Julian Assange no ha sido el inspirador de las revueltas en los países árabes, por supuesto, pero su portal Wikileaks sí ha tenido que ver, y mucho, con el tiempo y con las formas de ese movimiento revolucionario.
Hasta hace unas semanas, como quien dice, cualquier crítica hacia las satrapías que mal gobiernan aquellos países sólo era interpretada como una falsa y odiosa propaganda imperialista. Lo bueno de Wikileaks ha sido desvelar algo que la diplomacia norteamericana mantenía para exclusivo uso interno, lo que le ha dotado de absoluta credibilidad.
Gracias a la filtración de esas informaciones, los súbditos de los regímenes corruptos desde el Magreb hasta el Golfo Pérsico se han enterado del expolio sistemático realizado por la esposa de Ben Alí en Túnez, la fortuna en el extranjero del egipcio Mubarak o el delirante despilfarro de los hijos de Gadafi.
Y no sólo lo han creído sino que ya no lo quieren aguantar más.
Muchos jóvenes árabes —como los de otros países también sumidos en la pobreza y la represión—, pese a la generalizada propaganda anti USA, calzan los mismos sneakers que sus colegas del Bronx, imitan sus comportamientos, ven idénticos clips musicales y al igual que ellos utilizan Facebook y otras redes sociales.
Esa socialización del mundo global, ese peligro de contagio de la libertad, es lo que perturba a todas las dictaduras, desde la cubana hasta la de Pekín, pasando por histriónicos personajes como Hugo Chávez.
Y es que una vez que la gente ha descubierto la democracia, con todas sus dificultades e imperfecciones, ya nunca más quiere vivir sin ella.
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Al final todo queda a medio camino, como lo demuestran la contraofensiva de Gadafi, el inmovilismo de Arabia Saudita, el discursín de Mohamed VI y otros maquillajes políticos en Oriente Medio.
El problema no es que haya muchos tiranos en el mundo árabe. El problema es que no hay solo tiranos en los países árabes, sino en gran parte de los países que se sientan en la ONU: desde Birmania a Zimbabwe y desde Guinea Ecuatorial a Azerbayán y nadie hace nada de nada para evitarlo.
Así que por vestir igual que un occidental ya creen en EE.UU., vaya... que argumento tan contundente. Y si "ese peligro de contagio de libertad" es lo que teme Cuba, según usted, ¿por qué en los cables de wikileaks encontramos informes de funcionarios del gobierno estadounidense que afirman que en Cuba apenas hay oposición y que por ello se debería invertir más para crear más descontento?
Martes, 29 de mayo
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel