El primer error es ideológico: los europeos acaban de dar la espalda al socialismo porque no creen que recetas de hace un siglo puedan resolver los problemas de hoy. No les preocupa tanto el proteger a un número creciente de parados como crear puestos de trabajo, tarea para la que confían más en los partidos de derechas.
Un ejemplo próximo: la campaña del partido de José Montilla en Cataluña, con unos carteles en los que se veía a Berlusconi, Aznar, Bush… —¿qué tiene que ver el hombre en esta historia?— y una leyenda: “¿Nos van a sacar de la crisis aquéllos que nos han metido en ella?” Esa apelación negativa, sin ilusión de futuro, le ha costado al PSC 200.000 votos.
Peor le ha ido a Gordon Brown, a sólo dos escaños de convertir al laborista en el cuarto partido británico, y también a la lánguida formación de la francesa Martine Aubry, igualada con los verdes de Daniel Cohn-Bendit.
Hasta el portugués José Sócrates, salvado a duras penas de la quema, deberá someterse este miércoles a una moción de censura.
A escala nacional, las cosas no han ido mejor. Al hasta ahora imbatible Rodríguez Zapatero no le ha bastado su “optimismo antropológico” y tras la derrota del 7-J se le abren nuevos frentes: los socialistas históricos Felipe González y Joaquín Leguina, por ejemplo, cuestionan ya públicamente cómo está gestionando esta crisis económica.
Tanto el ex presidente, como Javier Solana y bastantes otros correligionarios, se oponen incluso al cierre de la central nuclear de Garoña, mientras Joaquín Almunia, Fernández Ordóñez y algunos más hablan ya sin tapujos de reformar el mercado laboral, en búsqueda de mayor productividad, formación de los trabajadores y adaptación a la nueva economía.
No son, pues, pocos los acontecimientos que han ocurrido en sólo una semana. Hasta la intocable Leire Pajín empieza a ser cuestionada internamente por su impericia —en seguida le tocará el turno, también, a la torpe y arrogante ministra Carme Chacón— y ya hay quien sitúa su futuro de vuelta en la Comunidad Valenciana, como candidata a la Generalitat en lugar de Jorge Alarte.
Hemos llegado en este breve recorrido a la Comunidad Valenciana, donde el PSPV-PSOE no ha podido hacer peor campaña. ¿Pero es que ha habido en realidad campaña electoral alguna?
No puede considerarse como tal la fugaz visita de Rodríguez Zapatero y Fernández de la Vega, en la que no han aludido a un solo problema de esa región. Tampoco lo ha hecho Jorge Alarte, empecinado en el caso Gürtel, como si él fuese simplemente el fiscal de un proceso judicial, en vez de un líder político con un proyecto para mejorar la vida de los ciudadanos.
Pues no. Tanto los socialistas madrileños como los valencianos se han enredado en una retórica procesal, creyendo erróneamente que así erosionarían la base electoral de Esperanza Aguirre y Paco Camps. La torpeza de semejante estrategia le ha llevado a algún analista de izquierdas a calificar de “inútiles” a Alarte y su homólogo madrileño, Tomás Gómez.
Ojo, ya que cuando comienzan las descalificaciones internas las purgas pueden estar a la vuelta de la esquina.
No creo, sin embargo, que toda la culpa sea del secretario del PSPV-PSOE ni del protagonismo que le roba día a día el delegado del Gobierno, Ricardo Peralta. El problema que genera Madrid es que ni apoya lo suficiente a Jorge Alarte, con una mayor presencia de Rodríguez Zapatero y sus ministros, ni tampoco le permite esa autonomía que reclama y que le enfrentaría a José Blanco, José María Barreda y otros dirigentes de su mismo partido.
Ésa es una de las varias contradicciones de un líder contestado dentro de su propia organización, con escaso margen de maniobra y que ha perdido votos hasta en su pueblo, Alaquàs, donde ha descuidado la alcaldía al tener que atender a tanto lío interno.
Así que, ante tal cúmulo de errores, aun me parece demasiado bueno el último resultado electoral del PSPV-PSOE.
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En efecto, octogenario, conozco, por mi trabajo, muchos valencianos. Y muchos valencianos de izquierdas que se consideran españoles. Y dicen, literalmente: "Votar PSPV es echarse en manos de ERC". Y no votan socialista.
El PSPV debería recapacitar TAMBIÉN sobre ésto.
Sr. Arias Vega, como lector del periódico Las Provincias, conozco su comentario en este caso concreto se refiere al PSPV, que termina de la manera siguiente.-“(…) Así que, ante tal cúmulo de errores, aun me parece demasiado bueno el último resultado electoral del PSPV-PSOE”. Coincido con usted, pero tengo que decir, que algunos de los más graves problemas que arrastran los socialistas valencianos vienen de más lejos, viene de la época de la transición, cuando los nacionalistas valencianos incomprensiblemente se tiraron en brazos de esos quiméricos “Paisos”, y la “unitat de la Llengua”(cuestión que sorprendió en gran manera a D. Fernando Valera, Presidente del Gobierno Republicano en el exilio) por lo tanto Valencia, pasó de ser considerada por los políticos más relevantes en el exilio como la Región más Republicana de España, al actual feudo inexpugnable del PP. ¿Como se comprende?
Domingo, 8 de noviembre
Manuel Molares do Val
Vicente A. C. M.
Francisco Rubiales
Rafa Esteve-Casanova
Vicente Torres
Rufino Soriano Tena
Emilio Castellote Madrid.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez