Los comerciantes rebajan sus artículos no porque sean unos filántropos, sino para ganar más.
Trasladado ese esquema a la Hacienda Pública, el Estado tendría que bajar los impuestos a fin de aumentar la recaudación.
Lo malo de este año, dicen, es que no se apunta a las rebajas tanta gente como se pensaba. Y es que, o no tiene dinero porque está en el paro, o si lo tiene —los salarios de los empleados han seguido subiendo aunque el IPC descienda— lo guarda en casa, ya que el ahorro familiar se ha duplicado, según las estadísticas.
O sea, que quienes no compran es debido a su desconfianza sobre lo que se avecina.
El mismo cuento se puede aplicar, pues, al Estado: si no baja los impuestos sino que los sube, es porque teme que ni hay brotes verdes ni otras zarandajas y que nuestra economía aún no va a reactivarse. De creer otra cosa, haría como el comercio: a rebajar todo, para así mover el género.
Pero está visto que lo que prima por ahora es la desconfianza; así que ni por ésas.
Jueves, 26 de noviembre
JUAN JULIO ALFAYA
Avelino Vallina
Juan Fernandez Krohn
Julio César Izquierdo
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Rufino Soriano Tena