Las vacas de fibra de vidrio creadas hace diez años por el suizo Pascal Knapp llevan semanas pastando por Madrid.
No son las mismas que vimos en Barcelona hace cuatro años porque poco a poco, exhibición tras exhibición, esos bovinos artificiales van muriendo a manos de vándalos callejeros, que no sólo los mandan al hospital creado al efecto, sino que arramblan con algunos de ellos, aunque estén bien atornillados al cemento y pesen hasta 150 kilos.
En todas partes cuecen habas, claro, pero las vacas dichosas han sufrido más castigo en España que en los cuatro continentes en que se han expuesto.
Es que somos así: en Sevilla calculan que la ciudad padece cada año 2.400 actos de vandalismo urbano. Casi nada. Por eso mismo, el ayuntamiento de Pamplona ha puesto etiquetas con lo que gasta cada año en mantener el patrimonio municipal: 200.000 euros en bancos públicos, 40.000 en árboles y así sucesivamente.
Y es que si el vandalismo les sigue saliendo gratis a sus autores, éstos no sólo no dejarán de practicarlo sino que la cosa puede ir a mayores.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel