de una persona como el poeta que se pasó la vida entera buscando a Dios.
Cuando los síntomas son los que son y si, como dicen por esta tierra, “los lobos pierden su lana antes que las mañas”, ¡òjo, perdiz! y, como ayer decía, “a verlas venir” pero sin que nos sorprenda su vuelo raso y a ras de tierra..
Lo dicho. Somos pocos y mlñana tal vez seremos menos; pero lo que somos -poco, mucho o regulasr- hemos de hacerlo valer; por dignidad y respeto a unas creencias, que como dice también Ortega de ellas, han de ser mäs que las puras idea que van y vienen, porque en ellas, en las creencias, “estamos”, y las ideas solo las tenemos….
Y al nuevo Sr. Presidente, el mayor respeto del mundo, pero con los ojos muy abiertos… Que los síntomas, en patología médica, son ayudas para curar las enfermedades porque alertan.
SANTIAGO PANIZO ORALLO


Al son de la moción de censura - Atisbos a bote pronto 2-VI-2018

02.06.18 | 18:00. Archivado en Acerca del autor

Me pregunta un amigo –Jesús se llama este amigo, ingeniero industrial y buen zahorí de aguas subterráneas- cómo veo –a pocas horas de producirse- la defenestración de Rajoy y el encumbramiento de Pedro Sánchez por mor de la –exitosa esta vez- moción de censura, orquestada –en “manada”- contra el PP a partir de una frase -no sabría decir si desafortunada, inoportuna o improcedente procesalmente hablando- de la reciente sentencia dictada en el caso Gurtel. Me pregunta y le respondo que con deportividad me lo estaba tomando.
Me pregunta también cómo estaba tomando la otra sorpresa de los días, la dimisión del entrenador del Real Madrid, Zidane, y le respondo lo mismo: con deportividad igualmente me lo tomo.

Al decir “con deportividad”, quiero decir con calma, sin aspavientos, con cierto gracejo incluso, sin perder el sueño ni las ganas de comer y en disposición psicológica de ”a verlas venir”. O, como dice mi sobrino Gelín cuando jugamos al tute, en actitud espectante, de “oro baio y a esperar”. “A verlas venir” sobre todo, porque en los dos casos –el del nuevo presidente y el del maduro entrenador- hay trastienda, y el futuro, más pronto que tarde, despegará las telarañas que causan ahora mismo asombros, incertidumbres y hasta incredulidad en gentes de buen sentido y mejores luces.

Pero como de reflexionar se trata y de leer las entretelas de los “hechos” –siempre digo que “los hechos hablan” a quienes los interpelan con objetividad y con respeto y ambas cosas las procuro siempre que los miro-, esta deportividad de que hablo no me lo va a impedir en este trance, sin duda histórico, desconcertante y lamentable para muchos y posiblemente dramático –otra vez el drama salpicando la historia patria- de nuestras pertinaces “dos Españas”, una mitad maldición y la otra mitad, ganancia de “pescadores a río revuelto”.

No quedarse “pasmaos” e “insensibles” ante “la política” de tu país y decidirse a meterse algo en ella no es descaro, sino riguroso deber cívico.
Ortega y Gasset –lo saben bien mis amigos y conocidos- es uno de mis mentores o guías por los caminos –no siempre fáciles y abiertos- del pensamiento lógico y del no ceder nunca ante la farsa o el “cuento chino”. Y cuando se trata de sus temas favoritos –el de la política y los políticos es uno de ellos-, procuro no dejar de mentarle. Porque sus ideas lo merecen y además me van bien. Por eso, y aunque peque de reiterativo, ante los hechos de hoy, no me privo de ofrecer a mis amigos -y a quien me quiera leer sin gafas de aumento ni pre-juicios de villano- unas frases suyas que van con los primeros compases de El Espectador y que pueden servir de ayuda a los que -aunque preocupados, porque la cosa no es para menos- se deciden, a pesar de todo, a mirar con deportividad y en positivo el momento presente.
Dice Ortega al caro, lejano e ignoto amigo, que le reprochaba quedarse en mero espectador en medio de las refriegas, varias cosas interesantes, hoy como ayer, sobre el quehacer político. E insisto: aunque ya en otras ocasiones las he mentado, ahora que vienen como anillo al dedo, no me siento mal volviéndome a ellas. Tomemos nota.
Escribía Ortega por febrero-marzo de 1916 y aunque, desde entonces, haya llovido mucho, secundado por sequías pertinaces, en esta “piel de toro” no han cambiado tanto las cosas como para ver en Ortega un habitante de otra galaxia. Casi todo lo que dice es tan actual ahora como hace un siglo. Es lo que tienen los clásicos en algo. Y en política, Ortega –socialista y de los de pro- lo fue con su ciencia mayestática y con sus andares y quehaceres en la política de su tiempo, que fueron los de la 2ª república nada menos.
“La vida española nos obliga, lo queramos a no, a la acción política. El inmediato porvenir, tiempo de sociales hervores, nos forzará a ello no mayor violencia. Precisamente por eso, yo necesito acotar una parte de mí mismo para la contemplación. Y eso que me acontece, acontece a muchos…”
“Desde hace medio siglo –y nos metemos en pleno siglo XIX-, en España y fuera de España, la política, es decir, la supeditación de la teoría a la utilidad- ha invadido por completo el espíritu. La expresión extrema de ello puede hallarse en esa filosofía pragmática que descubre la esencia de la verdad, de lo teórico por excelencia, en lo práctico, en lo útil. De esta suerte, queda reducido el pensamiento a la operación de buscar buenos medios para los fines, sin preocuparse de éstos. He aeuí el pensar utilitario”… “La pasada centuria se ha afanado harto exclusivamente en allegar instrumentos: ha sido una cultura de medios…”, mucho más que de fines y de metas.
“Situada en su rango de actividad espiritual secundaria, la política o el pensamiento de lo útil es una saludable fuerza de la que no podemos prescindir. Si se me invita a escoger entre el comerciante y el bohemio, me quedo sin ninguno de los dos. Mas cuando la polítrica se entroniza en las conciencias y preside toda nuestra vida mental, se convierte en un morbo gravísimo. Y la razón es clara. Mientras tomemos lo útil como útil nada hay que objetar. Pero si esta preocupación por lo útil llega a constituir el hábito central de nuestra personalidad, cuando se trate de buscar lo verdadero, tenderemos a confundirlo con lo útil. Y esto, hacer de la utilidad la verdad, es la definición de la mentira. El imperio de la polìtica es, pues, el imperio de la mentira”.

¿No os parece, amigos, que recordar –ahora, en este trance a todas luces “expectante” de nuestra historia contemporánea- unas aseveraciones tan luminosas como rotundas de un tal José Ortega y Gasset puede servir de acicate para mirar lo de hoy con deportividad, en el sentido indicado?.
Porque así lo creo, así os lo digo. Sin rebozo y con buen animo, por si las negras conjeturas del caso aún pudieran tener reverso de alegres previsiones.

Por estas razones y animado por ellas, no me voy a privar hoy, en una primera entrega y a bote pronto, de soltar unas cuantas reflexiones, en atisbos solamente, al aire de la defenestración de Rajoy y el encumbramiento subitáneo de don Pedro Sánchez; sin elecciones democráticas, que es como deben subir al Poder los gestores del “pueblo soberano” -no se olvide que, en democracia, hay veces que lo legal, por muy legal que sea, y la moción de censura lo es, se topa de frente con lo limpiamente democrático-; y con la “santa compaña” -ah, lo de la “santa compaña” qué cerca tiene lo de las “malas meigas”!- de sus muy dudosos compañeros de viaje; sin que alivie mucho en este caso lo de Fraga en sus tiempos: que la política hace a veces extraños compañeros de cama. No parece normal –al menos, a mí no me lo parece- subir al Poder a hombros de rufianes, de racistas, de provocadores o de felones comerciantes de bicocas y de cupos, de populismos de chalet y “escraches”, sin abonarse gratis a hipotecas insufribles o a chantajes demoledores. Perversa es toda esclavitud, pero mucho peor es la esclavitud voluntaria. Y -si no- que se lo pregunte el Sr. Sánchez a Etienne de la Boëtie, leyendo –hay edición en castellano si quiere ahorrarse buscar la edición francesa- su interesante Tratado sobre estas clases de esclavitud. Es aleccionador y no tiene desperdicio. ¡Palabra!!!

¿ALgunas de mis reflexiones y atisbos?
Hoy solamente algunos. Otro día, más.

-Hoy es un día para la Historia. Lo estoy oyendo decir a casi todos. Lo que pasa es que esta es una historia que aún no se ha escrito, porque no está hecha, y los hechos que la han de hacer van a ir viniendo más pronto que tarde para darle cuerpo, color y tonos. Sus hechos los veremos sin tardar, seguramente.
-¿Será de fiar el hombre que ahora promete consenso a raudales cuando ha pasado años siendo el hombre del “no es no y siempre lo será”?
-¿Será leal quien pide ahora lealtad sin medida a quienes él se la ha dado a cuentagotas, con reticencias y poniendo palos en las ruedas de la carreta? ¿Quién puso frenos, por ejemplo, a la aplicación del art. 155 de la Constitución?

Mi amigo Jesús –después de hablar un rato de esto y de otras cosas (de nuestras aficiones comunes concretamente)- me pone en el brete de un reto que acepto. Verás -me dice- lo poco o nada que va a tardar Pedro Sánchez en convocar elecciones, dando -como debe ser en buena democracia- la palabra al pueblo en situaciones como esta. Ni de “coña”, le contesté. Ni lo pienses. Te apuesto una comida de “garbanzos con callos” en Trabadelo, y con café, copa y puro –aunque no seamos fumadores ni tú ni yo- a que no veremos caer esa breva. Él aceptó la apuesta y yo, el reto. ¡Ojalá me equivoque y el nuevo Sr. Presidente del gobierno de España se decida a llamar a la democracia por su propio nombre y no con seudónimos.
Por lo pronto, hoy mismo está repitiendo su cantinela de que “España es una nación de naciones” y el baile con las hipotecas está programado y a punto.

De todos odos y en aras de la deportividad, como dice mi sobrino cuando jugamos juntos al tute: “Oro bajo y a esperar”
Deportividad. A verlas venir. Y a la espera –¿será posible?- de perder la apuesta con mi amigo y comerme los “callos con garbanzos” pagados de mi bolsillo. Ojalá me equivoque en los cálculos, aunque tengo pocas esperanzas. Prometo que los 15 euros del menú los pagaría con sumo gusto.
Más bien se verán venir otras cosas antes que las elecciones….. Pero he de callarme ya para no traicionar la deportividad con que estoy encarando –o, al menos, lo intento- esta hora incierta –de las más- de nuestra moderrna historia democrática.
Y me voy -para cerrar ya estas reflexiones de hoy- a mi poeta moderno favorito, a mi querido don A. Machado en esa letrilla en la que parece esperar contra la esperanza, pero que da confianza hasta en medio de las tormentas o en las noches cerradas: “Esa España inferior que ora y bosteza, vieja y tahúr, zaragatera y triste; esa España inferior que ora y embiste; cuando se digna usar de la cabeza, aún tendrá luengo parto de varones, amantes de sagradas tradiciones y de sagradas formas y maneras…”.

Y en éstas, sólo cabe pedir: “Pueblo, despierta”, para que no te ocurra lo que ya Quevedo pronosticara en el cap. XXXV de La hora de todos y la fortuna con seso: que a pueblo necio e ignorarte, ganancia de los tiranos. Por precaución o tal vez por supervivencia, con deportividad también porque la deportividad no está reñida con las verdades, anoto esta idea para cerrar.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Sábado, 17 de noviembre

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