Espero que este año Unamuno que ha comenzado no sirva para la apropiación de su persona “por los hunos y por los otros”, como diría el propio don Miguel, ya que nuestro cainismo ancestral suele utilizar su figura como arma arrojadiza contra los adversarios políticos.
Eso sucede ahora, claro está, porque en vida “fue el único intelectual represaliado por los dos bandos” enfrentados en nuestra guerra civil, como recuerda Luciano G. Egido.
Ese hecho lo define con precisión Andrés Trapiello en su magnífica y ecuánime obra Las armas y las letras, que trata del papel de los escritores en aquella contienda: “Unamuno, que creía en la justicia de las dos Españas, se quedó sin ninguna”. Y es que, en palabras del antiguo rector de Salamanca, optar entre “los unos con sus rebaños, y los otros, con sus hordas” no era más que un triste dilema de incivilidad.
Todo esto, por fortuna, sucedió hace 75 años, pero hay quien se obstina en perpetuarlo en el presente. Por eso hemos tenido, cómo no, ofrendas por separado a Don Miguel y polémicas tan anacrónicas como la de devolver al difunto su acta de concejal.
En esa línea de mantener en plena vigencia los motivos de enfrentamiento entre españoles, algunos le buscan las vueltas a la llamada memoria histórica, hurgan en afrentas periclitadas y actualizan odios prescritos. En cambio, otros países con desgarros internos más recientes han conseguido mirar hacia adelante en vez de hacerlo por el retrovisor de la historia.
Peor, si cabe, es lo que le sucede a Unamuno en su País Vasco natal. Él, que tanto hizo por el vascuence y tanto orgullo mostró de sus orígenes, casi está proscrito en su tierra, donde apenas quedan huellas de su persona, como no sean aquellas periódicas pintadas de “cabrón españolista” en la fachada de su casa bilbaína.
Razón de más para este nuevo homenaje de la Salamanca que tanto amó Don Miguel y que tanto le debe a la inmensa talla intelectual de su rector. Y es que, al final de tanta ingrata peripecia, Salamanca es de Unamuno y Unamuno pertenece a Salamanca.
Por eso creo, además, que este año Unamuno puede ser un espléndido reclamo para que sus admiradores —que los tiene, y muchos, dada la permanente actualidad de su obra— se acerquen a la capital salmantina, como prevé su alcalde, Fernández Mañueco.
Sólo faltaría, para acabar, que con la disculpa de este aniversario la gente relea al autor de Niebla, Del sentimiento trágico de la vida y muchas otras obras igual de vigentes.
Es una pena que un personaje de su talla intelectual, polifacético y polémico, no tenga hoy día la resonancia que merece. jalá que este 75 aniversario de su muerte sirva para desempolvar un poco su figura.
Por lo visto ahora toca la hagiografía de Unamuno y no debe ser eso.Si el articulista considera importantes las obras de Unamuno hable de ellas y recomiende las que crea mejores, pero no mezcle la obra del filósofo con su vida personal, que a mi juicio no era tan buena.Este filósofo era un prepotente de órdago, llamó imbéciles a todos los españoles, puesto que insultó a los rojos y a los azules e incluso exigió a Dios que se le presentara para poder creer en Él.Independientemente de su obra, no me gusta la figura de Unamuno, porque no me gustan los prepotentes. Por cierto todas las personas sabias que conozco suelen ser humildes de naturaleza.A lo mejor Unamuno es una excepción.
Salvando las distancias, también a Vd., Sr. Arias, le debe mucho Salamanca. Como salmantino, muchas gracias.
Muy buen artículo, me alegro que recuerden a Unamuno. Un afectuoso saludo
Hablas de la tierra de Unamuno como si no tuvieras nada que ver con ella, como si no fuera la tuya, como si al final te hubieras hecho de Salamanca tú también.
Creo que hará bien Salamanca si se queda con vosotros dos, Unamuno y tú.
Martes, 29 de mayo
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel