El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, suele presumir de contar “con gente mejor que yo para aprender de ellos todos los días”. Contra lo que pudiera parecer, lo que hacen los dirigentes políticos es justamente lo contrario.
Rodearse de incompetentes, e incluso de algún cretino, les sirve a los jefes para endilgarles a ellos sus propios errores y salirse luego de rositas.
Eso lo hacía hasta el propio dictador Franco, para difundir así la especie de que él no era tan malo, sino que acaso lo eran sus colaboradores. Hubo incluso un ministro de Educación, Julio Rodríguez, que pretendió comenzar el curso escolar en pleno enero, por aquello del año natural. Tan desastrosa fue su gestión que circuló el rumor de que Franco lo había nombrado porque lo confundió con otro catedrático de igual nombre.
Rodríguez Zapatero, por su parte, tiene un nutrido elenco de ministros que no dan la talla ni con zancos. Quizá la palma se la lleve la ex de Vivienda María Antonia Trujillo, la de las “soluciones habitacionales” de 25 metros cuadrados, quien como gran proeza intelectual llegó a decir que “no conozco Benidorm, ni lo quiero conocer”. Y se quedó tan fresca.
En general, los presidentes de Gobierno prefieren ministros mansurrones y acomodaticios, porque los listos pueden sacarles los colores y hasta pretender ocupar su puesto. Cuenta en sus memorias Leopoldo Calvo-Sotelo que, al poco de haber exigido a su Gabinete absoluto mutismo sobre el nombramiento de un alto cargo, ya estaba Francisco Fernández Ordóñez largándolo a un periodista. Y es que Paco no sólo le había hecho antes la vida imposible a Adolfo Suárez, sino que acabaría por pasarse luego al PSOE con armas y bagajes.
Estos recuerdos me vienen al hilo de un sugerente y lúcido artículo del director del diario valenciano Las Provincias, Pedro Ortiz, la semana pasada, en el que justificaba la necesidad de nuevos Gobiernos, tanto para Zapatero como para Paco Camps.
En Madrid, con sólo tres ministros que aprueban por los pelos ante la opinión pública —Fernández de la Vega, Carme Chacón y el incombustible Pérez Rubalcaba—, existe la opinión generalizada de que con el actual equipo gubernamental no se llega ni al semáforo de la esquina. Pedro Solbes ni está ni se le espera para detener una economía que se despeña. Magdalena Álvarez ha alcanzado su máximo nivel de incompetencia, la lenguaraz Bibiana Aído, incorporada al Gobierno como coartada juvenil y abortista, parece haber cumplido ya sus escuálidos objetivos,…
Para qué seguir. Es imposible que Zapatero llegue con ese averiado equipo al 1 de enero de 2010 —fecha en que por cuarta vez España presidirá la UE—, tal como es su deseo.
Tan es así, que hay quien dice que José Blanco ha asumido que si el PSOE no da un golpe de timón perderá el poder en las próximas elecciones. De momento, él ha puesto ya su empeño en la recuperación de Galicia desde el día mismo de la derrota ante Núñez Feijóo, la cual se ha tomado como un agravio personal.
¿Y qué decir de la Comunidad Valenciana?
Allí, la diferencia en las expectativas de voto resulta tan abrumadora a favor del PP que a éste no parecen inmutarle ni los escándalos ni los errores.
Ya. Pues no están las cosas para tomárselas a broma y, aunque el asunto de los trajes presuntamente financiados por El Bigotes llegue a quedar en nada, la erosión de la imagen pública del presidente regional puede resultar peligrosamente irreversible.
Sería hora, pues, de un Consell mucho más político, que amortizase sus titulares de menor perfil —Trini Miró, Angélica Such, Mario Flores, Belén Juste,…— y los sustituyese por fajadores de primer nivel.
Existen tres factores, sin embargo, que van en contra de esa posibilidad: 1) que en el banquillo del PP no hay tantos candidatos con ese rasgo, 2) que el carácter de Francisco Camps no es dado a hacer experimentos en mitad de la carrera y 3) que algunos de los pesos pesados del Consell son precisamente los más damnificados a causa de su gestión.
Me refiero, como es obvio, a Serafín Castellano y a Font de Mora. Este último ha encrespado tanto a la comunidad educativa que ésta ya ha planeado una huelga para el 28 de abril. Con todo, más grave es la vía de agua que le ha abierto al primero el llamado caso Taroncher.
Tener a la vez dos flancos bajo fuego cruzado —el de los trajes y el de las adjudicaciones del conseller Castellano a la empresa de un amigo—, por inocentes que les parezcan tales sucesos a sus protagonistas, supone un desgaste constante y agotador. Ni estrategas militares de la talla de Napoleón o Hitler fueron capaces de ganar una guerra con dos frentes abiertos simultáneamente.
Así, pues, tanto si se quiere como si no, nos hallamos en vísperas de cambios políticos inevitables.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel