He llegado a la terrible conclusión de que no existo.
Nadie pincha mis conversaciones telefónicas, en las que tendría entonces que hablar en clave, como Correa y El Bigotes. Tampoco se graban mis comentarios fuera de micro, como a Zapatero o Rajoy, diciendo “¡vaya tostón!” o cosas aun peores.
Claro que tampoco aparezco en la tele a micro abierto, contando amoríos reales o ficticios, como Belén Esteban. Ni siquiera tengo un pariente como Félix Millet, que me enchufe a precio de oro en alguna fundación. Tampoco la Generalitat catalana me encarga hacer informes inexistentes o ficticios, que me bastaría con fusilar de internet.
Simplemente me levanto por la mañana, saludo a mis vecinos, voy al trabajo, cuido de mi familia, pago los impuestos y realizo otras actividades igual de triviales.
Me temo, pues, que en esta sociedad virtual y escénica, banal y extravertida, lo que publicitan los medios de comunicación es lo único real, aunque nunca llegue a probarse, y en cambio la oscura y prosaica cotidianidad sólo parece una quimérica ilusión.
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No es verdad que la mayoría de ciudadanos no existimos. Sólo que no vamos a la tele, como Belén Rueda, o que no nos indemnizan como al señor Goirigolzarri, o no somos unos mangantes como el Millet o el Alavedra. Pero claro que existimos para que nos frán a impuestos, nos atonten con unos medios de comunicación infectos y nos saquen nuestro voto casi a rastras. ¡Miseria de sociedad esta!
No baje la guardia, que con esta gente nunca se sabe...
Martes, 14 de febrero
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Rufino Soriano Tena
Manuel Molares do Val
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Antonio Cabrera
Antonio Javier Vicente Gil
Raúl González Zorrilla
Toni García Arias
Miguel Torres Galera