Entre dos luces

Mujeres en lucha

08.03.18 | 19:10. Archivado en Acerca del autor

Mujeres en lucha.

Este jueves de marzo –Día Mundial de la Mujer- salta a los aires el “slogan” oficial de la jornada: “Si nosotras paramos, se para todo”.
A bote pronto, que es como estoy acuñando estas reflexiones (son las ocho de la mañana), aunque el “slogan” sea tan ambicioso como indiscreto y falaz, no deja de mostrar “por dónde van los tiros” en esta jornada reivindicativa y de protesta a escala mundial; tan fantasmagórica –a mi ver- como pueden serlo las más apoteósicas simplificaciones.
Me estoy refiriendo en especial al “slogan”. Hoy, por eso, a parte de aprender a preparar unos huevos con patatas fritas por si el “slogan” tuviera más chica de la que aparenta, hoy –he de insistir- en honor a las reivindicaciones femeninas, dignas -por lo demás- no sólo de respeto sino del mayor éxito porque las más son de estricta justicia-, me he puesto a releer, nada más despertarme, la “Asamblea de las mujeres”, la bonita comedia de Aristófanes, (en la que por cierto hallo en germen la famosa frase de que la “democracia es el menos malo de los sistemas políticos”). Para convencerme –si ya no lo estaba- de que esta cuestión no es nueva sino todo lo contrario…
Después de regodearme con Aristófanes, he vuelto los ojos al Evangelio de Jesús para otear, también allí, el papel de “prima donna” que, a lo largo de todo el recorrido, las mujeres ofician, desde el Pesebre al Calvario y, poco después, con las primeras luces del día de la resurrección.
Algo más tarde, tomé en las manos el nro. 49 de Les Grands Dossiers des Sciences humaines, que acabo de adquirir porque, al verla en mi librería, me atrajo con fuerza la proclama de su portada: “Femmes de pouvoir, aventurières, intellectuelles, guerrières, scientifiques… ces pionniéres qui ont fait l’hiastoire”.
Y hasta saqué del montón de las revistas pasadas un suplemento especial del diario Le Monde (nro. 109), de la semana del 18 al 24 de marzo de 2006, en cuya portada aparecía campea este excitante y sugerente texto: “Homme-Femme. La confusion des genres. Être un hoome, être una femme ne va pas de soi. C’est un jeu de rôle, un rituel quotidien, nous prévient la philosophe americaine Judith Butler”.

Después de todo eso –parecía obligado preludio al color del día-, pensando y pensando para bosquejar unas ideas para esta jornada de lucha femenina y tras oír comentarios de unos y de otros sobre lo positivo, lo negativo y hasta lo superfluo del caso, mis manos tomaron la pluma para componer, a bote pronto como digo, unos cuantos unos cuantos pensamientos, en espera de que los hechos del día digan también lo que tengan que decir, para confirmarlos o desmentirlos.

El “slogan” es realmennte bizarro. “Si las mujeres paramos, se para todo” me sigue pareciendo tan abundoso –tal vez diríase más bien falso- como rimbombante y propagandístico. Bien está que los “slogan” arrebaten los ojos o llenen los oídos, pero tanto como pararse el mundo….
Bien. Las hipérboles a veces ayudan pero a veces matan la realidad que las acoge. No es –creo yo- para rasgarse las vestiduras por acentos de más o de menos. Incluso pudiera ser explicable en las manos o mentes del feminismo montaraz y provocador tan el uso en las culturas “progre” de hoy. Lo digo porque hay otro feminismo, o quizás mejor, otro campo de batalla para la defensa de los derechos de la mujer –necesaria batalla pero sin “slogans” falseadores o deformantes; otro feminismo empeñado –con toda la razón del mundo- en luchar para que “la mujer” obtenga en todas partes y pueda ocupar en todos los espacios el lugar propio suyo y desempeñar el papel que por justicia –no la matemática, aunque sí distributiva y social- le pertenece.
Pasa –creo yo- con lo del feminismo “ultra” lo que pasa con otras cosas cuando se desmesuran y echan al monte; por ejemplo, con los nacionalismos.
Yo soy –si apurásemos la expresión- “nacionalista” de mi Bierzo querido. No tengo palabras para encomiar el Valle del Silencio, la áurea explosión mineral de nuestras Médulas, el suculento botillo o las soledades vivientes de Los Ancares, de la Cabrara, de la vegetal sombra del Catoute o las cumbres y serranías tan innumerables como deleitosas a la vista y al corazón de la cadena de montañas que, como si de un amor misterioso, celotípico y nada platónico, se tratara, lo abraza y lo cierra por sus cuatro puntos cardinales. Amo a mi Bierzo como se quiere a una madre, pero no lo pongo por encima de nadie, como yo no me tengo por encima de nadie; ni, por ser berciano, miro a los “otros” por arriba del hombro, ni me creo con derechos más que nadie. Si mi Bierzo es para mí lo que es -lo más-, eso mismo puede serlo cualquier otro país o terreno para sus amantes; y cuando lo pise, ese otro terreno, le haré los mismos honores o más, si fuera justo, que a mi sin par terruño.

Mujeres en lucha para reivindicar y reivindicarse. Bien está y es necesario. Sin embargo, soy un adicto del “Ne quid nimis” – Nada demasiado o en demasía; desde la bebida hasta los bizcochos o las patatas fritas. Que “todo hartazgo es malo” como el Dr. Pedro Recio discernía para tortura del bueno de Sancho (El Quijote, parte 2ª!, cap. 47).
Y en esto mismo de las desmesuras, me vuelvo siempre a ese apartado del Oráculo manual y arte de la prudencia, de nuestro ilustre Baltasar Gracián, que dice en el nro. 14 de tan fascinante filosofía del vivir que “No basta la sustancia, requiérese también la circunstancia. Todo lo gasta un mal modo, hasta la justicias y la razón”.
Hay razones que se pueden mellar o perder con los malos e inadecuados modos, porque siendo “un bel porte”, como añade Gracián, “la gala del vivir”, el ”pasarse de frenada” por arrebatos de desmesura –los que sean- pudiera empañar la buena causa de las más justas reivindicaciones, como lo son muchas de las que motivan la lucha de la mujer en este momento y circunstancia. Si a “golpes legislativos” tan sólo no se resuelve todo ni por ensalmo en estos terrenos sociales, con soflamas solamente puede que tampoco. Mejor dicho, creo que tampoco.

De todas formas, y pasando al terreno de las ideas y creencias y en espacios de antropología individual y social, pienso que la mujer “nace y se hace” y no meramente “se hace”, al igual que todo ser humano se ha de construir y dignificarse “haciéndose” a partir de sus potenciales propios, genéricos y específicos. Deja muy clara esta idea, por ejemplo, Eric Fromm, discípulo aunque disidente del Dr. Freud, que preludia su obra El miedo a la libertad con la conocida “Oratio de hominis dignitate”, del humanista Pic de la Mirandola. Merece ser leído este Preludio sobre todo por quienes hablan del hombre y de la mujer como si fueran inventos de las nuevaas tecnologías. Ni lo son, ni pueden serlo.
Y por eso no comparto que los seres humanos –como algunos pretenden programar ahora- no sean “naturaleza” y sí solamente “cultura”; es decir, cañas al viento que más fuerte sople en cada momento cultural, quedando con eso en anécdota del momento y/o carcasa llena de circunstancia pero sin contenido y fondo.

Como tampoco creo que el logro efectivo de los derechos de la mujer –pendientes aún muchos o bastantes de ellos- tenga más éxito, o la solución tal vez, vociferando bajo una pancarta llamativa o enarbolando banderas lilas o moradas o a grito pelado, que con razones y actuaciones serias, serenas y firmes, si n prisas porque hay cosas que exigen paso firme y pausado para lograrse, aunque sin una pizca siquiera de pausa. De lo que ya nadie puede dudar es de que esta convocatoria universal marque, definitivamente, un antes y un después en esta lucha libre de las mujeres por sus legítimos derechos individuales y sociales.
Es decir, pienso yo que tal vez se logre más llamando de verdad a las cosas por su nombre, luchando por convencer y no tanto por vencer que gritando y siendo masa más que pueblo.
Además, me gustaría saber el porcentaje de las mujeres que, en España concretamente, hoy no se sienten del todo representadas o identificadas con los excesos del feminismo feroz y ultramontano de la pancarta y el grito.

Es posible, de todos modos, que lo de hoy sea un “puñetazo” en la mesa porque se haya colmado el vaso del aguante y la espera.
Incluso es posible que por eso de que, a “río revuelto ganancia de pescadores”, se haya orquestado la fiesta con tanta parafernalia para dar curso callejero a “visiones” excéntricas o falaces de la condición humana en el caso.
Es posible eso y más, porque hasta lo que parece imposible o increíble se puede colar y pasar por posible o viable en tiempos borrascosos e inciertos como los actuales.
Es posible, pero, como yo creo que la verdad hace a los seres humanos libres, no me pesa cargar con la verdad que sale de mis análisis, lo más serios y nutridos que puedo, del ingente problema.

También es posible –cómo no!- que mis reflexiones de hoy no gusten a más de uno y de dos. Eso lo estimo secundario. Porque hablar caro y separar las justezas de las desmesuras o de la hojarasca, según los casos, lo he considerado siempre un deber de conciencia.
Y si por ser así, o por creerlo así, o por decirlo así, a uno le llaman “facha” -lo he dicho más de una vez-, me resignaré a que me llamen “facha”, pero seguiré diciendo lo que crea justo y verdadero.

Y por si a alguno/alguna o algunos/algunas de los “modos” de hoy les pudiera interesar, anoto que, al cerrar estas reflexiones, he de anotar que, al terminar de redactar las líneas, voy a seguir leyendo el libro de Judith Butler, Défaire le genre, que no hace mucho compré para enterarme mejor de los alardes del feminismo ultra norteamericano y europeo. Por si a los críticos interesara, añado que se trata de la edición francesa –edic. Ámsterdam, 2006-. La recensión de Le Monde a esta traducción, ese mismo año, se titula: “Choasir son sexe ou la subversión douce”. Y como este título habla por sí solo, pues eso, el comentario huelga.

¿La verdad crea libertad? Sin dudas, pienso que sí. Sobre todo, a quienes creen que la verdad no es ni la propaganda, ni el baño de multitudes, ni la visibilidad, ni por supuesto el grito o la pancarta. Ni la veo tampoco asida por decreto a la llamada “ley de las mayorías”, por demócrata que se la crea. Como apunta Ortega a tal respecto: “Entre ocho, caben verosímilmente más necios que entre dos” (Véalo usted, si quiere, en Obras completas, Alianza Editorial, Madrid, 1993, vol. I, De la crítica personal, pag. 15).
Esto de la “ley de las mayorías” es –técnicamente- algo bien distinto de lo que le atribuyen los “forofos”, que no, científicos, de la “democracia”. Por eso, como en tantas otras cosas, doy la razón a Ortega y no a ciertos “demócratas de toda la vida”, como él mismo les llama cuando estudia, en otro gran y certero ensayo, las que llama “democracias morbosas”.

Pero cerremos ya, que es tarde. La sustancia de mis reflexiones va en que las mujeres son seres humanos de la misma entidad y calidad que los varones. No son sen copias, sin embargo, unos de otros, ellos y ellas. Y ha de ser en armonizar esa diversidad gloriosa con auténtica justicia distributiva y social donde –ahora mismo- se ha de apurar hasta el fondo la “lucha de las mujeres”

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Martes, 11 de diciembre

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