Como el dopaje en el deporte, la corrupción política ha existido siempre. Ahora, análisis más científicos, en un caso, y jueces más competentes, en otro, permiten su eclosión manifiesta.
Aún está por ver a quién perjudica más la non-nata fusión de las Cajas de Ahorro de Castilla y León. En cambio, el beneficiario, siempre, y por definición, será la clase política dominante.
Una vez más, los presupuestos generales del Estado han quedado en manos de partidos regionales —esta vez el PNV y Coalición Canaria— más centrados, con plena legitimidad, en los intereses de sus comunidades que en los de España.
He llegado a la terrible conclusión de que no existo.
Nadie pincha mis conversaciones telefónicas, en las que tendría entonces que hablar en clave, como Correa y El Bigotes. Tampoco se graban mis comentarios fuera de micro, como a Zapatero o Rajoy, diciendo “¡vaya tostón!” o cosas aun peores.
En una reciente encuesta, el 87 por ciento de los comerciantes de Segovia opinaba que su situación económica es mala. El 13 por ciento creía que lo peor aún está por llegar.
Las cifras son extensibles a otras localidades donde el pequeño comercio ha venido vertebrando históricamente desde nuestros hábitos de consumo hasta las relaciones sociales, desde los itinerarios urbanos hasta las normas de conducta. Sin él, pues, nuestra sociedad resultaría algo muy diferente a lo que ha sido hasta ahora.
Con un 18 por ciento de paro en Salamanca y otro 20 por ciento de funcionarios, ya me dirán.
El que haya puesto deliberadamente juntas ambas cifras no pretende ser demagógico, sino que quiere mostrar su carácter sintomático. Solamente la sanidad —primera industria local—, con 5.300 trabajadores, ocupa casi cuatro veces más personas que la mayor empresa privada, el Grupo Limcasa, con 1.500 empleados.
Somos tontos. Somos suecos. O somos ambas cosas a la vez.
He visto estos días la cara de estupefacción de militantes y dirigentes del PP que defendieron con diligente disciplina las consignas de Rajoy, Camps o Esperanza Aguirre de que el caso Gürtel sólo era un montaje y que ahora, conocida la extensión y la mezquindad de la trama, se sienten con el culo al aire.
Si Roman Polanski, en vez de un famoso director de cine, fuese fontanero o dependiente de una mercería, no estaríamos hablando de él. Hace ya 32 años habría sido juzgado en pleno anonimato de un delito de estupro y probablemente condenado. Y aquí paz y después gloria.
Se ha dicho de todo sobre la indemnización estratosférica del consejero delegado del BBVA. Entre las exculpaciones de tamaña desmesura, se han usado inteligentemente dos. La primera, que una empresa privada es eso, privada, y por consiguiente puede hacer de su capa un sayo. Se obvia, sin embargo, que los fondos públicos que reciben estas entidades son para resolver problemas acuciantes y no para poner en casa a sus directivos.
Un embarazo no deseado es una tragedia para quien lo padece, pero en vez de prevenirlo el método en alza para remediarlo es el aborto, que en España se ha duplicado en ocho años. Ése es el fondo de la polémica actual, más allá de consideraciones morales, científicas o políticas.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel