Lo siento por aquellas personas que se creen unos seres únicos e irrepetibles. Lo cierto es que no somos originales ni siquiera en nuestro propio nombre.
Pude verificarlo tras haber creado el protagonista de una modesta novela, El ejecutivo. Lo llamé Miguel Ángel Astiz, porque me pareció un nombre eufónico y plausible, altamente improbable que coincidiera con ningún otro de la vida real.
Pues me equivoqué. Meses después de estar el libro a la venta, recibí una llamada de la editorial:
—Oye: un tal Miguel Ángel Astiz pregunta por ti.
—¿Cómo dices? Estarás de coña…
—Ya sé que suena a cachondeo, pero es la pura verdad.
Lo era. Afortunadamente para mí, el hombre no llevaba ninguna aviesa intención sino que, enterado de la coincidencia onomástica, sólo sentía curiosidad por el hecho producido y quería saber cómo era el personaje homónimo de la novela.
A mí también me intrigó la circunstancia y después de una profunda introspección puedo jurar que mi elección no había respondido a que hubiese conocido el nombre con anterioridad, ni a ningún acto fallido que diría Freud, ni a otras oscuras o recónditas motivaciones, sino simplemente a la casualidad.
Intrigado, no obstante por el caso, me puse a bucear por Internet, que es esa especie de santo Grial laico al que todos acudimos hoy día en busca de iluminación. Para mi mayúscula sorpresa, encontré cinco personas con el mismo nombre: un importante ingeniero de puentes, un periodista navarro ya fallecido, un auditor del Tribunal de Cuentas vasco, un arquitecto y hasta un campeón de bochas, que ni siquiera sé lo que es.
Estupefacto, me atreví a introducir mi propio nombre en el buscador informático. Ni les cuento la cantidad de Enrique Arias que hallé: de manifestarnos todos a la vez coparíamos la Plaza Mayor.
A partir de ese momento he experimentado una obligada cura de humildad. No soy nadie especial, me he dicho, sino alguien intercambiable, tanto, que ya temo recibir alguna multa de tráfico, citación judicial o embargo que a lo mejor es para otro pero, dado que todos nos llamamos igual, a lo peor me cae a mí.
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Hola Enrique:
Casualmente soy la hija y hermana de dos miguel angel astíz, uno es el periodista Navarro ya fallecido que haces referencia y sigue vivo en mí ya que no le olvidaré nunca, y otro mi hermano que costumbre de aquellos tiempos decidieron ponerle el nombre del padre al ser el primer varón de la familia.
san Miguel es muy venerado por la familia por lo que los varones llevan el Miguel por nombre en
formas compuestas.
Un saludo
Maite Astíz
Mirar el nombre de uno en google no es más que vanidad. Es igual que tener un blog o hacerse del facebook para fardar de amigos.
He oído esta mañana en la radio que todos los días miles de personas se meten en la red para ver qué se pone de gente con su nombre y apellido. Decía el periodista de la radio que esa afición tiene un nombre en inglés que ahora no recuerdo.
Martes, 29 de mayo
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel