Todas las universidades españolas son unas venidas a menos. No sólo por su degradación docente, que también, sino porque dada su proliferación y el fácil acceso actual a las carreras universitarias han acabado por banalizar la enseñanza y desprestigiar los títulos académicos. De ahí que haya que agarrarse al Plan Bolonia, no ya como a ese clavo ardiendo de la clásica expresión coloquial, sino como al último tablón que puede salvar al náufrago.
La lógica económica de Rodríguez Zapatero es de un surrealismo perturbador e inquietante. Llevada a su extremo, concluiría con todos los ciudadanos ociosos, pero subvencionados, sin que nadie sepa de dónde sacar el dinero para semejante dispendio.
Los delincuentes catalanes podrán evaluar el trato recibido por la policía: "¿Quiere denunciar a la persona que le ha detenido?”, es una de las preguntas del formulario.
Cambiar el nombre de las calles siempre es un lío. Y hacerlo por la brava, como el alcalde de Salamanca, sin consultar a tirios ni troyanos, supone una peligrosa insensatez.
El PP, en vez de presentar alternativas a la inexistente política económica de Rodríguez Zapatero, se dedica a encubrir la corrupción entre sus filas. El PSOE, en vez de afrontar con imaginación el desastre social al que nos encaminamos, emplea todos sus esfuerzos en linchar a Mariano Rajoy y sus adláteres.
ETA también sigue las encuestas del CIS y quiere que el terrorismo vuelva a ser la principal preocupación de los españoles. Ése es el objetivo inmediato de los asesinos etarras: sembrar el terror y provocar así un sentimiento de indefensión y de entreguismo.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel