Si Roman Polanski, en vez de un famoso director de cine, fuese fontanero o dependiente de una mercería, no estaríamos hablando de él. Hace ya 32 años habría sido juzgado en pleno anonimato de un delito de estupro y probablemente condenado. Y aquí paz y después gloria.
Pero no. Ante la eventualidad de aquella condena en un país que no se anda con chiquitas a la hora de juzgar a los famosos, puso tierra de por medio, tras haber confesado su delito y pagado bajo cuerda a la familia de la niña presuntamente violada. Eso, hasta ahora, en que una policía más lenta que un expediente de expropiación forzosa lo ha detenido por fin en Suiza.
¿Se imagina alguien a los indignados Pedro Almodóvar, Monica Bellucci, Martin Scorsese y hasta los miembros del Gobierno de Sarkozy desgañitándose por la libertad del fontanero o del dependiente que hubiesen sido acusados del horrible delito de Polanski?
Para empezar, ni se habrían enterado del suceso, perdido éste en las páginas de sucesos de algún periódico local. Si acaso, de haberlo conocido, habrían manifestado su solidaridad con la víctima, en vez de con su victimario y, todo lo más, en un alarde de fría objetividad habrían dicho aquello tan manido de “que la justicia siga su curso” o “confiamos en la independencia de los tribunales”.
Pero, claro, ni el fontanero ni el dependiente son de los suyos. A ésas y a otras profesiones similares sólo se dedica gente menestral, del común, sin imaginación ni talento, carente de la gracia divina de la creación artística que ellos poseen y que les hace acreedores a códigos de conducta diferentes a los de los simples y vulgares mortales.
Ésa argumentación, y no ninguna compasión piadosa, está en el subconsciente colectivo de quienes anteponen la impunidad de Polanski a su posible exoneración judicial, si ése fuera el caso.
Y es que ser un genio en algún aspecto de la vida no garantiza tener una conducta no ya solidaria, sino simplemente normal. Cientos de biografías de famosos nos muestran a tipos vesánicos y maltratadores, autores de crímenes de toda laya y, en definitiva, a personajes que son simplemente egoístas y amorales.
me gustaría tener la versión de Polanski y de la entonces niña....sólo así me permitiría opinar
Vamos con más comentarios. El señor Polanski ha sido mucho más listo que la pobre María José Carrascosa. Ella, como una tonta, volvió a Estados Unidos cuando estaba siendo buscada para juzgarla y así ha accabado en la cárcel. El jeta de Polanski ni se ha acercado a Estados Unidos en 35 años. Ahora le han trincado, pero seguro que él, que no es una pobre mujer valenciana, saldrá indemne de todo este asunto.
Ya sabe usted que la "izquierda caviar" tiene dos varas de medir: una para ellos, otra para los que no piensan como ellos. Al privilegio y al sectarismo, la izquierda lo llama "igualdad".
Viernes, 27 de noviembre
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