José Luis Rodríguez Zapatero está deseando que pasen enseguida las elecciones autonómicas de Galicia y Euskadi para, ante el eventual resultado positivo para su partido, tomarse un respiro. Porque después, según todos los datos que él maneja, en vez de su prometida reactivación del empleo, viene la catástrofe económica.
De momento, con el sutil y delicado lenguaje diplomático que siempre se utiliza en estos casos, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha sido claro: “No envidio la situación económica de España”.
La UE, por su parte, de la mano del comisario Joaquín Almunia, español y socialista, para más señas, ha multado a nuestro país por haber superado el límite permitido de déficit público: 3,8 por ciento en 2008 y una previsión del 6,2 para fin de este año. Lo peor no es eso en sí mismo, sino su diagnóstico: el endeudamiento “no es temporal ni coyuntural”, sino estructural y duradero.
Por eso, hechos como el precipitado proyecto de absorción de Caja de Castilla-La Mancha, presidida por el militante del PSOE Hernández Moltó, por la Unicaja afín de Braulio Medel, sólo es un tibio síntoma de lo que se avecina.
Diga, pues, lo que diga en público, nuestro presidente intuye que tiene por delante una gravísima crisis que no sabe bien cómo encarar y que en pocos meses dilapidará todos los recursos con los que atender al creciente e imprevisible número de parados.
Para evitar males aun mayores, ha empezado de tapadillo a esbozar importantes reformas, impensables hace unos meses, que contradicen toda la prédica reciente de su partido. Jesús Caldera está estudiando cómo modificar el marco laboral actual sin que se note demasiado. Pérez Rubalcaba, por su parte, lleva ejerciendo una represión indiscriminada contra la inmigración ilegal, la cual ha negado luego enfática e inútilmente al ser descubierta.
Todo esto, además, con un horizonte de inaguantable financiación autonómica, malestar social y amenaza de movilizaciones callejeras. Poco puede hacer frente a ello un Gobierno bajo mínimos, con ministros absolutamente amortizados, desde Pedro Solbes a Magdalena Álvarez, pasando por Bibiana Aído.
Para semejante emergencia nacional, Zapatero no ignora que necesita pactar ineludiblemente con el Partido Popular. Pero, para que éste no le coma la tostada, precisa haber dejado previamente al partido de Mariano Rajoy desprestigiado, diezmado y hecho unos zorros.
Esa perentoria urgencia de pactar con un PP debilitado hasta la extenuación es la que, de hacer caso a quienes pronostican nuestra ruina económica, justificaría el ensañamiento político y mediático con toda la corrupción que rodea a Francisco Correa, muchísimo mayor que el practicado en otros casos no tan distintos.
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Este gobierno de diseño, muy mono para pasarelas y política de salón, pura elaboración publicitaria, con sus consignas manidas (no a la nuclear, protección social, subir impuestos...) no será el que nos saque del grave del problema. Al contrario, nos hundirán en la miseria. Este presidente, el de la sonrisa grotesca, parece que le resulta simpático a mucha gente. No sé si es exceso de permeabilidad a la publicidad, ceguera causada por el deslumbramiento de los medios, o estulticia, pero tenemos lo que nos merecemos. Esperemos que España no acabe convertida en el lupanar de la región, como otros gloriosos regímenes de izda. En fin, cada uno tiene lo que se merece.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel