Esta crisis no la entienden los economistas, por supuesto, que no fueron capaces de preverla, tampoco han sabido analizarla, difieren en las medidas a adoptar e ignoran las consecuencias que tendrá el proceso en curso.
No debemos acomplejarnos, por consiguiente, los ciudadanos de a pie si se nos escapa todo este mayúsculo baile de miles de millones y de destrucción masiva de puestos de trabajo.
A los modestos contribuyentes nos cuesta entender que los bancos internacionales, causantes de un problema de excesivo endeudamiento y de la subsiguiente falta de liquidez, sean los que ahora se salgan de rositas de todo esto.
En España, concretamente, el Gobierno acaba de entregar a las entidades de crédito un segundo empréstito de 7.224 millones, como si fuesen unos pobretones, cuando en realidad este curso llevan ganados 14.203 millones, es decir, un 0,44 por ciento más que hace un año por estas fechas. ¿Quién tiene la culpa, pues, de que los bancos no presten dinero?: ¿su falta de fondos o su exceso de avaricia?
De nuestra clase política, sólo Esperanza Aguirre se ha atrevido a calificar de “absoluto escándalo” la ayuda del Tesoro a los bancos. ¿Tiene ella razón o la tiene Rodríguez Zapatero, dispuesto a vaciar las arcas del Estado hasta donde haga falta?
Probablemente, como decía el viejo Aristóteles, la virtud está en el término medio, en que esa ayuda resultará eficaz si realmente llega a sus destinatarios últimos, es decir, a los ciudadanos y a las pequeñas y medianas empresas, cuestión que aún está por ver.
De momento, la tesis del Gobierno socialista es muy clara: está listo a incurrir en un déficit público del 5 por ciento, a acudir al endeudamiento exterior y a sacar dinero de debajo de las piedras con tal de atender a los parados, cuya cifra, a tenor de los expertos, ¡llegará al 17 por ciento de la población activa de aquí a un año!
Muy bien. Pero, ¿qué hay de crear puestos de trabajo o, al menos, de mantener los que hay, en vez de gastarse el dinero una vez destruido el empleo? Ésa es la madre del cordero, con la cual poco pueden lidiar las Comunidades Autónomas, ya que tienen unos presupuestos condicionados por los del Estado y unos gastos ajustados a las competencias que les han sido transferidas. Por eso, el Consell de Francisco Camps no es culpable del aumento del paro en la Comunidad Valenciana, como tampoco era tan responsable de la creación de empleo como presumía hace bien poco tiempo.
¿Y los ayuntamientos? Pues son los menos preparados para afrontar una crisis como la actual, y no porque presida su federación el impresentable Pedro Castro: sí, el autor de la célebre y delicada frase “¿por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?”. Su dificultad, simplemente, es que no tienen un duro y menos que van a tener al disminuir su capacidad recaudatoria.
De ahí el parche de los 8.000 millones del Estado para obras públicas que creen nuevos empleos. Eso, claro, no soluciona el problema, que consiste en que están al borde de la ruina por no haberse realizado aquella nueva dotación presupuestaria que prometió en su día José María Aznar. Pero, ¿qué se puede hacer con 8.000 millones y, en el caso de Valencia, qué puede acometer Rita Barberá con los 141 que le corresponden?
Poca cosa, la verdad, por muy aparatosas que parezcan las acciones que se lleven a cabo. Su inconveniente es que los nuevos puestos de trabajo que incorporen las empresas contratadas lo serán, en muchos casos, a costa de otros trabajadores eventuales suyos que irán a engrosar el paro. Es decir, que lo comido por lo servido.
Lo que hay que arreglar, de una vez por todas, es la rigidez de nuestro mercado laboral, favoreciendo su flexibilidad y su movilidad e incentivando a las empresas que creen empleo. ¿Cómo? Hay muchas maneras, alguna de las cuales las expuso el otro día el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, y poco antes el de los empresarios valencianos, José Vicente González: reducción de cuotas de la seguridad social, menos impuesto de sociedades, primas por convertir trabajo precario en definitivo,…
¿Quieren un ejemplo de la absurdidad actual de INEM? Ante la avalancha de nuevos parados, en algunas oficinas se ha obligado a los empleados a acudir por las tardes sin cobrar horas extras. Pero a nadie, en cambio, se le ha ocurrido reconvertir también a aquellos parados más cualificados en empleados eventuales del INEM. Total, cobrarían lo mismo pero, al menos, harían algo y de paso ayudarían a paliar un problema.
Éste es sólo un curioso ejemplo de cómo funcionan algunas cosas. Si no las arreglamos ahora, si no aprovechamos para mejorar nuestra competitividad ni aumentar la productividad, tendremos crisis para rato.
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En esta web la entienden bastante bien, señor Vega:
http://diariorc.com/
LOS ESPAÑOLES POR AHORA NO TENEMOS SOLUCIÓN
Los españoles por ahora no tenemos solución, -pues no olvidemos que cuando gobernaron tanto Felipe González PSOE, como después el mismo José Maria Aznar del PP, fueron estos dos Presidentes de Gobierno unos enfervorizados conniventes con el régimen que actualmente soportamos en España, y por lo tanto los dos son responsables por todo lo que pudieron hacer y no hicieron cuando gobernaron con aquellas mayorías absolutas (puesta al día de la incongruente ley electoral, reestructuración del entramado productivo, reconversión de las derrochadores entes autonómicos, diversificación de los medios de información, tanto en TV, prensa, y radio, y una profunda depuración de los ingentes elementos parasitarios que pululan a lo largo y ancho de todo el solar patrio, y que tan celosamente son protegidos por los partidos, autonomías, ayuntamientos, diputaciones, y sindicatos).
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel