Entre dos luces

Las “ausencias” del señor profesor.

14.07.17 | 22:03. Archivado en valores

En campos hirsutos, de alargadas parameras sin sombra y agitadas ventoleras, en que es fácil quedarse a la intemperie, a cualquiera, en cualquier momento, le puede sorprender lo inesperado: un cantautor confundiendo su copla con una ópera, un “tío” de pueblo creyéndose doctor –que conste que conozco muchos hombres del pueblo tan humildes y realistas como serios consigo mismos; y hasta soldados rasos que, al verse de uniforme, se sienten generales. Son los menos naturalmente, porque de buena ley es que los hombres, de ordinario, no desentonan al representar su papel en la sociedad, pero quedan algunos.

Por bromear un poco antes de “besar el santo”, dos ocurrencias me acucian para referirme a lo de hoy.
Entre los abogados –o “picapleitos” como llama el vulgo a ciertos asesores del justiciable- se dan esos que el mismo vulgo califica de “ratoneros”, fértiles en ardides más que en sabiduría o ciencia jurídica. Tuve en mis años de San Sebastián un amigo abogado, y era de los que saben agarrarse al terreno que pisan con la fuerza y tesón de las lapas para pegarse al acantilado. Era, de todos modos, hábil y divertía verle sacarse de la manga sutilezas y argucias para dilatar, e incluso volcar hacia su lado el pleito perdido. Juanito, que así se llamaba el susodicho, orgulloso de sí mismo y de sus artes, me dijo un día, muy convencido él: “A mí, en los pleitos, que me echen catedráticos”; como dando a entender que las muchas teorías o los muchos “humos” no son siempre los mejores útiles para dar en el clavo.
La otra ocurrencia es parte de nuestra literatura y responde a nuestra natural precaución ante las fatuidades y los alardes aunque vengan de supuestos genios. La irónica e hilarante estrofa que se me ocurre la puso en circulación uno de nuestros poetas del s. XVIII –J. Iglesias de la Casa-, ese siglo azaroso tan empeñado en poner las cosas en su sitio, a pesar de conseguirlo tan pocas veces. Así dice: “¿Ves aquel señor graduado, borla roja, blanco guante que, “nemine discrepante”, fue en Salamanca aprobado? Pues, con su borla, su grado, cátedra, renta y dinero, es un grande majadero”. No parece, pues, que sea de ahora tan sólo la “barbarie de la ignorancia” hasta en las alturas, como pudiera sugerir G. Steiner en su aleccionador ensayo del mismo título.

El caso es que lo de esta mañana, si no fuera por lo que representa, sería para tomarlo a broma y dejarlo en paz, por lo del sabio refrán de las “palabras necias…”.
Pero no. El asunto no es de broma, como Lázaro Carreter endilga -en uno de sus “flashes” lingüísticos de El nuevo dardo en la palabra (Se habla español, pag. 230, ed. 2004), a ignorancias indebidas en personas obligadas a saber: “Licenciados universitarios desconocen qué significan ‘golpe bajo’, ‘rabo entre piernas’, ‘manga ancha’ o ‘francotirador’. Insisto en lo de licenciados universitarios; y, además, con oficio de hablar o escribir retribuido. La instrucción pública ha sufrido tantos ataques reformadores que hoy es ‘mustio collado’. En esto, sí: o revolución o muerte”. Las cosas pueden tomarse a broma en lo que tengan de broma. A pesar de todo y en cierto modo a broma lo he tomado y lo sigo tomando al componer este ensayo. Si lo comento no es por su fuste, sino por dar holgura y razón a verdades en que creo.
Según parece y estos días se ha prodigado en los “medios”, uno de los aspirantes a Secretario general del PSOE en el próximo Congreso general ha encomendado a una “comisión de expertos” la composición de un proyecto de renovación del partido, bajo este lema inspirador: “Somos socialistas. Por una nueva social-democracia”. Bueno es, en política y, sobre todo, en democracia, que los aspirantes a cualquier cosa se retraten antes de entrar en posesión de sus “prebendas”, que así se puede llamar a estos cargos hoy por lo buscados que andan.
Uno de estos días pasados, Carlos Herrera entrevistó en la COPE a uno de los coautores del proyecto en cuestión; catedrático, según dijo él mismo, de sociología.
Bien estuvo en muchas cosas el entrevistado, aunque apostara por otras seguramente discutibles. Se pronunció sobre el diálogo como fórmula indispensable de tratar los asuntos en la buena y sana democracia; del diálogo con los independentistas pero a condición de preservar siempre la unidad de España y el acatamiento del estatuto constitucional vigente; de la conveniencia de reformar la constitución, que calificó de buena, aunque susceptible y quizás ya necesitada de algunas reformas; del “federalismo” como baza para tratar el problema catalán (lo del “federalismo”,un mito más, a mi ver, entre los que se suelen crear en tiempos al parecer desmitificados). Bien, en general. Pero en otras respuestas…

Hacía ya tiempo que a los políticos de “ciertas izquierdas”, las que algunos llaman “montaraces” o “extremas” –otras “izquierdas” se han sacado ya el atrasado “chip” anticlerical de sus idearios políticos, sobre todo fuera de España- no se les oía “sermonear” con la “denuncia” de los acuerdos con la Iglesia, con el “desafuero” de las clases de religión o parecidos “hobbys” de su ensimismada propaganda. Hoy, en esta entrevista, el tema ha vuelto a saltar de lleno a la palestra.
A pesar de ser, y afirmarlo él mismo, que la “sociología religiosa” es parte de su especialidad, dijo algunas cosas tan sorprendentes, histórica y sobre todo culturalmente, como para sentirse uno perplejo.
Por ejemplo: afirmó con una rotundidad casi dogmática que en el concordato de la Iglesia con el régimen franquista se establecía que Franco entraría en las iglesias bajo palio. Al oírlo, me froté los ojos porque tal cláusula jamás la he visto en ese concordato. Y, además de no aparecer, resultaría absurdo que apareciera. Habló de Estado teocrático –referido sin duda al anterior sistema- cuando “lo teocrático” es bien diferente de lo “confesional”. Habló de los “concordatos” como si no se hubiera enterado aún de que los concordatos son protocolos jurídico-políticos similares a los tratados entre Estados, sólo que en el caso de estos acuerdos con la Iglesia, el nombre típico dado a los mismos ha sido el de “concordato”, que no significa otra cosa que “acuerdo” o “concordia”, y de los que, en la Historia, se han dado cientos y con toda clase de países y de regímenes, monárquicos, republicanos y hasta totalitarios, desde aquel de Worms en el s. XII. Dijo también que el concordato de 1953 se estableció con Franco y que se modernizó posteriormente, con la democracia, cuando la verdad es que aquel concordato quedó resueltamente derogado 0por el primer Acuerdo –ya en democracia- de 1976, al que siguieron en enero de 1979 otros cuatro acuerdos parciales, que no son concordato ni técnicamente reciben nombre de concordato, ya que conforman otro modo o calidad de “entente”. Defendió también que el Estado actualmente en España –no citó el fundamental art. 16 de la constitución para hacer la calificación jurídico-política- es “aconfesional” pero no “laico”. Bueno, estas calificaciones del Estado pueden tener mucho de puntos de vista o de matiz. Estado “aconfesional” es el caracterizado por dos notas definitorias: la de reconocer una religión determinada como “oficial” del Estado (en España eso no ocurre ya), y la de que el Estado haya de regirse en su obrar por las normas o al menos bajo la inspiración directa de esa religión (lo que en España tampoco sucede). De hecho, la ley del aborto no se hubiera dictado de ser verdad lo segundo. Y en cuanto a la cooperación mutua de los poderes por razones de “bien común”, nadie defiende hoy que esa cooperación no sea compatible con una verdadera separación Iglesia/Estado. Además, esa cooperación en España no entraña ningún privilegio para la Iglesia, ni discriminación con otras religiones, puesto que, ahora mismo, a parte que los Acuerdos con la Iglesia Católica, los hay también con otras religiones: la musulmana, la judía, la protestante evangélica, al menos; unos acuerdos cuya justicia y libertad exigen, por lógica elemental, que se proporcionen al arraigo más o menos extenso e intenso de las distintas creencias religiosas en la gente, en la historia, en la vida social y en la cultura de este país.
Dejó también claro que distinguía entre “laicidad” y “laicismo”; que defendía o era partidario de “lo laico” razonable y no del “laicismo” alocado de algunos. Menos mal que, al menos, tuvo ese buen gesto científico de distinguir entre la laicidad –un verdadero principio cristiano, constitucional en el Evangelio, y con presencia teórica, al menos, en el ideario cristiano mucho antes de que floreciera, como si de un invento de modernidad se tratara, en las constituciones civiles- y el laicismo, ese “ismo” que añade a la laicidad sana y correcta el consabido “tic” anticlerical, o de recluir lo religioso en las conciencias o en las sacristías, negándole presencia real donde los hombres se hacen conviviendo con otros, es decir, en la sociedad; o también –otra modalidad del mismo-- persiguiendo “lo religioso”, y “lo cristiano” especialmente, como si todo “lo religioso” de verdad no fuera –como son lo ”sapiens”, lo”faber”, lo “ludens” o lo “oeconomicus”- una dimensión más entre las naturales en seres humanos normales. Hoy la sociología religiosa más moderna y más acreditada no lo pone siquiera en duda.

Fuera de esto, todos mis respetos para el entrevistado señor catedrático de sociología. Admitiendo y hasta justificando los errores tan propios en cualquiera de los hombres, en mí como en cualquiera, lo de que, en el concordato del 53, se estableciera que Franco había de entrar bajo palio en lass iglesias y recintos sagrados católicos, me parece un desliz más propio de fanáticos o de “mandados” serviles que de gente ilustrada.
Al fin y al cabo, como bien se dice, el error siempre tiene disculpa en los hombres, mientras no sea malintencionado o recalcitrante. Lo que no pienso en este caso ni en otros parecidos. Porque a veces no es cosa de error puramente. Y por eso suelo remitirme al ensayo referido de George Steiner .


Un blog hacia la verdad.

07.07.17 | 13:20. Archivado en valores

¿"Tu verdad?. No. La Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela” (A. Machado, Proverbios y Cantares, LXXXV).
I.- Sea mi lema para estas nuevas y afortunadas travesías por tierras y mares, a bordo –nunca mejor dicho por su director- de Religión digital. Quiero decir que mi norte será siempre buscar la verdad y poner todo mi empeño en dar con ella, hacerle los honores y no callarme nunca por cobardía o por miedo.
Muy bien sé por experiencia y razón que la verdad es una dama esquiva, que da calabazas con mucha frecuencia e incluso a quienes la cortejan con humildad y amor, a veces se les resiste.
Bien sé también que, salvo Dios y lo que al hombre le viene de Dios –huellas, conciencia, Palabra- nadie, en sano juicio, puede arrogarse el monopolio de la verdad.

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Mi frase del día: Exilio en nombre y en busca de algo

05.07.17 | 17:51. Archivado en valores

Cuando hace unos días saltaba la noticia del fallecimiento en Marrakech –lugar de su residencia los últimos años- del pensador y escritor Juan Goytisolo, Premio Cervantes 2014, cervantista notable y notorio. Por su voluntad –no quería ni volverse a España ni ser enterrado en un cementerio cristiano (tal vez le doliera España y estuviera resentido del Cristianismo)-, fue enterrado en el cementerio civil de Larache, cerca de la tumba, en el mismo cementerio, de su admirado maestro Jean Genet.
Aseguro que, al enterarme de su muerte, recé a Dios por él y, al ver por la tele la llegada de sus restos a la tumba, le deseé el descanso eterno en el que yo creo.

Como no es cosa de entrar en su vida y sus razones, ni de glosar siquiera su extensa, variada y rica obra literaria (la concesión del Premio Cervantes exime por sí sola de panegíricos literarios), sólo quiero hacer –por tratarse de un hombre diferente, de los que Galdós y su Patricio Sarmiento llamarían “hechos a medida y no fabricados en serie”, dos o tres realces para ejemplo de los que –respetando sus personales opciones, hijas de su libertad y responsabilidad- aspiran a elevarse sobre particularismos y banderías partidistas.

Fueron su vida e historia las de un hombre de exilios voluntarios. Buscó el “exilio” para ganar libertad y liberarse de resentimientos esterilizantes. No le obligaron a exiliarse. Se propuso a si mismo el exilio en 1956 y ya nunca retornó de sus pasos. Siempre a la busca de algo o de alguien. Hasta es posible que, al ir corriendo sus personales caminos de vida humana, ni él mismo supiera bien lo que buscaba; pero seguía buscando.
Ante la tumba en el cementerio de Larache, Alin Shulman, la que fuera traductora de sus libros al francés durante 50 años, dijo de él que Juan –el “Juan sin tierra” de una de sus obras- se fue haciendo más humano a medida que iba soñando y abriendo caminas de vida: menos ácido y hermético, más próximo, menos polémico, más comprensivo y abierto.
Eran notorias en él dos actitudes: la de su interés por las que se llaman “causas perdidas”, esas por las que nadie se pelea porque no se gana “un duro”; y la similar de subirse siempre al carro de los vencidos y no al de los vencedores.
Fue –como es normal en la psicología del exiliado voluntario- un eterno amante de la libertad. Se dice que era fervoroso de las cigüeñas y, de hecho, una vez recogió en su casa de Marrakech una cigüeña que no podía volar, que acogió y cuidó hasta recuperarla del todo. Un amigo francés sabedor de su amor a estos animales le sugirió que le cortara las plumas del pecho y de este modo ya nunca podría volar y se quedaría con él para siempre; a lo que él le contestó: “No, Monsieur, no quiero presos polìticos en casa”.

Siempre el mismo y nunca lo mismo. Vivió su vida haciendo los honores a esa verdad humana de verse inacabado, de sentir la vida de forma permanentemente provisional, inacabada siempre y siempre en perspectiva dinámica de cambio y reforma
Tal vez por esa entrañable condición “futuriza”, en su creación literaria fue pasando de sus primeros escritos y obras afectas al llamado “realismo social” a otra cada vez más cosmopolita y abierta a todo lo humano, de ruptura con las piedras del camino y búsqueda de otras pìedras más allá, en las que tropezar tal vez para de nuevo dejarlas atrás y seguir buscando. Siempre fue un disidente, un renegado sistemático de todo culto a “lo establecido”. Hasta consigo mismo era disidente. En esto era distinto del Machado y su “en paz con todos y en guerra conmigo mismo”. Pudiera ser llamado “hombre de armas tomar” en defen saa de su castillo interior y de preciada libertad.
Su “yo” era un perenne caminar entrre las circunstancias, sin desdeñarlas nunca pero sin dejarse manejar más de la cuenta por ellas. Por eso, nunca llegó a ser ni piedra ni monolito, sino un artista del “semper reformandum”. Por eso, sin renunciar a ser “el mismo” de siempre, nunca se resignó a ser “lo mismo” de siempre

¿Mi frase del día? La que sobre Juan Goytisolo pronunció a la vera de su tumba la citada traductora al francés de sus libros, con verso-epigrama de García Lorca: “Tardará mucho tiempo en nacer un español tan claro y tan rico en aventuras”.
Ante el misterio que es cada hombre, sólo cabe inclinarse con respeto y desearle que su ansiosa busca de algo o de alguien haya obtenido las culminación de sus ansias.


Mi frase del día: Dios quiere santos normales

03.07.17 | 16:50. Archivado en Acerca del autor

Aunque parezca tonto y vano, más de una vez he pensado en si los hombres están más vivos en los tiempos de bonanza o en los de crispación y malaventura. Si es más o mejor hombre uno cuando el viento da en la popa y la navecilla va como en volandas o, por el contrario, si se impone bracear contra la corriente y se vuelve incierta la travesía.
Alguna vez, en esos momentos crepusculares del espìritu en que la mente parece dormitar y los sentidos están pasivos y como a la espera de algo, me he formulado la pregunta: ¿se muestra más auténtica la vida humana cuando hay que luchar por ella y dejarse la piel incluso en los cierres espinosos de los caminos o cuando todo es liso y llano, no hay que hacerse preguntas ni esperar respuestas y cuando dos y dos son cuatro para todo el mundo y no hay quien se empeñe en apostar que son tres?

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Acerca de Santiago Panizo

18.05.17 | 12:57. Archivado en Acerca del autor

Tengo el gusto de presentar para RD a un hombre “encicloplédico”, de esos que ya no nos quedan. Hay personas que saben mucho de una disciplina, en la que se han especializado, pero desconocen las demás. Os presento hoy una excepción:

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