Hemos querido quitarnos de encima un problema, dejando la educación de nuestros retoños en manos de la escuela, y así nos va a los docentes, a los discentes y hasta a los padres, escudados en nuestra cómoda y cobarde condición de ausentes.
Pero resulta que los hijos de los progenitores más implicados y con mayor preparación intelectual obtienen mejores calificaciones que los otros, según un informe de La Caixa. O sea, que crear un ambiente familiar propicio al estudio no es un hecho banal e irrelevante.
Por consiguiente, los hijos de buena familia —en el sentido académico del término— tienen una ventaja de partida sobre los otros, más expuestos que ellos al abandono escolar.
No hablamos de algo irreversible, por suerte, como demostró en su autobiografía el filólogo Gavino Ledda, a quien su padre pretendió mantener por la fuerza como pastor. Pero sí es lo habitual. Y ello conlleva una doble responsabilidad: al abocar a nuestros hijos al fracaso, indirectamente también se lo hacemos a los suyos. Demoledora hipoteca, pues, para nuestros nietos.
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me parece demasiado breve el artículo para todo lo que se podría decir sobre el tema. Sí estoy de acuerdo con D. Enrique Arias. ¿ no sería imprescindible una escuela para padres?... Soy profesora y madre. muy interesante el artículo
Martes, 14 de febrero
Carlos Ruiz Miguel
Avelino Vallina
Raúl González Zorrilla
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Miguel Barrachina
José Pómez
Pedro Fernández Barbadillo