Se ha dicho de todo sobre la indemnización estratosférica del consejero delegado del BBVA. Entre las exculpaciones de tamaña desmesura, se han usado inteligentemente dos. La primera, que una empresa privada es eso, privada, y por consiguiente puede hacer de su capa un sayo. Se obvia, sin embargo, que los fondos públicos que reciben estas entidades son para resolver problemas acuciantes y no para poner en casa a sus directivos.
La otra: que más cobran Pau Gasol, Fernando Alonso y otros sin que nadie ponga el grito en el cielo. Al decirlo, se ignora deliberadamente que la vida activa de los deportistas es breve, por definición, y que cobran esas cifras astronómicas por hacer algo, y no por dejar de hacer, que es el caso de Goirigolzarri y compañía.
Pero quiero añadir algo importante: quienes deciden sobre esas indemnizaciones millonarias no son los dueños de las empresas, es decir, los accionistas, sino los propios directivos, que se apropian de ellas y las usan para financiar sus ajustes de cuentas, como fueron en su día los despidos de Amusátegui y Corcóstegui.
Hoy me he levantado de la cama con talante de internauta, así que voy a hacer unos cuantos comentarios. Comienzo por el jeta este de Goirigolzarri y sus millones. ¿A qué se dedica ahora? ¿A tocársela a dos manos viendo cómo los parados no tienen para comer? ¿A hacer buenas obras en una ONG? Me temo que más lo primero que lo segundo y es que si esta sociedad no es injusta que venga Dios y lo vea.
Viernes, 27 de noviembre
Jesús Montesinos
Antonio Javier Vicente Gil
JUAN JULIO ALFAYA
Pedro Fernández Barbadillo
Juan Luis Calbarro
Juan Fernandez Krohn
Avelino Vallina
Silvia Carreño
José Luis Palomera Ruiz
Francisco Rubiales