Entre dos luces

Bizarro de piel morena - 18.VII-2018

19.07.18 | 14:09. Archivado en Acerca del autor

ATISBOS DE VERANO -18 de julio de 2018
Mi punto de vista

Bizarro de piel morena

Un gigante. Un paradigma del humano vivir. Una persona de las que hacen la historia y de las que entran pocas en docena. Héroe de la libertad. Santo laico, de altar profano. Un gran hombre, en suma, con sombras como todos y con luces como pocos, pero en quien las sombras se redimen por la magnitud de sus virtudes humanas y cívicas. Gran señor también, si por “señor” se entiende “señorío”, es decir, categoría de persona que no denota “dominio” sobre los demás sino control de sí mismo, gravedad y mesura en el porte, dignidad en el obrar con sumisión de las pasiones e instintos a la razón.
Eso –cuando menos- fue Mandela.
El Nelson Mandela -del “appartheid”, descolonizador de racismos y de intolerancias y desigualdades, coloso tanto de la objeción de conciencia como de la desobediencia civil, Nóbel de la Paz del año , hoy –este 18 de julio- hubiera cumplido cien años.
A cuatro años de su muerte; con 27 años de cárcel entretenido en jugar a las damas y en pensar y madurar las ideas hasta ponerlas a punto de buen paladar, artista en dar cuerda, soltar hilo y ralentizar los pasos hasta exasperar al contrario, Mandela fue –para Sudáfrica, su tierra, y para el mundo, su gran universo- uno de esos iconos que, a fuerza de ser luchadores empedernidos de verdades auténticas, y por eso mismo inmutables, alcanzan el rango de mito; pero mitos de calles y plazas aunque hombres en el hogar, con la familia, con los amigos y con todo lo que no sea airear su ideal noble….

Hoy, a los cien años de su nacimiento; a los cuatro de su muerte; recordando los 27 de cárcel y toda una vida entregada a la lucha por la igualdad de los seres humanos, por la tolerancia y por la libertad, por la concordia y la reconciliación, parece cosa de realzar su nombre y honrar su memoria; no como se recuerda o realza al mito que pudo ser o haber sido, sino como al hombre que siempre fue y quiso ser por su grandeza de alma y un coraje hasta hacer de su vida un ejemplo de cordura, de fortaleza y tesón, de valor; sin resignarse jamás ni arredrarse nunca ante el coste, alto a veces, de las causas nobles del hombre.

Todo un ejemplo a seguir fue Mandela, en unos tiempos y en unas plazas en que llevar “las de perder” era lo normal, pero que él quiso invertir hasta hacerlos irreconocibles tras su paso por ellos.
Recalquemos esta idea. Un ejemplo a seguir para gentes de tiempos de esclavitudes –voluntarias o forzosas -, en los que la condición del portaestandarte hace pensar en graves riesgos, pero convence de que las empresas de la justicia, de la verdad, de la libertad y del amor, no son imposibles cuando los hombres y mujeres de verdad ponen el alma y el corazón en ellas.

Un ejemplo a seguir sin duda, pero ¿por qué?
Por su entrega plena a la obra; porque supo dar pruebas de que, cuando el mito sale a la calle, el hombre le sigue y acompaña como la buena sombra…
Por haber sido vivo-viviente portavoz de esos grandes valores y principios de los que muchos hablan o hacen loas, pero son muy pocos se atreven a defender arriesgando, como la tolerancia, el perdón, la reconciliación…
Por haber puesto su propia conciencia de hombre por encima de todo lo demás.
Por haber luchado hasta extenuarse por las cosas en que creía, por esa libertad de su conciencia, por haber otado incluso por la desobediencia civil cuando transigirt con seguir colonizado de alma y cuerpo sería indignidad o farsa.
Por no haberse quedado nunca indiferente ante los demás y sus problemas y no haberle parecido nunca un valor real esa indiferencia.
Por no haber tensado la cuerda hasta romperla, sino haber sabido soltar hilo y recoger templado y paso a paso hasta rendir al enemigo o contrario
Por todo esto o más, Mandela sigue siendo un ejemplo muy vivo, a los cien años de su nacimiento y cuatro ya de su muerte.

Nelson Mandela, con Gandhi y Luther King, son realmente tres grandes estrellas y santos laicos modernos de la igualdad, de la libertad y, por ende, de la mejor democracia, política, completa y verdaderamente comprensiva de lo que es “el pueblo” y no tanto algunas élites dadas a usurpar su nombre y lugar, en todo tiempo pasado y presente.

Ante ellos, y hoy ante Mandela especialmente, la pregunta que compromete.
¿Se puede ser un Mandela –o alguno de los otros dos paladines- a la escala reducida de la vida de cada uno, a pesar de la pequeñez o mediana talla de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, a pesar de su ciencia, su técnica y las ínfulas de “gran señor”, que no “gran hombre” con que se reboza en aras de parecer más?
Creo que sí, que se puede.
Entre los muchos ejemplos de Mandela, escoger uno o dos y seguirlos: puede ser una clave. Luchar por el buen tiempo en horas borrascosas es señal de buen sentido y como entrar por caminos de grandezas como lass suyas. ¡Ánimo, pues, que nunca está perdido todo y él lo mostró no resignándose, ni tirando la toalla jamás!

El lema final de mis reflexiones de hoy sobre Mandela, a sus cien años de nacer y a cuatro de su muerte, una frase tópica, pero que ser hacer de mensaje o consigna: “Vince in bono malum”. Que es como decir, nunca te resignes ni te aquietes ante el mal o lo mal hecho. Haz lo que puedas en la propia perqueñez. Ha de vencerse al mal luchando -con tesón, coraje y convicciones profundas por el bien.
Es tarea de los grandes hombres y no tanto de los “grandes señorones” de la tierra.

Gallardía, valor, entereza, generosidad, esplendor del alma o magnanimidad son dotes de la bizarría; y no se ajan ni desmerecen lo más mínimo por tener la piel o la tez morena. Y otra vez, ¡Ánimo, pues!.

SANTIAGO PANIZO ORALLO

UN “FLASH” VIVO ADJUNTO

Es cuando menos curioso y casi no me lo puedo creer; pero la noticia salta este día y causa sorpresa: el expresidente socialista Sr. Zapatero entra en liza en la aqria refriega del PP por la presidencia del partido y dice inclinarse por la candidatura de la Sra. Sáez de Santamaría, frente al Sr. P. Casado, el oponente.

Ante lo curioso, cuando menos, del caso y del pronunciamiento, y aunque pudiera haber escondidas intenciones o miras en la recámara del oficioso mediador, a bote pronto no se me ocurre atisbo mejor que recomendar a la candidata de esas preferencias leerse y pensar la moraleja de la graciosa fábula de Tomás de Iriarte que se titula El oso, la mona y el cerdo, y el sano consejo que su moraleja ofrece a los que apetecen o ansían empeños o empresas: “Guarde para su recado esta sentencia el autor; si el sabio no aprueba, malo; si el necio aplaude, peor”. O eso otro tan viejo por derivado de la epopeya de Homero: “Cuidate de los griegos que hacen regalos.

¿Se habrá tal vez cansado el ex-presidente de aconsejar a Maduro y opta por volverse a sus antípodas. “Cosas veredes” que os harán reír o sospechar al menos, que no es del Quijote porque data de antes, del poema de Mío Cid nada menos.
S.P.O.


El "plebeyismo" cabalga otra vez -11-VII-2018

12.07.18 | 13:29. Archivado en Acerca del autor

Este amanecer de julio se muestra bronco de tormentas y pródigo en oscuros y amenazantes nubarrones. Desde muy temprano, el relámpago y el trueno juegan a derrotar, el uno a la luz del amanecer y el otro, al silbo de los mirlos y al mañanero jolgorio de otras avecillas. La fuerza bruta de la tormenta impone su ley al rubio fulgor del primer sol de la mañana. Un verano atípico como pocos pone preguntas extrañas en la boca de los agoreros de días, años y tiempos fastos y nefastos.
Claro que siempre hubo tormentas, y más en veraño, cuando el punto del calor subido y una gota fría despistada se encuentran, se pelean y desencadenan estas algaradas que son las tormentas del verano. Pero este año… Ni un día entero sin nubes llevamos este verano. Nada extraño tiene, pues, que la gente inquiera, dubitativa, “qué está pasando”, porque “lo que pasa” no es lo normal.
¿Será que una cierta “patología de la normalidad” –que ya el psicoanalista rebelde Eric Fromm pronosticara hace tiempo en uno de sus libros –nuestros laudables hábitos del vivir moderno y posmoderno pueden ser patógenos- se ha instalado también en la bóveda del cielo?
¿O será que lo del “cambio climático” es algo más que un “slogan” publicitario de los ecologistas?
Como quiera que fuere, algo debemos estar haciendo mal cuando la naturaleza se rebela, y los ríos no tienen peces y los pardales –desvergonzados y asiduos compañeros del diario vivir campesino- se notan más por su ausencia que por la abundancia de otros tiempos.

Pues bien, al aire y son de este amanecer negruzco, plomizo y tristón, con los montes circundantes tocados de nieblas algodonosas y firmes, mis reflexiones se visten hoy de claroscuro, lo que quiere decir con el gris campeando más que el rosa o el verde claro y el azul. Claroscuro es el acento más agudo del día. “El algodón” de la realidad “no falla…”

Cristiano Ronaldo deja el Madrid y se va a la Juve y ya se anuncian allí se anuncian las camisetas con su nombre y numero a 125 euros la unidad. Negocio al por mayor…

El gobierno autonómico de Aragón anuncia una ley de “derechos históricos” para competir -también él, y quizás con más razón que otros- con los voraces, audaces, creídos e insolentes separatismos vasco y catalán, asiduos de la “pela” y del privilegio más que de otra cosa.
¿Es que Cataluña, o Euskadi, o Navarra incluso, fueron más o tienen más “derechos históricos” que el viejo reino de León o la irredenta Castilla, o sus “fueros” llevan más fuste y méritos que los que tuvieron muchas ciudades, regiones y pueblos de la España que tanto desprecian estos “señoritos”?.
“Fueros sí, pero para todos”; “conciertos económicos sí”, pero igualmente para todos o para nadie, como piden la justicia, la razón y exige la verdadera democracia. “Se invocan pactos”, decía ya en 1.976 unn catedrático de Historia del Derecho Español, para justificar políticas, pero “me da igual: no hay “pacto” que pueda servir de fundamento justo a una situación injusta” (Cfr. G. Martínez Díez, Fueros sí, pero para todos, Madrid, 1976, p. 6).

Pero la perla más fina del día la brindaba la Sra. Vice-presidenta del gobierno de la nación, al anunciar la reforma del código penal y tipificar como delito de “agresión sexual” toda relación de intimidad con una mujer que no haya obtenido el “sí explícito” de la misma. Y no es tanto porque la idea sea una muestra inclemente o desmesurada de ese feminismo furibundo, extremoso e irreal que tanto se prodiga en favor de los derechos incuestionables de la mujer, sino por el hecho abstruso de pretender imponer a “golpes legislativos” algo que no se puede juridificar, los sentimientos y el corazón. Que el lenguaje del cuerpo, y del corazón sobre todo, puede ser tan inteligible y expresivo o más que las palabras, incluso las rubricadas ante notario.
Es posible que las buenas intenciones o una cierta bisoñez político-jurídica y hasta social del tan prometedor gobierno le hagan jugar malas partidas por servidumbre a ideologías que -no por estar de moda- dan derecho a todo. Y uno se pregunta si, con leyes así, no será peor el remedio que la enfermedad.
“A golpes legislativos” nunca se resuelven con solvencia y eficacia ciertas cosas humanas, sobre todo las que más directamente conciernen a la persona en sí; que, además, caen fuera del campo de la ley, salvo en casos de los Estados prepotentes y aniquiladores de la persona y de la sociedad como los llamados “totalizantes” o con el pretendido derecho a meterse en todo y a controlarlo todo, hasta el aire que se respira.
Dejen ustedes, por favor, que corra el aire por las relaciones más sensibles e íntimas de la condición interhumana de hombres y mujeres, y procuren sentar unas bases serias -por exentas de ideologías partidistas- que ayuden a educar mejor al niño y al joven para que no sea necesario “ir a la cama” con una mujer llevando en la boca una autorización ngtarial….
Que corra el viento de una libertad responsable, como recordara Alexis de Tocqueville, al definir la libertad completa, la libertad moderna, la libertad democrática, la libertad política, y abogar por el respeto sumo al hombre y la mujer “en todo aquello que le concierne sólo a sí mismo”, en aras de “poder organizar a su parecer su propio destino” (cfr. A. de Tocqueville, El Estado social y politico de Francia -1836, en Obras Completas, t. II, 1, pag. 62).
Sembrar estos terrenos de la intimidad del ser humano con leyes y reglamentos, por justas que puedan parecer, es totalitarismo del Estado, aunque se le llene la boca con el adjetivo “democrático”.

Menos mal, de todas formas, que el día tiene también su lado claro, positivo y risueño: la liberación, al fin, total y plena , de los niños tailandeses y su monitor, recluidos desde hace días hace días en una gruta o caverna, en un rescate digno de toda loa y que ha causado no sólo gozo y admiración, sino sobre todo un universal suspiro de alivio en el mundo entero.
Bien cumplido esta vez lo de que “la esperanza” ha de ser lo último que se pierde. Y en este caso triunfó la esperanza.
Es tarde ya. El amanecer plomizo y fosco va dando leve paso a un resol de tarde que invita a pensar en otro y otros días menos tormentosos y desangelados. Siempre queda la esperanza por oscuros que parezcan los sucesivos panoramas. Siempre hay cavernas de las que se puede salir con empeño, tesón, coraje y valor. Siempre, cuando no se pone la utilidad por delante de la verdad ni a la verdad se la confunde con la ganancia. Siempre, si las ideologías del gobernante no se anteponen al bien común y de todos sin excepciones, sin obsesiones ni reservas del subconsciente, sin fobias ni colores en las lentes de mirar. Es decir, con democracia y mirando no a la “plebe” sino al “pueblo”. Son cosas distintas la “plebe” y el “pueblo”.
Claro que los españoles somos así y tenemos, a la vez que grandes virtudes, algunos vicios o demonios nacionales, de siempre, que no hemos podido o querido sacudir a pesar del progreso y la modernidad.

Y por si fuera útil en días así, de experimentos alegres pero fútiles, recordemos de nuevo, para cerrar, las primeras frases –puesto que andamos en democracia- de ese magistral ensayo de Ortega y Gasset que se titula Democracia morbosa. Pueden venir a cuento para este día de tormentas y negritud.
“Las cosas buenas que por el mundo acontecen obtienen en España solo un pálido reflejo. En cambio, las malas repercuten con increíble eficacia y adquieren entre nosotros mayor intensidad que en parte alguna.
En los últimos tiempos ha padecido Europa un grave descenso de la cortesía, y coetáneamente hemos llegado en España al imperio indiviso de la descortesía. Nuestra raza valetudinaria se siente halagada cuando alguien la invita a adoptar una postura plebeya, de la misma suerte que el cuerpo enfermo agradece que se le permita tenderse a su sabor. El plebeyismo triunfante en todo el mundo tiraniza en España. Y como toda tiranía es insufrible, conviene que vayamos preparando la revolución contra el plebeyismo, el más insufrible de los tiranos” (cfr. Democracia morbosa, en Confesiones de El Espectador, 1.917, Biblioteca Nueva Madrid, 1.943 pp. 171-178).

Es posible que en todas partes –como da a entender Ortega- “se cuezan habas”, en el decir de un refrán castizo, pero en España da la impresión de que “se cuecen –con recurrente y sorprendente frecuencia- a calderadas”.
Es quizás por eso, como esta mañana gris aseguraba un tertuliano, que España sea un “país muy entretenido” sin duda, si por ello se entiende tomar a broma las cosas serias; si no siempre, sí con alguna frecuencia, como ahora está pasando y se observa esta misma mañana gris.

Pero, como soñar no cuesta dinero y es bonito, soñemos con días menos alocados o atormentados. Puede haberlos. Y aunque siempre sea posible soñar, mejor es –creo yo- soñar despiertos.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


"Orgullo gay" y otros orgullos 6-VII-2018

06.07.18 | 18:56. Archivado en Acerca del autor

En la enmarañada floresta de unos días de líos y trajines -abundantes, espesos y con frecuencia preocupantes y polémicos- no es fácil elegir un tema de reflexión, cumplido y generoso. Después de sentirme acosado por varios, me decido al fin por el que veo con menos eco en los noticieros y comentarios de hoy: las Jornadas del llamado “Orgullo gay” me solicitan esta mañana más que, por ejemplo, el inminente diálogo –es un decir!- del Sr. presidente con los pertinaces aventureros catalanes, o la generosa dádiva echando en brazos de Podemos a la Tv pública, e incluso el “chupinazo” de los “Sanfermines” que, a mediodía de hoy, abre las fiestas más internacionales de España.
¿Por qué me decido al fin por la “movida” anual del “Orgullo gay” y no por cualquier otro tema de los que atiborran hoy, y sin salirnos de España, el noticiero? Sencillamente, me parece de más enjundia humana pensar un rato en el “orgullo” de los “gay”, que hacerme mala sangre con los indecentes trapicheos de unos y de otros, vendiendo lo que sea por tocar poder. El tema del “orgullo” me atrae más, ahora mismo, que los trapicheos o los navajazos…

Creo, ante todo, que lo del “orgullo” merece, para comenzar, un “algo” de atención primaria.
Mirando un momento mi Diccionario consueto de sinónimos, veo que hay diferencia entre “orgullo” y “soberbia”, igual que la hay entre otras palabras, también sinónimas de ambas, como prepotencia, arrogancia, altanería, vanidad, altivez, engreimiento o vanagloria.
Me parece que el “orgullo”, siendo exceso en la estimación de uno mismo, es bastante menos venenoso que la soberbia; desprecia menos al otro que la altanería o la arrogancia; y es menos apocado que la vanidad
El orgullo puede ser viveza o prontitud en hacer o mostrar algo; puede entenderse como ardor, coraje, impulso en defender y luchar por lo que se considera estimable y se encuentra digno de encomio en uno mismo, los valores en que uno cree o aquello por lo que merece la pena luchar y hasta vivir, como la libertad, la justicia o el amor. Incluso la voz “orgullo” puede representar cosas tan dignas como el gozo de unos padres por la buena conducta o notas de un hijo o la satisfacción de cualquiera por un logro arduo y arriesgado en el trabajo, el deporte o la cultura.
Es decir, a la vista del Diccionario, no repugno yo la palabra “orgullp” en tal sentido, aunque repugne algunos de sus sinónimos, como soberbia o altanería o arrogancia o prepotencia. El orgullo puede ser potable; puede, en ocasiones, modificarse y llegar a ser virtud –la del coraje, concretamente- si en el encomio no se pasa de raya para caer en la mentira o en la exageración o en la prepotencia o simplemente en la soberbia, cuyo radical latino “super” denota un empeño patógeno en ser, o sentirse quizás mejor, más que otros.

Hace años –cuando el Sr. Zapatero hizo legalizar como “matrimonio” las uniones afectivas de las personas del mismo sexo, homosexuales o no- escribí más de una vez que no es la legalidad otorgada a tales uniones lo más censurable, sino que se les dé nombre de “matrimonio”. Llámeseles de otro modo, pero no “matrimonio” porque esta palabra, en su raíz, connota algo que se queda fuera de las mismas, el oficio de “madre”. Y eso, esta reserva lógica, no quita nada ni a los derechos de las personas, de unirse como su libertad Y conciencia les dicten, ni a la ley, de regular los efectos jurídicos posibles que deriven de ellas.
No les repugnaría tal vez llamarse “bodas”, porque “boda” viene de “votum” o la promesa o promesas que se puedan hacer en esta ceremonia.
Creo que los juegos con las palabras –ahora y siempre- conducen indefectiblemente al juego sucio con la verdad; y, cuando se hacen estos juegos, no son otra cosa que condescendencia con las euforias del relativismo vigente y entradas de lleno en los terrenos de la pos-verdad.
Respeto, y he procurado respetar siempre, la libertad de los que obran según su conciencia, aunque sus ideas y caminos no coincidan con los míos.

Y por si alguno, ante mis anteriores expresiones, se sorprendiera o me juzgara mal, reproduzco ideas de uno de los varios ensayos por mí publicados cuando la referida ley de matrimonio de personas del mismo sexo vió la luz en este país.
Era el año 2009 y el título del ensayo, Los homosexuales también son hijos de Dios. Allí decía –entre otras cosas- estas:

“El homosexual es un ser humano con variaciones en el instinto sexual y en sus tendencias. Es un ser humano en cuerpo y alma, como todos los demás hombres de carne y hueso.
“Es hijo de Dios el homosexual. Siendo como es y tal como es, está llamado a la dignidad de los demás hombres y a la salvación, a la que son llemados los demás hombres. Dios quiere que el hombre se salve, todo hombre y toda mujer; con lo que son, con lo que tienen y en lucha con lo que son o tienen, eso que tira de nosotros hacia conscientes o inconscientes servidumbres, pero que tienen remedio…”
“En el ABC del día 1 de julio, viene un ensayito de Irene Lozano que paso a extractar. Dice así: “El orgullo gay nace cuando la vieja desviación se convierte en elección. La homosexualidad no es motivo de vergüenza, sino de una identidad que exige ser reconocida. La exhibición autosatisfecha de lo que antaño fue censurado o perseguido se ha apoderado de quienes vivieron en los márgenes de los siglos. Homosexuales, mujeres, discapacitados, negros musulmanes, gitanos, todos quieren que su especificidad sea visible; los remeros de la nave de los …ocos han desembarcado para hacerse notar. Eso es todo”.

Eso es todo”, termina mi ensayo. “Sus derechos han de reconocerse”. Aunque haya o queden quienes viven en el resabio de anteriores discriminaciones, sean gentes de Iglesia incluso, no ha de impedirse que estas gentes “peculiares” tengan los derecho que corresponden a su peculiaridad.
“No los discrimina la Iglesia. Los ama la Iglesia. En ello reside ahora mismo un centro de su pulso: un pulso que es reto de amor al hombre –el más débil de los mismos sobre todo- y que, si no es eso, se quedaría en nada”.

Es posible –no lo afirmo, pero tampoco me preocupa por ser psicológicamente explicable- la demasía en la autosatisfacción o en la autoreferencia.
Es posible que los que mueven los hilos del evento “arco iris” lleven miras que no son las de la verdadera y exigible exaltación de la dignidad humana que va con todo ser humano, aunque sea homosexual, negro, gitano o liliputiense. Tienen todo el derecho del mundo a estimarse en lo que son y pueden, pero sin pasarse de rosca o desvirtuarse, porque en tal caso el “orgullo” pasaría a ser soberbia, arrogancia, prepotencia o vanagloria. Es cosa de “minorías discriminadas” sin duda este afán de darse a ver, de hacerse notar, de afirmar que no son nada, de advertir que lo que son –sin culpa de serlo- merece respeto cuando menos.

Yo diría también que este “orgullo” tan jaranero y rimbombante de los “gay” estos días en Madrid, este “hacerse notar” socialmente, debería ser copiado por quienes, como los católicos –minoría también en la sociedad actual, pos-moderna y líquida- en poco más que nada.
El “orgullo” de ser cristiano, como el “orgullo” de ser hombre y no esclavo o resto de simio, o el “orgullo” de decidirse a pensar y obrar contra lo “políticamente correcto”, como se dice ahora, no sólo no ha de ser un vicio o defecto, sino un timbre de gloria o altivez justificada. Al fin y al cabo, nadar contra-corriente es más intrépido y valeroso que dejarse llevar –como un madero o una tabla- por la fuerza del agua.

Pronto me voy a ver en un evento así, de un familiar próximo. Iré a la ceremonia civil. Respetando su libertad y su decisión de persona adulta, es posible que incluso le aplauda discretamente por cortesía y afecto, y también por devoción a la libertad de las conciencias.

Las Jornadas del “Orgullo gay” bien pudieran ser un ejemplo para los muchos que –haciendo farsa- meten y guardan en “el armario”, para no ser vistos ni censurados, sus ideas y creencias. Eso se llama farsa y es farsa, por vueltas que se le de.

Y para cerrar mis reflexiones de esta mañana de julio, más limpia y luminosa que las de estos días pasados, me voy a una frase del evangelio y al comentario que le dedico en ese mentado ensayo referido a la homosexualidad; la frase con la que Jesús pone los puntos sobre las ies ante los hipócritas escribas y fariseos de su tiempo (y de ahora, porque aún quedan, a pesar de las “modernidades”): “Las prostitutas os precederán en el reino de los cielos”.
Lo hago en mi libro Los católicos y las izquierdas (Ponferrada, 2010, pags. 190-194). La gloso, allí lo hago y ahora también, con estas otras frases: “Las prostitutas, los publicanos y pecadores, los del deshecho y del derribo, los del cayuco y la patera, los sin nombre y sin voz, los sin hogar ni futuro, los que son eso que son porque seguramente no han podido ser otra cosa o no ls hemos dejado ser otra cosa, los “gilís”, los “tontos del pueblo” y e,l inmenso etcétera de todos los “parias”, “macacos” y “destripaterrones” de la tierra…. Todos ellos, con la simple dignidad de hombres a secas y sin aditivos, que es tanta dignidad como la de cualquiera, entrarán antes que vosotros en el reino de Dios”. “Seguro!”.
Lo asevera el propio Dios cristiano. Es verdad de fe católica esta doctrina; es evangelio puro; es cristianismo en esencia.

¿Orgullo “gay”? Y por qué no otros “orgullos” también, sin prepotencias ni arrogancias, pero con la coherencia y el vigor de una fe viva que no se resigne a ser farsa o amuleto?.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Decepción-Desprecio-Patetismo. Con el "rabo entre las patas" -2-VII-2018

02.07.18 | 13:56. Archivado en Acerca del autor

Sabido es –o debiera serlo, quizás mejor-, para quienes no tienen alma de “forofo” o corazón estriado; es decir, para los que no sienten vocacación de esclavos voluntarios o son madera-pasto de carcoma, que el fútbol es una actividad subalterna y menor en la jerarquía de los valores o en la cultura más representativa de lo humano cabal. El “homo ludens”, al que se adscribe pelotear con los pies un balón de cuero hasta colocarlo entre los tres palos de una portería, es algo menos propio del hombre que el pensar racional del homo sapiens”, que el trajinar hacendoso del “homo faber” o el rezar trascendente del “homo religiosus”, por citar sólo algunas de las dimensiones antropológicas más reoresentativas del ser hombre. Dar patadas a un balón, aunque sea con la destreza o el arte de un Messi o un Ronaldo, no le quita al fútbol esa vitola de actividad menor en las gramáticas de la creación. Por muy “deporte-rey” que se llame al fútbol, nadie podrá desdecirle de “dar patadas”; y eso –dar patadas- no parece llevar tanto sabor y mérito humanos como pensar, trabajar o rezar.
Y por eso, salvo en una “cultura de medios” y no “de fines”, como la que ya Ortega y Gasset auguraba, hace un siglo aproximadamente, en los primeros pasos de El Espectador, ha de ser un atraso comparar siquiera, no digamos parangonar, el “dar patadas a un balón” –aunque se den bien y con arte- con actividades como pensar bien, trabajar bien o rezar bien.
Lo ve cualquiera, aunque puede que haya quien defienda lo contrario; y, si así fuera, respetemos la libertad, sonriamos –solamente sonriamos- y sigamos.

El caso es que ayer tarde, en Moscú, nuestros balompedistas, tras un recital mayúsculo de inoperancia, ineficacia o falta de miras y de pundonor, firmaron la vuelta a casa, en vez del pase a los cuartos se final de la competición, como se esperaba de sus venerandos pies.
La cosa no sorprendió en exceso porque era la “crónica de una muerte anunciada”, remedando el título sugerente de Neruda. Pero, la verdad, hasta sin ser “forofo” ni tener -creo- el corazón atrofiado, la “debacle” era ayer tarde, para casi todos, la nota del día y quien más quien menos daba señales de sentirse decepcionado, con ganas de mostrar desprecio para los causantes y con tintes de cierto patetismo por el modo de la estampida.

España –o quizás mejor eso que se ha dado en llamar “La Roja”- se vuelve hoy a casa sin pena ni gloria o dicho mejor con pena y sin gloria, por toda una serie de causas o factores que no es del caso seleccionar ahora porque fácilmente cualquiera los puede suponer sin mayor esfuerzo.
Los 1114 pases que se dice que dieron ayer, a lo largo del partido, los balompedistas hispanos –en una parsimonia e inoperancia geniales de casi todos- no han evitado la decepción de la mayor parte de los españoles, entre los que me cuento.
No me alegro de que regresen hoy “con el rabo entre las piernas”, como suele decirse en casos así. No. Tampoco me disgusto ni lo paso mal ello, ya que sería masoquismo y eso es un vicio tonto y puñetero. No.
Decepcionante el espectáculo que dieron? Mucho.
Despreciables, o las actitudes, o las consignas, o las tácticas, o las omisiones? Sin duda.
Patético, melodramático, conmovedor, tragicómico y pintoresco? Seguramente..

¿La moraleja de este “cuento”?
Cuando el ”negocio” suplanta los valores de verdad; cuando los instrumentos y los medios se convierten en fines; cuando la “chequera” monta sobre la cabeza; cuando en fútbol se anda y no se corre; cuando los 1114 pases que se dice que rieron ayer tarde se recrean más de la cuenta en la horizontal y se cierran sistemáticamete a la vertical, el resultado –en fútbol y en más cosas- suele ser este: volverse a c asa, como se dice, “con el rabo entre las piernas”. Que es lo que está haciendo la llamada “Roja” en estos momentos.
Y, además, si -frente a “La Roja”- hubiera estado un equipazo de dar miedo… Pero ¿la Rusia de ayer…? Además de decepcionante, despreciable y patética, la realidad se vuelve hasta risible…. Riamos, pues, porque la risa no cuesta dinero y reir esponja el alma.

Y la oferta de enmienda, no para ellos, sino para nosotros, los ilusos espectadores del “negocio” en que se ha convertido este deporte, bien pudiera ser esta: no poner jamás las ilusiones en la obra de unos señores que no merezcan más aprecio que el de su parsimonia y dejadez; es decir, muy poco. Olvidar lo antes posible. Y no recaer mañana…

Para terminar hoy estas reflexiones y puntos de vista, no dramaticemos lo más mínimo. Renunciemos –en la medida de lo posible- a las esclavitudes voluntarias, a todas ellas y a esta también. Y refresquemos un poquito el paladar regustando las ideas con que Ortega –certero como pocos en sus diagnósticos sobre los males del hombre moderno y posmoderno, más dado casi siempre a “embestir” que a pensar: andamos –los “modernos” y más aún los “posmodernos”- “sin nociones claras sobre las cuestiones últimas, aquellas que sólo puede aclrarar un pensamiento puro e inútil. Nada más natural que, reaccionando frente a ese exclusivismo, postulemos ahora, frente a una cultura de medios, una cultura de postrimerías¨.
O sea, en fútbol, no el “tiqui-taca”, sino la portería contraria.
En política, no el culto a las personas o el gesto y la propaganda, sino el bien de todos, la igualdad y la libertad de todos.
En religión, no las apariencias o las farsas de todas clases, sino el amor a Dios y al prójimo.
En gastronomías, no la ramita de hierbabuena sobre la tajada escuálida, sino la buena raciön, buena textura y buen sabor del guiso.
Y así en todo. Otra cosa sería, como se dice también, tomar “el rábano por las hojas”. Porque las florituras para no llegar a la meta son, en todo, filfa y cuento.
Y en cuanto a lo del “embestir” indicado, ya lo sabemos también: es idea verídica de otro gran afligido por la pasión de España, don Antonio Machado.
En todo, se ha de mirar al fin con más fuerza y empeño que a los medios. Y ello es obra del entendimiento práctico del hombre. Es pragmatismo. Es la verdad. El “tiqui-taca” de ayer dará el 70 % de la posesión del balón, pero, sin tirar a puerta, no da el triunfo. E insisto: vale para todo, amigos.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Me resisto a ver las cosas en negro o en gris, pero... 29-VI-2018

29.06.18 | 21:49. Archivado en Acerca del autor

Estos días de mañanas de sol y tardes de tormenta, parece como que el ánimo anda decaído o arrugado. “No puedo con el alma y ni ganas de comer tengo”, decía mi hermano ayer, ante lo plomizo de las horas previas al rayo y el trueno. Y es que las tormentas –como quiera que sean- inhiben y aplanan
Tal vez por lo mismo, esta mañana me levanto abonado a la pesadumbre y a un paso del desencanto. Y no veo motivos aparentes. Es cierto que los años pesan, pero no tanto como para oscurecer más de la cuenta las horas primeras de un amanecer como el de hoy, en que no falta la algarabía de los pajaritos que dialogan y se saludan a coro, ni la luz preclara de otro día deja de acudir a su cita, sin fallar una sola vez desde hace miles y quizás millones de años. No es eso, sin embargo, lo que hoy me causa sensaciones de una cierta pesadumbre o, quizás mejor, de estupor y asombro.
Las tormentas del aire no me asustan. La de ayer era rimbombante y enardecía –a mí, al menos- con la majestuosa seriedad de sus centellas y ruidos.
Eran otras cosas las que, este amanecer, pesaban en mis ánimos como si fueran losas de una pizarra más oscura que de costumbre. Eran huellas de lo que deja ver la tempestad cuando trae más que la luz cegadora del relámpago y la rotunda intensidad del trueno. Eran desconcierto y pesar lo que, esta mañana, me hacía escuchar de otra manera -nada habitual en mi- el guirigay de los pajarillos al amanecer y esa lucha vigorosa del sol de hoy con las neblinas y celajes que parecían obstinarse en cerrarle el paso. No lo consiguieron y –a la espera de las nuevas tormentas que se anuncian para la tarde- un sol radiante se colocó enseguida en su camino de luz y calor.
Además, tuve suerte porque dos buenos amigos me ayudaban, algo más tarde, a desintoxicarme con las gracias que toda buena amistad procura.
Jesús me llamó para preguntarme por mi día. Al hablarle de mi ocasional pesadumbre, me recomendó lo mismo que aconsejaba Ortega y Gasset ante las realidades penosas, discutibles o azarosas: tomar distancia de ellas para que las sensaciones fueran menos traumáticas y penosas y los juicios, más objetivos y equilibrados. Jesús me aconsejaba subirme a dos o tres mil kilómetros y mirarlo todo desde allí.
Aunque no sea fácil, ni mucho menos, irse -de un salto- a miles de kilómetros de las cosas que pasan o nos pasan, he de reconocer que el consejo orteguiano es bueno para ganar en objetividad y que mi amigo tiene razón, al invitarme a ganar esas distancias que ayudan a sobrevivir animosamente hasta en medio de un terremoto.
Es difícil, de todos modos. sustraerse al peso de las evidencias y, en las cosas que ayer me apesadumbraban, creo que las hay.
Al otro amigo, a Pedro, lo llamé yo para felicitarle por su onomástica. Era media mañana y andaba trajinando con sus vacas y sus ovejas; y, por añadidura, metido de lleno en la recogida de la hierba. Anda que no para Pedro casi todos los días del año; pero ahora más, porque las tareas de la hierba son duras, agobiantes y de apremio, como saben bien los que, alguna vez en un pajar, se han sentido ahogar con el polvo de la hierba seca.
Cuando –al desearle un buen día de su santo- le dije que rebajara la intensidad de sus desvelos y tareas, me replicó con esta frase digna de un hombre que, a pesar de los años y las tormentas, sigue con buen tono en la brega diaria: “Hay que moverse para sentirse vivo. Si te paras, tienes la sensación de estar acabado, y yo me niego, o me resisto al menos, a sentirme acabado. Hay que abrirse a las ilusiones para sobrevivir”.

Lo he de confesar. Los dos amigos –cada uno a su manera, Jesús rebajando la tensión de las impresiones penosas y Pedro elevando el listón de las personales exigencias- me cambiaron el aire de la mañana y me ayudaron a sobrellevar mejor las conjuras de todos los “necios”, “canallas”, “irresponsables”, o “gesticulantes” que, ayer, parecieron darse cita sobre nuestra sufrida “piel de toro” y, a más de uno y de dos, invitaron al desánimo y a la pesadumbre.

Creo que la pesadumbre que esta mañana me cogía y desbordaba no era vana ni fútil. Júzguenlo mis amigos, que en sus manos pongo algunas de sus razones.
-El Sr. Torra Pla, en Nueva York, prosiguiendo la pertinaz carrera de insultos, falsedades, provocaciones, befas a este país; y para mayor “Inri” con el dinero de todos los españoles….
-El Sr. Embajador de España en los Estados Unidos, enmendando la plana al truhán y provocando con ello el ruidoso, chulesco y esperpéntico abandono del local por la delegación separatista catalana…
-El ministro de Asuntos Exteriores respaldando al embajador y afirmando que “ningún embajador de España puede permanecer impasible ante estos ataques a la nación…”
-El Sr. presidente del gobierno -seguramente preso por deudas contraídas en pago de su ascenso -legal, aunque muy poco legítimo por el momento- a la Moncloa, escurriendo el bulto y diciendo que no quiere ni busca la confrontación sino el diálogo….
-El mayestático desplante al Rey en Cataluña, con un doble agravante: el vacío de las instituciones patrias, reducido a la mínima expresión para el evento; y el silencio cómplice de esa parte de Cataluña que dice no ser independentista y anti-española, pero que, una y otra vez, se calla, a la vez que pide que no se la deje sola…. No soy monárquico, lo he dicho más de una vez; pero –como español- me da vergüenza….
-Y lo de los presos vascos y catalanes...
-Y lo del PP? Bien hizo Rajoy en marcharse a Santa Pola y dejar a sus huestes en cueros puros y a la greña viva….. A ver si va a ser verdad lo del refrán que asegura que “lo malo conocido es más que lo bueno por conocer”?. Es refrán del pueblo y de estas cosas de consejas y refranes el pueblo sabe bastante más que de ver los forros de las chaquetas de sus representantes…..

Francamente no puedo evitar la sensación de que vamos a pagar muy caro los españoles de verdad los ávidos e incontenibles antojos de Moncloa del Sr. presidente. La luna de miel y los buenos augurios de los primeros pasos van sonando a lo que ya sonaban el primer día: a “dulces sueños”, a pagos que van venciendo, a lo de siempre de la “política” en el sentir de Ortega: ser “el imperio de la mentira”.

Por cierto, ayer, en Bruselas, nuestro Sr. presidente fue recibido y saludado por J. C. Junker como “el nuevo chico”. Si miramos lo que en el Diccionario significa “chico”, quizás el gracioso saludo tenga más miga de lo que parece. De “chico guapo” también le calificaba ayer un diario inglés….. Es cierto que las palabras pueden tener varios sentidos, pero lo de “chico” referido al presidente de un gobierno como el de España, no es que escame, alerta.

Y para cerrar estas reflexiones con puntos de vista preocupados, como se puede ver, ya que en democracia, según parece, estamos, pongo a la vista de mis amigos unos versos, con los que el gran Lope de Vega –en ese genial poema que se titula El nuevo arte de hacer comedias en este tiempo- parece resignarse al “plebeyismo” en el noble arte de dar al pueblo lo mejor y lo más bello y justo, ilustrando a la vez que gustando: “Cuando he de escribir una comedia, encierro los preceptos con seis llaves; saco a Terencio y Plauto de mi estudio, para que no me den voces, que suele dar gritos la verdad en libros mudos; y escribo por el arte que inventaron los que el vulgar aplauso pretendieron, porque, como las paga el vulgo, es justo hablarle en necio para darle gusto”.
Aunque no a la letra, la historia –amigos- se repite. Y una cosa es “predicar” –lo sabe hacer cualquiera – y otra “dar trigo” de buen gobierno o de cualquier otra dedicación o cargo. Es otro refrán.
Deseo que mi pesadumbre se acabe con el día de hoy. Me resisto a pensar en negro y hasta en gris. Pero…

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Aquel hombre grande 24-VI-2018

25.06.18 | 23:59. Archivado en Acerca del autor

“Entre los nacidos de mujer, nadie fue más grande que Juan el Bautista” (Evangelio de san Mateo, 11.11). Estas palabras de Jesús a la gente refrendan un criterio de “grandeza” y “excelencia” poco afín a lo que se lleva y vende como tal en los “rastrillos” y “pasarelas” de la “gran comedia humana”.

Me refiero, al escoger para mis reflexiones de hoy el título y la leyenda que anteceden –no podría ser menos tratándose del día- a Juan el Bautista, el inmediato precursor de Jesús: el “Dios con nosotros”, el “Dios hecho hombre”, el “evangelizador auténtico del Dios verdadero”. “Entre los nacidos de mujer, no hay otro más grande”.
No es menester siquiera bosquejar su biografía, porque todo en ella es llamativo y altamente significador. Grande desde el vientre de su madre, fue erecto como la punta del ciprés apuntando al cielo; austero hasta alimentarse de saltamontes y miel silvestre; contemplativo en el desierto, hecho a vivir con alacranes y escorpiones, y activo para, a su tiempo, invitar a la conversión y al bautismo de penitencia; pero más activo aún para censurar a Herodes sus licencias con la mujer de su hermano y acabar al fin con la cabeza cortada en las manos de la vaporosa Salomé tras la consigna de su pérfida madre.
Hirsuto. Rectilíneo y sin curvas ni dobleces. Realista cuando de la verdad se tratara y de eludir elogios propios: “Yo no soy el que esperáis”, pero lo anuncio…
Nacido para verdades y no para seducciones, engaños ni pos-verdades, Juan encarnaba en su tiempo el tipo de hombre posible, pero casi inéditto: entero, audaz, sin miedos, provocador e incluso molesto para los “señores” de su tiempo, como lo sería poco más tarde Jesús, y como lo han sido y lo siguen siendo, en la general historia humana, los que dicen la verdad tal como la sienten, los de “”Antes romperse que doblarse”, los “hechos a medida” y no “en serie”, los que admiran por la rareza y asustan por su verdad. Vamos, los hombres de la estirpe de los “hombres grandes”.

San Juan cae a finales de junio, por esas fechas y noches embrujadas en que “las calores” como que sorbieran el seso y metieran en las cabezas aires truculentos de ascuas encendidas. San Juan trae consigo evocaciones de mixturas de mitologías, de ritos paganos y de las más profundas esencias cristianas; y de esta mezcla informe han salido auténticas borracheraas de usos y costumbres, tan arraigados como difíciles de calificar en sus mismas raíces. Las “noches de san Juan” tienen por eso muy bien ganada, aunque ardua para precisar, denominación de origen: se distinguen a simple vista de las restantes “noches” del año.

Ayer estuve de pesca (es un decir), y de fiesta más tarde, en el pueblo de Horta, a la vera del Burbia; un pueblo en que mis amigos viven: Eladio y su familia y la sin par Rosaura –una mujer adusta, al cien por cien liberada e implacable en la gracia femenina –no feminista- de un certero llamar a las cosas por su nombre de pila... Por la tarde, cansado ya de sortear la maraña espesa de la floresta del campo, sólo para veredas de jabalíes apta, me llegué a pasar un rato con ellos y a disfrutar de su fiesta; una fiesta popular donde las haya, en que el pueblo –el de verdad, el de la “gente del pueblo” y no de los que al “pueblo” adulan y al “pueblo nombran sólo para utilizarlo o explotarlo- rinde un sincero culto –de “cultura” y devoción mezcladas- a la amistad y a los valores de siempre, aunque ahora estén en baja forma. Rosaura, la sin par Rosaura, cantaba ayer –no las glorias de san Juan- sino lo que san Juan hubiera dicho de haber visto las hechuras, y las facturas sobre todo, de los actuales “populistas” y adláteres que no pierden comba para llenarse la boca con la palabra “pueblo” y con la subalterna “democracia” para después -conseguido el voto- gobernar al mismo estilo de los Herodes y demás “ralea” del tiempo de san Juan. Esta Rosaura, la verdad, donde pone el ojo, allí pone la bala de su implacable agudeza, que suele ser más apropiada para delatar las injurias de los gobernantes a los pueblos ignorantes o necios.

Escuchando esta mañana al grupo “Luar na lubre”, en su música celta de “A noite de san Xoan”, se podía percibir y degustar todo ese mundo de fantasías que rodea esta noche -de las primeras del verano-, que cada año nos vuelve a rejuvenecer con melancolías, saudades y las inevitables sensaciones de sueños con sus “bruxas” “mouchos” y “coruxas”, de “aquelarre” festivo o de “conxuro” profético, que, en el fondo, llevan esos aires del pueblo –yo no no dudo- de volverse a los *mitos y a terrores irreales cuando de sobrevivir a las inclemencias, cualesquiera que sean, se trata.

Y como hace poco –ayer mismo- prometí a mis amigos de reflexión mostrarles, de algún modo, la diferencia entre un ”gran señor” y un “gran hombre” –expresiones ambas que, siendo sinónimas o casi, portan consigo notables diferencias-, y además la cosa viene a cuento del día, os voy a trascribir a la letra –permitidme- el relato de un viejo Diccionario, heredado de un sacerdote encomiable, mi inolvidable don José Barrio y Barrio. Es un Diccionario de Sinónimos, editado en París el año 1892 (Garnier Hermanos, 1892, pag. 196). Su autor es don Pedro María de Olive, quien, al contrastar estas dos expresiones de “gran señor” y “gran hombre” dice textualmente lo siguiente:
“Cuando los romanos se pervirtieron con las riquezas de las provincias conquistadas, se empezó a ver cómo nacía de su abatimiento la época del nombre de “gran señor” y el filósofo reservó el título de “gran hombre” para los hombres que aman, que sirven y que honran a su país.
“Gran señor” y “grande hombre” no expresan una misma cosa. Explicaremos su diferencia.
Los “grandes señores” son muy comunes en el mundo; los “grandes hombres” son muy raros.
El primero es, a veces, una carga para el Estado; el segundo es siempre su apoyo y su honra.
El nacimiento, los títulos y los empleos hacen al ”gran señor” ; el mérito poco común, el genio y los talentos eminentes hacen o forman al “grande señor”
El “gran señor” se acerca más que los demás hombres al soberano; tiene sus antecesores, sus pensiones y sus grandes rentas.
El “grande hombre” sirve a su patria de una manera desinteresada, sin esperar nunca la recompensa, ni aún la gloria que le puede reportar”.

Este es –escuetamente- el relato de las diferencias del aludido Diccionario de Sinónimos. El “gran señor”, al que tanto se aspira en la sociedad líquida de hoy, puede no ser el “gran hombre” que los pueblos necesitan para ser, cuando menos, “algo”, cual soñaba el jacobino “Abbé Sieyés” de la Revolución francesa.

Como creo que el relato de las diferencias no requiere comentario especial para verlas e incluso ponerles cuerpos y cabezas concretos, y cualquiera de mis amigos puede, si se lo propone, ir apuntando con el dedo a los que, en su entorno y tiempo, merecen uno u otro título, el de “gran señor” o el de “grande hombre”, hágalo cada cual a su aire, ya que seguramente, en esta hora de los arribistas, los “cucañistas” y los “trepas”, encontrará con facilidad especimenes de “grandes señores”, aunque no tanto, por desgracia para los pueblos, de “grandes hombres”.

Me valgan para cerrar estas reflexiones del gran día de san Juan –“el mayor hombre entre los nacidos de mujer”, como asegura el propio Jesús- dos citas muy a tono para este lema del día.
La una tiene su asiento en un pensamiento de Pascal, para quien hay dos suertes de grandeza o excelencia en los seres humanos: la que les viene de fuera, del cargo, del dinero, de los escudos, de los membretes y demás cosas así; y la que les viene de dentro de ellos mismos, de los valores humanos que cultivan, de sus virtudes y potenciales positivos, de su respuesta a una vocación sentida y comprometida. Si en los primeros brilla la honra del cargo y de los emblemas y escudos, en los otros brilla esa otra honra, más personal e intransferible, de las obras de verdad, de justicia, de amor, del respeto a todos, del culto diario y sin treguas a esas virtudes que expresan los llamados “valores humanos” -que van más lejos y más allá de los típicos “derechos humanos”-
La otra está en esa frase, tan repetida por mí, de don Antonio Machado, que, puesta en boca de Juan de Mairena, resalta que, “por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre”.

Por san Juan y su grandeza humana, vale –creo- la pena pensar un poco en la distancia que va de ser un “gran señor” a ser un “gran hombre”. Los matices, amigos, en los sinónimos, dan el buen tono final a cualquier discurso. ¿No estará en esto una clave real de las crisis en que nos vemos, casi a diario, metidos?
Como veis, mis amigos, las “noches de san Juan” pueden dar para mucho. Y lo dan realmente si uno se propone pensar en ello.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Y el punto de mira en las raíces 17-VI-2018

22.06.18 | 20:41. Archivado en Acerca del autor

El “Ya estoy aquí” fue un cumplido aserto de Joseph Tarradellas en ocasión solemne; y lo repito yo ahora en una ocasión vulgar, pero sensible para mis afectos. Tras una semana en Madrid, por azares de salud y otros menesteres de circunstancia, hoy retorno a mi pueblo, a mi tierra, a mi patria chica, al Bierzo de mis raíces, de mis ancestros y de mis amores.
El viaje de regreso, en el autobús, una mitad contemplativo y la otra mitad -como suele acaecerme- de percepciones y nota de las sensaciones e impresiones que las cosas del día –las de dentro y las de fuera- me van sugiriendo al pasar a mi lado; que, aunque algunas no digan nada o casi nada, otras hay que se vuelven dicharacheras a poco que se percaten de ser miradas con interés o una pizca de ilusión. Poco exigen -la verdad- para volverse locuaces. Poco piden para lo mucho que pueden dar…
Cuán distinta, de todos modos, esta ronda contemplativa de hoy y cuán distantes las sensaciones y las impresiones de lo que fueron en el viaje anterior, a mitad de mayo. Las primaveras castellana y berciana eran entonces sembradura de promesas casi sólo; hoy todo aquello es ya estallido polícromo de flores blancas, amarillas, violetas y el rojo vivo de amapolas enervantes y aterciopeladas. Campos rojos de amapolas. Setos interminables de escobas de un amarillo provocador. Retamas violeta o lila y las blancas y amoratadas flores de los cantuesos llenando los terraplenes y los aledaños de la carretera en luengos tramos de la misma.
Y sobre todo, el sol… Hoy es distinto el sol. Hace un mes andaba rezagado y remiso, como jugando al escondite con la lluvia pertinaz y las nubes grises y voraces. Ahora el sol se ha descarado ya y manda en el día sin tolerar competidores que lo desluzcan. El sol de esta tarde de mi regreso al pueblo es sol de junio y con todas las de la ley, es decir, orgulloso de su fuerza y dispuesto a mandar. ¡Como debe ser!
Además, si la contemplación sigue siendo lujuriante y plena de colores y verdores, las sensaciones –las que nacen del chocar de la idea con la vida y con la realidad- se empeñan también por tirar hacia arriba por las ganas de vivir que dan las amapolas rojas o las sencillas corolas de los cantuesos –entre dichos todos de la contemplación y la tierra que se pisa. Aunque hay veces –como ahora- que las sensaciones que llegan hasta uno, más carnosas o más pegadas a la tierra que las puras ideas, se cansan de ascender, porque la vida –tal como es- con frecuencia se cansa y, descabalgando de las flores, prefiere dialogar con las espinas y con el polvo de los caminos a vérselas con romanticismos demasiado bonitos o estirados…
Y es que las briosas primaveras castellana y berciana, que llenan hoy los ojos del alma, no logran –ni proponiéndoselo- borrar del todo el peso que de los interrogantes que atenúan la fuerza de este decidido sol de junio. Y es todo porque no dan tregua ni respiro los menguados presagios –fruto quizás de sólo temores sin otros fundos- que, a no querer, ponen en guardia siempre que de elegir entre “vivir” y “filosofar” se trata. “Lo primero vivir y más tarde, si acaso, filosofar” tal como mandan loos cánones, pero no al revés. Que “el miedo es libre” como se dice, aunque el miedo siempre sea, más o menos, un mal paso de la libertad.
Y es que…. A don Pedro Sánchez, a pesar de “estar” ya instalado en ese celo de sus ansias locas de Moncloa, no se le “espera” todavía…
Al Sr. Torra, el catalán –erudito según cuentan algunos pero zafio como pocos-, se le sigue viendo el plumero de sus “rondas” de celo de pavo real y se le vislumbra –más de la cuenta- con la mano extendida demandando “lo suyo” al novato presidente…
Y los demás, como siempre. Unos, lamiéndose –acríticos, a pesar de todo- las heridas. Otros, tratando de vestir –disfrazar quizá mejor- el populismo de sus amores o de sus entrañas glotonas con ropaje de “gran señor”. Y algunos, desconcertados, cogidos con el pié cambiado, en esta hora -dramática por demás- de nuestra historia patria…

Y es que las políticas que se ven asomar por casi todos los horizontes son mucho más, o casi sólo, de gestos puros, pero no de gestión rigurosa y medianamente seria.
El deporte –otro exponente de la buena o mala salud de los pueblos-, dando que hablar con unas increíbles fintas de una injustificable rusticidad.
La justicia y el derecho –dos cosas muy distintas a pesar de sus proximidades-, levantando sospechas, o a expensas de buenos o malos humores, de discutibles resoluciones a simple vista y con más abonos de pantalla que de razones de su verdad….
Y los inmigrantes -a bandadas diarias siguen intentando colarse en la Europa otrora llamada “civilizada”-, poniendo en disyuntiva permanente la “humanitas” de siempre y la ”razón de “Estado” del pensamiento totalitario modernista o posmoderno.
Y también los titiriteros de todas clases componendo cantigas o bailando coplas de posverdad, como si de recatados salmos de la Biblia se tratara.

Y en éstas, yo estaba otra vez arribando a mi tierra y patria chica. Con sol; con primavera io casi verano.
Eran las siete de la tarde cuando el “bus” callejeaba en busca de la Estación de Autobuses de Ponferrada. Pleno día. Pleno sol. Plena luz y ganas de llegar para ver cumplidos otra vez esos pequeños sueños que son, se quiera o no reconocer, el alma de los que miran la vida con ganas de ser sencillamente “hombres” y menos con las de ser “grandes señores”. Otro día, pronto, os prometo, amigos, contar la diferencia que va de ser un “gran señor” a ser “gran hombre”. Vieja la diferencia, tiene sin embargo gran acomodo en estos tiempos de “quita y pon”.

Como diría para casos así mi predilecto poeta de Caastilla, “Hoy es siempre todavía”. A mi amigo Eduardo, este jocundo dicho del gran poeta se le hace feliz y oportuna casi siempre, como divisa breve, hecha para soñar que siempre, a pesar de todo, nos queda –a los humanos- la esperanza; una esperanza. Y si la esperanza es, como se dice, lo “último que se pierde”, es también lo primero que se echa de menos.

Los que tenemos fe, amigos -aunque pueda ser en ocasiones una fe trufada de dudas o de malos momentos –en todo hay malos momentos-; y, aunque no se vea bien el sol, o no se le pueda ver cara a cara por razones obvias- andamos seguros de que, hasta con nublados, vemos acrecerse el vigor y el valor de sus rayos. Tal como lo proclama San Pablo y la Iglesia recoge este mismo domingo en una de sus lecturas; esa concretamente, en que se hipotiza una de los retos más naturales –y por eso mismo más dignos y meritorios de la fe de los creyentes-: “Caminamos a oscuras, llevados por la fe”.
En los que no cuentan –porque no quieren o no les interesa- con la fe para estas travesías endiabladas de la vida humana, el problema quizás no sea, como es para el creyente, el de un gran reto, sino mejor -y conozco más de un caso- escena de comedia, singladura de drama y hasta quizás obertura de tragedia en casos especiales.
Es mi punto de vista; y los que tengan otro distinto, con su libertad ee las hayan, aunque buena verdad es también que el simple uso de la libertad no siempre sirve de colchón para aquietar la conciencia del hombre. Porque entiendo que libertad sin responsabilidad des una pifia humana que, no por extendida y practicada, deja de serlo.

Al recoger la bolsa de libros con que viajaba esta vez desde Madrid a mi pueblo, a pesar de todo y de la placidez del momento, una idea resumiría bastante bien mi viaje: el campo es una sola flor. De mil colores de las muchas flores, pero una flor diversificada.
Y como importan menos los colores –a mí, por supuesto- que la flor, aquello tan redicho del gato del proverbio chino: que importa mehos que sea blanco o negro, si caza ratones, pues quedemos con esa idea: que hay flores… Puede que también haya frutos algún día.
De todos modos, no olvidemos que las flores son poco más que gestos y cosa de primaveras. Ahora que está a la vista ya el verano, recelemos de todas las políticas de gestos y las culturas de solos instrumentos y exijamos a la tierra y a los hombres menos gestos y algo más de obras y de respuestas eficaces a los problemas tan serios que nos acompañan.

Habré de insistir en ello. Es en la hora de la verdad cuando mejor se ve la gran distancia que va de un “gran señor” a un “gran hombre”. Un día de estos, pronto, os contaré, mis amigos, la diferencia entre ambas cosas. Importa mucho para saber distinguir entre un gesto -nada más- y el buen arte de hacer cosas dando cara a los problemas -nada menos.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Luna de miel 8-VI-2018

09.06.18 | 17:46. Archivado en Acerca del autor

Luna de miel…
Evoquemos hoy –al asomarnos al panorama del día- esa etapa florida que es la “luna de miel” de los matrimonios recién iniciados. Evoquémosla, al mirar hoy los primeros pasos efectivos del gabinete de “ministras” y “ministros” que acaba de poner en acto y en marcha el nuevo presidente deel gobierno de España, el socialista don Pedro Sánherz. Luna de miel…

La “luna de miel”, en el sentido más lírico y romántico de la expresión, se constituye por esa primera etapa de la vida en común de los recién estrenados cónyuges, y muestra ese tiempo dulce, risueño, feliz, que los matrimonios viven antes de dar la cara a “la verdad del matrimonio”, que no está ni puede estar en el “jijí-jajá” de los “confettis” o del “arroz” que sigue a la ceremonia, sino que realmente se masca en “el dia a día” del ir haciéndose efectivamente –con mezcla de amores, de sudores y de voluntad sobre todo- esa “una sola carne”, que proyectara el Divino Hacedor, al diseñar una “humanidad” emergiendo de la unión del varón y la hembra humanos.
De este modo, la ”luna de miel” se puede llamar la peripecia bonita antes de la verdad del matrimonio; el sueño previo al amanecer y a los sabores –dulces, amargos, agridulces e incluso apestosos- del día; la calma antes de la tempestad o lo que suele significar el ”caramelo a la puerta del colegio”. Que algo de todo eso puede ser, o es de hecho, la “luna de miel”. Es matrimonio, pero no dice casi nunca con precisión lo que va a ser el matrimonio: lunas de miel esplendorosas se han muerto nada más bajar del avión de regreso a casa los esposos.

Don Pedro Sánchez, tras la moción de censura exitosa, ha escogido un llamativo florero de “ministras” y “ministros”, y ha mostrado -al hacerlo- buenas dotes de agudeza y sagacidad. “Demuestra que es listo” –me dijo un avispado amigo, antiguo alumno y buen perceptor de sensaciones a bote pronto, nada más saberse que había escogido a Borrell para la cartera de Exteriores. “Sí que demuestra ser listo, pero no me basta”, le repliqué al instante; “porque yo distingo “listos” ea “inteligentes”; y si los “listos” dan buena imagen por agudos y sagaces, es a los “inteligentes” –los que saben leer de dentro a fuera la realidad y lo hacen con acierto y acompañamiento de obras- a quienes se han de atribuir los éxitos prolongados y sostenidos. El golpe de chispa del listo es el “flash” vivaz que anima y da esperanza; pero sólo el inteligente consigue hacer buenas las primeras impresiones”. Mi amigo se limitó a escucharme, sin decir ni sì ni no. Tal vez, porque le hizo pensar.

Obra de un “tío lislo” parece a casi todos -no creo que lo parezca a don Pablo, el de la coleta y el chalet, ni por asomo- el gabinete de don Pedro, que ayer prometía fidelidad a la Constitución ante el Rey.
Pero –me pregunto- este punto de listeza y sagacidad ¿será también muestra de una pareja inteligencia del “listo” que demuestra ser don Pedro al escoger este gabinete?

Esta calidad –creo yo- aún está por ver. Por buenos que puedan ser los indicios o los augurios que apoyen las caras, la vestimenta, las palabras, las sonrisas, las palmaditas y demás que se están viendo ahora mismo en las ceremonias de trasmisión de los poderes, queda por ver si se trata de meros gestos, guiños para la galería, de apariencias debidamente azucaradas para la ocasión o de verdaderos modos y maneras propios de auténticos personajes de Estado de Derecho y de buen Gobierno. Lo que va de una cosa a la otra puede ser mucha y decisiva para valorar, como es mucho lo que va del guiño al hacer lo que con el guiño se quiere significar o representar.

Me parece claro que, si lo de “listo” se puede mostrar con primeros actos o pasos, lo de “inteligente” no se demuestra tanto con las sonrisas, las buenas maneras o las solas palabras de las “ministras” y “ministros”, sino con las obras de hacer “buena política” –lo de la “nueva” política, tan cacareada en estos tiempos es para mí otra forma de heliplejia mental posmoderna-, siempre que, a partir de las apariencias y los relumbrones de primeros planos o de plenas pantallas, se ejerce muy en serio el noble arte de gobernar a un pueblo.

El Sr. Sánchez estrena gabinete y se da un prometedor y reconfortante baño de multitudes, a la vez que descoloca bastante a competidores e interesados amigos; se adscribe, sin embargo, por el momento a una vaporosa e inane “política de gestos”. Del momento, no hay más que eso.
Está mostrando sin duda con ello buenas dotes de listeza y buen tino para la España en que nos hallamos. Pero aún no ha demostrado inteligencia, tal como muchos -y yo con ellos- la entienden: obras racionales, que, secundando primeros impulsos o intuiciones a bote pronto, rubrican trayectorias vulgares y son capaces de hacer de un politicastro cualquiera un providencial estadista. Porque “gobernar” un pueblo en grave dificultad, sin limitarse a unos cuantos experimentos con gaseosa, es ciertamente otro cantar, y cosa de verse mañana o pasado, cuando haya que tomar decisiones, no tanto para la galería o el grupeto de los militantes del partido, sino para los votantes también, e incluso para los que no piensen como él o no le voten y acaso le discuten; sencillamente porque también son “pueblo”, del mismo modo que sus “pasniaguados” de uno u otro signo.

No bastan los gestos en política seria; porque los gestos valen para “camerlar” adictos, pero no para “gobernar” un paía plural y hacerlo “sin acepción de personas” y con el “bien común” en el punto de mira de todas las decisiones que tome el gobernante.

Claro que lo tiene difícil el Sr. Sánchez; y, más que difícil, endiablado.
Ya le echan en cara algunos de los llamados al festín de haberse olvidado pronto de quienes le auparon en la moción de censura. Alguno inluso le anuncia el “calvario” que le espera si no es dócil.
Pero lo ha de tener peor aún cuando “los otros” –los magnates de la historia falseada, de la mentira por verdad y de la ganancia del “pescar a río revuelto”- le pregunten una y otra vez: “Y de lo mío, ¡qué!.

Todo el mundo –creo yo- está deseando que acierte y sea, además de listo, inteligente; todos, menos los que esperan de sus “favores” taburetes para subirse a sus hombros y trepar como la hiedra o el musgo pegado como lapa a la corteza del árbol que destaca en el bosque. ¿Será posible que logre aderlantar algunos pasos en el arriscado camino por el que ahora mism o transitamos?. Tengo m is dudas…

Hoy, en el primer Consejo de “ministras” y de “ministros” -en esto de la nomenclatura sigue la cursillería-, la ministra portavoz anuncia solamente humo. Que se levanta la intervención –esperemos que no la supervisión- de las cuentas de la Generalitat por cese de la aplicación del art. 155 de la Constitución es humo porque ese cese ya fue anunciado por el PP antes de ser defenestrado Rajoy. Y cuando la misma “ministra” entona un canto heroico a una política -“nueva”?- de “escuchar, dialogar y consensuar”, a la vez que desde la Generalitat no se deja de insistir en el derecho catalán a la independencia o se “machaquea” con que la “república de Cataluña” está ya proclamada y en vigencia desde aquel “referéndum” sin base del uno de octubre último, ¿qué más que humo se podrá ver en el horizonte?.

Está bien, sin duda, todo afán o empeño en “quitar hierro” a los conflictos, sean dramas o sean comedias esos conflictos. Pero que no se deje de llamar a las cosas por sus propios nombres; y que no se hable de diálogo cuando, a pesar de las palabras bonitas y “diálogo” lo es, lo que se busca o pretende por los que piden el diálogo es claudicación o “tabla rasa” de lo que no puede serlo sin caer en injustos o pazguatos.
Y, en cualquier caso, que se pase ya de lo que casi sólo se ve hasta ahora: propaganda, los gestos, las sonrisas edulcoradas o los guiños a la galería o a los tendidos de sol, en merma de las obras de un buen gobernar en democracia. Que la democracia no está en llenarse la boca con el culto o el servicio al “pueblo” para hacer después lo que a uno le parezca; ni es democracia tomar por el “pueblo” a los del partido o a los compadres.
Y sobre todo –cuando los “aupantes” levanten la voz para preguntar “Qué hay de lo mío”, u ofreciendo baratijas o falsificaciones de la historia o del derecho a cambio de las dádivas, pedirle al Sr. Sánhez la sabia cautela de “no fiarse mucho de los griegos que hacen regalos”, como sucediera en la antigua Troya. Hay veces que las mitologías enseñan bastante más que algunos brillantes doctorados.

Luna de miel…. ¡Qué bueno y bonito que dure; y que dure lo mas posible!. Pero ¡qué mayor tontería o simpleza fiarse de las “lunas de miel” más que del “día a día” –aunque lo sea con sus dolores, amores, alegrías o pesares, etc.- de los matrimonios; sobre todo de esos matrimonios que, peleándose buenamente a cada paso, no pasa hora sin que extrañen estar el uno sin el otro.

Y ya, al cerrar hoy, no veo cosa mejor para estos días de “luna de miel política” que la frase aquella de La Bruyère (Les caracteres- Les jugements, 87): “Ne songer qu’à soi et au présent, surce d’erreur dans la politique” ¬ Ir o estar en la política para pensar sólo en uno mismo y en tiempo presente es fuente segura de error en un terreno tan delicado y exigente co.mo el de gobernar pueblos.
Por eso me digo a veces que la gente que, siendo “lista”, no es “inteligente”, puede valer para la mercadería o la picaresca incluso, pero no para la política.

¡Ojala don Pedro Sánchez, que en los primeros pasos y nombramientos está mostrando ser listo, resulte también ser inteligente mañana y pasado. Ganarían él y su partido y ganaríamos todos los españoles. Sin duda.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Y ahora, ¡qué1. 4-vi-2018

04.06.18 | 17:05. Archivado en Acerca del autor

Mis reflexiones iban hoy por otros derroteros o al menos esos eran mis propósitos a las seis de la mañana. Pero –como suele decirse, una cosa es lo que el hombre propone y otra, lo que Dios o las circunstancias le imponen… El “yo” –lo saben hasta los que saben poco de Ortega y Gasset-, para ser el “yo” cumplido, se ha de amoldar a las circunstancias, que lo van haciendo “yo”, paso a paso hasta la madurez.
No pensaba yo -este amanecer- dejarme manipular por los hechos que estos días nos embargan. Pensaba dedicarme, desde el “punto primero de la mañana”, a reflexionar cuestiones prácticas de la última reforma del proceso y de la procedura en los pleitos de nulidad matrimonial canónic; una reforma entrada en vigor a finales de 2015 y alumbrada por el Motu Proprio, del papa Francisco, “Mitis Judex Dominus Jesus”.
Habré de retrasarlo y hacerlo algo más tarde, hoy mismo, porque no pienso con estas primeras reflexiones, al aire de los hechos, otra cosa que poner a mis amigos en el brete de tener de pensar ellos también y confesarse ante lo que pasa o nos pasa. Yo pienso… Tú pìensas… El de más allá también pi,ensa…

Es una verdad que los hechos hablan; incluso acosan y exigen; y no parece correcto darles la espalda o no hacerles aprecio, sobre todo, si son abultados o llamativos. Pero, como hoy me esperan otros empeños muy gratos y acuciantes también, quisiera ser breve e inquisitivo esta mañana. Breve porque la ruta está trazada y no es factible que no exista lo que ya se mueve. Inquisitivo, porque a mis amigos y lectores los considero adultos y mayores de edad en saber y discernir y conforta poner alguna vez en su tejado la pelota del pensar y del decir. Aprender de ellos me estimula. No sé si me será posible ser breve al menos. Inquisitivo, seguro que lo voy a ser.

Mi hermano, ayer –mi hermano no es de medias tintas ni de cambalaches teorizantes o romancescos: le gustan más las líneas rectas que las oblícuas o curvadas-…. Mi hermano, ayer, decía que el Senado debería tumbar los presupuestos y devolverlos al Congreso para que el nuevo presidente del gobierno bailara un pasodoble con ellos.
A la politica, aunque sea el “imperio de la mentira” como se sabe por Ortega, tal vez repugnara la treta, que no sería excesivamente honesta, ni quizás patriótica, le respondí.
Pero, lo que son las cosas… Esta mañana acabo de oír a un contertulio de la Cope una idea paralela a la de mi hermano, un tanto maquiavélica posiblemente, pero con cierto toque de sublimidad. Era esta: que el Senado, con mayoría absoluta popular, no rechace los presupuestos, pero que los enmiende. Y que concretamente los enmiende en lo que se refiere a esos 540 millones de euros y demás ganancias que el PNV exigió como condición para appyarlos y sacarlos adelante. Por la felonía del PNV, que -después de pactar con Rajoy y sacarle la ”tajada” de esos millones y más-, en días tres o cuatro, -tras “sopesar” y “meditar” mucho, como dijera su presidente- trapichea, pacta y apoya la moción de censura contra el propio Rajoy, condicionando el nuevo pacto a que le respeten esa “tajada” y no sin exigir otras, de lo que no me cabe duda.
Cuando le acaban de plantear esta posible treta al portavoz de los socialistas, dejó caer, sin dudarlo un momento, que eso sería uns “venganza” y que no sería justo.
Y como todos llevamos a bordo de nuestras personas el instinto de la justicia, esta salida del portavoz, a parte de hacerme gracia, hizo también que mis reflexiones no pudieron resistirse y me llevaran -otro día más- a hacer un guiño a estos hechos: en vez de, como yo me proponía, irme a los indicados análisis procesales.

Voy a plantear la cuestión muy escueta y concretamente: si el PP en el Senado enmendara los presupuestos en lo referente a las concesiones economicas exigidas por el PNV –esos casi 600 millones para empezar-, en razón a la felonía de pactar –en cuatro días, como quien dice- a favor de Rajoy y en contra de Rajoy, en un trapicheo indecoroso a todas luces, y con la “tajada” a buen recaudo y más que eso tanto en el anverso como en el reverso de la medalla, ¿sería una venganza, como afirma el portavoz socialista? ¿Sería una injusticia? ¿O, tal vez mejor, pudiera ser más bien lo justo y necesario, en este juego de intereses de unos y de otros?
Se sabe que en el Derecho internacional –en materia de los tratados, acuerdos y pactos entre los Estados- vige la cláusula del “pacta sunt servanda rebus sic stantibus”. Es decir, que los pactos han de mantenerse y observarse mientras las cosas, las condiciones o las circunstancias, sean las mismas; en otro caso, no.

dDespués de pensar un poco en ello, no me parece que la jugada del PP en el Senado, si se produjera, fuese una venganza, o que fuera injusta o falta de equidad. Y no sólo ni tanto por la traición de PNV –un partido que sabe bastante de “recoger nueces” del árbol que otros agitan- o por su avaricia descarada, sino porque considero que esas concesiones a los “periféricos” vascos y catalanes son atentatorias contra la democracia y sus bases de respeto a la igualdad y a la dignidad de los ciudadanos en general; y porque creo que los privilegios están reñidos frontalmente con la democracia, como clamaban -y con razón- los que han echado en cara al Estado conceder privilegios civiles a la Iglesia, discriminando a otras religiones, en sus mismas circunstancias sociales. Si esto ya no va, ¿por qué ha de seguir yendo lo otro?
Si el PNV se decidió, después de sopesarlo y meditarlo bien, a traicionar a Rajoy como lo hizo en realidad, ¿no hubiera sido lo ético, lo honorable, lo digno renunciar a los millones que le había sacado, en vez de asegurarlos bien, previamente al nuevo pacto, del que también sacaría más ”tajada” sin duda?.

Y aquí viene la cosa. ¿Qué pensáis de todo esto, mis queridos amigos?. Me pirro por saberlo.

He oído también hoy mismo –y abundo en los guiños a los hechos- cosas como estas:
-En democracia, los galones sólo se ganan en las urnas
-Pedro Sánchez no ta tomado la presidencia para gobernar España, sino para “estar” en la Moncloa
-La política de don Padro ha sido -hasta ahora- una política casi sólo de gestos. ¿Será, a partir de ahora, de algo más que gestos?
-Los socialistas, al pactar con los enemigos de España y de los españoles (¿No es de recordar la sarta de insultos que el Sr. Torra Pla, de “viboras” para arriba, nos dedicó a todos no hace tanto?), se han salido del bloque constitucional.
- A Ciudadanos se le ha quedado cara de “pasmao” después de sus aventurillas en la refriega de la “moción”; se le ha visto descolocado…
- Un Psoe pactando con los peores enemigos de España ¿es Psoe? No debiera quitarse alguna de las letras de su rótulo?
-El PP debe cuanto antes dejar de lamerse las heridas para reflexionar, con objetividad primero, para después autocriticarse y enderezar el rumbo. Porque sabido es que las instituciones se oxidan y envejecen cuando no se renuevan a tiempo y con energía. A circunstancias nuevas, caras y actitudes nuevas. Al fin y al cabo, los partdos políticos son medios y no fines; son andaderas y no poltronas…

Todo esto se decía esta mañana en los mentideros de la radio y la prensa.

Y como no tengo tiempo de más, “paso palabra” a mis amigos lectores para que ellos entren también en esta liza que se ha abierto con las recientes circunstancias; y para que, después de reflexionar por su cuenta y razón, piensen y después digan, si les parece, lo que opinan de estas novedades que los hechos traen esta mañana consigo.
¿Mañana más? Seguramente. ¿Quién se resiste a los guiños de ciertos hechos?

Para cerrar hoy, otro pensamiento de Antonio Machado, al que no me canso de citar porque nunca me canso de aprender de él. Oigamos lo que anota sobre España por boca de Juan de Mairena o de Abel Martín. “España no es una invención de las cancillerías europeas, la resultante de un tratado de paz mas o menos inepto. España lleva siglos de vida propia perfectamente definida por su raza, por su lengua, por su geografía, por su historia, por su aportación a la cultura universal. No es fácil disponer de su presente ni, mucho menos, de su porvenir. Aún suponiendo –y es mucho suponer- que pueda caer arrollada por la fuerza bestial de sus enemigos, su deber es caer con dignidad, resistir hasta el fin, porque sólo así sería indefectible su resurgimiento futuro. Y, por de pronto, España piensa en la victoria, porque está segura de merecerla”.
Las graves palabras del poeta parecen hechas para esta circunstancia. Pensemos y, sobre todo, no desesperemos. Animo, pues, que –como dice el sabido refrán- hay “matones”, cuyos “muertos gozan de buena salud”.

Amigos. Lo prometo. Por unos días os dejo en paz con vosotros mismos. Me voy a mis reflexiones procesales y, si puedo compaginarlo, también a recrearme por los ríos y las montañas de mi tierra. Traen satisfacciones que no son capaces de dar otros afanes u otros menesteres.
SANTIAGO PANIZO ORALLO


"Perdonen que no me levante" -6-III-2018-

03.06.18 | 09:34. Archivado en Acerca del autor

No son las palabras sino los hechos y las obras lo que define, magnifica o prostituye una personalidad. Así lo enseñan la psicologia racional y el sentido común.
Hoy, a las once y dos minutos del día, en el palacio de la Zarzuela, ante el rey Felipe y las más altas magistraturas de la nación, el nuevo Sr. Presidente del gobierno de España toma posesión del cargo y hace la promesa de respetar y hacer cumplir la Constitución. Estaba en su facultad prometer o jurar y ha elegido prometer tan sólo. Hasta aquí, nada que objetar.
El síntoma que aludo al abrir estas reflexiones de hoy está en otra cosa, en un detalle que me parece sintomático: por primera vez en la historia de nuestra democracia contemporánea, el Sr. Presidente dispone que, en el acto de su toma de posesión, y de su promesa de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, fueran excluídos los símbolos religiosos católicos, la Biblia y el Crucifijo.
Respetable así mismo la decisión del Sr. Presidente, pero sintomática; y –en cuanto sintomática- digna de algunas reflexiones o quizá mejor atisbos, conjeturas o resalte de indicios. El Sr. Sánchez, por primera vez en nuestra historia, no ha querido y ha rechazado expresamente la presencia de unos concretos símbolos religiosos católicos en la mesa de su promesa. Respetable, como digo, la decisión por cuanto desde 2014 eso está previsto en el protocolo de la Casa Real para este acto; pero sintomática y, como tal, elocuente.
Si una buena parte de este pueblo aún llamado España –hasta la fecha al menos- es católica, el síntoma no es que merezca reflexiones –que por supuesto las merece-, sino también tomas de conciencia y de postura ante lo que puede venir mañana o pasado. Y es que, más de una vez, en estos pasados años, el Sr. Sánchez ha proclamado sus anhelos de denunciar los Acuerdos vigentes desde el año 1979 –enero de 1.979 concretamente- entre la Santa Sede y España. Bien es verdad que hay otros Acuerdos -en vigor ahora mismo- del Estado español con las religiones judía, musulmana y evangélica protestante; pero solamente ha venido hablando de denuinciar los Acuerdos con la I. Católica, plenamente constitucionales y acordes –puesto que son posteriores a la entrada en vigor de la constitución y nadie ha dudado, ni el tribunal constitucional, de su compatibilidad con el espíritu y la letra de nuestra vigente constitución. Esta especie de “fijación” freudiana del Sr. Presidente llama -a mí, al menos- la atención.
Es posible que el Sr. Presidente sea “laicista” y sueñe con un Estado laicista, porque laico ya lo es desde que entró en vigor la Constitución y en concreto su art. 16 sobre libertad religiosa y separación de la Iglesia y el Estado. No sólo no es el Estado español en la actualidad un Estado aconfesional, sino laico en el sentido usual de esta palabra en la nomenclatura más común ahora mismo. No es “laicista”, claro, y en ello tal vez radique el desliz –a mi ver, naturalmente- del Sr. Presidente.
Es posible que el Sr. Presidente confunda la laicidad con el laicismo, en cuyo caso tal vez debiera hacer un “master” –ahora que están de moda- para enterarse de las diferencias; eso si, advirtiendo de paso que la laicidad es una virtud tan cristiana y católica como secular, porque está en la misma constitución de la Iglesia, en ese Evangelio en el que se impone a los creyentes, como parte sustancial del mensaje cristiano, “dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar”. ¿No se habrá enterado aún el Sr. Presidente de que ese “crucificado”, al que expulsa de la mesa de su solemne promesa, fue el primero que, en la historia humana, impuso la separación de lo sagrado y lo profano en defensa nada menos que de la libertad de la conciencia de los hombres?
Y hasta es posible que el Sr. Presidente no haya estudiado antropología moderna para saber que la condición de “homo religiosus” en el hombre es tan predicable del mismo como la de “sapiens”, “faber”, “ludens” o “oeconomcus”. Y que hoy, por esa ciencia moderna sobre el hombre, es retrógrado pensar que la condición de “homo religiosus” sea una imposición de curas o de obispos y no un dato de neta naturaleza humana, que sólo se niega hoy, no por los que defienden que el hombre procede del mono –cosa que nadie niega ya, aunque sea creyente-, sino por los que defienden que es el mono el que viene del hombre; en regresión, claro, más que enn evolución. No hace tanto, en una revista científica de buen predicamento –Magazin Philosophie-, se alentaba esta sensacionalista teoría.
Y como ya puede ser factible todo después de este primer síntoma, harán bien los católicos españoles, a la vez que rendir homenaje del respeto debido al nuevo Sr. Presidente del gobierno de España –ya lo predicó san Pablo- (que lo es aunque no haya ganado ningunas elecciones para serlo en plenitud de verdad y de legitimidad… Harán bien los católicos españoles en tomar nota, precaverse y no dormirse. Porque –insisto- el síntoma es significativo.

Ayer cerraba mis reflexiones diciendo: “Pueblo, despierta y espabila”, para no verte ninguneado por los mismos que se llaman a sí mismos demócratas de toa la vida….
Hoy añado: Católicos, ¡alerta!. Que somos pocos y seguramente mañana seremos menos; pero lo que somos -poco, mucho o regular-, hemos de hacerlo valer; y el modo, en política, está en el voto y en las urnas… . Que si unos se pavonean con derechos, otros también los tienen con seguridad y con verdad. Y hay cosas que un católico y un cristiano, si lo son y no hacen farsa, no pueden ver y quedarse impasibles sin dar señales de vida.
Y abono estas reflexiones de hoy con otra idea: los horizontes no son buenos para la religión, y los creyentes -en esta encrucijada de posmodernidad inclemente-, si no otros derechos que tienen sin duda, como el de la libertad, debieran exigir y ejercitar alguna vez ese tan vulgar pero no siempre inútil ejercicio del vulgarmente llamado derecho al pataleo. Creo que no es mucho pedir… Este derecho no está en las declaraciones universales de los derechos humanos, al menos en forma explícita; pero está muy presente –y con buenas razones- en la historia de la humanidad. Veamos.
- “No he de callar hasta que rompa la aurora de la jusuicia”, cantaba -ya en su tiempo- el profeta Isaías (cap. 61), ante las murallas hostigadas de Sión.
-“No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. No ha de haber un espíritu valiente? Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”. Lo dijo don Francisco de Quevedo y Villegas en su famosa Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a don Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivare, en su valimiento.
Amigos. Dar señales de vida –algunas al menos- puede no ser poco cuando tantos pregonan a coro eso de que “Dios ha muerto y yo soy dios”. Y de los “dioses” que no sion ”Dios!”, líbrenos Dios.
Y cierro ya por hoy estas reflexiones con una letrilla sugerente de don Antonio Machado: “Ayer soñé que veía a Dios gritándome ¡”Alerta!”. Después era Dios quien dormía y yo le gritaba; ¡”Despierta!”. Buen pensamiento para tiempos preocupantes, sobre todo en labios de una persona como el poeta que se pasó la vida entera buscando a Dios.
Cuando los síntomas son los que son y si, como dicen por esta tierra, “los lobos pierden su lana antes que las mañas”, ¡òjo, perdiz! y, como ayer decía, “a verlas venir” pero sin que nos sorprenda su vuelo raso y a ras de tierra..
Lo dicho. Somos pocos y mlñana tal vez seremos menos; pero lo que somos -poco, mucho o regulasr- hemos de hacerlo valer; por dignidad y respeto a unas creencias, que como dice también Ortega de ellas, han de ser mäs que las puras idea que van y vienen, porque en ellas, en las creencias, “estamos”, y las ideas solo las tenemos….
Y al nuevo Sr. Presidente, el mayor respeto del mundo, pero con los ojos muy abiertos… Que los síntomas, en patología médica, son ayudas para curar las enfermedades porque alertan.
SANTIAGO PANIZO ORALLO


Al son de la moción de censura - Atisbos a bote pronto 2-VI-2018

02.06.18 | 18:00. Archivado en Acerca del autor

Me pregunta un amigo –Jesús se llama este amigo, ingeniero industrial y buen zahorí de aguas subterráneas- cómo veo –a pocas horas de producirse- la defenestración de Rajoy y el encumbramiento de Pedro Sánchez por mor de la –exitosa esta vez- moción de censura, orquestada –en “manada”- contra el PP a partir de una frase -no sabría decir si desafortunada, inoportuna o improcedente procesalmente hablando- de la reciente sentencia dictada en el caso Gurtel. Me pregunta y le respondo que con deportividad me lo estaba tomando.
Me pregunta también cómo estaba tomando la otra sorpresa de los días, la dimisión del entrenador del Real Madrid, Zidane, y le respondo lo mismo: con deportividad igualmente me lo tomo.

Al decir “con deportividad”, quiero decir con calma, sin aspavientos, con cierto gracejo incluso, sin perder el sueño ni las ganas de comer y en disposición psicológica de ”a verlas venir”. O, como dice mi sobrino Gelín cuando jugamos al tute, en actitud espectante, de “oro baio y a esperar”. “A verlas venir” sobre todo, porque en los dos casos –el del nuevo presidente y el del maduro entrenador- hay trastienda, y el futuro, más pronto que tarde, despegará las telarañas que causan ahora mismo asombros, incertidumbres y hasta incredulidad en gentes de buen sentido y mejores luces.

Pero como de reflexionar se trata y de leer las entretelas de los “hechos” –siempre digo que “los hechos hablan” a quienes los interpelan con objetividad y con respeto y ambas cosas las procuro siempre que los miro-, esta deportividad de que hablo no me lo va a impedir en este trance, sin duda histórico, desconcertante y lamentable para muchos y posiblemente dramático –otra vez el drama salpicando la historia patria- de nuestras pertinaces “dos Españas”, una mitad maldición y la otra mitad, ganancia de “pescadores a río revuelto”.

No quedarse “pasmaos” e “insensibles” ante “la política” de tu país y decidirse a meterse algo en ella no es descaro, sino riguroso deber cívico.
Ortega y Gasset –lo saben bien mis amigos y conocidos- es uno de mis mentores o guías por los caminos –no siempre fáciles y abiertos- del pensamiento lógico y del no ceder nunca ante la farsa o el “cuento chino”. Y cuando se trata de sus temas favoritos –el de la política y los políticos es uno de ellos-, procuro no dejar de mentarle. Porque sus ideas lo merecen y además me van bien. Por eso, y aunque peque de reiterativo, ante los hechos de hoy, no me privo de ofrecer a mis amigos -y a quien me quiera leer sin gafas de aumento ni pre-juicios de villano- unas frases suyas que van con los primeros compases de El Espectador y que pueden servir de ayuda a los que -aunque preocupados, porque la cosa no es para menos- se deciden, a pesar de todo, a mirar con deportividad y en positivo el momento presente.
Dice Ortega al caro, lejano e ignoto amigo, que le reprochaba quedarse en mero espectador en medio de las refriegas, varias cosas interesantes, hoy como ayer, sobre el quehacer político. E insisto: aunque ya en otras ocasiones las he mentado, ahora que vienen como anillo al dedo, no me siento mal volviéndome a ellas. Tomemos nota.
Escribía Ortega por febrero-marzo de 1916 y aunque, desde entonces, haya llovido mucho, secundado por sequías pertinaces, en esta “piel de toro” no han cambiado tanto las cosas como para ver en Ortega un habitante de otra galaxia. Casi todo lo que dice es tan actual ahora como hace un siglo. Es lo que tienen los clásicos en algo. Y en política, Ortega –socialista y de los de pro- lo fue con su ciencia mayestática y con sus andares y quehaceres en la política de su tiempo, que fueron los de la 2ª república nada menos.
“La vida española nos obliga, lo queramos a no, a la acción política. El inmediato porvenir, tiempo de sociales hervores, nos forzará a ello no mayor violencia. Precisamente por eso, yo necesito acotar una parte de mí mismo para la contemplación. Y eso que me acontece, acontece a muchos…”
“Desde hace medio siglo –y nos metemos en pleno siglo XIX-, en España y fuera de España, la política, es decir, la supeditación de la teoría a la utilidad- ha invadido por completo el espíritu. La expresión extrema de ello puede hallarse en esa filosofía pragmática que descubre la esencia de la verdad, de lo teórico por excelencia, en lo práctico, en lo útil. De esta suerte, queda reducido el pensamiento a la operación de buscar buenos medios para los fines, sin preocuparse de éstos. He aeuí el pensar utilitario”… “La pasada centuria se ha afanado harto exclusivamente en allegar instrumentos: ha sido una cultura de medios…”, mucho más que de fines y de metas.
“Situada en su rango de actividad espiritual secundaria, la política o el pensamiento de lo útil es una saludable fuerza de la que no podemos prescindir. Si se me invita a escoger entre el comerciante y el bohemio, me quedo sin ninguno de los dos. Mas cuando la polítrica se entroniza en las conciencias y preside toda nuestra vida mental, se convierte en un morbo gravísimo. Y la razón es clara. Mientras tomemos lo útil como útil nada hay que objetar. Pero si esta preocupación por lo útil llega a constituir el hábito central de nuestra personalidad, cuando se trate de buscar lo verdadero, tenderemos a confundirlo con lo útil. Y esto, hacer de la utilidad la verdad, es la definición de la mentira. El imperio de la polìtica es, pues, el imperio de la mentira”.

¿No os parece, amigos, que recordar –ahora, en este trance a todas luces “expectante” de nuestra historia contemporánea- unas aseveraciones tan luminosas como rotundas de un tal José Ortega y Gasset puede servir de acicate para mirar lo de hoy con deportividad, en el sentido indicado?.
Porque así lo creo, así os lo digo. Sin rebozo y con buen animo, por si las negras conjeturas del caso aún pudieran tener reverso de alegres previsiones.

Por estas razones y animado por ellas, no me voy a privar hoy, en una primera entrega y a bote pronto, de soltar unas cuantas reflexiones, en atisbos solamente, al aire de la defenestración de Rajoy y el encumbramiento subitáneo de don Pedro Sánchez; sin elecciones democráticas, que es como deben subir al Poder los gestores del “pueblo soberano” -no se olvide que, en democracia, hay veces que lo legal, por muy legal que sea, y la moción de censura lo es, se topa de frente con lo limpiamente democrático-; y con la “santa compaña” -ah, lo de la “santa compaña” qué cerca tiene lo de las “malas meigas”!- de sus muy dudosos compañeros de viaje; sin que alivie mucho en este caso lo de Fraga en sus tiempos: que la política hace a veces extraños compañeros de cama. No parece normal –al menos, a mí no me lo parece- subir al Poder a hombros de rufianes, de racistas, de provocadores o de felones comerciantes de bicocas y de cupos, de populismos de chalet y “escraches”, sin abonarse gratis a hipotecas insufribles o a chantajes demoledores. Perversa es toda esclavitud, pero mucho peor es la esclavitud voluntaria. Y -si no- que se lo pregunte el Sr. Sánchez a Etienne de la Boëtie, leyendo –hay edición en castellano si quiere ahorrarse buscar la edición francesa- su interesante Tratado sobre estas clases de esclavitud. Es aleccionador y no tiene desperdicio. ¡Palabra!!!

¿ALgunas de mis reflexiones y atisbos?
Hoy solamente algunos. Otro día, más.

-Hoy es un día para la Historia. Lo estoy oyendo decir a casi todos. Lo que pasa es que esta es una historia que aún no se ha escrito, porque no está hecha, y los hechos que la han de hacer van a ir viniendo más pronto que tarde para darle cuerpo, color y tonos. Sus hechos los veremos sin tardar, seguramente.
-¿Será de fiar el hombre que ahora promete consenso a raudales cuando ha pasado años siendo el hombre del “no es no y siempre lo será”?
-¿Será leal quien pide ahora lealtad sin medida a quienes él se la ha dado a cuentagotas, con reticencias y poniendo palos en las ruedas de la carreta? ¿Quién puso frenos, por ejemplo, a la aplicación del art. 155 de la Constitución?

Mi amigo Jesús –después de hablar un rato de esto y de otras cosas (de nuestras aficiones comunes concretamente)- me pone en el brete de un reto que acepto. Verás -me dice- lo poco o nada que va a tardar Pedro Sánchez en convocar elecciones, dando -como debe ser en buena democracia- la palabra al pueblo en situaciones como esta. Ni de “coña”, le contesté. Ni lo pienses. Te apuesto una comida de “garbanzos con callos” en Trabadelo, y con café, copa y puro –aunque no seamos fumadores ni tú ni yo- a que no veremos caer esa breva. Él aceptó la apuesta y yo, el reto. ¡Ojalá me equivoque y el nuevo Sr. Presidente del gobierno de España se decida a llamar a la democracia por su propio nombre y no con seudónimos.
Por lo pronto, hoy mismo está repitiendo su cantinela de que “España es una nación de naciones” y el baile con las hipotecas está programado y a punto.

De todos odos y en aras de la deportividad, como dice mi sobrino cuando jugamos juntos al tute: “Oro bajo y a esperar”
Deportividad. A verlas venir. Y a la espera –¿será posible?- de perder la apuesta con mi amigo y comerme los “callos con garbanzos” pagados de mi bolsillo. Ojalá me equivoque en los cálculos, aunque tengo pocas esperanzas. Prometo que los 15 euros del menú los pagaría con sumo gusto.
Más bien se verán venir otras cosas antes que las elecciones….. Pero he de callarme ya para no traicionar la deportividad con que estoy encarando –o, al menos, lo intento- esta hora incierta –de las más- de nuestra moderrna historia democrática.
Y me voy -para cerrar ya estas reflexiones de hoy- a mi poeta moderno favorito, a mi querido don A. Machado en esa letrilla en la que parece esperar contra la esperanza, pero que da confianza hasta en medio de las tormentas o en las noches cerradas: “Esa España inferior que ora y bosteza, vieja y tahúr, zaragatera y triste; esa España inferior que ora y embiste; cuando se digna usar de la cabeza, aún tendrá luengo parto de varones, amantes de sagradas tradiciones y de sagradas formas y maneras…”.

Y en éstas, sólo cabe pedir: “Pueblo, despierta”, para que no te ocurra lo que ya Quevedo pronosticara en el cap. XXXV de La hora de todos y la fortuna con seso: que a pueblo necio e ignorarte, ganancia de los tiranos. Por precaución o tal vez por supervivencia, con deportividad también porque la deportividad no está reñida con las verdades, anoto esta idea para cerrar.

SANTIAGO PANIZO ORALLO


Mi pueblo

31.05.18 | 12:47. Archivado en Acerca del autor

MI PUEBLO

Hoy –en un Supra de Alsa, con salida de Madrid a las dos y media de la tarde- viajo a mi pueblo, para estarme allí hasta –más o menos- el 10 de junio, en que habré de volverme unos pocos días a la capital del Reino. Por eso, mis reflexiones hoy se mecen -más que al son o el compás de unos hechos o de unos pensamientos e ideas que me llegan de fuera- al de las sensaciones que me van tomando mirar los paisajes desde la ventanilla del autobús. También las sensaciones han de tener su pizca –o tal vez mas- de “mando en plaza” para el buen gobierno de las vidas; y más todavía si son positivas como las que a mí me embargan hoy.

El viaje –dando de lado a las más de cuatro horas empotrado en el asiento y el monótono run-run del motor- ha sido normal. Lo dediqué, en parte, a contemplar el paisaje de esta Castilla llamada La Vieja, así llamada tal vez por su indubitada condición de añosa raíz de las Españas o quizás por su adusta faz de líneas rectas y planicies de horizontes abiertos que invitan a pensar más en años que en fogosas juventudes. Ancha y abierta es Castilla, en el mejor sentido de los dos adjetivos. Casi siempre parda y agostada, es una delicia verla ahora verdeante, risueña y vegetal, en una primavera sin arrogancias pero verde y esperanzadora como todas las primaveras, hasta las más humildes y austeras.
A la vez que contemplaba, pensaba; en las cosas que pasan o nos pasan; en esas cosas de todos los días que, si no siempre son para tirar cohetes, tampoco lo son para poner cara de vinagre o pegarse un tiro. Y también en las cosas de algunos días, esas otras que, al ser imprevistas y en ocasiones inoportunas, se resisten a pasar sin pena ni gloria.

Otro espacio del viaje lo dediqué a escribir el bosquejo de un ensayo sobre Babel, aquella torre tan bíblica como mitológica y sugerente, que -la víspera de Pentecostés, es decir, mañana mismo- trae a colación la Iglesia para contrastar la primigenia comunidad de lenguas con esa otra diversidad tantas veces arbitrada para romper la unidad del hombre y hacer así, de un universo ideal e idílico, un pluriverso de antagonismos irreconciliables y humanamente perniciosos.

Y en éstas andada cuando, pasada la media tarde, el Bierzo nos daba la bienvenida, exultante y con brazos también de primavera esplendorosa y risueña. De espectacular se puede calificar este año la primavera, tras lluvias y lluvias y un invierno empeñado en no irse por las buenas…. Pues, o mucho cambia en estos días próximos, o el “cuarenta de mayo” nos va a coger con el “sayo” a cuestas y haciendo rogativas para que cese de llover… De todos modos, disfrutar de la primavera berciana, aunque sea por pocos días no deja de tener alicientes.

Al bajar en Ponferrada del autobús, una nueva sensación y un deseo se asoman a mi horizonte personal: la sensación de estar en casa y a gusto, y el deseo de respirar hondo para no perderte nada de los aires de la tierra que te viera nacer. Al llegar a casa y aliviarme un poco, dedico un rato antes de la cena a escuchar a Nino Bravo y, en concreto, esa canción que, dedicada a su tierra, que tiene palmeras y tiene montañas, pero tiene también “el mismo sol que otras rierras”. Y me dije, tras oír esa canción mayestática para curas de nacionalismos rabiosos o subnormales, que sin duda me siento ufano de mi Bierzo, pero no hasta el punto de no reconocer, y admirar también –sin mirar por encima de los hombros a nadie- las bellezas y las bondades de ese “sol de todos” que unifica a los hombres por encima de lenguas, de particularismos, de idiotizados fanatismos y de los cuentos y las mentiras de quienes, hasta siendo cretinos como cualquiera pueda serlo sin abdicar de ser hombre, se pirran por lo suyo, pero sin menosprecio de lo demás….

Y aquí, en este punto, retorné con la mente a la Babel aquella en que unos hombres, obsesionados, emperrados, en edificar una torre que llegara hasta el cielo –lo del “asalto al cielo” tiene solera y veteranía “chulescas” en la historia humana-, cambiaron el “progreso humano” por por un os egocentrismos patógenos. “Tú lo qusiste” valdría tal vez comentar con el “fraile” aquel

Tras mi cena habitual de una sopa de fideos y un yogourt y después de estarme un rato tratanto de contar estrellas desde mi baslcón, con la silueta del convento de las monjas de mi pueblo en le retina e intentando escuchar, como antaño, al ruiseñor velando enamorado a la madre de sus polluelos –hace mucho que es intento vano oír al ruiseñor en las noches de abril y mayo-, se voy a la cama, aunque no sin antes rememorar ese poema de A. Machado “al olmo seco”; de tantas aplicaciones filosóficas, o no tan filosóficas; y más en estos días del renuevo y del milagro primaverales. ¿Por qué no, si a ratos llueve y a ratos hace sol?. Lean el poema y verán si es o no posible…
Mañana –me digo al acostarme- será otro día. Y el Dios de ese sol que es el mismo para un sueco que para un americano, para un asiático que para un negro de Tanzania, nos ayude –a los que creemos en Él cuando menos- a usar más la cabeza y algo menos las vísceras cuando de estas cosas tan de comer a diario se trata. Que nos incite y ayude a pensar un poco antes de soltar la lengua y hacer bobadas. Un viejo amigo del pueblo -farruco y suficiente él- es partidario de hacer prinero las cosas y después pensarlas y hasta se ufana de esa fantasía de falsa racionalidad. Después de preguntarle, una y otra vez, si le salen bien con ese método, le suelo decir –para su consuelo- que hay quienes no las piensan ni antes ni después de hacerlas….
Él se ríe y yo me río, porque como dice Iñaki Linazasoro en uno de sus libros de humor, hay que reírse, a pesar de todo. Mañana será otro día.

SANTIAGO PANIZO ORALLO

NOTA POSTDATA.
Mis queridos amigos.
Perdonadme que os haya dejado de lado estos pasados días, desde que me vine al pueblo la tarde del 17 de mayo actual. No me avengo bien con estas técnicas ultra-modernas de la comunicación on-line (¿se dice así?) y me cuesta encararme “vis a vis” con estas –tan fáciles para muchos- “historias” de “fibras ópticas”, de “ruter”, de “wi.fi” y demás zarandajas de comunicaciones por estas vías, tan importantes por otro lado para estar y vivir en este tiempo y en este mundo. Cosa de preferencias generacionales, me digo yo. Me apetece más, por ejemplo, leer un libro de papel que uno virtual. Cuestión de gustos, así mismo diría.
El hecho es que han pasado días y días sin tener del todo a punto esta vía de contacto. Perdonad, insisto.
Poco a poco –y asociado a lo actual de cada día- os iré pasando mis reflexiones, esas que aguantáis pacientes dando muestras de una esquisita amistad. Mis gracias por ello. SPO


Viernes, 20 de julio

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