José Luis Rodríguez Zapatero está deseando que pasen enseguida las elecciones autonómicas de Galicia y Euskadi para, ante el eventual resultado positivo para su partido, tomarse un respiro. Porque después, según todos los datos que él maneja, en vez de su prometida reactivación del empleo, viene la catástrofe económica.
Al parecer, el sinvergüenza de Francisco Correa tiene la mayor parte de su patrimonio ilícito en varios paraísos fiscales. ¿Cómo puede ser que a estas alturas haya más de 30 países que en realidad sólo son unos Estados criminales?
Hace tiempo que el panorama económico y político del país no andaba tan revuelto en perjuicio, sobre todo, de los pobres ciudadanos.
Como si no tuviésemos bastante con una crisis económica de proporciones devastadoras aún sin evaluar correctamente, ha comenzado una cacería más aparente que efectiva de políticos presuntamente corruptos y de tramas perversas que, más que tales, lo que sí evidencian es el oportunismo de algunos chorizos que medran a la sombra de los partidos.
Durante años, se ha venido estableciendo una edad muy baja para permitir la actividad sexual presuntamente consentida, y otra más elevada, en cambio, para que los jóvenes asumiesen la responsabilidad penal de sus posibles crímenes. Con ambas medidas, hasta el presente hemos hecho las delicias de pederastas y otros pervertidos, por una parte, y minimizado alevosos asesinatos cometidos por adolescentes, de otra.
Justo cuando España no tiene ya un banco central, competencia que asume en Bruselas para toda la Unión Europea
el señor Jean-Claude Trichet, nos empeñamos aquí en que a cada comunidad autónoma le quede una única caja de ahorros sobre la que los políticos regionales puedan operar a su antojo.
Se argüirá que soy un exagerado y hasta un encizañador, pero ya me dirán.
Las vacas de fibra de vidrio creadas hace diez años por el suizo Pascal Knapp llevan semanas pastando por Madrid.
No son las mismas que vimos en Barcelona hace cuatro años porque poco a poco, exhibición tras exhibición, esos bovinos artificiales van muriendo a manos de vándalos callejeros, que no sólo los mandan al hospital creado al efecto, sino que arramblan con algunos de ellos, aunque estén bien atornillados al cemento y pesen hasta 150 kilos.
Los partidos políticos no son eternos, pese a lo que suelen creer sus dirigentes. En 1991 se desvaneció el PCUS, tras más de setenta años de cruel dictadura en la URSS. Tres años después le ocurría lo mismo a la omnímoda Democracia Cristiana italiana creada por Alcide de Gasperi. ¿Y qué no sucedió aquí con la efímera UCD de Adolfo Suárez, nacida también con pretensiones de durar indefinidamente?
O sea, que la pregunta puede resultar impertinente, pero no es ociosa en absoluto.
Hay que agradecer a los sindicatos españoles que no se hayan echado a la calle con motivo de la crisis económica. Al menos, por ahora.
Con la enormidad del problema colectivo existente, sólo faltaría que las centrales sindicales, en vez de apretarse también ellas el cinturón, arrojasen más gasolina al fuego. Eso, en vez de resolver las dificultades actuales, haría el incendio aún más devastador.
A medida que las arcas públicas se vacían mucho más rápido que lo que tardaron en llenarse, vale la pena realizar algunas incómodas reflexiones antes de que se cubran totalmente de telarañas.
Me refiero al derroche sanitario. Así, como suena.
No sé sin son 700 o sólo 70 los asesores de Rodríguez Zapatero, pero me sobran todos. También estoy hasta el gorro de los de Pérez Touriño y de Esperanza Aguirre, de la ministra Bibiana Aído y de todos los alcaldes de Cataluña y España entera.
Los jueces, ahora, piden justicia para ellos. No está nada mal, porque también tienen derecho. Claro que ante su amenaza de huelga, un amigo ironizaba con malicia: “A lo mejor ésta no se nota, porque jamás he visto a un magistrado llegar a la hora señalada para una vista”.
Supongo que no sólo en Madrid todo el mundo espía a todo el mundo. Sólo ocurre que los hurones del entorno del PP deben ser más chapuceros que el resto.
Jueves, 16 de febrero
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla
Pedro Rizo