Uno, en su ingenuidad, creía que eso de la prostitución era algo superado ya en este siglo XXI de permisividad sexual a tope y en el que, por ejemplo, los homosexuales de medio mundo vienen a España por la legítima libertad de que aquí disfrutan.
Pero, como siempre, me había equivocado. Leo que sólo en Salamanca ejercen el comercio carnal, por decirlo finamente, unas 700 trabajadoras del sexo. O sea, que se trata de una de las principales industrias locales, sin desmerecer a ninguna otra.
También, según las estadísticas, los jóvenes no son ajenos a este mercadeo, lo cual aun resulta más insólito. En una época tan promiscua como la actual, en la que se ha desechado hasta el condón y donde el aborto de adolescentes se ha convertido en una simple y frívola práctica anticonceptiva más, podría parecer que sólo los viejos rijosos son clientes de este negocio. Y no.
La prostitución sigue ejerciéndose, pues, a mogollón sin ser considerada una actividad legal ni ilegal, que ésa es otra.
En este país, el trato carnal por dinero resulta una práctica simplemente tolerada, que es lo peor que le puede suceder.
Por eso, los partidarios de su legalización arguyen que, de hacerse, existiría un mayor control sanitario, se protegería mejor a sus profesionales, quienes tendrían seguridad social y derecho a la jubilación, y se acabaría con matones, rufianes, proxenetas y demás chusma que infecta ese mundo. En el extremo opuesto, están los partidarios de su abolición, por reputarla una actividad degradante, pero que coinciden con los primeros en que la peor situación de todas es la actual: la de hacer la vista gorda.
Y es que estamos ya tan acostumbrados a ese fenómeno que hasta se infiltra en los anuncios por palabras de los diarios como un servicio público más, al igual que la fontanería o el reparto de pizzas a domicilio.
No sé si alguna vez nuestros legisladores, tan profusos en cantidad de materias, acabarán metiendo mano a este tema tan vidrioso. A lo mejor, aprovechando que el sector también decae por culpa de la crisis, arbitran ahora alguna medida económica para remediarlo.
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Prostitutas?españolas, ya no quedan,es en lo que al parecer trabajan, un numero altisimo, de inmigrantes sudamericanas y negras, en su mayoria, en nuestro pais, desplazando a nuestras prostitutas de siempre.
Desgraciadamente o gracias a dios, ya ni se... todo lo dicho es cierto. Es una verdad como una catedral... principalmente su consumo entre jovenes.
Es cierto eso de que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Está en un terreno de nadie e ilegalizarla sería imposible, porque siempre habrá quien negocie con el sexo. Legalizándola existiría un control sanitario y fiscal que mejoraría las condiciones. Hay mujeres que ejercen la prostitución porque quieren. En último término cada uno puede hacer con su cuerpo lo que le parezca, y la única moral imperante debe ser la de uno mismo.
Es ded imaginar que las asociaciones feministas llevan denunciando este "comercio" hace mucho y en vista de su "éxito", prepararán manifiestaciones de protesta al es tilo del PRESTIGE O EL MAR EGEO.
Soy putero y mujeriego; no sé si más lo primero.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel