El aeropuerto valenciano de Manises opera a la mitad de su capacidad y, aun así, va a menos. No se entiende, pues, que en este país, que no es Estados Unidos, exista medio centenar de aeropuertos y alguno más esté en construcción.
El último fiasco es el de Ciudad Real, capaz de que aterrice en él hasta el gigantesco Airbus A-380, y que se encuentra en quiebra técnica. En él enterró 400 millones Caja Castilla-La Mancha, lo que precipitó la ruina de la entidad financiera.
No les cuento, pues, lo que puede pasar con el de Castellón, a punto de finalizarse. Proyectado para una cifra de turistas inalcanzable, los cuales visitarían el inexistente complejo de ocio Mundo Ilusión, constantemente pospuesto, su rentabilidad parece imposible. Por cierto: en plena crisis, el invento aeroportuario le costará al erario valenciano la friolera de 200 millones.
Les explico todo esto para que en Salamanca no se hagan demasiadas ilusiones con Matacán. Pero tampoco con los otros tres aeropuertos de nuestra Comunidad.
Volar ha dejado de ser una ventaja para convertirse en un incordio: asientos cada vez más incómodos, disminución de prestaciones a los pasajeros, trámites de embarque más premiosos… No sólo hay que llevarse el bocata de casa para comer en el avión, sino que las compañías ya piensan en cobrarnos a los viajeros hasta por orinar.
Luego, claro, está lo de la seguridad. Menos desnudarnos antes del embarque —aunque todo llegará—, en los controles nos someten a todo tipo de humillaciones y toqueteos. No digo que sea innecesario, tal como están las cosas, pero no resulta en absoluto placentero, incluido el tener que rehacer el equipaje de mano, en el que nos han revuelto hasta las fotos de la primera comunión.
Lo paradójico es que en los trenes, donde se han cometido más atentados que en los aviones, a los usuarios no nos practican un escrutinio tan exhaustivo. Otra ventaja más del ferrocarril. Con el aumento de la red ferroviaria, los trenes de alta velocidad y la modernización de la estaciones, hoy día lo de viajar en avión es un atraso. ¿Para qué, pues, seguir construyendo aeropuertos cuando, además, ya no le queda un duro al Estado?
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Aquí hemos estado haciendo obras faraónicas como si fuéramos ricos y ahora que ha llegado la crisis no sabemos cómo llenarlas: inmensas terminales de aeropuertos, puertos deportivos, palacios de la música, estudios cinematográficos, etcétera, etcétera
Otra cuestión es si sobran aeropuertos....
Es cierto que España tiene una de las redes más tupidas de aeropuertos del mundo, en parte por su "vocación turística", y que sólo son rentable (pero mucho) unos pocos. Pero quizás el problema no esté en poner menos aeropuertos, si no en cambiar el chip, hacer dos tipos de vuelos:
1.- Los internacionales, con todas las medidas de seguridad y embarques y aviones grandes.
2.- los de "tercer nivel" con sus aviones de hélice o pequeños reactores, donde se use el sistema del autobus: llegas, pasas el sistema de seguridad (por hacer algo más), y llevas tú tu equipaje al avión, se coloca en bodega allí y se entra a patita en el mismo... con eso se garantiza que la gente no lleve mil kg (sólo lo que puede transportar andando, sin carritos) y que la maleta que vuela tiene un pasajero (cosa obligada para evitar atentados). Sería barato, rápido y eficaz.
Le pondré unas pocas razones:
1.- Por el precio: en viajes largos es el más barato.
2.- Por el coste: es el único transporte que pagas lo que cuesta, en los demás parte sale de los impuestos, con lo que eso que dices de que "no le queda un duro al estado" es una razón para dejar el tren. En el transporte aéreo pagas en el billete todo: el avión, el combustible, el aeropuerto y las ayudas de navegación (de hecho AENA gana dinero). En cambio, en el tren, las infraestructuras son a fondo perdido (las pagas en los impuestos), en el coche, también, etc...
3.- Por ecología: aunque parezca mentira, el aeropuerto es una carretera de 2-3 km en cada punto de destino, el tren es una línea que divide al país en dos (para las poblaciones ecológicas) y la carretera igual. La contaminación, ¿de dónde sale la energía eléctrica del tren? (jejeje no sean cándidos!).
Sábado, 18 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
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José Pómez
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