Entre dos luces

Mi pueblo

31.05.18 | 12:47. Archivado en Acerca del autor

MI PUEBLO

Hoy –en un Supra de Alsa, con salida de Madrid a las dos y media de la tarde- viajo a mi pueblo, para estarme allí hasta –más o menos- el 10 de junio, en que habré de volverme unos pocos días a la capital del Reino. Por eso, mis reflexiones hoy se mecen -más que al son o el compás de unos hechos o de unos pensamientos e ideas que me llegan de fuera- al de las sensaciones que me van tomando mirar los paisajes desde la ventanilla del autobús. También las sensaciones han de tener su pizca –o tal vez mas- de “mando en plaza” para el buen gobierno de las vidas; y más todavía si son positivas como las que a mí me embargan hoy.

El viaje –dando de lado a las más de cuatro horas empotrado en el asiento y el monótono run-run del motor- ha sido normal. Lo dediqué, en parte, a contemplar el paisaje de esta Castilla llamada La Vieja, así llamada tal vez por su indubitada condición de añosa raíz de las Españas o quizás por su adusta faz de líneas rectas y planicies de horizontes abiertos que invitan a pensar más en años que en fogosas juventudes. Ancha y abierta es Castilla, en el mejor sentido de los dos adjetivos. Casi siempre parda y agostada, es una delicia verla ahora verdeante, risueña y vegetal, en una primavera sin arrogancias pero verde y esperanzadora como todas las primaveras, hasta las más humildes y austeras.
A la vez que contemplaba, pensaba; en las cosas que pasan o nos pasan; en esas cosas de todos los días que, si no siempre son para tirar cohetes, tampoco lo son para poner cara de vinagre o pegarse un tiro. Y también en las cosas de algunos días, esas otras que, al ser imprevistas y en ocasiones inoportunas, se resisten a pasar sin pena ni gloria.

Otro espacio del viaje lo dediqué a escribir el bosquejo de un ensayo sobre Babel, aquella torre tan bíblica como mitológica y sugerente, que -la víspera de Pentecostés, es decir, mañana mismo- trae a colación la Iglesia para contrastar la primigenia comunidad de lenguas con esa otra diversidad tantas veces arbitrada para romper la unidad del hombre y hacer así, de un universo ideal e idílico, un pluriverso de antagonismos irreconciliables y humanamente perniciosos.

Y en éstas andada cuando, pasada la media tarde, el Bierzo nos daba la bienvenida, exultante y con brazos también de primavera esplendorosa y risueña. De espectacular se puede calificar este año la primavera, tras lluvias y lluvias y un invierno empeñado en no irse por las buenas…. Pues, o mucho cambia en estos días próximos, o el “cuarenta de mayo” nos va a coger con el “sayo” a cuestas y haciendo rogativas para que cese de llover… De todos modos, disfrutar de la primavera berciana, aunque sea por pocos días no deja de tener alicientes.

Al bajar en Ponferrada del autobús, una nueva sensación y un deseo se asoman a mi horizonte personal: la sensación de estar en casa y a gusto, y el deseo de respirar hondo para no perderte nada de los aires de la tierra que te viera nacer. Al llegar a casa y aliviarme un poco, dedico un rato antes de la cena a escuchar a Nino Bravo y, en concreto, esa canción que, dedicada a su tierra, que tiene palmeras y tiene montañas, pero tiene también “el mismo sol que otras rierras”. Y me dije, tras oír esa canción mayestática para curas de nacionalismos rabiosos o subnormales, que sin duda me siento ufano de mi Bierzo, pero no hasta el punto de no reconocer, y admirar también –sin mirar por encima de los hombros a nadie- las bellezas y las bondades de ese “sol de todos” que unifica a los hombres por encima de lenguas, de particularismos, de idiotizados fanatismos y de los cuentos y las mentiras de quienes, hasta siendo cretinos como cualquiera pueda serlo sin abdicar de ser hombre, se pirran por lo suyo, pero sin menosprecio de lo demás….

Y aquí, en este punto, retorné con la mente a la Babel aquella en que unos hombres, obsesionados, emperrados, en edificar una torre que llegara hasta el cielo –lo del “asalto al cielo” tiene solera y veteranía “chulescas” en la historia humana-, cambiaron el “progreso humano” por por un os egocentrismos patógenos. “Tú lo qusiste” valdría tal vez comentar con el “fraile” aquel

Tras mi cena habitual de una sopa de fideos y un yogourt y después de estarme un rato tratanto de contar estrellas desde mi baslcón, con la silueta del convento de las monjas de mi pueblo en le retina e intentando escuchar, como antaño, al ruiseñor velando enamorado a la madre de sus polluelos –hace mucho que es intento vano oír al ruiseñor en las noches de abril y mayo-, se voy a la cama, aunque no sin antes rememorar ese poema de A. Machado “al olmo seco”; de tantas aplicaciones filosóficas, o no tan filosóficas; y más en estos días del renuevo y del milagro primaverales. ¿Por qué no, si a ratos llueve y a ratos hace sol?. Lean el poema y verán si es o no posible…
Mañana –me digo al acostarme- será otro día. Y el Dios de ese sol que es el mismo para un sueco que para un americano, para un asiático que para un negro de Tanzania, nos ayude –a los que creemos en Él cuando menos- a usar más la cabeza y algo menos las vísceras cuando de estas cosas tan de comer a diario se trata. Que nos incite y ayude a pensar un poco antes de soltar la lengua y hacer bobadas. Un viejo amigo del pueblo -farruco y suficiente él- es partidario de hacer prinero las cosas y después pensarlas y hasta se ufana de esa fantasía de falsa racionalidad. Después de preguntarle, una y otra vez, si le salen bien con ese método, le suelo decir –para su consuelo- que hay quienes no las piensan ni antes ni después de hacerlas….
Él se ríe y yo me río, porque como dice Iñaki Linazasoro en uno de sus libros de humor, hay que reírse, a pesar de todo. Mañana será otro día.

SANTIAGO PANIZO ORALLO

NOTA POSTDATA.
Mis queridos amigos.
Perdonadme que os haya dejado de lado estos pasados días, desde que me vine al pueblo la tarde del 17 de mayo actual. No me avengo bien con estas técnicas ultra-modernas de la comunicación on-line (¿se dice así?) y me cuesta encararme “vis a vis” con estas –tan fáciles para muchos- “historias” de “fibras ópticas”, de “ruter”, de “wi.fi” y demás zarandajas de comunicaciones por estas vías, tan importantes por otro lado para estar y vivir en este tiempo y en este mundo. Cosa de preferencias generacionales, me digo yo. Me apetece más, por ejemplo, leer un libro de papel que uno virtual. Cuestión de gustos, así mismo diría.
El hecho es que han pasado días y días sin tener del todo a punto esta vía de contacto. Perdonad, insisto.
Poco a poco –y asociado a lo actual de cada día- os iré pasando mis reflexiones, esas que aguantáis pacientes dando muestras de una esquisita amistad. Mis gracias por ello. SPO


La hora sde Rosa -17-V-2018

17.05.18 | 12:53. Archivado en Acerca del autor

“Por los alrededores del año 600 de la era fordiana ¿quieresaber qué puede ocurrir? En cuanto a los restantes rasgos de ese mundo más feliz y más estable –los equivalentes al soma, la hipnopedia y el sistema científico de castas- probablemente no se hallen más que a tres o cuatro generaciones de distancia. Ya hay algunas ciudades americanas en que el número de divorcios iguala al número de bodas. Dentro de pocos años, sin duda alguna, las licencias para matrimonios se expenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un período de 12 meses, y sin ningunas lrey que impida cambiar de perro o tener más de un perro a la vez. A medida que la libertad política y económica disminuye, la sexual tiende, en comparación a aumentar. Y el dictador (a menos que necesite carne de cañón y familias con que colonizar territorios deciertos o conquistados) hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticosd, del cine o de la radio , las libertad sexual ayudará a reconciliar a los súbditos con la servidumbre que es su destino” (Del Prólogo a la 2ª edición de Un mundo feoliz, de Aldous Huxley).

Quien leyere atentamente este Prólogo, adicionado por Huxley a su Brave New World – Un mundo feliz, editado por primera vez años antes, podrá ver en el mismo varios añadidos a la profecía y atisbar entre sus líneas ajustes de aceleración.
El ser humano, según la teoría del escritor inglés, se perfila echado de pies y manos en brazos de unas tecnologías de fantasía, pero sin alma ni principios, elevadas -porque sí- a categoría de fines, y todo él movilizado por ansias tan desmesuradas como locas de “doparse” para su final “asalto al cielo” –un cielo, por cierto, previamente vaciado de Dios-. Quien lea, he de insistir en ello, con una pizca de atención ese Prólogo ha de advertir sin gran esfuerezo que los plazos de la profecía se acortan y que lo que en la obra original son 600 años de la era fordiana pocos años más tarde ya son pòco más de cien años de la misma era tecnológica; es decir, hablando en plata, que vamos aceleradamente hacia una deshumanización sin porecedentes, como ciegos e hipnotizados por esa idea de “un mundo feliz” tan utópico como imposible.
Para comenzar y a los efectos de esta reflexión concreta, realzo la frase de dicho Prólogo que plasmo al comenzar: “Ya hay algunas ciudades americanas en que el número de divorcios iguala al número de bodas. Dentro de pocos años, sin duda alguna, las licencias para matrimonios se expenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un período de 12 meses, y sin ningunas lrey que impida cambiar de perro o tener más de un perro a la vez”
Con Rosa -pedagoga, logopeda y sobre todo amiga y arúspide-, desde hace unos cuantos meses, tengo pendiente una deuda. Le pedí una tarde del último verano –y ya está el próximo en ciernes- que me tentara con cinco temas que a ella le parecieran importantes en la hora presente e interesantes por su “bravura”, espinosa o dialéctica. Cuestiones de “aguas bravas” –quedamos-, de esas que encienden polémica y no son de pacífica posesión. Le mandé a su tiempo mis mreflexiones y puntos de vista sobre algunos, como que Dios no es un invento de nadie, ni de curas ni de chamanes o hechicerios, o si las creencias en que estamos o nos movemos, son ficciones, ilusiones, mentiras o engaños a nosotros mismos para sentirnos mejor, y no sería saludable depurarlas de cuando en cuando y, llegado el caso, algunas al menos, dejarlas de lado.
Veo que aún quedan pendientes dos de de los temas de Rosa. El de la indisolubilidad de los matrimonios que la Iglesia sigue defendiendo como patrimonio de humanidad y la cuestión de si hay o no “milagros”. Y como me da un poco de rebozo verme con ella y su marido –abogado y según parece atizador de la cuestión- en Ponferrada dentro de unos días, no lo difiero más y dedico a “la hora de Rosa” estas reflexiones.
Esta cuestión de la indisolubilidad del matrimonio (en el ideario jurídico-moral de la Iglesia Católica) –muy compleja y, sobre todo, muy debatida y polémica desde los secularismos de los ss. XVII y XVIII especialmente todo- pudiera resumirse en algunos interrogantes; más o menos de esta guisa. ¿Es raciona,l o irracional tal vez, que un ser humano pueda comprometerse a algo de por vida? Concretando más ¿hay razones de peso para que un matrimonio pueda dejar de serlo por el sólo arbitrio de quienes lo contrajeron? En definitiva, humanamente, ¿son posibles decisiones irrevocables de vida?
Recuerdo que, hace ya muchos años, tuve en Leòn, en la sede del Colegio de Médicos, una charla con este mismo título y cuestión: ¿se pueden reputar asequibles a la condición humana decisiones irrevocables de vida? O puede comprometerse un hombre a no cambiar el rumbo que elije consciente y libremente?.

No cabe duda, y sé muy bien, que el tema es peliagudo y que la polémica está servida con solo enunciarlo.
Entonces adobé el relato con un parangón de carne y hueso. Santiago Carrillo, comunista conocido, nunca -que yo sepa- alteró su compromiso con las ideas y con el partido comunista, ni siquiera lo hizo en la Transición aunque –por altura de miras- en aquel momento crucial cediera compos de circunstancia. Se mantuvo fiel de por vida a sus ideas, a porincipios y a sus decisiones.
Y dije que no es irracional; al contrario, que puede ser muy racional y correcto, que un hombre o mujer se comprometan de por vida a algo, aunque con dos condiciones: que sea en la línea de la propia vocación (es decir, del punto de partida de unos potenciales, capacidades y disponibilidades dadas por la naturaleza a una condición humana concreta), y que el compromiso lo sea consciente y libremente adoptado, de tal modo que ese hombre o mujer se pueda calificar de “dueño de sus propios actos”.
Defiendo, pues, que con estas condiciones no repugnan a las condición humana determinadas decisiones irrevocables de vida. Incluso veo algunas de ellas por entero consonantes con las propias esencias de “lo humano”.

En relación con el matrimonio y la familia, dos datos estadísticos son de reciente cuño. España es el país de Europa más proclive hoy a las separaciones y los divorcios. España está cerca a la cola en cuanto a tasa de natalidad.
Quizá lo sea por aquello que Ortega Y Gasset anota al comenzar su ensayo, Democracia miorbosa: “Las cosas buenas que por el mundo acontecen obtienen en España solo un pálido reflejo. En cambio, las malas repercuten con increíble eficacia y adquieren entre nosotros mayor intensidad que en parte alguna”.

Hay ahora mismo –no cabe duda- movimientos muy pujantes de ideas para los cuales el matrimonio y la familia son instituciones periclitadas, que han de dejarse de lado para llamarse “modernos”, por anacrónicas y ajenas a los signos de los tiempos. Muchos piensan que es de “progreso” “juntarse” y no casarse, ni formar una familia al modo tradicional; que es mejor contribuir a lo que Huxley pronostica como factible y muy verosímil en su libro de premoniciones y profecía.

Tampoco estoy de acuerdo en que el matrimonio y la familia –los llamados matrimonio y familia tradicionales- estén o periclitados o muertos ya.
Chesterton –el fino, audaz, irónico y nada memo G. K Chesterton, converso del ateísmo al catoliciosmo no hace tanto- enfica y habla de estos dos temas tan vivos y vivaces con soberbia puntería y claridad, huyendo –con buena lógica- tanto de los que ven el matrimonio y la familia como instituciones del pasado, inservibles ya por tanto como de los que las adoran hasta con el óxido y la pátina circunstanciada de tiempos pasados, El matrimonio y la familioa no han muerto ni pueden morir; medios muertos, eso sí, renquedano a veces, víctimas –ellos también- de estatismos e inmovilidades increíbleas, esperan la mano que lqas ponga al día y las renuevem pero sin romper su esencia.
“La familia, por supuesto no ha muerto. Medio enterrada en el polvo de la frivolidad y en el barro de la insensatez y el egoismo, que parecen ser congénitos a la humanidad y que nunca dejan de acompañarla en su caminar, la familia, el matrimonio, languidecen en las sociedades tecnológicamente más avanzadas del globo. Y además, como todas las cosas grandes de verdad –las realidades que de verdad importan- la familia está siempre muriendo y siempre resucitando o, por lo menos, debería estarlo. ‘Semper refformanda’… Frente a ella parece alzarse también una fuerza del sino” (cfr. G. K. Chesterton, EL amor o la fuerza del snio, 3ª edic. Rialp Madrid, 1994, Introducción de A. de Silva, p. 19)
Por lo que se refiere específicamente al matrimonio, señala el pensador británico que no es tanto cuestión de “instituciones” como de “personas”; que no son malas las instituciones, ni anacrónicas, ni desacordes con los tiempos que vivimos –la del matrimonio concretamente-, sino que es la poca talla, el raquitismo de los hombres y mujeres llamados a contraerlo, lo que –la mayor parte de las veces y en momentos tan lacios y gaseosos como los actuales- deja mucho que desear..

No es que yo pretenda con estas reflexiones sacar a nadie de sus casillas. No se trata de eso. Sólo trato de decir lo que pienso en una cuestión de vida o muerte para el futuro del hombre. Cada cual piense como quiera; está en su derecho, siempre que se pongan razones y no emociones tan sólo o vísceras en el platillo de la balanza.
¿Puede usted casarse o cambiar de pareja cada año o cada mes incluso, si una ley se lo permite? Allá usted y allá la justicia de esa ley (porque hay leyes injustas salidas de parlamentos bien constituidos, como, por ejemplo, las hitlerianas racistas y antisemitas…
Pero como yo pienso –y estoy convencido de que una cosa es hablar y otra distinta tener razón en lo que se dice- digo lo que pienso a este respecto; al decirlo, procuro abonarlo con razones; y desoués me quedo tan tranquuilo a la puerta de mi tienda viendo pasar las aguas del río de la posmodernidad haciendo tabla rasa de todo o casi todo lo que hasta ahora fue serio, sólido y auténtico. Como si la “modernidad líquida” o “gaseosa” de Zigmunt Barman y de otros muchos sociólogos encerrara el destino y el futuro del hombre y ahora –sólo ahora- lo hubiésemos descifrado por fin.

No sé yo si a Rosa le habrán llenado o no mis razones. Es –insisto en reconocerlo- un tema polémico, hasta para quienes admitimos que –en las condiciones que he señalado ya- son posibles y hasta racionales pueden serlo, decisiones de por vida.
Pero si no estuviera de acuerdo en todo –muy posible tal vez- que no se apure; seguiremos hablando para mensurar un poco mejor las cosas, matizar algunas (siempre son posibles los matices en cuestiones como estas); y –acto seguido. a meternos en más “aguas bravas” cuando quiera. Es saludable deporte nadar contra la corriente y no dejarse mecer o acunar en un “dolce far niente” que tiene más de suicida que de cómodo y saludable.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Addendum -16-V-2018-

17.05.18 | 05:53. Archivado en Acerca del autor

Addendum a las reflexiones de ayer, tituladas El ánimo por los suelos.
Ayer cerraba con dos adjetivos: Descorazonador, pero canallesco. Lo sigo del mismo modo calificando.
Esta mañana, una de las noticias era que el alcalde Sabadell había recibido a las familias de los “matones”, intrépidos “gudaris”, de Alsasua, para apoyarlas, darles ánimos y parabienes.
A la vista de ello, y sin cambiar un ápice los adjetivos de ayer. me digo que no es cosa de encorajinarse y perder la serenidad. No es para tanto, si se piensa que llueve sobre mojado..
Sólo es cosa de remedar el verso genial con que Lope de Vega abordaba en su tiempo la revuelta Letras, diciendo en el verso de su El nuevo arte de hacer comedias lo mismo que él decía aunque aplicado a este otro respecto: y puesto que el pueblo es necio demos al pueblo lo que el pueblo quiere…. Y como además, y se atribuye a la Biblia, “el número de los necios es infinito”, que haya un necio más…. Tampoco es tanto. Y todavía más, que en esta colosal sinrazón catalana haya un episodio más tampoco muta la especie, si –como se asegura- cada pueblo tiene los gobernantes que se merece. Por todo eso…

¿Para qué hacerse mala sangre con las subnormalidades o las conjuras de los idiotas…..?. Creo sinceramente que no merece la pena, si no se quiere caer en la trampa de sus maliciosos cálculos.

Lo malo, sin embargo, lo triste, lo asombroso e indescriptible, lo que da pena y más sorprende y hace pensar, es que –en toda esta sinrazón- haya tenido bastante que ver la Iglesia; en esta anti-humana fractura social de la que son artífices, por lo menos ideológicos o amparadores, curas, frailes, monjas y, por supuesto, algunos obispos de Cataluña.

Lamentable todo el “affaire”, como quiera que se le mire, desde planos humanos y también cristianos.
Pero, como en el caso del tonto que va siguiendo un camino y, cuando se acaba el camino, el tonto sigue, hagámonos a esperar otros episodios del esperpento. Con calma y flema, eso si, y sin salirse de madre (SPO, el 16-V-2018)


"Negra sombra que me asombras... (12-III-2018)

17.05.18 | 05:05. Archivado en Acerca del autor

“Omnis pontifex, ex hominibus assumptus, pro hominibus constituitur in iis quae sunt ad Deum” (Carta de san Pablo a los Hebreos, 5, 1-2).
“Todo pontífice o sacerdote es sacado del común de los hombres y deputado a su favor en todo aquello que se refiere a Dios; par ofrecer ofrendas y sacrificios por los pecados, para compadecerse de los ignorantes y de los extraviados, por cuanto él está también metido en la flaqueza y, por ello, debe por sí mismo ofrecer sacrificios, igual que por el pueblo”.
“Pontífice” –“Sacerdote”- “Hacedor de puentes”– “Dispensador de lo sagrado”
En este paso de la Carta traza san Pablo el estatuto de lo que ha de ser un sacerdote.

Aquel 19 de mayo de 1.968 –año, por cierto, de hervores revolucionarios en el Barrio Latino de París-, veía realizado el sueño de su vida: ser sacerdote. Todo lo de antes y después se iba a perder en la ilusionada y grandiosa magnitud del mismo y todos los caminos de su vida iban a percibirse y abordarse en función de ese sueño y de la realidad que encarnaba su despertar.

Esta mañana tiro los pies de la cama con una deuda que saldar; deuda -por mitad- de justicia y amistad; pero también, y campeando sobre esas dos mitades, deuda con un tinte añadido que realza la deuda: de honor a la persona que viste el cargo, de cura y arzobispo en el caso.
Hoy, el Sr. Arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vega celebra sus bodas de oro con el sacerdocio. Y como no me es posible vivenciar ese día de oro a su lado, la amistad me empuja a ofrecerle -desde la distancia- este obsequio que –debo confesarlo- tiene en verdad mucho más de cariño y exultación que de cualquier otra cosa; nada por supuesto ni de coba ni de ficción. Ni mi libertad me lo permitiría, ni su humildad sería merecedora de tal ofensa.

Don Fidel es de tierra de santos. Abulense de terruños fríos y austeros, es –como esa tierra que le vió nacer- no frío aunque sí austero y recatado. Como Teresa de Ahumada, sabe buscar y hallar entre los pucheros y los cacharros a Dios, aunque sabe también, desde ellos, subir hasta las alturas en que ese Dios habita especialmente. Porque Dios habla desde la tormenta y el aguacero, pero desde mál arriba también habla Dios.
Huérfano de padre desde pequeño, con su madre –poco ha fallecida, santa mujer, castellana “vieja” -de las que miran menos el “afeite” aparente que la “casra de mujer” y madre de cura (lo que es sin duda otro título)- y con su hermano (el “bueno” de los dos segín parece), bregó lo indecible en una vida de azares y vislumbre de certezas (los azares sin las certezas tendrían más de Lázaro de Tormes que de Teresa de Jesús): de Avila a Madrid y, en la gran ciudad, su vida fue de lucha por hacerse hueco y por hacerse hombre.
Uno de sus sellos y rasgos de su vida fue -como suele decir en confidencias “sotto voce”- la determinación de dejarse llevar hacia las metas sin trazar él los caminos: nada de lo que pretendió se hizo; todo lo que ha sido le ha llegado sin pedirlo. Un sello y rasgo, por cierto, que libera de arribisms y de arrogancias y pone vitola de autenticidad sobre la piel del hombre.
En Madrid discurrió el curso mayor y más representativo de su vida, con ejes centrales en la ordenación como sacerdote ese día de mayo del 68 –qué seña tan evocadora e impactante: ni él mismo niega haberse visto agitado a distancia por los adoquines de las barricadas parisienses- y en la designación como arzobispo de Burgos. En lo que a Mayo del 68 respecta, me parece a mí que ese “affiche” primario del mismo, que rezaba “Il est interdit d’interdire”, el “Prohibido prohibir” de tanta y tan abrupta solera revolucionaria, en él se traduciría muy justamente por el “encomiable convencer, con verdad y con razones” para no tener que prohibir.
La verdad, su vida es mosaico policromado en el que los tonos se van turnando y los colores se combinan y hasta se difuminan para resultar y dejar ver al final una figura de arte mayor: formador sacerdotes; asesor de obispos; obispo auxiliar; estudioso en España y en Roma; y siempre, y en todo, en brindis permanente por un sacerdocio y una Iglesia de Cristo, mirándose a diario al espejo del Evangelio de Jesús y a ese facsímil del mismo que es el Vaticano II, que –como dice don Fidel- necesita implantarse aún en bastantes cosas.

Segurio que tiene defectos como cada “quisque”, y a mucha honra tenerlos (lo contrtario sería mentira o prepotencia); pero, en todo caso, los lleva bien, como han de saber llevarlos los hombres cuerdos y discretos: con humildad y con verdad, dos virtudes de las tierras austeras; otro lema capital en la ascesis teresiana.

Este pequeño ensayo de reflexiones en honor del amigo y, sin embargo, respetable arzobispo de Burgos, don Fidel, lo voy a cerrar con unas frases del comienzo del Testamento literario de Palacio Valdés; joya auto-biográfica que él mismo dice haber escrito “antes de cerrar los ojos para siempre”, en que da refglas para el gobierno de uno mismo, que bien pueden valer, aún hoy, para adoctrinar a cualquiera.
“EL más alto interés de la vida está en saber para qué hemos sido llamados, el por qué de nuestra existencia. El engaño en ete punto es fatal, pues de él depoenden nuetra dicha y el destino del mundo. Son muchos los hombres que se equivocan, que se obstinan, aunque a todos nos habla al oído la sabia Naturaleza. Pero esta voz es tan baja en ocasiones que no la percibimos. Mejor nos sería estarnos quietos; no introducir en la vida nuestras parcialidades ny apetitos y esperar que una ola benéfica nos empuje a puerto seguro. Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto de su caballo”

No quisiera, de todos modos, finiquitar del todo este ensayo en honor de este día de oro de don Fidel sin decirle algo que siento y que, si no dijera, me daría una mala digestión: el sagrado olor a pastor, que tanto inculca para los sacerdotes de hoy el papa Francisco, más que en el olor material a establo; se nota en los andares, los pensares, los sentires y los quereres del “pastor de almas”. Y eso, en don Fidel, se da más y mejor que lo otro, las prepotencias o las ínfulas de amo y dueño, más que servidor del “pueblo de Dios”.
Amigo don Fidel. Con Dios siempre, a pesar de todo y “Ad multos annos” en ese sacerdocio de los sueños de niño y joven.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


El ánimo por los suelos -15-V-2018-

15.05.18 | 13:36. Archivado en Acerca del autor

Acabo de escuchar por la radio una entrevista. A una de las mujeres que, hace meses ya, fueron vejadas, maltratadas, insultadas y heridas -junto con una amiga y dos guardias civiles-, cuando tomaban –los cuatro- una tarde, unas copas en un bar de Alsasua. El relato es de los que imponen respeto a quien relata, pero asco hacia otros, porque descubren los bajos fondos de toda una serie de “comparsas” que revela de todo menos calidad humana y esa mínima dignidad que se exige para ser hombre o mujer mínimamente normales. Se dan cosas en estos tiempos que valdrían como como bocetios para un “aguafyeuerte” de Goya, si Goya no hubiera pasado ya a la histortia hace tiempo, lo mismo que los sucesos que provocaron fusilamientos de los 43 patriotas en la Montaña de Príncipe Pío, en Meadrid, la noche del 2 al 3 de mayo de 1808. Si a Goya no le fue difícil trazar en su lienzo “la crónica negra de aquellos días negros”, es posible que, si reviviera, no le faltaran ni ánimo ni pinceles parta trazar esta otra crónica, negra tanto o más que aquella, de unos hechos -el del bar aquella tarde y los que le siguen hasta el dìa de hoy.
El relato que acabo de oír me incita a este “flash vivo” de mis reflexiones de hoy. No es que estremezca y encoragine; es que flipa o hace flipar, y no es entusiasmo sino de asco y vergüenza….

EL acoso bestial y salvaje a que –desde aquello- se está viendo esta mujer supera con creces los tintes, negros por sí, de “la manada” del bar. Porque la ola espansiva sigue sacudiendo los aledaños –próximos y lejanos- del pueblo –ciudad, villa o lo que sea- de Alsasua. El relato de la mujer, entre otras cosas macabras, hace hincapié en una de las pancartas que, en este acoso masivo a la dignidad humana- alguien plantó en la cercanía de las víctimas: “El pueblo no olvida”. Una pancarta como esta, paseada ante los ojos de las víctimas, no es que levante ampollas en cualquier persona normal o de bien –que lo hace-; es que se hace veredicto de culpabilidad y dedo acusador de todo un pueblo; y más si el pueblo se calla; y más que eso, de toda una serie de maleantes e hipócritas para los que o el oportunismo o el odio son alimento digerible.
Si buscara el adjetivo con que calificar la situación que revelan estos hechos –todavía sin cifrar ni centrar del todo-, me decidiría por este: descorazonador.
-Las feministas –las que salieron no hace tanto en masa para gritar dignidad e igualdad para la mujer- calladas como si ciertos acosos a la mujer no fueran con ellas
-Autoridades complacientes con la barbarie
-La gente del pueblo, cómplice por el silencio y el gusto de mirar hacia otro lado
-Las conjuras orquestadas para que lo blanco sea negro y lo negro blanco
-Y el odio que se siente andar suelto por las calles y esquinas del pueblo.

Cuando la mujer termina su relato y dice que ha de sacar a sus padres de Alsasua e irse ella misma para comenzar de nuevo en otra parte y quitarse de encima el sambenito de “maqueta” con que allí la distinguen unos “gudaris” de mierda y nada más, m,e siento impulsado con fuerza a cambiar el adjetivo “descorazonador” por “canallesco”.
Y puesto que “canalla” es, como dice el Diccionario de la Lengua, la persona o colectivo miserable, vil, despreciable y malvado, valga el Diccionario para calificar el cuadro de Alsasua. La pena, como digo, es que las nuevas víctimas no tengan a mano otro Goya que pase para siempre a la posteridad el horror de las víctimas y maldad de la canalla.

Hay un consuelo, sin embargo y a pesar de todo: que, siendo mortífgero el veneno del odio, lo es más para los que odian que para los que son odiados. Y como dice Ortega –maestro en catalogar al odio entre las fuerzas centrífugas de instintos asesinos-, “el odio envuelve a lo que odia en una atmósfera desfavorable; lo maleficia; lo agosta como un siroco tórrido; lo destruye virtualmente; llo corroe”. El discurso del odio -cualquiera que sea o como quiera que se exprese, a machetazos o en silencios o connivencias- es rigurosamente negativo, anti-social y, por supuesto, discriminador y racista. Porque “odiar es –así concluye Ortega el primer capítulo de sus Estudios sobre el amor (Las facciones del amor, ed. Revista de Occidente Madrid, 1954, pags. 3-14)- anulación y asesinato virtual –pero no asesinato que se ejecuta una vez, sino que estar odiando es estar sin descanso asesinando, borrando de la existencia al ser que odiamos”. Y esto es –en liso y llano- delito de lesa humanidad; de los que no se perdonan. Y no porque no se puedan perdonar, sino porque la metástasis del odio es dañina como la del cáncer. Antropológicamente, una deserción en toda regla de lo humano. Individualmente, una patología del alma; y socialmente, una bomba de relojería en la línea de flotación de cualquier sociedad.
Descorazonador, pero también canallesco.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Elogio del caminar 13-V-2018

14.05.18 | 19:26. Archivado en Acerca del autor

“¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” (Hechos de los Apóstoles, 1, 10-11). A recio aldabonazo en la puerta me suena este apóstrofe que, a aquellos “galileos”, asombrados y estupefactos, zarandea con voz de apremio para sacarlos de su ensimismada parálisis.

Aunque hoy sea domingo, me parece jueves; uno de “los tres jueves que relucen más que el sol”. La Ascensión de Jesús a la vera del Padre marca –para los que tenemos fe- una hora de consumación y otra de incertidumbres, pero sin que “lo incierto” deje nunca de la mano la esperanza.
Hoy se cierra un camino, el que arranca del pesebre, de Belén; el que -después de muchas jornadas del “Dios hecho hombre” por caminos de tierra y de historias de hombres –exilio en Egipto, desierto de los alacranes y las tentaciones, idilio en las bienaventuranzas, gloria vislumbrada del Tabor, parábolas didácticas como las del pródigo o el samaritano, el precepto supremo del amor, los malos presagios y sudores de Getsemaní, la traición y la negación del “no reinsertable” y del que sí lo era, el paripé del falso demócrata Pilato recurriendo a la “masa” para lavarse las manos, la cruz de los cuatro brazos abiertos a los cuatro puntos cardinales, el sepulcro y la resurrección-… El camino que se agota este día, en el que Jesús, a la vista de “los suyos” –los “suyos” son los que, mal que bien y a veces dudando y otras creyendo, no le hacen ascos y le quieren-, se eleva y sube al cielo, hasta que una nube se lo quita de la vista.
Pero. como ellos seguían mirando sin saber qué hacer –o tal vez queriendo traspasar las nubes para no perderse la estela intinita por los infinitos espacios siderales, esa voz les vuelve a la realidad desde aquel marasmo y la nostalgia de las presencias vivas de un Dios al que tocaron y sin embargo nunca lo aceptaron del todo, hasta que Dios mismo –Espíritu Santo en toda regla- les encendió la llama sobre sus cabezas el Día de Pentecostés….
El reproche de aquella voz que les corta la mirada es la voz de la realidad, que les incita a bajarse de las nubes para pisar la tierra. ¡Qué hacéis ahí plantados como paparotes mirando al cielo…! Ese Jesús. al que habéis visto irse tras cerrar al completo el ciclo providente de redimir al hombre, ese mismo “volverá”…. Pero, entre tanto, es vuestra hora la que ha sonado…. “Id a proclamar, no a imponer, en Evangelio: el que crea y se bautice, se salvará; el que no quiera creer –todos somos libres de creer o no creer- será condenado, por no haber creído y aceptado la salvación ofrecida, a costa de tanta sangre y controversia, y con tanto amor, por Dios.
Por todo esto y más aún, la Ascensión de Jesús es, no sólo el arranque de otro camino o de un camino más, sino la “puesta de largo” de la Iglesia de Cristo, el momento de encararse consigo misma, de verse de lleno ante su misión, ante sus compromisos con el Dios que la funda y con el hombre de todos los tiempos, que tiene derecho a esperarla, limpia y sin mancha, clara y sin disimulos ni diplomacias, valiente y sin complejos, pero sobre todo vivaz, es decir, mostrándose a la medida del “yo” del hombre tal cual se dinamiza en las presentes circunstancias del ser hombre.

Mirar al cielo está muy bien. Contar estrellas, no dIgo…!; especialmente cuando las estrellas se deciden, al anochecer, a ensayar sus guiños, cuando el solo intento de contarlas parece evocar impulsos ascendentes..
Contar estrellas, pero sin quedarse sólo en eso. Los ojos que cuentan estrellas han de ser ojos también que ayuden a aterrizar y a ponerse a caminar. La voz, por tanto, que a los discípulos reprocha el marasmo de la nostalgia, les acicatea, les saca del dulce contar estrellas para ponerlos en marcha hacia caminos de tierra y encrucijadas nada fáciles de descifrar o sortear. Por eso, la Ascensión y esa Voz que le sigue me parecen el punto de partida inicial de una “iglesia en marcha”; siempre andando y siempre también en espera.
Contar estrellas y romperse la cara en defensa de la verdad, de la justicia, de la paz y del amor… Es el camino.
La contemplación y la acción…. Dos perfiles o anverso y reverso de una misma realidad: la vida humana. El que es hombre no se contenta con ser apariencia o barulo; necesita, en su propio escenario, reservar un espacio para sí mismo, para sus pensamientos e ideas, para contemplar y pensar antes de hacer y obrar. Porque, racionalmente, no está tanto el acierto en hacer las cosas como en hacerlas bien. Eso sí, que la contemplación y la idea no sean una huída –cómoda o cobarde- de la realidad, sino una catapulta, un ariete, para topar con ella y entrar en ella. No concibo una verdadera “contemplación” –ni la del convento de clausura más estricto- que no tenga dentro de sus pàredes, y sienta vivo, el soplo indigente de la entera problematicidad del hombre.
Contemplar para mover los pies. La estampa de este domingo no reprocha a los “galileos” que miren a las nubes y cuenten las estrellas; les reprocha que “estén como “plantados”, estáticos, atrapados, atornillados al palmo de tierra que pisaban sus pies.

Elogio del caminar…. Cada cual a su paso y a su ritmo y estilo, pero, siempre y en todo, siguiendo una estela capaz de atrapar los ojos y fijas los pies; la de ese Señor que –después de ensayar el camino- invita a ponerse en maarcha.
Ascensión es, pues, vida ascendente sin duda; pero también es panopla de caminos abiertos y posibles.
Ahora mismo, amigos, llevo en las manos un librito con título de “Elogio del caminar”. Es de David Le Breton, sociólogo y antropólogo, profesor en la universidad de Estrasburgo. Editado por Siruela (2015), todo él se muestra como un envite al “caminar”, y no sólo por la salud del cuerpo, sino por la de un integral desarrollo humano. La espiritualidad no es estatismo e inmovilidad; sino dinamismo ascendente sin pausa.
Sólo entresaco de mi lectura de este libro dos o tres ideas reveladoras.
“Caminar es una apertura al mundo. Restituye en el hombre el feliz sentimiento de la existencia. Lo sumerge en una forma activa de meditación, que requiere una sensibilidad plena” (pag. 15)…
“Igual que una blanca nube de verano, en armonía con el cielo y la tierra, flota libremente en el azul del cielo, desde un horizonte a otro, siguiendo el aliento de la atmósfera, de la misma forma el peregrino se abandona a si mismo al aliento de una vida mejor, que brota de lo más profundo de su ser y le conduce más allá del más lejano horizonte hacia un fin ya presente en su interior, aunque tal vez oculto aún a su mirada”. Con estas palabras de L. A. Govinda –de mucha miga y proyección si se las degusta bien- da paso Le Bretón al capítulo que dedica a las “espiritualidades del caminar” (pag. 209)
Para cerrar hoy estas reflexiones, me vuelvo –como tantas veces hago- a mi predilecto poeta filósofo, a ese gran maestro –a la vez y conjuntamente- de la belleza y del pensamiento que, para mi gusto, es don Antonio Machado; en esa tan manoseada como poco seguida letrilla de sus Proverbios y Cantares que dice: Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar”.
El hombre racional ha de tener siempre disponible un espacio de sí mismo para el pensamiento y la contemplación. El espacio así reservado no ha de verse como teoría pura o trivial “dilettantismo”, ni un lujo tampoco. Se revela en ello una ostensible necesidad de orden y coherencia. Primero pienso y después hago. Primero entono y después ejecuto. Edifico en la mente y en el corazón antes de poner las formas, las plumas o los colores. Sobre todo cuando “nos la jugamos” con esa suerte de de cosas que trascienden, o están llamadas a trascender, la parte meramente animal o vegetal de nuestra especie.
Machado, que fue solemne poeta y agudo pensador, porque se preciaba de adornar con su poesía los pasillos desnudos del entendimiento y gustaba de los espacios siempre abiertos a la trascendencia; especialmente buscador incansable de Dios como dejan entrever muchos de sus versos; no conocía de los caminos hechos y trillados, sino de caminos que van haciéndose al paso de cada hombre, de los que aspiran –claro- a ser hombres y no otras cosas. Caminos que se van paso a paso empedrando con el seguimiento de la propia vocación, reflejada en las capacidades de la propia y personal existencia.
“Caminante”, reza la rima que ahora mismo estoy evocando. “Caminante, son mis huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino; se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y, al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar” (Proverbios y Cantares, XXIX)
SANTIAGO PANIZO ORALLO


Lección magistral - Lección de vida 12-V-2018

12.05.18 | 20:42. Archivado en Acerca del autor

Hoy, amigos, es para mí una jornada muy especial. Desde la primera luz del día –como sabéis. siempre me ha gustado saludar erguido a la primera luz-, atisbos de gratas sensaciones me rondan y me llenan.
¿La causa de ello? Mi asistencia hoy a la ceremonia de graduación universitaria que celebra esta mañana el Centro de Estudios Superiores Cardenal Cisneros en un salón del recinto Ifema de Madrid.

Me venía hostigando con ello Ibor –al que tengo –y no creo exagerar- por uno de mis mejores alumnos-, aunque haya sido la llamada de Mercedes, la secretaria del actual director del Instituto, el prof. Raul Canosa, la que, hace dos o tres días, me ha puesto en marcha. El hecho es que, vestido de jurista como el evento exige, allí me veo esta mañana.

Es del caso que que, soñando tal vez despierto, y antes incluso de la ceremonia, una bandada de premoniciones me revoloteaba ya como buen presagio de sensaciones positivas. ¿Qué diría yo, si tuviera que decir algo, esta mañana a unos chicos y chicas jóvenes, con toda una vida por delante y unas ansias locas -no alocadas- de ser algo en sus vidas? ¿Chicos y chicas de psicología, de derecho, de administración de empresas?.

No muchas cosas seguramente, pero algunas sí.
“Cedant arma togae” –Inclínense ante ellas, “hagan pasillo” las armas a las togas (Cicerón, De officiis, I, 77)-, les diría ante todo y para comenzar. Estas solas tres palabras del gran tribuno romano, en unos tiempos borrascosos como los actuales, sólo trata de decir que las pistolas nunca debenalzarse por encima de las ideas; y que “la fuerza de la ley” debiera bastar para mantenernos exentos de la barbarie.

Y no mucho más les diría. Tal vez, estos otros apuntes.
No puedo decir, amigos, que, al estar hoy aquí, en este acto y de esta guisa, me vea –usando la expresión vulgar- en “corral ajeno”. No lo puedo decir, porque no es verdad. El Cisneros ha sido, en mi larga vida de profesor universitario. un grato y estimulante referente; una palestra sin par de enseñar y de aprender. Yo procuro aprender cuando enseño y me esfuerzo para que otros aprendan. Quien sólo enseña pero no aprende, hasta de sus alumnos, tal vez sea profesor, pero no maestro
Lo que ciertamente diría es que, no tanto la sorpresa de la invitación, cuanto la amabilidad de la misma, particularmente la de su director Raul Canosa, me ha servido de aliciente y estímulo para seguir creyendo, a pesar de todo, en la condición humana y en el futuro del hombre. Por borrascosas que sean las horas –que lo son realmente- hasta en los rayos y truenos es posible vislumbrar la luz. Y la luz…, hasta la de una vulgar y efímera cerilla tiene valor humano.
Y qué más podría yo decir con brevedad, que no se me achaque a cursilería o arrogancia inoportuna?
Ante todo, que me siento a gusto, porque hoy me veo rememorando días felices de docencia; felices, hasta con sus sinsabores naturales.
Y también que, como tributo a tantas y tan vivas presencias aquí, hoy, en este brillante acto –la de los profesores y sobre todo la de los que se gradúan, con sus padres y madres y amigos y acompañantes- me tomaría una libertad propia de mayores: la de invitarles a que, si tienen tiempo, humor y ocasión, lean y reflexionen el cap. XXXV de una obrita de don Francisco de Quevedo y Villegas, La hora de todos y la cordura con seso –seso con ese y no con equis- y, con sosiego, paren mientes en la frase con que culmina el sorprendente relato: “Pueblo idiota es la seguridad del tirano”. La idiocía, la ignorancia, la esclavitud voluntaria, la necedad del pueblo son cuatro patas de la poltrona en que se asientan sus posaderas los tiranos.
Y es que aquel morisco, venido de las Españas e invitado por el “gran señor de los turcos” a darle novedades sobre el modo de gobernar, le hablaba de escuelas y universidades, de ciencias y de leyes, de erudición liberadora; como argumentaba el morisco,, el pueblo que conoce, sabe y gusta lo que es la libertad, se tiene orgulloso de ella, la estima y lucha por ella si fuere menester para no perderla por nada del mundo…
Pero, como las “novedades” del morisco sonaban a reto y no convencieron al Sultán, el final de “aquella hora” fue que se reafirmara en su despótico poder, pidiera a todos los presentes dejarse de novelerías y castigar al atrevido morisco cortándole el cuello.
Ahora que estamos en una sede propia de la ilustración y del saber, esa frase de nuestro genial literato -con un cierto impudor por mi parte lo hag- la propongo como objeto de meditación; para todos, aunque en especial para los que hoy, llenos de alegría y méritos, os acabáis de graduar, para que ni cedáis a esclavitudes, ni contribuyáis a que otros cedan.
Y qué más? Pues, ninguna otra cosa más que no sea decirles “gracias”.

Los sueños del amanecer ya se habían evaporado cuando Ibor, a las nueve y media de la mañana, me recogía para acercarme a Ifema. Estuve allí y las horas siguientes no me han quitado el regusto de haber estado. Espectacular todo.
Nunca hubiera podido conjeturar tantas amabilidades tras dos años de ausencia del Cisneros. No he de detallar por miedo a quedarme corto. Ni expreso nombres para no omitir a nadie.
Y el acto? Realzo especialmente, para no pasarme de riempoo- la lección del prof. Urra Portillo, de la facukltad de Psicología. Sólo diré que agoté el papel que tenía a la mano para tomar notas y apuntes. Fue toda ella un revival de puntadas encaminadas todas ellas a incitar a poner en acto –por los graduados especialmente- el difícil “arte del vivir”. Tan sólo me permito holharme con una de sus ideas: “La justicia sin la furerza es utopía o entelequia; la fuerza sin la justicia es una tirañía”. Fue todo un auténtico “vademécum” de máximas de vida humana. Sin desperdicio. Y pueto que tomo notas y notas, no dejaré –pronto- de bosquejarlas en honor de este profesor, del que aprendí esta mañana a reafirtmarme en un criterio vital para mí: que si las leyes marcan rumbos genéricos y bastranctos, sólo sion leyes de verdad cuando se encapsuilan en las personaas concretas. Mirar a las leyes, por supuesto; pero sin dejar de mirar, a su trasluz, el concreto “ser” y ”estar” de cada persona en el mundo y en su mundo.
Los tres representantes de los alumnos con sus fervorosas y juveniles primicias: el director y los demás representantes de las instituciones –la Complutense y el Patronato de la Fundación- dieron toques maestros también al brillo y el interés del acto. Hasta que el “Gaudeamus igitur” -casi a la una y media de la tarde- fue cayendo, vibrante pero sentido y como “sirimiri” de lluvia fina, sobre los asistentes, todo fue –a mi ver- un generoso recital de organización y de realización.
Las flores de la primavera presente, multicolores y variopintas que bordeaban el escenario, eran otra seña de calidad añadida a las muchas que se dan cita esta mañana en esta fiesta de graduación del Centro de Enseñanza Superior Cardenal Cisneros.

Y para decir gracias de nuevo, me voy a esa frase tópica, si se quiere, pero certera y veraz. que dice “merece nombre de persona agradecida la que publica el don recibido; demuestra empero mayor gratitud el que se olvida del beneficio para recordar únicamente al bienhechor” (cfe. L. Börne, Denkrede auf Jean Paul, 1825). Pues eso…!!!

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Lección magistral - Lección de vida 12-V-2018

12.05.18 | 20:38. Archivado en Acerca del autor

Hoy, amigos, es para mí una jornada muy especial. Desde la primera luz del día –como sabéis. siempre me ha gustado saludar erguido a la primera luz-, atisbos de gratas sensaciones me rondan y me llenan.
¿La causa de ello? Mi asistencia hoy a la ceremonia de graduación universitaria que celebra esta mañana el Centro de Estudios Superiores Cardenal Cisneros en un salón del recinto Ifema de Madrid.

Me venía hostigando con ello Ibor –al que tengo –y no creo exagerar- por uno de mis mejores alumnos-, aunque haya sido la llamada de Mercedes, la secretaria del actual director del Instituto, el prof. Raul Canosa, la que, hace dos o tres días, me ha puesto en marcha. El hecho es que, vestido de jurista como el evento exige, allí me veo esta mañana.

Es del caso que que, soñando tal vez despierto, y antes incluso de la ceremonia, una bandada de premoniciones me revoloteaba ya como buen presagio de sensaciones positivas. ¿Qué diría yo, si tuviera que decir algo, esta mañana a unos chicos y chicas jóvenes, con toda una vida por delante y unas ansias locas -no alocadas- de ser algo en sus vidas? ¿Chicos y chicas de psicología, de derecho, de administración de empresas?.

No muchas cosas seguramente, pero algunas sí.
“Cedant arma togae” –Inclínense ante ellas, “hagan pasillo” las armas a las togas (Cicerón, De officiis, I, 77)-, les diría ante todo y para comenzar. Estas solas tres palabras del gran tribuno romano, en unos tiempos borrascosos como los actuales, sólo trata de decir que las pistolas nunca debenalzarse por encima de las ideas; y que “la fuerza de la ley” debiera bastar para mantenernos exentos de la barbarie.

Y no mucho más les diría. Tal vez, estos otros apuntes.
No puedo decir, amigos, que, al estar hoy aquí, en este acto y de esta guisa, me vea –usando la expresión vulgar- en “corral ajeno”. No lo puedo decir, porque no es verdad. El Cisneros ha sido, en mi larga vida de profesor universitario. un grato y estimulante referente; una palestra sin par de enseñar y de aprender. Yo procuro aprender cuando enseño y me esfuerzo para que otros aprendan. Quien sólo enseña pero no aprende, hasta de sus alumnos, tal vez sea profesor, pero no maestro
Lo que ciertamente diría es que, no tanto la sorpresa de la invitación, cuanto la amabilidad de la misma, particularmente la de su director Raul Canosa, me ha servido de aliciente y estímulo para seguir creyendo, a pesar de todo, en la condición humana y en el futuro del hombre. Por borrascosas que sean las horas –que lo son realmente- hasta en los rayos y truenos es posible vislumbrar la luz. Y la luz…, hasta la de una vulgar y efímera cerilla tiene valor humano.
Y qué más podría yo decir con brevedad, que no se me achaque a cursilería o arrogancia inoportuna?
Ante todo, que me siento a gusto, porque hoy me veo rememorando días felices de docencia; felices, hasta con sus sinsabores naturales.
Y también que, como tributo a tantas y tan vivas presencias aquí, hoy, en este brillante acto –la de los profesores y sobre todo la de los que se gradúan, con sus padres y madres y amigos y acompañantes- me tomaría una libertad propia de mayores: la de invitarles a que, si tienen tiempo, humor y ocasión, lean y reflexionen el cap. XXXV de una obrita de don Francisco de Quevedo y Villegas, La hora de todos y la cordura con seso –seso con ese y no con equis- y, con sosiego, paren mientes en la frase con que culmina el sorprendente relato: “Pueblo idiota es la seguridad del tirano”. La idiocía, la ignorancia, la esclavitud voluntaria, la necedad del pueblo son cuatro patas de la poltrona en que se asientan sus posaderas los tiranos.
Y es que aquel morisco, venido de las Españas e invitado por el “gran señor de los turcos” a darle novedades sobre el modo de gobernar, le hablaba de escuelas y universidades, de ciencias y de leyes, de erudición liberadora; como argumentaba el morisco,, el pueblo que conoce, sabe y gusta lo que es la libertad, se tiene orgulloso de ella, la estima y lucha por ella si fuere menester para no perderla por nada del mundo…
Pero, como las “novedades” del morisco sonaban a reto y no convencieron al Sultán, el final de “aquella hora” fue que se reafirmara en su despótico poder, pidiera a todos los presentes dejarse de novelerías y castigar al atrevido morisco cortándole el cuello.
Ahora que estamos en una sede propia de la ilustración y del saber, esa frase de nuestro genial literato -con un cierto impudor por mi parte lo hag- la propongo como objeto de meditación; para todos, aunque en especial para los que hoy, llenos de alegría y méritos, os acabáis de graduar, para que ni cedáis a esclavitudes, ni contribuyáis a que otros cedan.
Y qué más? Pues, ninguna otra cosa más que no sea decirles “gracias”.

Los sueños del amanecer ya se habían evaporado cuando Ibor, a las nueve y media de la mañana, me recogía para acercarme a Ifema. Estuve allí y las horas siguientes no me han quitado el regusto de haber estado. Espectacular todo.
Nunca hubiera podido conjeturar tantas amabilidades tras dos años de ausencia del Cisneros. No he de detallar por miedo a quedarme corto. Ni expreso nombres para no omitir a nadie.
Y el acto? Realzo especialmente, para no pasarme de riempoo- la lección del prof. Urra Portillo, de la facukltad de Psicología. Sólo diré que agoté el papel que tenía a la mano para tomar notas y apuntes. Fue toda ella un revival de puntadas encaminadas todas ellas a incitar a poner en acto –por los graduados especialmente- el difícil “arte del vivir”. Tan sólo me permito holharme con una de sus ideas: “La justicia sin la furerza es utopía o entelequia; la fuerza sin la justicia es una tirañía”. Fue todo un auténtico “vademécum” de máximas de vida humana. Sin desperdicio. Y pueto que tomo notas y notas, no dejaré –pronto- de bosquejarlas en honor de este profesor, del que aprendí esta mañana a reafirtmarme en un criterio vital para mí: que si las leyes marcan rumbos genéricos y bastranctos, sólo sion leyes de verdad cuando se encapsuilan en las personaas concretas. Mirar a las leyes, por supuesto; pero sin dejar de mirar, a su trasluz, el concreto “ser” y ”estar” de cada persona en el mundo y en su mundo.
Los tres representantes de los alumnos con sus fervorosas y juveniles primicias: el director y los demás representantes de las instituciones –la Complutense y el Patronato de la Fundación- dieron toques maestros también al brillo y el interés del acto. Hasta que el “Gaudeamus igitur” -casi a la una y media de la tarde- fue cayendo, vibrante pero sentido y como “sirimiri” de lluvia fina, sobre los asistentes, todo fue –a mi ver- un generoso recital de organización y de realización.
Las flores de la primavera presente, multicolores y variopintas que bordeaban el escenario, eran otra seña de calidad añadida a las muchas que se dan cita esta mañana en esta fiesta de graduación del Centro de Enseñanza Superior Cardenal Cisneros.

Y para decir gracias de nuevo, me voy a esa frase tópica, si se quiere, pero certera y veraz. que dice “merece nombre de persona agradecida la que publica el don recibido; demuestra empero mayor gratitud el que se olvida del beneficio para recordar únicamente al bienhechor” (cfe. L. Börne, Denkrede auf Jean Paul, 1825). Pues eso…!!!

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Lección magistral - Lección de vida 12-V-2018

12.05.18 | 20:38. Archivado en Acerca del autor

Hoy, amigos, es para mí una jornada muy especial. Desde la primera luz del día –como sabéis. siempre me ha gustado saludar erguido a la primera luz-, atisbos de gratas sensaciones me rondan y me llenan.
¿La causa de ello? Mi asistencia hoy a la ceremonia de graduación universitaria que celebra esta mañana el Centro de Estudios Superiores Cardenal Cisneros en un salón del recinto Ifema de Madrid.

Me venía hostigando con ello Ibor –al que tengo –y no creo exagerar- por uno de mis mejores alumnos-, aunque haya sido la llamada de Mercedes, la secretaria del actual director del Instituto, el prof. Raul Canosa, la que, hace dos o tres días, me ha puesto en marcha. El hecho es que, vestido de jurista como el evento exige, allí me veo esta mañana.

Es del caso que que, soñando tal vez despierto, y antes incluso de la ceremonia, una bandada de premoniciones me revoloteaba ya como buen presagio de sensaciones positivas. ¿Qué diría yo, si tuviera que decir algo, esta mañana a unos chicos y chicas jóvenes, con toda una vida por delante y unas ansias locas -no alocadas- de ser algo en sus vidas? ¿Chicos y chicas de psicología, de derecho, de administración de empresas?.

No muchas cosas seguramente, pero algunas sí.
“Cedant arma togae” –Inclínense ante ellas, “hagan pasillo” las armas a las togas (Cicerón, De officiis, I, 77)-, les diría ante todo y para comenzar. Estas solas tres palabras del gran tribuno romano, en unos tiempos borrascosos como los actuales, sólo trata de decir que las pistolas nunca debenalzarse por encima de las ideas; y que “la fuerza de la ley” debiera bastar para mantenernos exentos de la barbarie.

Y no mucho más les diría. Tal vez, estos otros apuntes.
No puedo decir, amigos, que, al estar hoy aquí, en este acto y de esta guisa, me vea –usando la expresión vulgar- en “corral ajeno”. No lo puedo decir, porque no es verdad. El Cisneros ha sido, en mi larga vida de profesor universitario. un grato y estimulante referente; una palestra sin par de enseñar y de aprender. Yo procuro aprender cuando enseño y me esfuerzo para que otros aprendan. Quien sólo enseña pero no aprende, hasta de sus alumnos, tal vez sea profesor, pero no maestro
Lo que ciertamente diría es que, no tanto la sorpresa de la invitación, cuanto la amabilidad de la misma, particularmente la de su director Raul Canosa, me ha servido de aliciente y estímulo para seguir creyendo, a pesar de todo, en la condición humana y en el futuro del hombre. Por borrascosas que sean las horas –que lo son realmente- hasta en los rayos y truenos es posible vislumbrar la luz. Y la luz…, hasta la de una vulgar y efímera cerilla tiene valor humano.
Y qué más podría yo decir con brevedad, que no se me achaque a cursilería o arrogancia inoportuna?
Ante todo, que me siento a gusto, porque hoy me veo rememorando días felices de docencia; felices, hasta con sus sinsabores naturales.
Y también que, como tributo a tantas y tan vivas presencias aquí, hoy, en este brillante acto –la de los profesores y sobre todo la de los que se gradúan, con sus padres y madres y amigos y acompañantes- me tomaría una libertad propia de mayores: la de invitarles a que, si tienen tiempo, humor y ocasión, lean y reflexionen el cap. XXXV de una obrita de don Francisco de Quevedo y Villegas, La hora de todos y la cordura con seso –seso con ese y no con equis- y, con sosiego, paren mientes en la frase con que culmina el sorprendente relato: “Pueblo idiota es la seguridad del tirano”. La idiocía, la ignorancia, la esclavitud voluntaria, la necedad del pueblo son cuatro patas de la poltrona en que se asientan sus posaderas los tiranos.
Y es que aquel morisco, venido de las Españas e invitado por el “gran señor de los turcos” a darle novedades sobre el modo de gobernar, le hablaba de escuelas y universidades, de ciencias y de leyes, de erudición liberadora; como argumentaba el morisco,, el pueblo que conoce, sabe y gusta lo que es la libertad, se tiene orgulloso de ella, la estima y lucha por ella si fuere menester para no perderla por nada del mundo…
Pero, como las “novedades” del morisco sonaban a reto y no convencieron al Sultán, el final de “aquella hora” fue que se reafirmara en su despótico poder, pidiera a todos los presentes dejarse de novelerías y castigar al atrevido morisco cortándole el cuello.
Ahora que estamos en una sede propia de la ilustración y del saber, esa frase de nuestro genial literato -con un cierto impudor por mi parte lo hag- la propongo como objeto de meditación; para todos, aunque en especial para los que hoy, llenos de alegría y méritos, os acabáis de graduar, para que ni cedáis a esclavitudes, ni contribuyáis a que otros cedan.
Y qué más? Pues, ninguna otra cosa más que no sea decirles “gracias”.

Los sueños del amanecer ya se habían evaporado cuando Ibor, a las nueve y media de la mañana, me recogía para acercarme a Ifema. Estuve allí y las horas siguientes no me han quitado el regusto de haber estado. Espectacular todo.
Nunca hubiera podido conjeturar tantas amabilidades tras dos años de ausencia del Cisneros. No he de detallar por miedo a quedarme corto. Ni expreso nombres para no omitir a nadie.
Y el acto? Realzo especialmente, para no pasarme de riempoo- la lección del prof. Urra Portillo, de la facukltad de Psicología. Sólo diré que agoté el papel que tenía a la mano para tomar notas y apuntes. Fue toda ella un revival de puntadas encaminadas todas ellas a incitar a poner en acto –por los graduados especialmente- el difícil “arte del vivir”. Tan sólo me permito holharme con una de sus ideas: “La justicia sin la furerza es utopía o entelequia; la fuerza sin la justicia es una tirañía”. Fue todo un auténtico “vademécum” de máximas de vida humana. Sin desperdicio. Y pueto que tomo notas y notas, no dejaré –pronto- de bosquejarlas en honor de este profesor, del que aprendí esta mañana a reafirtmarme en un criterio vital para mí: que si las leyes marcan rumbos genéricos y bastranctos, sólo sion leyes de verdad cuando se encapsuilan en las personaas concretas. Mirar a las leyes, por supuesto; pero sin dejar de mirar, a su trasluz, el concreto “ser” y ”estar” de cada persona en el mundo y en su mundo.
Los tres representantes de los alumnos con sus fervorosas y juveniles primicias: el director y los demás representantes de las instituciones –la Complutense y el Patronato de la Fundación- dieron toques maestros también al brillo y el interés del acto. Hasta que el “Gaudeamus igitur” -casi a la una y media de la tarde- fue cayendo, vibrante pero sentido y como “sirimiri” de lluvia fina, sobre los asistentes, todo fue –a mi ver- un generoso recital de organización y de realización.
Las flores de la primavera presente, multicolores y variopintas que bordeaban el escenario, eran otra seña de calidad añadida a las muchas que se dan cita esta mañana en esta fiesta de graduación del Centro de Enseñanza Superior Cardenal Cisneros.

Y para decir gracias de nuevo, me voy a esa frase tópica, si se quiere, pero certera y veraz. que dice “merece nombre de persona agradecida la que publica el don recibido; demuestra empero mayor gratitud el que se olvida del beneficio para recordar únicamente al bienhechor” (cfe. L. Börne, Denkrede auf Jean Paul, 1825). Pues eso…!!!

SANTIAGO PANIZO ORALLO


La concuiencia. Mito, farsa o verdad -10-V-2018-

10.05.18 | 17:51. Archivado en Acerca del autor

El narcisismo, una patología de inflación del “ego”, arrasa hoy. Siempre hubo “narcisos” pero cuanto menos pesan los valores, más revolotean y se mueven las ingrávidas alas de las mariposas.
El narcisismo, que en lenguaje vulgar no es otra cosa que la afición desmedida, morbosa incluso, a mirarse al espejo –o al ombligo de uno mismo, que viene a ser igual-, no sólo con descaro, sino también con avidez solipsista, en tiempos de super-hombres artificiosos e irreales y de ególatras fanáticos arrasa, como digo, hasta volverse manía inclemente de los tiempos, e incluso tiranía.

Cuando digo “narcisismo”, no me estoy refiriendo escuetamente al mito bucólico del “dandy” “Narciso” que adoraba su figura, al verla reflejada en las aguas cristalinas del viejo arroyo. Me refiero más a los que, al mirarse al espejo cada mañana, se sienten más guapos que nadie, más listos y sabios que nadie, más seductores que nadie y sobre todo mejores que todos los demás.
Y más todavía me refiero a la plaga o epidemia de los que, hasta cogidos “in fraganti” –es decir, con “las manos en la masa”-, no paran de declamar sus inocencias: y dicen que son mal interpretados; que las culpas son del otro; y -sobre todo- el tópico de la “conciencia tranquila”. A mano llevan casi siempre el ya manido alegato de tener la “conciencia tranquila”.
Esto último, no hay mañana, tarde o noche que no se pueda observar en los labios de cualquier acusado, investigado o imputado….
La conciencia… Mito, farsa o verdad…

Hoy -este domingo 5º de la Pascua cristiana- las Lecturas bíblicas dan, como siempre, margen para hondas reflexiones a ras de tierra, es decir, conjugando en presente los verbos, los sustantivos y los adjetivos de los antiguos relatos.
Y como –aún ahora, cualquier día de éstos- se han podido oír los asiduos pregones de las “conciencias tranquilas” (los del “master”, los de la “manada”, los “fuenteovejunos” de Alsasua”, por citar sólo algunos de los más tesonantes estos días), hoy me ha dado por realzar la consigna que ofrece a los cristianos, y a todos, la 1ª carta del apóstol Juan, un águila sin duda por llevar generalmente su evangelio a las alturas de la mayor eticidad dentro de una selecta racionalidad: “no améis –les decía- de palabra y con la boca, sino con obras y según la verdad”. Puede venir muy bien a cuento.
“En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante Diosl, en caso de que condene nuestra conciencia; pues Dios es mayor que nuestra conciencia, y lo conoce todo.
Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios; y cuanto pidamos lo recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que a Dios agrada”.

Pero, mentada la “conciencia” en el relato bíblico, ¿qué es la conciencia en el hombre? ¿A qué se llama “tener conciencia”, “obrar en conciencia”, “ser hombre o persona de conciencia?”
La “conciencia” es concepto más amplio y abierto que lo que reductivamente se suele tomar tan sólo como criterio de eticidad o sentido estricto del bien y del mal.
Y por eso tomo la conciencia, no tanto como lo que yo pienso de mí, a mi propio arbitrio, interés o capricho; sino lo que pienso de mí a la luz de la razón y del buen sentido.
En este sentido, la llamada “buena conciencia” es hermana siamesa de eso que llamamos “autocrítica” o capacidad de valorarse a uno mismo son hacerse trampas.

El hombre es “conciencia de sí mismo” -se dice desde que Descartes situó el “cogito”, el “pensar”, el “razonar”, en la base más sólida y más altamente significante de la condición humana. Y, porque “tengo conciencia” de mí mismo soy hombre o mujer y no vegetal, animal o piedra. Y en ello está la mayor grandeza del ser humano: en llevar en los ojos, en las manos y hasta en los pies, la bandera veraz, y no farsante, de sí mismo. Otra cosa sería hacer de la existencia humana un perenne baile de máscaras; y eso, amigos, no es ser hombre, sino ser un farsante.

Es muy fácil para un charlatán de feria retorcer la conciencia para hacerle decir lo que conviene decir o lo que resulta más útil o rentable decir. La buena ciencia, o arte quizás mejor,,de la conciencia (que de una ciencia al fin y al cabo se trata) está en que “lo que hay dentro eso mismo haya fuera”; y, al revés, que lo de fuera espejee con verdad lo de dentro, cual pregonara Goethe. Y por eso, se ha de insistir en que la buena, recta y correcta conciencia de sí mismo ha de ser enemigo frontal de la “farsa” …
Por eso, el respeto a la conciencia –propia o ajena- es clave basilar de convivencias en justicia y en verdad.
Y por eso también, cuando en la boca de un infractor –el que sea-, cogido “in fraganti” como decía, aparece esa frase corriente, pero ya “tópica”, de tener la “conciencia tranquila”, una de dos: o se trata de un farsante, vendedor de falsedades y expendedor de mentiras, o ha de vérselas uno con un “minus valens”, convencido de que la gente es tonta y se va a creer lo que salga de unos labios al margen o en contra de unas evidencias, o notoriedades al menos.

Joseph Ratzinger era, antes de ser el papa Benedicto XVI, un gran teólogo y un fino pensador que se codeaba discretamente, es decir, bien, con las élites de la intelectualidad europea de su tiempo. Miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas del Instituto de Francia –es notable su discurso de recepción pronunciado el 7 de noviembre de 1992-, nombrado para sustituir nada menos que al físico Andrei D. Sajarov, son de todos conocidos sus debates -con Jürgen Habermas por ejempolo, sobre el papel actual de las reliones en la sociedad, incluso la moderna o posmoderna, en que nos hallamos.
Pues bien, entre sus relatos más sobresalientes, a mi ver, acerca de las realidades individuales y colectivas de nuestro tiempo, ha de contarse el pronunciado en Dallas en 1991, elaborado para una reunión de los obispos americanos, en el que se pone a debate el tema agudo, y más que trascendente, de los fundamentos últimos de la moral y de la ética. Así se tituola: Si quieres la paz, respeta la conciencia de cada hombre; los imperativos de la conciencia y de la verdad.
No es cosa, en este momento de reflexiones diarias, pisar más hondo en un tema tan sugestivo y vital –tanto individual como socialmente hablando. Me limito a reproducir, tal cual, una sola frase del referido relato del entionces cardenal Ratzinger en ese discurso a los obispos americanos: “El negarse a ver la culpas, el enmudecimiento de la conciencia en tantas cosas es una enfermedad del alma, más peligrosa que la culpa reconocida como culpa. Quien es incapaz de reconocer que matar es pecado cae más bajo que quien reconoce la ignominia de su acción, pues está mucho más alejado que él de la verdad” (cfr. J. Ratzinger, Verdad, valores, poder. Madrid 2005, pag. 52)

Este domingo cristiano, en su liturgia docente, interpela solemnemente a esta sociedad tan “post” en casi todo, para la que, como si de un aire nefasto de los desiertos se tratara, la conciencia personal se ha convertido, de ser una reina de la racionalidad y de la libertad humanas, en palafrenera de falsías y ruindades; de ser una seña noble de la identidad personal a tomarse como salvoconducto y comodín para instalarse en tierras de “jauja” imposibles.
Porque el hombre, si es hombre, ha de presidirse como ser de conciencia. Que el hombre sin conciencia o con una conciencia hecha de amaños y falsías sólo es un espantapájaros, hecho de paja y vestido de andrajos. Una máscara, mejor. Una máscara haciendo las veces de persona humana. Y eso –amigos del alma- no es de recibo, ni humana, ni cristianamente.

SANTIAGO PANIZO ORALLO

NOTA. Estas reflexiones fueron bosquejadas el domingo 29 de abril pasado. Hasta hoy, no me ha sido posible darles esa “postrera mano, esa última soba”, que, como decía Ortega, “no es nada y es tanto”. Por eso, este desfase cronológico, por el que os pido disculpas. Cuando sucedan estas cosas, lo que no será infrecuente por los diarios azares de la vida, seguidme perdonando, por favor (S.P.O., 10 de mayo 2018).


Dios... Ese "desconocido" 9-V_2018

09.05.18 | 20:53. Archivado en Acerca del autor

“Si nous pouvons espérer trouver Dieu vuelque part,, c’est évidemment dans les dernières profondeurs de notre être, là ou il y a de l’infini” - “Si en algna parte podemos hallar a Dios, eso será en las más íntimas profundidades de nuestro corazón, donde tenemos algo de imnfinito” (cfr. JN. REYNAUD, Terre et ciel).

He de reconocer que siempre me ha intrigado la sugestiva escena de los Hechos de los Apóstoles, en que se describe la visita de San Pablo al Areópago, en la antigua Atenas. Era, como se sabe, la sede de la justicia, un altozano rocoso, cerca de la Acrópolis y del Agora, en uno de los escenarios más representativos de Historia y Vida, como así mismo de la cultura y de la religión en la Grecia clásica. Era uno de los espejos más limpiios para ver reflejada la cultura –en todos los órdenes y perspectivas- de aquel pueblo que, como ningún otro de la Antigüedad, acertó a dar pasos de gigante –cuando los gigantes sólo eran mitos- en la historia de la civilización y del progreso espiritual.

Situémonos un momento en aquel escenarioo –mirador inigualable de panoramas fascinantes. En el Areópago, en Atenas, en una de las sedes del Poder, el judicial, que daba leyes a la vez que las hacía cumplir… Donde san Pablo –paseando como si de un turista se tratara por aquel recinto sagrado, en que las leyes y los dioses, la ciencia y la sabiduría tenían una de sus residencias mayúsculas- se da de bruces con un altar dedicado “Al Dios deconocido”.
Hoy –en las lecturas de la misa del día- toca repasar esa escena que relayan los Hechos. Un hombre –Pablo de Tarso-, inquieto y comprometido, perspicaz y sobre todo sincero consigo mismo y con todos se topa en pleno Areópago con un altar dedicado a un “dios” enigmático y confuso, que nada tenía que ver con los “dioses” oficiales griegos, y que, por eso mismo, dejaba en el aire un nutrido halo de incertidumbres, dudas, sospechas, de inquietudes también, y, sobre todo, de incógnitas pendientes. “Al dios desconocido”, rezaba la dedicatoria de aquel altar.
Pablo observó; lo contrastó con los otros altares; se sintió atraído por por el sentido profundo –o tal vez el sin-sentido- de aquella sorprendente inscripción, y no pudo por menos de improvisar un discurso, el de un converso -nada menos- al Dios vivo del Evangelio de Jesús, a los eruditos e ilustrados varones –pensemos que también mujeres, aunque no consta que las hubiera alí en ese momento-, sobre aquella realidad misteriosa e intriogante, con presencia olficial, nada menos, en aquella campa del saber y de la cultura humanos.

“Atenienses”, comenzó diciendo. “Veo que sois casi nimios en lo que toca a religión. Porque pñaseandpo por ashí y fijándome en vuieestros monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripciómn: “Al Dios deconocido”. Oues eo que veneráis sin conocerlo, hoy os lo anuncio yo. El Dios que hizo el mundo y lo que contiene. Él es señor de cielo y tierra y no habita en templos construidos por hombres, ni lo sirven manos humanss, como si necesitara de alguien Él, que a todos da la vida y el aliento y todo. De un solo hombre sacó al género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus trerritorios. Wuerías que le buscasen a ÉL; para ver si, al menos a tientas, lo encontraban, aunque no está lejos de nuingunio de nosotros, puesto que en el vivimos, nos movemos y existimos; así lo han visto incluso algunos de vuestros poetas: “Somoas estirpe suya”. Pore tanto, si somos estirpe de Dios, no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre. Dios pasa por alto aquellos tiempos de iognorancia, pero ahora manda a todos los hombres, en todas partes, que se conviertan. Porque tiene señalado un día en el que jusgará al universo entero con justicia, por medio del hombre designado ,por Él, y ha dado a todos la pruie ba de esto resucitando de entre losd muertos”.

Al llegar a este punto del paso de la muerte a la vida por obra del “Dios vivo”, del Hombre-Dios resucitado, unos lo tomaron a broma, otros lo dejaron para otro momento y algunos creyeron, entre ellos uno de los “arcontes” o jueces del Areópago, aquel Dionisio llamado “el areopagita”, experto en leyes y en aplicación de las leyes.

He de confesarlo, como al comienzo anotaba. Siempre, ante esta escena sin par del paseo evangelizador de san Pablo por esos escenarios del saber y del vivir griegos, me veo fuertemente intrigado, y animado a ver algo detrás de –sobre todo- ese altar dedicado a un “dios” que no es ni Zeus, ni Venus, ni Aries, ni Plutón, sino “el dios desconocido” –en singular y con arftículo determinado. Y esa intriga me lleva indefectiblemente a las conjeturas y las suposiciones.
Unas veces, al imaginar ese altar y esa inscripción, me parece ver a Sócrates y su adveración del “Sólo sé que no sé nada”. Y, si de Dios se trata, lo del “no saber nada” potenciado al cien o al mil.
Otras veces, en cambio, me parece la mejor señal de la ciencia, que nunca se aquieta ni se galantea demasiado con sus conquistas porque sabe, si es ciencia y no pantomima, que sus logros son -todos y siempre- provisionales, y nunca están o logran estar al cabo de todas las calles, porque siempre les queda alguna por pisar…
Incluso, no dejo de pensar, al memorar la susodicha inscripción, en el planteamiento de un reto a los miopes, muchos o pocos, que creen haber encontrado a Dios en el “poder” de cualquier Zeus, en la “belleza” de una Venus cualquiera o la “verdad” en las intrigas de una Minerva o un Aries de la guerra.
Aquellas deidades –me digo yo- que encarnaban solamente pasiones humanas, desde las más altas y nobles a las más bajas o repugnantes… Aquellos dioses de mentira no podìan satisfacer del todo a unos hombres –los griegos de entonces-, artistas finos y maestros consumados en el arte de buscar la verdad y del bien; aunque fuera con un candil y a pleno día como Diógenes, el famoso “cínico” aquel, cuando buscaba, no a Dios precisamente, sino tan sólo a un “hombnre”, a la plena luz del dìa…

“Al Dios desconocido”…
Pablo de Tarso en Atenas, en el Areòpago. En una de las cumbres de la “inteligencia” de entonces, en una cuna u ouna o placenta de las leyes, de las ciencias y las artes, del saber…
Pablo de Tarso en Atenas… Apóstol como era de la verdad de su alma, después de haber pasado por enemigo acérrimo del Dios de la vida… Lo que llevaba dentro, sin doblez ni farsa, lo cuenta con libertad y buen tino a los prohombres del saber griego. “Ese Dios que veneráis sin conocerlo os lo vengo a manifestar yo….”
¿Y quién era ese Dios al que veneraban sin conocerlo pero que presentían ya, a pesar de sus “dioses”…? No era ni Zeus, ni Minerva o Venus, ni Mercurio ni Plutón… ¿Ese Dios que no encarna pasiones del Poder, de la Guerra, de la Belleza; ni el Avernp, ni el coturno de unos pies ligeros para correr o unas alas de fuego para volar….?
¿Quién era ese “Dios desconocido”, al que aquellos atenienses ilustres e ilustrados, amantes de la Verdad y del Bien, ya intuían más allá de las estatuas rutilantes de sus “dioses” “super-hombre” –que no eran más que sueños de tales-; pero nunca el Dios único de la Verdad, de la Justicia, de la Libertad, pero sobre todo y, más que de nada, del Amor?
Pues ese Dios que vino –como Dios que era y hombre que quiso ser- es el que “evangelizó” Jesús; el que, al ser él mismo Dios, reveló a los hombres todo y sólo aquello que, de Dios, les era necesario conocer para no seguir venerando al “Dios deconocido”, que intuían pero no acertaban a conocer.
La enorme ventaja que los cristianos tenemos sobre los iconos del saber griego es que aquel “Dios deconocido” de Atenas se nos ha revelado, y lo vemos, vestido de carne y hueso en los Evangelios.
Esta frase mítica “Al Dios desconocido”, en la historia de religiones, es, en sí misma, muestra clara de dos certezas cuando menos: la primera, que -por muchos “dioses” o “iconos” que ocupen tronos en el alma o vida de los hombres, hay algo que sigue pendiente y a la espera: el Dios verdadero…Y la otra: que –al faltar a los hombres vocabulario y lenguaje adecuados para encararnos con “lo divino” -como anotara Harold Bloom- es necesario fiarse del “mensajero” que lo patentice y ayude a subir hasta Él.

Y como pasan las horas y el día se va llenando de otros quehaceres, antes de cerrar estas reflexiones, me voy a dar un paseo esta mañana riente de primavera, no sin antes dar un nuevo y leve repaso a ese genial ensayo de Ortega, que titula “Dios a la vista” y que, sin ser el “dios cristiano” que los católicos profesamos, se asemeja mucho a ese “Dios desconocido”, que san Pablo ayudó a descubrir, hace nada menos que veinte siglos, cuando daba un paseo evangelizador por el Areòpago de Atenas. El ensayo de Ortega enseña a comprender y admirar a todos los hombres egregios que, aún sin creer en el “dios crisrtiano”, saben y confiesan que Dios existe; y que la gente honrada lucha por encontrarlo.
Como dice otro poeta latino, esta vez Ovidio, tampoco cristiano, a propósito de Dios, “Expedit esse deos et, ut expedit, esse putamus” –“Conviene que existan los dioses; y -puesto que conviene-, creemos que existen” (cfr. Ars amandi, I).

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Los desvaríos de "gentes ilustres" -5 mayo 2018-

05.05.18 | 12:14. Archivado en Acerca del autor

“Desvariar” –según el Diccionario de la Lengua- tiene estos sentidos: decir cosas incongruentes o absurdas como consecuencia de una obnubilación pasajera de la conciencia; y decir o pensar cosas disparatadas o insensatas. La palabra “desvarío”, según eso y al efecto de mis reflexiones de hoy, yo la emparejaría con la “insensatez”; una forma de insensatez.
El “desvarío” -como el error o el tropezón- es cosa “de hiombres”. No son derechos en el hombre o del hombre equivocarse o tropezar, aunque se oiga con cierta frecuencia a energímenios decir: “Yo tengo derecho a equivocarme”. Es neta verdad que todos nos equivocamos “por ser hombres” precisamente, pero “tener derecho” a eso sería sin duda otra cosa…
También son “cosa de hombres” la “farsa” y la “estupidez” (“estupidez en ese sentido radical de “hacer cosas” que “asombran” o “causan estupor” o “pasmo”). Y se ha de saber que, menos aún que para errar o tropezar, haya razones para ser farsantes o estúpidos y causantes dd estupores.
Lo que pasa es que, en tiempos “líquidos” o ”gaseosos” como los actuales (testigos, los sociólogos serios, como por ejemplo Zigmunt Bauman y otros de su mismo perfil), tiempos de “mandanga” y “pandero”, cosas así, como los desvaríos o las “farsas” y las superficialidades –humanas por cierto, aunque poco o nada racionales-, no es que abunden, es que arrasan y, sobre todo, tiranizan o tratan de hacerlo.
Y, como frente a toda tiranía, debiera urdirse, también frente a ésta, otra revolución cultural para desarraigarla; porque yo creo que, si toda tiranía esclaviza, estas del espíritu, por ir más en directo contra la racionalidad, embrutecen y envilecen mucho más que las que atan las muñecas o ponen argollas en los pies.
Es difícil –yo, al menos, así lo creo- que la “gente” llamada “ilustre” –por la proximidad que observo entre “ilustre” e “ilustrado”- desvaríe; y máss si ello se hace solemnemente y queriendo plantar cara de “agente” de la modernidad y el desdarrollo humano…. Claro que las “poltronas” con frecuencia engañan y donde debieras hallar un estadista o un político serio y del “bien común” te encuentras con aventureros de la política, a los que falta hasta esa elemental “docta ignorancia” que predicaron Sócrates y más tarde, de manera ya moderna, un tal Nicolás de Cusa, cuya obrita sobre la “docta ignorancia” debiera ser libro de cabecera de algunos de nustros dirigemntes, para evitar el riesgo de ser llevados por ellos a estas tiranías del alma- que esclavizan tanto o más que las otras.

A rebufo de las anteriores consderaciones, evoco -solamente quiero evocar- dos noticias de ayer o antreayer.
Una: el Sr. Secretario general del Partido Socialista Obrero Español –PSOE- anuncia la presentación en el Congreso deuna proposición de ley para implantar la autanasia en España (los píos matices con que la quiere adornar, en estos planos tan vitales, me parecen secundarios).
Otra: el Sr. Presidente de los Estados Unidos, nada menos, un tal Donald Trump, acaba de pronunciar, tambi`´en con solemnidad, esta frase: “El derecho a tener armas es un derecho divino”
Como la frase del presidente es una soberana “boutade” y ni comentario merece, y como la proposición del Secretario da para mucho, dejo la “boutade” en el aire para risa y “coña” casi generañ; y sobre la proposición socialista envío a mis amigos un pequeño estudio sobre la “eutanasia”, que entregué el año 2010 a una funcionaria española en Bruselas. Me lo solicitó entonces ante ciertas corrientes de pensamiento que, en Europa como en España, tiranizan; y que –como enseña Ortega y Gasset en ese colosal ensayo titulado Democracia morbosa son expresiones del grandiosos plebeyismos.
Acompaño a este Punto de vista de mis reflexiones de hoy aquel escrito sobre la eutanasia, sin tocar una letra de lo que entonces puse.
Podría –ya lo pensé entonces, pero me abstuve-añadir una conjetura –sólo conjetura. Con esto del dinero para las pensiones (no hay dinero porque hay más pensionistas casi que trabajadores), ¿lo del favor a la “eutanasia” no se habrá dado una vuelta por el caletre de alguno de los “genios” de la “cosa pública” como “santo remedio” a los males de las pensiones?. Se invita -o facilita- a los “mayores” a desasirse de la vida y, a la vez que se les da gusto –a los suicidas, claro-, se ayuda a resolver lo otro. Y no es dar ideas con esta conjetura, porque a cualquiera se le ocurre, o puede ocurrir, la ilazón entre ambas cosas.
Así pues, mis queridos amigos- si tenéis humor y tiempo para leer lo que, ya en 2010, envié a Bruselas, a mi amiga Concha Mayendia –de Vega de Espinareda, en El Bierno, por cierto- lo hagáis; y, en caso contrario, lo echáis impunemente a la papelera o a la basura. Seguiremos –sea lo que sea- tan amigos.
SANTIAGO PANIZO ORALLO

EUTANASIA
EL “DERECHO A VIVIR” EN CONFLICTO DE VALORES Y DERECHOS

“La vida –en cuanto proceso- se forma y se organiza buscando la expansión a través de la permanencia”. Es “fluir” de lo inacabado hacia un final que completa –él también- el desarrollo humano ((J. L. ORTIZ-CAÑAVATE Y PUIG MARTÍ, Disquisiciones filosóficas, La Ley, Madrid, 1.989, p. 269)

I.- Cuando se escriba la historia de verdad –la que se sabe tomar la debida distancia de las cosas para verlas con objetividad sustancial y serles fiel- sobre los signos y símbolos de nuestro tiempo, no me cabe duda que confirmará un criterio que a diario nos entra por los ojos: que la “sociedad” se está muriendo cada día más a manos de su “gestor” político, el Estado
Estos tiempos son de “megalomanía estatista”, de elevación al infinito de aquel Leviatán que concibiera Hobbes en el s. XVII como instrumento de la sociedad para defender la libertad del individuo, de la que es parte su “intimidad” con el consiguiente derecho-facultad (escenario sagrado de la libertad humana) a que este campo de la “privacidad” se quede fuera de las manos invasoras de cualquiera y, por supuesto, de las del Estado. En el momento en que el Estado entrase a “mandar” en ese terreno, automáticamente se convertiría no solo en enemigo de la libertad del hombre, sino que se haría así mismo traidor a la sociedad en nombre de la que detenta el Poder y por la cual el Estado ejerce la soberanía. Sería un camino por el que el Estado nacido modernamente como forma y garantía de la libertad, fácilmente llegaría a convertirse en un nuevo y monstruoso Leviatán, que es lo que permite temer la deriva actual de las cosas.
Sería “totalitario” un Estado que fuera el “amo” de todo; todopoderoso señor y dueño de todos los terrenos del hombre, hasta de los inmunes a la juridicidad y por tanto a la batuta del Poder polìtico; “creído” hasta sentirse con derecho a “gobernar” al hombre en su “fuero interno”, hacerse “muñidor” de la conciencia personal, sustituto de la misma, con pretensiones de dar leyes sobre divino y lo humano, lo más íntimo y privado, aquello que –para los que tienen fe religiosa- hasta el mismo Dios respeta.

En el momento actual de la Política, es posible que haya espacios socio-políticos en Europa en que este grave fenómeno socio-político de la “estatolatría” sea menos visible que en España hoy. De todos modos, el más y el menos –que bien puede ser coyuntural o de los flujos del partidismo político- no deja de ser la marca de una tendencia y, en consecuencia, el síntoma de un mal cívico, que Ortega y Gasset no dudaría hoy en someter a su viejo título de “democracia morbosa” .

Con el Derecho sucede lo mismo. De ser el instrumento más típico del orden de justicia y de su implantación y vida en una sociedad, se le ha manipulado hasta convertirlo en un ”juguete” al servicio pleno del Estado, un juguete peligroso para los individuos desde el momento en que no se respetan los espacios naturalmente exentos de juridificación. El célebre axioma de la “ratio scripta” romana según el que “hominum causa omne ius constitutum est” es una perenne invitación a poner las cosas en su sitio y detener esta latría estatalista totalitaria que en su fondo lleva esa aparentemente inocua expresión, pero en humanísticamente peligrosa del llamado “Estado-providencia”

Es decir, se han achicado desmesuradamente -hasta desvanecerse casi- los “fueros” radicalmente “soberanos” de la sociedad civil ; ha ido “tomando” el Estado terrenos que “repugnan” lisa y llanamente con su “rol” de representante-detentador del Poder en nombre y por cuenta de la sociedad; y el Derecho ha pasado de ser un instrumento del Poder para un orden recto de justicia (solo el campo de la justicia es el campo del derecho) a ser instrumento de los fines de la política y no de los fines de la justicia (el campo político que, aunque conexo en mucho con el del derecho, no es idéntico ni mucho menos, como demuestra por ejemplo ese principio también sustancialmente democrático de la “división” de Poderes, pragmático principio buscado para evitar los abusos del Poder como proclamara Montesquieu), una auténtica “correa de transmisión” al servicio del Poder político, mejor que del bien común y de la sociedad.
Claro que en el reverso de las “tendencias totalitarias del Estado dentro de la sociedad democrática” no se han de observar solo los abusos del Poder estatista, sino o la dimisión de la sociedad en su sagrada responsabilidad para con la titularidad de la soberanía que detenta por derecho propio o la “masificación” de esa misma sociedad por el fenómeno masivo del llamado “hombre-masa” moderno, el que dibujara J. ORTEGA Y GASSET en su gran estudio de los años 30 del siglo XX La rebelión de las masas, a lo que ha de añadirse la dignísima réplica y complemento que de ella hace el filósofo orteguiano I. SÁNCHEZ CÁMARA, en su obra que lleva como título La degradación de las masas –remedo actualizado de la de su maestro y con resalte del impacto que el fenómeno “masa” ha podido significar en el ostensible declinar cívico de Occidente.

Estas ideas las glosaré tan solo con algunas frases de un estudio sobre las “relaciones personales” en la Modernidad, que creo ponen justamente el dedo en esta llaga de las claudicaciones y permisividades sociales ante la parasitaria tentación del Poder de absolutizarse y totalizarse. Se inicia Giandomenico MUCCI en su estudio de este modo. “In un saggio che risale alla fine degli anni Quaranta, Romano Guardini aveva descritto l'uomo della massa come una struttura umana legata alla tecnica e alla pianificazione, slegata da qualsiasi tradizione, disposta ad accettare le forme della vita come gli vengo¬no imposte dai pian razionali e dalle macchine. Essendo un uomo senza personalità, si inserisce spontaneamente nell'organizzazione, che è la forma della massa, e obbedisce al suoi programmi. La pro¬pría libertà non gli sembra un valore, la propría iniziativa non l'in¬teressa, l'individualità gli appare perfino come la radice di ogni pe¬ricolo. É un uomo oggetto che si è disposto ad essere trattato come oggetto sia dai Governi e dalle amministrazioni ordinarie sia dalle grandi violazioni dei diritti di singoli, di gruppi, di popoli interi. Forse un tale uomo sarà ancora capace di simpatia, di solidarietà, di doveri sociali. Ma saprà dare il suo assenso al tu nell'altro, cioè alía vítale conoscenza della persona, che sempre impallidisce quando si va estinguendo la relazione giusta con il proprio io e con Dio?”
“In anni più vicini a noi, altri pensatori si sono posti la medesima domanda. Sergio Cotta, che si rifà a certe acute intuizioni di Giu¬seppe Capograssi, ha sottolineato quanto il prossimo sia diventato indifferente all'uomo della massa e ha parlato per lui di «ottundi¬mento della sensibilità» e di «alienazione da massificazione». Più in generale, Francesco Barone vede nella celebrazione tecnologica dei valori dell'utile e del funzionale, se non la causa della crisi del¬l’”assolutezza assiologica”, almenio l’elemento culturale predominante che tende ad assorbire in sé ogni altro valore”

No hago otro comentario que este: dos novelas muy representativas en la literatura social del s. XX son El Mundo feliz de Aldous Huxley y 1.984 de ORWELL. En las dos, los perfiles de contenido y personajes son pragmática y proféticamente definitorios de este “tipo del hombre-masa” que gusta de venderse o de vender su libertad y hacerse esclavo hipotecándola a cambio de “favores inmediatos” como los que ahora mismo se pretenden del llamado “Estado del bienestar”, un verdadero Leviatán o monstruo del ejercicio del Poder contra el individuo y la misma sociedad en nombre de la que detenta el Poder

0En consecuencia, un Estado que pretende decir al individuo-ciudadano si ha de nacer o no, cuándo o cómo ha de nacer; si hay razones para que muera y cuándo y cómo tiene que morir; si ha de rezar o no, en qué circunstancias y cómo debe o no debe rezar; cómo tiene que orientar su creatividad artística o literaria o cultural; que hace proselitismo descarado de su ideología política o cultural; que trata de dirigirlo todo hacia sus fines propios; que organiza expediciones de periodistas pactándolas con otros Estados para informar de las cosas que pasan; que utiliza la comunicación pública con fines partidistas… es un Estado “totalizador” y “liberticida”, posesivo e impositivo en contra de la sociedad y la libertad del individuo.
El afán de regularlo todo es una de las raíces comprobadas históricamente del totalitarismo, del que hay muestras suficientes en la Europa moderna, la del s. XX especialmente. Y no es preciso particularizar situaciones concretas que en Europa han generado los grandes “horrores” de dicho siglo haciéndolo uno de los más regresivos de la historia del mundo a pesar de los espectaculares avances de la técnica y de la ciencia, o tal vez por eso mismo.
No resulta nada extraño por ello que –en defensa de la libertad y de la dignidad del hombre- haya sido en los tiempos modernos cuando se ha empezado a hablar en serio de cosas como la desobediencia civil, la objeción de conciencia, la objeción fiscal y se están manifestando, en minorìas selectas especialmente, las múltiples rebeldías como la que supuso, por ejemplo, Mayo del 68 en Francia, que en muchos de sus “slogans” llevaba “contestación” para con unos totalitarismos posibles en la democracia.

II.- Cómo y por qué nació este ensayo

Dos actuales sucesos le dieron ocasión. Ambos sucedidos en España últimamente, con alarma social y heridas de ambos a una buena parte de esta sociedad. Los dos alertan sobre realidades que oculta –pero a la vez deja ver en el subsuelo- esa superficie fenoménica.

a. En el diario EL País, del 22 de octubre 2.010, se publicó un reportaje de R. Carranco, en el que la noticia era que un “celador” del geriátrico La Caritat de Olot (Gerona) quitó la vida a tres ancianas porque “las tres mujeres le daban mucha pena”, porque “vivían en unas condiciones” que él “no podría soportar” y porque entendía que con ello él “hizo el bien”. Según la declaración del celador en cuestión ante el juez, haciendo esto, “no pensaba que estuviera asesinando a nadie. El núcleo del relato periodístico, que puede verse casi literalmente en la nota al pie sirve sin duda para sacar elementos de juicio con que reflexionar y hacer juicio sobre la pavorosa ficción de falso humanismo que connotan esta realidad y otras del mismo o parecido signo

b.- El anunciado Proyecto de Ley de la Muerte digna y de los Cuidados paliativos

El Gobierno de España, este mismo mes de noviembre 2.010, anuncia una Ley que llama de Muerte digna y Cuidados paliativos, con finalidades que dice no son de eutanasia sino de “dignificación” de la muerte de enfermos terminales. “A bote pronto” jurídico, la ostensible “inutilidad” real de una ley que se quedara en los espacios estrictos con que la anuncian y defienden sus promotores está levantando en amplios sectores humanistas y jurídicos la impresión y la sospecha de que, o encubre finalidades de eutanasia camuflada, o está concebida como coartada o cortina de humo para encubrir “necesidades políticas del momento”, o forma parte de una “política legislativa” de normas a bote pronto y sin cálculo de la proporción que debe darse –por exigencias lógicas de teoría general del derecho- entre la creación de las leyes y la necesidad social que las ha de exigir.
En cualquiera de los sopuestos, o de inutilidad de la ley , o eutanasia camuflada, utilitarismo político o antijurídica política legislativa, la base de reflexiones está servida con ello.

III.- Cuestión conceptual y metodológica

1.- Por sus raíces etimológicas, la palabra “eutanasia” (de derivación griega, “eu”-bien, bueno, y “thanatos”-muerte) connota idea general de “buena muerte”, “muerte dulce” o “muerte apacible”, con una especificación típica en el hecho o procedimiento de procurar la muerte sin dolor, generalmente a un enfermo terminal.
Los conceptos, sin embargo, propenden a ser paradigmáticos y no siempre recogen todos los matices de la realidad conceptuada. De hecho, la literatura –más directa con frecuencia y más realista muchas veces que las definiciones- se recrea en una más intensa expresividad y esto sucede con la palabra “eutanasia”, como indica por ejemplo el verbo “sacrificar” que se emplea como referencia léxicográfica a todo lo que sirve para quitar de en medio una vida que sobra o estorba, de personas o de animales, y cualquiera que sea la razón de ello

La “eutanasia” es entendida en los tratados de Humanismo y Ciencias del hombre como “l’ensemble des coins susceptibles de rendre une telle mort posible par des éfforts destinés à alleger les souffrances endurées par un malade incurable; et enfin l’acte de provoquer volontairement la mort pour épargner à un tel malade ces souffrances»

A nadie se le puede ocultar el «peligro social», por atentado a los derechos humanos o consentida claudicación de los mismos, que puede representar, como táctica o estrategia política, como portillo de permisividad moral incontrolable, ese “recurso” de “mettre fin à la vie”, de una elasticidad sin fin, en manos especialmente de políticos devotos de la falsa premisa filosófica de que “el fin justifica los medios”, si a ello se une el añadido de una “ideocracia” más que maquiavélica a la medida de los intereses del Poder o del Partido.

2.- Este ensayo sobre la eutanasia no aspira ni a ser un tratado general, ni a dar un enfoque preciso de todas las posibles caras o perfiles de un tema tan complejo, delicado y de tantos necesarios matices. De todos modos, aunque no busque en el caso demostraciones filosóficas acabadas, no es mi voluntad quedarme reducido a un mero bosquejo de impresiones subjetivas.
Quiero algo más. Deseo que este ensayo exprese mi pensamiento sobre el auténtico problema humano que subyace a la “eutanasia” tal como ahora mismo es entendida y he anotado anteriormente (no “paliar” el sufrimiento del enfermo, sino “cortar” el hilo de su vida para evitarle sufrimiento, o sea, “idée de provoquer une mort sans soufrances, non en réduisant celles-ci, mais en mettant fin a la vie du malade”), y deseo hacerlo no con las razones de ninguna ideología o ideario humanista, religioso o político, sino conjugando premisas y verificaciones de base jurídica, reflexionando sobre algo tan jurídico como es, en teoría general del derecho, tomar nota y partido en un conflicto de intereses y derechos, en que la objetiva jerarquía de los valores sea la norma -jurídica, social o política incluso- para fijar la primacía tanto del valor como de su protección jurídica.
Me propongo enfocar con brevedad y casi en un esbozo preambular esta cuestión de la “eutanasia” en perspectiva de valores e intereses en conflicto ontológico-existencial y su jerarquía, con los consiguientes derechos o exigencias de amparo de los mismos. En concreto, el valor “vida humana” y el correspondiente “derecho a la vida” en su contraste con unas posibles “facultades del hombre” sobre ese valor y ese primordial derecho, como pudieran ser, en el caso, las de quitarse la vida o disponer libremente de ella, de jerarquizar uno mismo la escala de los valores y de los derechos que los protegen; incluso esto más, la legitimidad del Estado para “disponer jurídicamente” en espacios humanos que parecen sustraídos al ámbito del derecho por ser de la intimidad de la persona. Es decir, si el ser humano puede “objetivar” en un momento dado su propia jerarquía de valores y la correspondiente exigencia de derechos; y si el Poder del Estado puede hacer eso mismo sustituyendo a la persona humana. Ello se plantea en la “pureza jurídica” del ordenamiento de la justicia contando con o partiendo de su necesario carácter de alteridad y demás notas de lo jurídico.
Cabe que la falta de demostraciones cabales e incluso de un acabado desarrollo puedan dar a mi exposición un aspecto dogmático-subjetivo que no le favorezca. Sin embargo, me recluyo voluntariamente en estos márgenes y pecho de antemano con los posibles inconvenientes porque estoy convencido, también jurídicamente, de que en ocasiones importa más la doctrina positiva que las pruebas, hasta por eso que señala Ortega , que hay veces que la prueba, siendo un deber de racionalidad, no siempre ni necesariamente es una ventaja. La ventaja al menos de poder exponer con brevedad y un mínimo de razonamiento algo que, con más amplios razonamientos y pruebas, exigiría más amplios y abiertos espacios

3.- La jerarquía objetiva de los valores –obtenida a partir de datos de inmanencia y trascendencia humanas- pueden dar claves y criterios de reflexión y de enunciados sobre los que quisiera volver en otras ocasiones y con otros espacios, para remediar las presentes precariedades del ensayo. Aquí y ahora, me he de contentar con esto, que bien pueden ser unos apuntes o poco más.

Los valores en comparación y contraste del caso serían el valor “vida humana” en cuanto valor humano primordial y el valor “autonomía personal” del ser humano –valor especificador de la condición humana- para optar libremente ante alternativas trascendentes.
Y la cuestión sería la general en toda psicología racional y aplicada, de opción ante alternativas o disyuntivas sustanciales o fundamentales de vida; o de la dinámica de la decisión libre del hombre ante situaciones plurivalentes, con la disyuntiva en nuestro caso de optar entre esos dos indicados valores-derechos tan específicamente humanos
Mis consideraciones o premisas de reflexión serán por fuerza breves y predominantemente indicativas.

IV.- El valor “vida humana”
Su puesto en la escala de los valores humanos

Vida humana y derecho a la vida
* Que la vida y el derecho del hombre a la vida hayan obtenido y mantengan ahora mismo un reconocimiento teórico -tan universal como poco efectivo con frecuencia en la práctica- de valores de primera generación humana, y derechos por tanto fundamentales del hombre, es algo que, a mi entender, no admite duda. Bastaría con asomarse a la historia de los derechos humanos y, en último término, repasar la Declaración Universal de esos Derechos, de la ONU en 1.948, concebida como la más solemne proclama de la historia universal en respuesta a los terribles horrores del s. XX, con los grandes genocidios, las “masacres” y las mil restantes formas de atentado contra la vida de los hombres. De todos modos, la solemne proclama también demuestra que las teorías van por un camino y la realidad de las cosas por otro. Una de las anotaciones críticas hechas al conmemorarse esa proclamación por la ONU de su elenco de derechos humanos fue que la de que nunca como ahora se violan tanto los derechos del hombre.
Seguramente se deba decir que ningún derecho humano se menosprecia y se viola tanto ahora mismo como el derecho a la vida.
La vida es el valor humano por excelencia, el más radical y básico de todos los derechos del hombre, porque –descartado ese valor primario- todos los demás valores y derechos serían gaseosos. Realmente, la vida humana es el hombre, el ser de valores y el auténtico soporte último de la juridicidad.

* Dicho esto, no me resisto en este momento a sacar a escena frases con ideas de N. Jubany Arnal, entonces Presidente del Comité Episcopal de la Defensa de la Vida en España, en la Presentación del librito Eutanasia, de la Conferencia A. Española, publicado en el año 1.993 . Por lo que las expresiones contienen de verismo y sobre todo de realismo, actualidad e intuición de las profundas razones en que se enraíza este tipo de cuestiones, lo resalto. Cuando el libro estaba casi terminado –dice-, “el Gobierno Español aprueba un Proyecto de Código Penal –actualmente en trámite en el Congreso de los Diputados- en el que se regula la eutanasia como un delito singular acreedor a una pena sensiblemente más liviana que la del homicidio”. El comentario es un apunte muy digno de nota para aprender a leer bajo la letra y las “rationes iuris” de leyes que se dictan en este tipo de materias. “Se inicia así en nuestro país la tendencia de “comprensión jurídica” hacia las prácticas eutanásicas que –nos tememos- puede acabar a corto plazo con su total impunidad como ha sucedido con el aborto, despenalizado parcialmente para atender a determinados “casos extremos” y legalizado en la práctica hasta el punto de constituir ya un lucrativo negocio amparado incluso por determinadas instituciones del Estado”
Esta fórmula -“tendencia de comprensión jurídica de prácticas eutanásicas” sin mencionar la palabra “eutanasia” en el propósito legal- es, en el contexto en que se analiza, un alarde o envite de “fictio iuris” o de “artificio puro” en la formulación del derecho. En su fondo representa una auténtica entronización en la “praxis” jurídica de los esquemas de un relativismo y positivismo extremos, viciados en raíz por los males de todos los extremismos. En realidad, es luz verde a prácticas humanamente inaceptables o en sí mismas o por ser verosímilmente portillo de acceso a “tolerancias” de algo inaceptable, que se sirve a la sociedad como inocuo porque se oculta o camufla el fondo real. Eso ha sido y sigue siendo en el caso del aborto. Y, en planos solamente jurídico-legales, se deja ver en ello una vía lisa y llana de antijuridicismos obvios, dejando a parte otros perfiles éticos o sociológicos.
Esta denuncia es, justamente, la razón de ser de estas consideraciones y reflexiones.

* En la imposibilidad de bosquejar siquiera los trazos más elementales de las mil y una teorías que la historia de la filosofía reseña sobre la vida humana desde Grecia hasta Dilthey, Bergson, Ortega y Gasset, etc. y las distintas posiciones existencialistas, personalistas, nihilistas, etc. llevadas algunas hasta el paroxismo de un mecanicismo casi del todo materialista , solo me decido a resaltar mi repugnancia para con las orientaciones de una total inversión de los supuestos hebreos, griegos y cristianos sobre la persona humana, implican apertura a “concepciones más o menos fáusticas de la ciencia y de la tecnología, que reducen la vida a mero problema o a objeto manipulable y que ya han sido sometidas a crítica por no pocos pensadores de índole humanista” .
En mi criterio, cualquier tipo de “cosificación” de la vida humana, de la índole que sea o bajo las finalidades que se proponga, ha de repugnar sin duda a la conciencia universal que se ha formado partiendo de un concepto de “persona”, más que “animalidad” pura y simple, en que la “racionalidad” especifica la “animalidad” que la soporta pero no debiera comprometerla más de lo debido, es decir en plano de subordinación siempre y no al contrario. Como señalaba Ortega y Gasset certeramente, aunque no sea fácil definir al hombre en su variedad, sí lo ha de ser en su sustancia, y eso nos viene de atrás con la particularidad de no haber sido aún superado

* De este modo, en mi deseo de ser humanamente positivo pero sin optar por idearios concretos, me limito a recluirme en la idea genérica de respeto total a la vida humana, completado con las ideas que fluyen –al situar la racionalidad en el vértice de las posibilidades y disponibilidades humanas- de estas frases de Ortega y Gasset: “Vivir es lo que hacemos y nos pasa, desde pensar o soñar y conmovernos hasta jugar a la Bolsa o ganar batallas. Pero, bien entendido, pero nada de lo que hacemos sería vida nuestra si no nos diésemos cuenta de ello. Este es el primer atributo decisivo con el que topamos: vivir es esa realidad extraña, única, que tiene el privilegio de existir para sí misma”. Y se completa la idea más adelante al decir que “este verse o sentirse, esta presencia de mi vida ante mí que me da posesión de ella, que la hace mía, es la que falta al demente”, es lo que falta a toda persona en la que –dentro del ya anotado pensamiento de Hans Thomae respecto de la dinámica de las decisiones humanas-, pudiendo darse aún (en casos especiales y situaciones-límite del humano vivir) “la fisonomía de una vida, pero solo como una máscara tras la cual falta una auténtica vida” . No puede ser legítimo humanamente que los “intereses” o las “interesadas miras” de otros, aunque se tratare del Poder o de allegados, suplanten ni por estado de necesidad ni suposición de ninguna clase a la persona humana en las opciones fundamentales de vida, llámese matrimonio o llámese cualquier otra opción de las vitalmente irreversibles. Las manipulaciones de lo humano caen de lleno fuera del ámbito del poder de nadie.

V.- El valor “autonomía personal” en la escala de los valores humanos

Libertad. Autocrítica. Responsabilidad. Autonomía personal. Capacidad de autodeterminación

Que una propiedad o cualidad primaria –de las mayores- en lo humano y en la racionalidad del hombre sea la libertad tampoco creo que admita dudas, como acabo de señalar en referencia a la vida y al derecho a la vida. El hombre es libre por ser hombre y la vida es vida humana por la prerrogativa especificante de la libertad.
Esta gran verdad tiene presencia explícita en la Biblia, en el libro del Eclesiástico: “Dios hizo al hombre en el principio y lo dejó en manos de su albedrio”; como la tuvo en los filósofos griegos a pesar de darse la esclavitud en Grecia; y estuvo así mismo presente y viva en toda la tradición humanista occidental, de que es muestra patente el conocido Discurso sobre la dignidad de la persona humana, de J. PIC DE LA MIRANDOLA, filósofo con el valor-hombre en el centro del saber y con el valor-hombre especificándose por la libertad que Dios le atribuye como ariete de lucha por sus posibilidades de ser o de no ser .
El hombre es libre por esencia y la más noble y vistosa librea de lo humano es la libertad.
En materia de la libertad del hombre, como en tantas otras cosas, valores y prerrogativas humanas, se produce una cesura brusca con la llamada “modernidad” y “posmodernidad” sobre todo. Si el “humanismo” llama al ser humano a la libertad, a la responsabilidad y al compromiso en todo orden de cosas, este perfil de hombre-sujeto “est mort” au XX siècle” y antes inclusive a impulso de “hipótesis” contrarias al humanismo y personalismo tradicionales
Evidentemente, la libertad del hombre no es absoluta, como nada de lo humano lo es, ni es tampoco “un cheque en blanco” puesto en la mano del hombre para obrar a su antojo. Ello es asó por exigencias de la propia condición y la racionalidad del hombre. “Tout être humain est à la fois sujet de ces actions et assujetti aux déterminants sociaux, au contexte politique et aux influences culturelles» .
Efectivamente, el ser humano es un “ser” interna y externamente condicionado, intrapersonal e interpersonalmente y los condicionantes posibles le llegan de fuera y de dentro de sí. En brevedad, se puede afirmar que los hombres somos libres pero “andamos condicionados; ni tan poco que podamos caer en la utopía de un canto total a la libertad, ni tanto que haya de negarse la libertad… Hay condicionamientos, hay motivaciones de los actos, hay circunstancias que acosan a la libertad; a pesar de todo, el hombre puede seguir siendo libre, lo que no quiere decir que siempre lo sea… Esta postura favorable a la libertad del hombre, en un sentido claramente antideterminista es defendida por la Iglesia y forma parte del acerbo cultural del cristianismo” .

En sus condiciones reales y circunstanciadas, el ser humano, incluso, está por esa misma racionalidad obligado a ejercer la libertad como exigencia lógica del ser árbitro de sí mismo y artífice de su propia construcción y desarrollo. Y siendo pasos cruciales en la vida del hombre, no sustituible por nadie en esto, las elecciones ante las llamadas opciones fundamentales de vida, también aquí la libertad es posible y obligada incluso
Pero, a la vez, es claro también que el ejercicio de la libertad, para ser verdadera la libertad y no la falsa de un ser alienado o sustituido y engañado por otros, solo es posible en el hombre dotado de “capacidad” de autocrítica y autodeterminación. Ello implica “capacité pour un sujet d’apprécier à leur valeur réelle ses actes, ses opérations intellectuelles et l’etat dans lequel il se trouve». Sin esta capacidad de juicio crítico se hacen imposibles el ejercicio de la libertad y el activarse autónomo de la capacidad de autodeterminación. Ello se rompe, como enseña la Psiquiatría, por las lesiones psíquicas que impiden a un sujeto el dominio de sí mismo “por la razón y la voluntad”, de intensidad proporcionada al “valor” o “derecho” de que se trate
Ha de admitirse, en complemento de lo anterior, que, si la libertad en el hombre es el necesario exponente de su racionalidad, ninguna racionalidad es verdadera sin el complemento de la “responsabilidad” . Una respuesta racional ha de ser por necesidad una respuesta responsable, o no sería racional.

Y, por fin, como el respeto y defensa de la libertad del hombre y a las condiciones posibles de la misma en su ejercicio real y efectivo es respeto y defensa de la dignidad del hombre, y eso, en la vida del derecho, marca fronteras que, si se saltasen, deslegitimarían por completo su razón de ser –“hominum causa omne ius constitutum est”-, cabe señalar que las violaciones de los derechos humanos son perfectamente compatibles con las mejores intenciones de una ley de las de “tendencia” a la “comprensión jurídica”, o las de unos familiares muy afectuosos del enfermo, o las de cualquier otra persona movida de compasión y lástima

VI.- Otras notas de pensamiento, juicio y reflexión

Los anteriores apuntes sobre la vida y el derecho a la vida, sobre la libertad, autonomía de la persona, posibilidad de autodeterminación personal y derecho de elección en las llamadas opciones fundamentales de vida, con lo anteriormente indicado y en el contraste dialéctico de los valores y los derechos-deberes sobre los mismos, la preferencia –por lógica- la daría la jerarquía objetiva de los valores y de los derechos.
A tal efecto, los interrogantes capitales pueden ser algunos de éstos:
¿Lo puede todo el hombre alegando o invocando su libertad?
¿Lo puede todo el ser humano respecto de su propia vida y muerte?
¿Puede alguien, aunque sea la sociedad o el Poder político del Estado, los familiares, un médico o celador de un hospital geriátrico, subrogarse, sustituirse por un ser humano si el mismo –al tomarse la decisión sobre la vida o la muerte y llevarla a cabo sobre todo- careciera de capacidad de autocrítica y no está en condiciones psíquicas mínimas para obrar humanamente? ¿Se podría decidir por otro, en base a suposiciones, consentimientos presuntos o razones de compasión?
¿Caben las transacciones –por la motivación que sea- en los derechos humanos? ¿Son renunciables estos derechos, el relativo a la vida principalmente?

Estos interrogantes pueden ser contestados a partir de las anotaciones anteriores. Los contenidos del texto y de las notas al pié han tenido esa finalidad, de aportar elementos de juicio para posibles reflexiones, jurídicas principalmente.
Pero, antes de terminar, quisiera ampliar un tanto las bases de reflexión con algún otro apunte, que aspiro así mismo a que tenga perfil jurídico, de análisis a partir de la teoría general del derecho y de la jerarquía de los valores y derechos-deberes humanos.

1) En materia de “eutanasia”, hemos advertido ya la radical cesura conceptual producida a partir del s. XIX, por toda una serie de causas o factores –ideológicos, culturales, sociológicos, de “deconstrucción” y “post-modernidad”, políticos, de barrido y difuminado o alteraciones de las señas personales o nacionales de identidad, etc.-, entre un sentido que pudiera llamarse “clásico” de la eutanasia y otro sentido que se llamaría “revolucionario” de la misma. Esa cesura la expresa la idea de esta frase ya con anterioridad aludida: “Ce n'est qu'à la fin du XIX siècle que cette signification est supplantée par l'idée de provoquer une mort sans souffrances, non en réduisant celles-ci, mais en mettant fin à la vie du malade”
En el citado ensayo de D. Moyse, se sintetizan las causas de tamaña evolución del contenido semántico de la palabra “eutanasia”. Como las causas del cambio pueden enriquecer las bases de reflexión que me propongo con estos apuntes, las reproduzco literalmente, tal como las ofrece la referida profesora de Filosofía:

“Il convient d'essayer de comprendre pourquoi ce dernier sens, est aujourd'hui devenu prévalant.
Une telle mutation sémantique peut probablement se comprendre dans le cadre d'une certairc conception du sujet humain, maître de lui-même, auteur de sa vie comme de sa mort. Elle commence à se dessiner philosophiquement au XVII siècle, et se concrétise en se radicalisant, au cours des siècle suivants. Descartes en donne une première expression conceptuelle en faisant du “je pense, done je suis”, la première des certitudes sur laquelle devaient désormais reposer toutes les autres connais¬sances. De cette nouvelle appréhension de l'homme-sujet, c'est-à-dire, suivant l'étymologie de “sujet”, de l'homme-fondement, s'ensuivit une révolution scientifique et technique où la maîtrise de la nature, qui comprend l'être humain, devint le projet dominant.
Dans ce contexte, on comprend que soit alors invoqué un “droit à la mort” quand la dégradation du corps entraîne la perte de la maîtrise de celui-ci. L'expression est néanmoins ambiguë: le projet maîtrise de la nature nous a effectivement donné un pouvoir médical sur notre vie, et il nous a permis de la prolonger, au point de parfois maintenir en vie au-delà de tout traitement possible. Les malades semblent alors avoir perdu le “droit de mourir”, dans la mesure où ils sont victimes de ce qu'on appelle l'”acharnement thérapeutique”. Mais dans le cadre de la montée en puissance des droits subjectifs, le “droit de mourir” renvoie aussi au droit de recevoir une assistance au suicide quand la dégradation du corps est jugée insupportable. On distingue alors “euthanasie passive” et “euthanasie active”.

Indudablemente, el análisis de las raíces y causas de la evolución semántica de la palabra “eutanasia”, en el amplio e inespecífico espectro de sus procedencias y pertenencias, puede servir elementos de juicio –aplicables muchos de ellos al campo del derecho- para observar con cuánta frivolidad a veces se derogan los patrones más serios de una juridicidad normal hasta contaminarlos con incidencias parasitarias de ideologías, utilitarismos, intereses políticos o económicos y, sobre todo y en general, con los efectos de la gran crisis de valores en que se debate nuestra sociedad post-moderna.

2) Otras indicaciones finales de base para la reflexión

a.- Los límites de la libertad y de la autonomía personal. El valor “vida humana” y la jerarquía primaria del derecho a la vida frenan –por lógica racional- las posibilidades de la libertad propia y ajena. Es imposible la legitimidad de la libertad frente a lo que es raíz y soporte de la libertad, la vida

b.- El instinto de conservación. El dicho vulgar del “primum vivere, deinde philosophare”, en su simplismo, da idea de necesarias prioridades en el orden de los valores más vitales del hombre. Incluso puede decirse que contiene una estimable dosis de sabiduría natural en su alusión a los mecanismo naturales de defensa cuando anda en juego lo primordial del hombre. En esta línea sapiencial, rozaría el absurdo que la racionalidad del hombre pudiera alinearse legítimamente contra la permanencia de la condición humana en que se radica.

c.- La racionalidad en el obrar humano.
Las elecciones racionales en cuanto expresiones de la autonomía personal han de producirse siempre –para ser verdaderas y humanas elecciones- dentro de una normalidad proporcionada al valor de la realidad u opción sobre la que han de versar “La personalità individuale può dunque consolidarse o evolversi, impegnarsi affetivamente in misura variabile, dirigendo la sua energia psichica, il complesso delle sue tendenze verso mete antiche o nuove, e anche il suo orientamento verso il mondo può variare verso un’accettazione più realista o una negazione del mondo stesso... Il processo fondamentale del consolidamento delle direzioni presse preferenzialmente dalle energie psichiche e degli orientamenti verso il mondo col tempo costituisce una base relativamente stabile della personalità” . La personalidad como estructura y la misma como proceso de la vida radicada en la persona, lo estático y lo dinámico del ser humano-persona, a pesar del cambio que supone el dinamismo vital, responden a unos mismos patrones o raíces del individual psiquismo. Cuando las acciones contradicen esos patrones, la racionalidad del obrar se resiente por fuerza. Ha de dudarse por tanto de la racionalidad del obrar del “yo impulsivo” frente al del “yo propulsivo-proyectivo”

d.- La disposición racional sobre valores humanos y derechos humanos
En criterios o coordenadas de lógica racional, puesto que la vida y el derecho a la vida –en la jerarquía objetiva de los valores y derechos- son de rango primordial humano, no puede legitimarse el invocar siquiera un “derecho a la muerte” ni admitirse como humano un derecho a quitarse la vida uno mismo (derecho al suicidio), porque lo primero implicaría una contradicción en sus mismos términos (no se pueden compaginar los contrarios ni cabe admitir que si el derecho a la vida es el soporte de la inviolabilidad total de la vida humana sea del mismo rango un derecho que fuera instrumento legitimador de su destrucción) y lo segundo sería lo mismo pero agravado con el abuso de las facultades de uno mismo sobre su propia vida.
Jurídicamente, medios ilegítimos como la tortura judicial o extra-humanos como la compulsión; respuestas en estado de necesidad; reacciones ante las llamadas situaciones-límite, etc., o conviven con la injusticia o, al connotar situaciones de excepción, no deben generalizarse sin hacer claudicar la vida normal del derecho

e.- El suicidio, el derecho y las oportunidades de una juridicidad positiva sobre el mismo.
Quien decide “suicidarse” ¿está bien psíquica o mentalmente, obra bien y se justifica éticamente, es racional “quitarse uno mismo la vida y darse muerte?
¿Puede hablarse siquiera de un derecho del ser humano al suicidio?
Cabe naturalmente que el orden jurídico defienda el derecho a la vida, pero ¿cabe que del mismo modo ampare “quitarse” la misma vida que otro derecho fundamental de este mismo ser humano protege?
En caso de juridificarse tal cosa, ¿no se daría un estatuto de juridicidad contrario a la misma condición humana, personal y social?

Es claro que tan compleja cuestión no se puede resumir en pocas líneas. “Le problème est trop complexe au point de vue psychologique pour qu’on ait le droit d’assimiler d’amblée toute tentative de suicide à un symptôme morbide» como anota Porot ; sin embargo, no se pueden por menos de resaltar en este punto al menos estas ideas: la de Henry EY sobre la “evidencia” del “papel de la involución psíquica” en el suicidio” ; y la de “autodestrucción intencionada” de uno mismo –que eso es lo que en realidad supone suicidarse- que se ha de incluir en el concepto médico de “suicidio” . Estas expresiones, “involución psíquica” e “intencionalidad” formando parte del cuadro conceptual del suicidio, abonan campos de crítica al tratar de evaluar las concretas situaciones de suicidio y de sus equivalencias posibles.

Estos apuntes pueden servir de base de análisis y reflexión de la “incongruencia” jurídica que puede suponer, en una recta teoría general de la justicia y del derecho, dar simetría al derecho fundamental del hombre a la vida y su contrario.

f.- La “compasión” y el “bien del otro” como “razones” o “excusas” de la “eutanasia activa”. Si la “intencionalidad cualificada” requerida en las llamadas opciones fundamentales de vida humana ha de tenerse en cuenta como base y raíz de puntualizaciones jurídicas en los supuestos de la “eutanasia pasiva” , siendo el valor “vida humana” inviolable e indisponible por nadie, cualquier “disposición” –de la sociedad, del Poder, la familia, los médicos, etc.- con efecto de destrucción de la vida por la muerte de “otro”, en lógica humana, nunca podría legitimarse con razones de justicia y derecho. Los atentados al “orden de la justicia” que incluye la jerarquía de los valores –eso es el derecho- no podría eludir el calificativo de injusticia.
Los criterios usuales de “compasión”, “no ver sufrir”, etc. pueden servir para el alivio del dolor y evitar el sufrimiento. Pero el salto que supone hacer eso quitando la vida al que se duele o sufre es tan cualitativo en el orden y jerarquía de los valores que todo intento de justificación no pasaría de la categoría de “excusa” o “coartada• para otros fines-
¿Puede el Poder político decidir de cualquier manera sobre la vida del hombre? ¿Pueden los familiares o los médicos decidir eso mismo?
Siempre, y más en estas cosas, aunque las caras de la verdad pueden ser variadas, la verdad es una sola, y tiene objetividad aún contando con los subjetivismos respecto de ella, que son otra cosa.

g.- La economía, la eutanasia y el utilitarismo económico.
Régis DEBRAY, en su reciente libro Le moment fraternité , abre el prefacio de la obra con una frase digna del florilegio del personalismo: “L’individu est tout, et le tout n’est plus rien”. Al cuestionarse seguidamente “que faire pour qu’il devienne quelque chose”, pero en armonía con el “otro” y en una “fraternidad” en acto y no evasiva ni de solo ideal ilustrado pero sin obras, invoca los derechos humanos como garantía suprema de la solidaridad entre los hombres. El individualismo insolidario y el colectivismo anti-persona, al provocar tensiones difíciles de templar, se convierten en auténticos desafíos para el desarrollo interhumano. En la actual quiebra generalizada de los valores, el recurso a los derechos humanos –desacralizados y quizá por eso mismo también deshumanizados- se vuelve en exceso relativo, poco o nada objetivo, a merced de caprichosas elasticidades subjetivas y, por todo eso y más, inservible, incluso contraproducente para la causa del hombre y del equilibrio justo de los valores y de los derechos que los deben proteger. Retos con proyecciones de directa trascendencia humana y hasta de supervivencia necesitan plantearse y obtener respuestas auténticas y no de engaño, en aras del desarrollo humano en la sociedad moderna, la actual, desde o a partir de la “convicción”, como el autor alega, de “que l’economie seule ne fera jamais une societé”

Esta última idea –que la economía no puede ser “suprema ley” del desarrollo humano- es digna de tenerse en cuenta siempre que se analizan y se jerarquizan los valores humanos. La economía es, sin duda, un valor importante en la vida de los hombres y en su progreso individual y social. Pero no es un primer valor al que deban subordinarse –ni ética ni jurídicamente- los demás. Como no es tampoco la economía el único problema.

El moderno afecto a la “eutanasia”, aunque lo disfracen o desmientan los promotores, puede que sea parte de la moderna “inversión” de los valores que va desde la manipulación del lenguaje (históricamente se ha visto con la semántica de la palabra “eutanasia”) hasta extremismos inaceptables de positivismo y relativismo jurídicos. Ello unido por una parte al “economicismo” conexo con el principio del “bienestar” como suprema aspiración individual y social y a esa patología de la “neurosis del Poder”, de la obsesión por conquistarlo, conservarlo y aprovecharlo (utilitarismo puro y duro) hasta cambiar las bases ideológicas y morales de la sociedad, dentro de una colosal “deconstrucción” masiva de los valores tradicionales, como el matrimonio, la familia, el respeto a la dignidad del hombre por ser persona, etc.

Que, en el caso de la “eutanasia” como en otros de parecido marchamo, no es baladí la referencia a la inversión de los valores y a la manipulación de lo justo en la creación del derecho puede ser buena muestra la frase reciente de un escritor en un diario ante el reciente proyecto de ley de la muerte digna y los cuidados paliativos en España; “Las pensiones peligran; ya las han congelado y terminarán congelando a los propios ancianos”

Advenido el extremo de situar la economía en el vértice de los valores, nada de extraño tendría que el “homo oeconomicus” acabase definitivamente con el “homo sapiens sapiens”.
Si poner la “verdad” de felpudo o tarima de la “utilidad” constituye un “morbo gravísimo” de la “política” especialmente cuando así lo hace, ello mueve a Ortega y Gasset a calificar de “mentira” el “hacer de la utilidad la verdad”, hasta llegar a decir que “el imperio de la política es el imperio de la mentira” , lo mismo vale decir y concluir siempre que la “economía” se “sacraliza” socialmente de tal forma que se erige criterio supremo de valor de las personas y de la misma sociedad. Identificar economía y justicia sería, del mismo modo, contaminar sustancialmente las raíces del derecho.
Es otra base válida de reflexión en la materia

h.- La “eutanasia” y la “pena de muerte”. La “razón de Estado”
Los fundamentos modernos de la oposición radical a la “pena de muerte” son los derechos del hombre, contrastados con el hecho innegable de la falibilidad de la justicia humana y los históricamente comprobados “errores judiciales”. Se trata de otro “conflicto de valores y derechos” con el valor “vida humana” igualmente en la balanza de lo justo. En este caso se opta –cultural y cívicamente- por el más elevado de los valores humanos, el de la vida.
En la defensa del la “eutanasia”, aunque se pretende adobar las razones de su aceptación con razones que casi solo son de conveniencia en el fondo y en la verdad de las cosas y no de racionalidad y justicia, juegan los mismos valores y los mismos derechos humanos, a la vida y a su amparo y defensa.
A parte de lo grotesco de las “dos varas de medir” lo justo en un caso y en otro, ¿la conveniencia en sus distintos modos de presentarse en este caso de la “eutanasia” puede hacer que la misma realidad objetiva sea en un caso favorable y en el otro contraria a la dignidad y a los derechos del hombre?
Y, en cuanto a la cuestión de los “derechos del hombre”, me permito reproducir unas frases recientes de un joven pero ya curtido escritor: “Al establecer que son “inherentes” a la persona, los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos quisieron significa que eran derechos de naturaleza pre-política, constitutivos de la persona, y también apolíticos, porque no son construcciones del Poder, que independientemente de su orientación ideológica debe luchar por su preservación. En los últimos años, sin embargo, se está imponiendo una nueva versión de los derechos humanos que no es sino el camuflaje con el que se trata de satisfacer intereses particulares, a veces de naturaleza criminal. Los derechos humanos han dejado de ser definiciones objetivas para convertirse en acuñaciones moldeables según la conveniencia social del momento, según las preferencias ideológicas de una determinada formación política que ostenta coyunturalmente una mayoría parlamentaria”
Con esta falsa base de juridicidad o de creación del Derecho, ¿no se estarán cegando por el propio Poder las raíces de la Justicia?. Otra base de reflexión sobre el tema de la”eutanasia”

El derecho contaminado no es el que se deja “influir” e “informar” por bases auténticas de justicia en cuanto esas bases y valores son el único garante válido de la normalidad en una convivencia social, que es lo propio, sino el que se deslegitima con intrusismos de “cuerpos extraños” al sentido radical de la justicia en su calidad jurídica de única razón de ser del derecho, instrumento típico de la justicia en la sociedad. No se rechaza la ley, pero –como señala Hermann Kantorowicz en su Lucha por la ciencia jurídica- lo que sí debiera rechazarse es concebir lo “legal” como un sistema de leyes cerrado y acabado, capaz por sí mismo de dar respuesta a todos los casos y situaciones posibles. Ello estaría también en los orígenes del totalitarismo.
Teoría pura del derecho quiere decir teoría del derecho libre de “ingerencias” ideológicas, de la fuerza contraria a la justicia de las ideologías, de todas ellas, en cuanto contaminen en la sustancia el recto orden de lo justo social .

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Estos puntos de vista sean esbozos de invitación a reflexiones jurídicas en una materia tan delicada y compleja, al ser tan humana y por eso mismo individual y socialmente trascendente, como la “eutanasia”. Un reto moderno sin duda, con el aliciente así mismo jurídico de procurar que el derecho sea, en esta sociedad, el instrumento de un recto orden de la justicia.

EPÍLOGO

Con la conocida “Oratio de hominis dignitate”, el humanista Pic de la Mirandola se consagró, ya en el siglo XV, como un auténtico maestro del mejor humanismo. Hombre de valores era el hombre del Renacimiento y del Cristianismo. La exaltación y promoción del ser humano por este Humanismo se gestan precisamente en función de tales valores, y la inexcusable tarea de todo hombre, de “hacerse a sí mismo”, habrá de resultar de los principios de un obrar coherente y consiguiente a los imperativos emanados de los mismos, de lo que derivaba igualmente conformar y someter a ello la conciencia, la voluntad y la libertad; tres pivotes por tanto de la dignidad inalienable humana..
Obra de libertad es “hacerse hombre” con todo –lo favorable o lo adverso- que pasa en la vida de cada uno de los hombres, sin pervertir ni los valores ni los derechos que amparan a esos valores.
Erich Fromm instala en la misma apertura de su obra El miedo a la libertad esa Oratio de hominis dignitate de Giovanni Pic de la Mirandola, que –en su traducción castellana- dice:
“No te di, Adán, ni un puesto determinado ni un aspecto propio ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obten¬gas y conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que -casi libre y soberano artífice de ti mismo- te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás -de acuerdo con la decisión de tu voluntad- regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas”

Sin comentario especial a este canto a la libertad del hombre con su conceptual acompañamiento de responsabilidad (una libertad humana sin compromiso humano no puede llamarse prerrogativa de un ser racional como el hombre), solo me permito rubricar este espejo del mejor humanismo con unos párrafos de Ortega y Gasset en sus estudios sobre el humanista español Juan L. VIVES.

“La vida de un hombre, cualquiera sea su puesto social y su oficio es una lucha por realizar su personal vocación en medio del mundo, según éste sea al tiempo de su naci¬miento. El mundo histórico donde el hombre tiene que fabricarse su propia existencia se compone siempre de ciertas corrientes intelectuales, morales, políticas. De éstas, son unas adversas a su vocación individual que le obliga, quiera o no, a ser tal hombre determinado; otras le son favorables. La vida de un hombre es, pues, una precisa ecuación entre su vocación y el mundo en derredor. Es, pues, todo lo contrario de una serie de anécdotas. Es un teorema donde en vez de figuras geométricas se trata de dicha y desdicha ... Intentaré hacer en este sentido la biografía de Luis Vives, una biografía esencial en que habrá mucho más de álgebra histórica que de chismes y cuentos”

Lo favorable y lo adverso en la vida del hombre, su vida y su muerte, sus alegrías y sus dolores, su libertad en buen uso y la lúcida conciencia con voluntad de ser lo que uno “deber ser” son la “respuesta” que todo ser humano está obligado a dar a su concreta “vocación”.

SANTIAGO PANIZO ORALLO
Ex - Decano del Tribunal de la Rota Española
Profesor Titular de Derecho
De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Madrid

Madrid, 22 de noviembre de 2010

NOTA.- Este ensayo es enviado a Concha Mayendia, a Bruselas, el 26 de noviembre de 2010

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El trabajo es salud - Dïa Mundial del trabajo 1-V-2018

02.05.18 | 12:19. Archivado en Acerca del autor

“Labor omnia vincit improbus”- Un trabajo constante y solícito todo lo supera. Es máxima de vida humana que patenta el poeta clásico Virgilio en sus Geórgicas –I, 145/146)

La mayor dignidad del hombre está en “ser hombre”. Como la de un insecto estará en ser abejorro y no salamandra o escorpión.
Y -como para “ser hombre”- no basta con nacer, pues es menester de cada cual “hacerse” hombre, y no en serie sino a la medida de “sí mismo”, es decir, trajinando día a día las disponibilidades, potencialidades, capacidades propias, mal se entendería ese necesario “trajinar” estando de brazos cruzados, o “cacareando” tan sólo por calles y plazas, o “sin dar golpe” a la espera de que otro le saque “las castañas del fuego”, o haciendo de parásito “chupasangre”
Y si ese necesario “trajinarse” la propia vida se llama en “román paladino” “trabajar”, el trabajo es a la dignidad del hombre lo que las medicinas son a la enfermedad o el martillo, a clavar una punta: el instrumento necesario, la condición “sine qua non”.

Hablar, por tanto, de la dignidad del hombre es hablar de la dignidad del trabajo, de la honra y el honor que ha de ser para los homnres trabajar; y trabajar, a ser posible, en aquello que se cohonesta con la propia vocación y los propios potenciales humanos.
Y, “a sensu contrario”, salta a la vista el drama que representa, y es realmemnte, no poder trabajar, o porque no se quiere, o porque no se puede. O porque no hay trabajo o porque, habiéndolo, está insuficientemente remunerado. O porque se discrimina al que trabaja. O porque la “justicia social” se predica de boca pero no con otras. O porque trabajar hace callos y esos callos de las manos o los codos no son de los que se comen tan a gusto con garbanzos en uno de los platos tan sabrosos y ricos de ricos de nuestra gastronomía….

El trabajo –digan lo que digan los vagos y los vividores- es una honra humana y un salvoconducto imprescindible para ir por la vida con la cabeza alta y ganando batallas a diario a la colosal empresa humana de ser hombre y no piedra, vegetal o bestia.

El trabajo, a pesar de ser inseparable instrumento de la dignidad y el -desarrollo humanos, siempre ha sido asignatura pendiente en la carrera de la “humanitas”. Se ha puesto mucho más el énfasis en lo negativo del mismo: en el “negrero”, en el “esplotador”, en el “capitalista salvaje”, en los “maulas” que se las apañan tan bien para “no dar golpe” o en los que huyen del trabajo como los gatos del agua fría, que en las virtudes positivas que el trabajo supone sin duda para la salud –incluso física, pero sobre todo psicológica y mental- del trabajador y de los suyos (no se olvide esta proyección del trabajo.
Muchos hay que consideran el trabajo una maldición o cosa de esclavos y gente vil; o sencillamente, al soñar con super-hombres, por una especie de “pedigrí” de clase o casta, se ven exentos o ajenos a esta grandeza del “hombre a secas”, para esos “paria”, que que siente vocacionado a “trabajar”.

Asignatura pendiente lo ha sido siempre el trabajo, o eso me parece a mí. Ypor eso tal vez, siempre ha habido quienes han censurado a los vagos como si de verdaderos “maleantes” sociales se tratara.
Es clásica la dura invectiva de san Pablo –en el cap. 3 de la segunda carta a los cristianos de Tesalónica- contra tanta gente que parece haber nacido cansada y no haber hecho nada nunca por enmendarse. “•Si alguno no quiere trabajar –les dice san Pablo-, que tampooco coma. Porque nos hemos enterado que hay entre vosotros algunos que viven desconcertados, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A éstos les mandamos y les exhortamos por el Señor Jesús a que trabajen con sosiego para comer su propio pan”

La invectiva, como se aprecia, es directa, rotunda y afilada como un estilete. No mnecesita interpretación. Creo, no obstante, que merece la pena –didácticamente- destacar en ella esa pincelada psicológica con que san Pablo rasguea la personalidad del “cuentista” del trabajo y del esfuerzo. “Viven desconcertados, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo”. En nuestra vida de “currelo” ¿no hemos podido ver muchas veces –a nuestro lado- perfiles como el que bosqueja con tanta claridad san Pablo en esa carta? Ese perfil tan viejo como el trabajo y el hombre del que, sin dar golpe o creyendo que lo da sin darlo, se cree con derecho a ser “el gallo del corral”. Creo que ese perfil neurótico debiera ser más estudiando en los manuales de psiquiatría…

Trabajar no es una maldición; al contrario, es el preciado instrumento que pone en la mano del hombre las buenas y más auténticas oportunidades de ser hombre. El trabajo es componente sustancial de la “humanitas”, como digo.

La Iglesia trae del Evangelio-mensaje de Jesús unos sagrados que han hecho de ella –y lo deben seguir haciendo una institución “experta en humanidad”. Desde hace más de un siglo, aparece como abanderada primera de la justicia social. Trabajo. Trabajo digno. Salario justo. Censura de los “negreros” y del “capitalismo salvaje”. Han sido y siguen siendo postulados primarios de esa doctrina, con raíces ineluctables en el Evangelio de Jesús…
Y aunque, a veces, como sucede con las “cosas de Dios” que manejamos los hombres, se llegue tarde o mal, nadie –objetivamente- le podrá negar un serio esfuerzo por reformarse hasta ponerse enteramente “a la hora del hombre de nuestro tiempo”. .

Hoy he presenciado la manifestación del primero de mayo. Los y las he visto pasar gritando “slogans”, con banderas y con arengas sindicales para reivindicar igualdades, mejoras, respeto, dignidad. Bien está. He sido hijo de minero, a mucha honra y no me duelen prendas en esto.
Pero, al verlos y verlas pasar, me hacía una pregunta. ¿No sería bueno también que los Sindicatos impulsaran a reivindicar la dignidad del trabajo y del trabajador exigiendo que el trabajador trabaje y no sea ni un “maulas, ni un “trepa”, ni un “capitán araña”? ¿NO sería esto también un posible campo de las reivindicaciones sindicales del Uno de Mayo?.

Lo de san Pablo es clásico y sigue con vigor: hay quien vive a su aire, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo…. Miremos alrededor y las pruebas de ello sobrarán, por ser evidente.

Yo creo –y perdonen los que no piensen como yo- que si está bien la justicia social efectiva, y la lucha de todos por ella, no lo debieran estar menos, la seriedad, la responsabilidad y el respeto del trabajador para con el trabajo y sobre todo para los que de verdad trabajan y quieren trabajar. Un obrero “maulas”, como se dice, es un saboteador de los derechos de los trabajadores, de la dignidad del trabajo y de la misma fiesta del Uno de Mayo. Y, anque sea de los que salen hoy con banderas por las calles de todas las ciudades del mundo, será un farsante.

Cierro ya como comenzaba esta reflexión.
Si la mayor dignidad del hombre está en “ser hombre”; si ese necesario “trajinarse” la propia vida se llama en “román paladino” “trabajar”; y si el trabajo es a la dignidad del hombre lo que la medicina es a la enfermedad o el martillo es a poner un clavo: instrumento imprescindible; si todo eso es así, saca tú, amigo mío, las conclusiones ante este Día Mundial del Trabajo.
El trabajo es –yo lo creo- medicina de muchos males del cuerpo y del alma. El trabajo es salud, aunque haya quien, al oírlo, mire animado a la tuberculosis.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


A pesar de todo, mayo florido y hermoso -1-v -2018--

01.05.18 | 17:36. Archivado en Acerca del autor

Este día se abre el mes de mayo, llamado el de las flores recién estrenadas y de los pajarillos recién nacidos. Mes de bellezas y de vida reciente. Mes de apogeos primaverales, que no quiere decir “sazones”, porque esas vendrán más tarde, aunque ya este mes les dé la bienvenida. Mes, en una palabra, de fulgores, de fervores y hasta de revoluciones, porque como la sonada de aquel “Mayo del 68” –de la que ahora mismo se cumplen 50 años-, que tantas cosas dió que decir y tantas otras que callar.
Mayo, en fin, es un mes de venturas primaverales, aunque quizás lo sea menos de corduras, si por cordura hemos de entender ese equilibrio que ni se contenta con lo mediocre, ni se extasía demasiado con lo esplendoroso; ese justo equilibrio, que ni es ataraxia o insensibilidad manifiesta, pero tampoco es movimiento continuo de trastorno bipolar. Mayo, como la primavera, un recital de colores vivos, con algunos tonos grises y hasta de negro azabache.
Mayo se me antoja más sonrisa de “gioconda”, aunque sea con frecuencia enigmática sonrisa, que “aguafuerte” de Goya, creado por su mente de artista, para poner en su sitio y liberar de romanticismos aéreos la gesta heroica del Dos de mayo.

“Marzo airoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso”. Así reza ese refrán del “pueblo” que, siendo tal vez más ignorante que docto e ilustrado, “se las sabe todas”, como también se dice, cuando de mirar al cielo y sacar conclusiones de buen sentido y mejor humanismo se trata.

Mayo amanece hoy en Madrid resueltamente decidido a brindarse a sí mismo los honores de ser el centro esencial de una primavera. Un cielo sin nubes; un amanecer cargado de promesas; luz a raudales; y las flores y los pajarillos llenando la tierra y el aire de bellezas, de ilusiones, de colores para todos los gustos y de arpegios que arrullan al amor desde los corazones enamorados de las avecillas del campo. Ni Salomón, en todo su fasto, acertó a vestirse con el primor de la más humilde flor de un campo de margaritas o de violetas.
Por ello, tal vez, ni el silbo galante de un mirlo, ni el nocturno romántico del ruiseñor en vela de su amor han dejado nunca de ser retos vivos para la inspiración de los artistas.
Y todo eso es mayo….

Mayo llega hoy a mi ventana como en los mejores tiempos; sin pizca de marañas en el cielo; anunciando bellezas de luz y color; retando, audaz, a enamorarse de la Verdad, de la Belleza, del Amor y –sobre todo lo demás- de la Vida, que de Dios viene y con Dios está, por mucho que los innumerables francotiradores de la Muerte se empeñen en tirotearla sin piedad por todos los caminos del hombre…
Mayo es “divino” entre los meses del año, tal vez porque nunca deja de ser “humano”. Parece un juego malabar la frase, pero –si se la mira bien- puede que tenga “miga” para esas almas de hombre y de mujer -de un humanismo integral las dos conjuntamente-, siempre que se afanan por “ver donde hay” y no se obstinan en “ver donde no hay”, como me sugiere la óptima idea de Quinto Septimio Severo acerca de las dos cegueras, viejas las dos como los vicios del hombre, pero tan actuales como la post-verdad asentada en todos los proscenios de esta “modernidad” líquida, o ya tal vez gaseosa.

Pero no nos pasemos en romanticismos. Mayo hermoso y primaveral no quita un ápice de realismo y verdad a los buenos y malos augurios de nuestro tiempo.
Por eso, a estas reflexiones mías de hoy, de mayo, no les puedo negar su punto de sal y pimienta; y si se ven y nos sorprenden cosas y más cosas por su negritud, hasta en mayo, hay otras que invitan seriamente a vivir y a ser optimistas, como ese voluntario de hacer el bien que, cual ruiseñor en la noche, canta sus amores del alma; o ese periodista que no se vende a la ideología de quien le paga; o esa joven que –acorralada por una “manada” o •piara”- no tiene más remedio que “resignarse” a lo peor –el miedo, no se olvide, acobarda y acochina-, con riesgo de que unos ojos poco avispados la tomen por lo que no es: porque “intimidan” los palos y las pistolas, pero también lo hacen los relativos recursos humanos que se llevan dentro y, a veces, no dan para más ante los “matones” cuando acosan en pandilla.

Hoy, desde el amanecer, me estoy asomando a la luz de mayo. Y aunque haya mucho de bonito y optimista, esa misma luz radiante hace que “lo negro” que sigue pisando la tierra aún se vea con mayor nitidez y hondura. Y hoy mismo, a pesar de la promesa de luz de su amanecer, hay noticias tan infaustas como las que saltaron en el “marzo airoso” o en el “abril lluvioso”
Y no es –creo yo- patología bipolar este paso continuo del blanco al negro o del morado al azul y viceversa… Es muestra simplemente del “claroscuro” perenne de que está hecha la humanidad desde que Dios –por fortuna para el hombre- decidió hacernos libres, y se juró a sí mismo mantenerse fiel a su designio, a pesar de todo y pasase lo que fuere de bueno y de malo.
Y es este sino maravilloso, hecho de luces y sombras, el que me ha movido esta mañana del 1 de mayo, antes de volar hacia otras reflexiones, a dirigir a Dios la oración, con que aquella mujer libre que fue siempre Concha Sierra –miembro que fuera de la Comisión General de Codificación y abogada tan experta como recia y firme en sus defensas- se dirigía a Dios cada mañana al poner los pies en el suelo para rogarle: “Señor, no te canses hoy de haberme hecho libre”. Me dijo más de una vez que lo hacía por mayo que es cuando le cuadra mejor a la libertad; pero seguía haciéndolo en los días cortos de diciembre y en los fogosos de agosto.

Y para cerrar este encanto del uno de mayo que es hoy, nada más oportuno que los versos de un poema de los Laudes de un sábado cualquiera del año, aunque no sea mayo florido y hacendoso:
“Alfarero del hombre, mano trabajadora/ que de los hondos limos iniciales/ convocas los pájaros a la primera aurora,/ al pasto a los primeros animales.
De mañana te busco, hecho de luz concreta,/ de espacio puro y tierra amanecida;/de mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta de los sonoros ríos de la vida
EL árbol toma cuerpo y el agua melodía/ Tus manos son recientes en la rosa/ Se espesa la abundancia del mundo a mediodía/ y estás de corazón en cada cosa
No hay brisa si Tú no alientas, ni monte si no estás dentro;/ ni soledad en la que no te hagas fuerte/ Todo es presencia y gracia. Vivir es este encuentro/ Tú por la luz; el hombre por la muerte
¡Que se acabe el pecado! Mira que es desdecirte dejar tanta hermosura en tanta guerra…/ Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte/ de haberle dado un día las llaves de la tierra!”.
Para un amanecer de un uno de mayo como el de hoy, es difícil hallar algo mejor para encararse al vino con el claroscuro de la libertad del hombre y con sus dramas.

Lo dicho: “Marzo airoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso”. Eso reza el dicho popular y eso puede entonar cualquiera que tenga ojos y tino para leer entre líneas las paradojas de nuestra condición.

La fiesta universal del Trabajo. La Cruz de mayo. El mes de las flores y de los gorjeos enamorados... Y sin embargo ayer mismo una bomba en Kabul mataba niños y periodistas…. Una mujer maltratada –en casi todas partes- era acosada o aniquilada en algunos ambientes…. Un niño es aún más hermoso que mayo y, a pesar de eso, se les maltrata y utiliza…. Y algunos rampantes populismos que cantan de mañana a los “dioses” de la verdad, de la justicia o de la libertad, no tienen inconveniente, por la tarde, en aplaudir. o tal vez hacer mutis que es parecido, ante los “matones” de Alsasua, y lo hacen sin inmutarse como si no se viera de sobra que “los votos” les interesan más que “las verdades”…

Lo de siempre. Mayo florido y hermoso, pero, con más frecuencia de la deseada, abierto así mismo a las heladas y a negritudes también. Por eso creo que, hasta en “mayo florido”, es tontería dejar de pensar y reflexionar. Porque, si eso se deja, mayo puede ser enero…

A media mañana, el día se va nublando y el cielo se va cubriendo de luces y sombras. ¿Para no quitar del todo mal a los meteorólogos? ¿Para dejar ver que donde haya luces ha de haber sombras? Bien. Pero , a pesar de todo, amigos, “mayo florido y hermoso”.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Lunes, 16 de julio

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