A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

Todo sigue igual (los independentistas mandan)

19.02.19 | 07:40. Archivado en Artículos

La irrupción política de Vox no ha cambiado lo más sustancial de la política española: el mapa electoral.

Con ella o sin ella, con Ciudadanos o sin ellos, la polarización política en España se mantiene: la mitad de los ciudadanos se escora hacia la derecha y la otra mitad hacia la izquierda; vamos, como en cualquier otro país democrático y desarrollado.

No es cuestión de que al PSOE lo dirija Pedro Sánchez u otro menos voluble y radical que él, de cómo le vaya a Podemos, o de si al PP le surgen disidencias a su izquierda y derecha. Al final, la suma de sumandos cuadra: la mitad de los electores prefiere conservar las cosas más o menos como están y la otra mitad cambiarlas, con el riesgo y la incertidumbre que eso supone.

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Quiero que me juzguen en España

13.02.19 | 07:53. Archivado en Artículos

Sólo he asistido a juicios en Estados Unidos y en España. Si algún día soy procesado —Dios no lo quiera—, prefiero que se me juzgue aquí que en Estados Unidos. Y si alguien tiene alguna duda, que recuerde el caso de Pablo Ibar.

Éste, acusado de matar a tres personas en 1994, lleva 24 años preso, 16 de los cuales en el corredor de la muerte. Ahora, acaba de volver a ser condenado en un cuarto juicio y, todo, por unos testigos poco fiables y unas fotos borrosas.

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La concentración de "las tres derechas"

11.02.19 | 08:04. Archivado en Artículos

Me siendo incapaz de valorar el resultado numérico —y menos aún la incidencia política— de la concentración patriótica en Madrid este domingo.

Probablemente tenga razón el titular de portada a toda plana de El Periódico de Catalunya cuando dice: “La derecha pincha”, aunque yo le quito la indisimulada dosis de satisfacción de quienes se colocan inequívocamente contra ella. Ya la misma víspera, Anthony Garnet, en una viñeta presuntamente humorística, situaba tras una bandera de España con el lema ”Franco & Co.”, al dictador fallecido hace 43 años junto a Santiago Abascal, Pablo Casado, Albert Rivera y unos siniestros personajes que podrían encarnar el horror o la muerte.

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Relator, mediador o secretario

06.02.19 | 07:36. Archivado en Artículos

No sé cuál de las acepciones de la figura del intermediario acordado entre Los Gobiernos español y catalán es peor. Ninguna, sin embargo, augura nada bueno.

Suponemos que no se trata exactamente de alguien que se interponga entre dos poderes en conflicto, porque se trataría entonces de un mediador que pretendería aproximar las posturas de dos partes iguales enfrentadas entre ellas, que es para lo que acaba de ofrecerse en Venezuela el Papa Francisco I.

Si eso fuese lo conseguido por Joaquim Torra, prácticamente habría ganado ya su pulso al Estado español, al convertirse en un parigual de Pedro Sánchez, quien habría trasmutado de hecho a Cataluña en un sujeto político igual que el Reino Unido o Marruecos en sus relaciones con el resto (mutilado) de España.

Si sólo se tratase de un relator (véase aquí la importancia traicionera de la semántica), podría ser lo que las Naciones Unidas consideran un experto independiente para examinar e informar sobre la situación de un país o de un tema concreto de los derechos humanos, lo que resultaría la bomba y que, afortunadamente, no parece ser el caso, sino sólo el de un modesto secretario que tome nota de lo que se habla, dado que las partes no se fían una de otra.

Nos quedaríamos, pues, con que en cualquier caso cada interlocutor no confía en el otro y es preciso que alguien transcriba lo dicho, no vaya a ser que se malinterprete o llegue a usarse torticeramente. ¡Menudo panorama! Pues bien: hasta en esta sencilla acepción nos hallamos ante una rendición sin ambages por parte del Estado. ¿Se imaginan que fuese necesario ese relator entre el Ministerio de Hacienda y cada uno de los contribuyentes para dar por buena su declaración de renta?

Sin llegar a caer en lo ridículo, otros ejemplos más fáciles de entender serían una reunión de mancomunidades de municipios que necesitase el susodicho relator, o que se usase éste para interpretar los términos del trasvase Tajo-Segura o en las negociaciones entre el Ministerio de Fomento y las localidades por las que ha de pasar una autovía.

Todo esto, además, con la pretensión (afortunadamente prescindible) del carácter internacional del relator. Una humillación internacional semejante sólo la han aceptado, que yo sepa, los países derrotados en alguna contienda bélica. Aquí, sin rendición de armas, ya ven si hay o no un buen motivo de reflexión.


Distintos conceptos de autoridad

04.02.19 | 07:31. Archivado en Artículos

Ha causado estupefacción la detención en Estados Unidos del español Adrián Mato, la fianza judicial que le han impuesto de 10.000 dólares y el proceso en el que se enfrentará a diez años de cárcel por agresión a un agente de policía y resistencia a la autoridad.

Todo, por una violenta trifulca en el palco de un partido de la NBA, comenzada con sus insultos a otro espectador.

Ya ven cómo se las gastan en USA. Supongo que al joven gallego, de sólo 23 años, todo esto le parecerá surrealista, acostumbrado como está a que en su país cualquiera, desde un miembro de los CDR a un okupa, pasando por un jubilado o un taxista, pueda agredir a un miembro de las fuerzas del orden y salirse de rositas.

Es que aquí, y en general en una Europa garantista, priman los derechos de la gente en general, aunque se exceda cometiendo algún delito en su ejercicio. En Estados Unidos, en cambio, el orden es la garantía de los derechos ciudadanos y los defensores del orden y de esos derechos son precisamente las fuerzas policiales.

Puede haber excesos de unos y otros, por supuesto, pero para dilucidar si eso sucede ya están unos Tribunales de Justicia, llenos de garantías, recursos y apelaciones.
Lo que Adrián Mato no sabía, como la mayoría de sus compatriotas, es que allí un policía es sagrado, entre otras cosas, porque se juega la vida defendiendo la seguridad pública. Lo que ocurre es que el concepto de ésta, como el de la autoridad que la cuida, es diferente aquí de allí.

Dos anécdotas, si quieren grotescas, ilustran esta afirmación de cuando yo vivía en Nueva York. Una, la joven danesa que tomaba el té en una cafetería con una amiga, mientras dejaba el cochecito de su bebé al otro lado de la puerta para que le diese el aire: fue acusada de abandono de un menor. Tal cual. Otra, tres atletas españoles de los Juegos de Atlanta pillados en un atasco, bajaron a mear en medio de la autopista: fueron retenidos por desórdenes públicos.

La moraleja de esta historia sería, entre varias otras, que cuando salgas al extranjero te dejes la belicosidad en casa, ya que en otros lares no suelen atar los perros precisamente con longanizas.


Miércoles, 22 de mayo

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