Con un 18 por ciento de paro en Salamanca y otro 20 por ciento de funcionarios, ya me dirán.
El que haya puesto deliberadamente juntas ambas cifras no pretende ser demagógico, sino que quiere mostrar su carácter sintomático. Solamente la sanidad —primera industria local—, con 5.300 trabajadores, ocupa casi cuatro veces más personas que la mayor empresa privada, el Grupo Limcasa, con 1.500 empleados.
El ejemplo de Salamanca muestra que somos una sociedad volcada a la función pública: es decir, hacia el trabajo seguro, con estabilidad laboral y una retribución que no se mide por los resultados empresariales sino por la simple prestación de un servicio, dicho sea con todos los respetos.
Es más: mientras que en España se reduce el empleo privado, por mor de la dichosa crisis económica, aumenta en cambio la oferta de trabajo público en el conjunto de las tres administraciones —estatal, autonómica y local—, lo que conlleva en ocasiones una multiplicación de funciones por aquello de las transferencias de competencias muchas veces mal resueltas.
Nada tengo que objetar al servicio público, imprescindible y socialmente equitativo, pero no me negarán que seguir aumentando las subvenciones al ritmo que crece el paro y aumentar también el volumen de gasto público corriente —es decir, el sueldo global de los funcionarios— mientras que disminuye la riqueza creada por la iniciativa privada viene a ser pan para hoy y hambre para mañana.
Y eso que entiendo perfectamente la dedicación personal al servicio público como vocación profesional y también como refugio laboral en tiempos de crisis, faltaría más; pero un pueblo que da la espalda a la creatividad y al riesgo, a la acción empresarial y a la innovación económica lo tiene muy crudo en el presente además de dejar un futuro aun más problemático a los que vienen detrás.
En ésas estamos. Y siento repetirme una vez más, pero una sociedad como la salmantina, cuyas tres primeras empresas son la sanidad, la universidad y la cárcel, tendrá muchas realidades dignas de mérito, pero no constituye ningún espejo en el que poder mirarse si aspiramos a salir de una espiral constante de mediocridad.
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El día en que pongan los funcionarios a trabajar se arreglará el problema de la economía española porque se descubrirá que con la mitad se puede hacer lo mismo. O sea, que nuestra productividad subirá al doble.
Es la pescadilla que se muerde la cola, mientras la administración ahoga a las empresas que la sustentan, la propia administración no para de crecer con el dinero de los contribuyentes que tambien la sustentan. Si alguna empresa se vé en dificultades para hacer frente al pago del IVA o cualquier otro impuesto como seguridad social, no tienen otra ocurrencia que cargarles intereses por el aplazamiento, 2O% de recargos y 75% si no cumples con la fecha dada para el aplazamiento ¿Es o no es hundir a una empresa? Es que no han entendido que estamos mal, dejen respirar un poco y no nos ahoguen que al final estallará la desobediencia civil y van a dejar de vivir ustedes del contribuyente ¿No lo entienden? Son ustedes los que cierran las empresas y crean el paro ¿O no? como diría Rajoy. Saludos.
Miércoles, 15 de febrero
Carlos Ruiz Miguel
Avelino Vallina
Raúl González Zorrilla
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Miguel Barrachina
José Pómez
Pedro Fernández Barbadillo