La Generalitat expolió el Archivo de la guerra civil arguyendo que los documentos sustraídos pertenecían a ciudadanos privados que deseaban que aquéllos estuviesen en Cataluña.
En cambio, ahora, cuando los herederos de Agustí Centelles quieren que las fotos de su padre vayan a Salamanca, se usa el argumento opuesto: ese material constituye un patrimonio nacional de Cataluña y de ahí no lo mueve ni Dios ni, mucho menos, un contrato para que venga al Centro de la Memoria Histórica.
Ya ven cómo se las gastan algunos.
Y eso que los hijos de Centelles están disgustados por el menosprecio histórico de la Generalitat hacia la obra de su padre, considerado como el Robert Capa español.
A mí, qué quieren que les diga, esa manida comparación no me gusta en absoluto, mucho menos después de leer en el libro de Susana Fortes que el mayor mérito de la obra de Capa pertenece a su compañera, Gerda Taro, ensombrecida por el ego masculino del otro. Con anterioridad, ya se había descubierto que la foto más emblemática de Capa, la del miliciano muerto, era un montaje.
Agustí Centelles, a diferencia de su homólogo americano, tuvo siempre una conducta ejemplar, antes de su exilio, durante él y después de él, sin el auto bombo, el reconocimiento, ni los honores de su colega trasatlántico. Y se jugó el tipo, de verdad, plasmando los horrores de la guerra civil.
Una foto suya, antológica, me la enseñó emocionado en un libro recopilatorio mi admirado colega Josep Pernau. “La descubrí por casualidad en una exposición: es la desgarradora imagen de una mujer arrodillada en la calle ante el cadáver de su marido, muerto en un bombardeo sobre Lérida; lo sobrecogedor es que esa mujer es mi madre, y quien acaba de fallecer, mi padre”.
Esa historia y todas aquellas otras historias de la terrible contienda fratricida pertenecen a todos los españoles, no sólo a los catalanes por el hecho de que Centelles, nacido en Valencia, pasara gran parte de su vida en el Principado. Ésa es, además, la voluntad de su familia y hay que respetarla. Claro que a quienes ya perpetraron un expolio les trae al pairo el seguir cometiendo otros sucesivos en la más absoluta ilegalidad.
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El Tripartito QUERÍA expoliar el archivo de Salamanca, pero quien dió la orden y envió a la Policía para hacerlo, fué una tal Calvo de Sevilla, dirigida por un tal Zapatero de Leon.Que cada palo aguante su vela.
Los catalanes (b ueno, no todos, sólo los que se dedican a enredar) quieren quedarse con todo, con el agua del Ebro, las multinacionales, los archivos, una sobreprima presupuestaria para inversiones y hasta selecciones nacionales propias. Y cuando alguien, como Boadella, los hijos de Centelles y otros les salen respondones, pues eso, arman la marimorena.
Carod y compañía se quieren quedar con todo. Para centralismo, el suyo. Expoliaron el archivo de Salamanca y están dispuestos a expoliar los patrimonios particulares, como el de la familia Centelles, con tal que que los demás no puedan disfrutar de él. Y luego dirán que son demócratas.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel