Vengo de Londres, donde Scotland Yard, que nunca pudo descubrir quién era Jack El Destripador, se dedica ahora a investigar a los políticos que percibieron jugosas subvenciones fraudulentas.
El récord entre los pillos que han cobrado dietas por viajes que no realizaron, ayudas para hipotecas que ya habían vencido, compensaciones a obras inexistentes y otras lindezas por el estilo, lo tiene la baronesa Uddin, miembro del partido laborista. La mujer se reembolsó ni más ni menos que 100.000 libras al declarar como vivienda habitual una casa en la que no habitaba.
En la interminable lista de pícaros desvelada por The Daily Telegraph, figuran políticos de todos los pelajes, con lo que se ve que golfos y sinvergüenzas los hay en cualquier ideología.
Lo más pintoresco de todo es que, al lado de peticiones elevadas y dolosas, algunos parlamentarios reclamaron también auténticas mezquindades: uno, el equivalente a 60 céntimos de euro por la bolsa de un supermercado; otro, 90 céntimos por un par de huevos fritos. Con ello, esos políticos demuestran que, además de tramposos, son unos miserables de tomo y lomo.
Todo esto no quiere decir, sin embargo, que aquí seamos mejores que en el Reino Unido. Nuestra legislación suele ser bastante difusa y ambigua sobre pluses y gabelas relativos a viajes, informes y otras actividades de la clase política. A veces, ha llegado a ser tan rigurosa que la ha impedido hasta ejercer la docencia. En otros casos, en cambio, paga sin chistar faraónicas comitivas a destinos exóticos repletas de deudos y paniaguados.
Y es que nuestra moral resulta mucho más laxa que la de los anglosajones. Aquí, enchufar al hijo de un vecino, llevarse los bolígrafos del trabajo, engañar al Fisco, facturar sin IVA y demás aparentes fruslerías son consideradas, en vez de un delito, prácticas normales y hasta ejemplares, si me apuran.
Por eso, necesitamos una legislación precisa, que permita a nuestros políticos dedicarse tranquilamente a su tarea y no perder el tiempo como los británicos, buscando la manera más habilidosa de sisarnos a los contribuyentes sin que nos demos cuenta.
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Tampoco yo estoy de acuerdo lo que pasa en nuestro pais, y éso de: Tú eres corrupto, pero TU MAS, es una verdadera verguenza, pero ¡qué más dá! que yo la sienta, son ellos la que deben sentirla y no creo que tengan ni pizca.
No estoy de acuerdo con que en España a los Parlamentarios se les permita simultanear su actividad pública con la privada. No les votamos para que sigan al frente de sus empresas, actividades profesionles o cualquier otra actividad privada y, la mayoría, acuda a los Plenos para votar bajo su disciplina de Partido. La gestión pública, ya sea Parlamentaria, Senatorial, Local, etc. es o o debe ser compleja, y por ello se les remunera muy por encima del SMI. No cuestiono sus ingresos y prebendas siempre que ello acarrée su entrega incondicional para el que han sido elegidos.
Igualmente legitimo su cuota de pérdida en sus vidas privadas, pues ha de quedar claro y manifiesto que
por su permanencia en política no se vea incrementado escandalosamente su patrimonio o renta. Quien tema esto es que tiene algo que esconder. Así de claro lo veo.
http://albertilandia.blogspot.com/
Lo de llevarse los bolígrafos del trabajo es muy bueno, la verdad. Pero es el chocolate del loro, señor mío. Aunque como apunte, merece la pena citarse, no es para tanto, creo yo.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel