El paro temporal (ERE) de 5.100 trabajadores de Ford no es más que el penúltimo eslabón de una mayúscula crisis en el sector del automóvil.
A escala de la Comunidad Valenciana, el acontecimiento supone llover sobre mojado, tras otra regulación de empleo hace dos meses. Pero es más: el paro de la producción de vehículos afecta a toda la industria auxiliar de la automoción. Según el responsable del sector, Juan Luis Esteve, otros 4.000 empleados externos que fabrican los componentes se quedarán sin faena, al menos temporalmente.
No estamos hablando de una industria menor. La automoción aporta el 8,4 por ciento del PIB industrial español y suma el 26 por ciento de toda su exportación. Se entiende, pues, la preocupación del Gobierno y la reciente reunión del ministro Miguel Sebastián en Santiago de Compostela con los consejeros de las nueve autonomías en las que se ubican las 18 plantas fábricas de las 11 compañías automovilísticas que operan en suelo español. Entre ellas, claro, la valenciana, representada por la consellera Belén Juste.
La primera decisión, como siempre, ha sido la inyección de dinero. A nivel autonómico es lo que ha hecho el presidente aragonés, Marcelino Iglesias, proporcionando un aval de 200 millones para garantizar así que se produzca el Opel Meriva en la fábrica de Figuerueles.
Pero no nos engañemos. El problema trasciende, con mucho, de cualquier comunidad autónoma y obliga al Gobierno español a preparar un Plan Integral de Automoción que entrará en vigor en enero. Tampoco será la panacea, claro, porque en esta ocasión, fracasado el Plan Vive, ya no habrá ayudas directas a la renovación del parque de automóviles.
En esa misma línea, la Unión Europea ha adoptado unas medidas de estímulo de 4.000 millones de euros en créditos blandos pero, eso sí, destinados a que el sector los invierta en tecnologías más limpias y en una mayor seguridad. O sea, que no será un dinero de bobilis bobilis.
Lo va a tener crudo, pues, la industria de la automoción. En primer lugar, porque el 80 por ciento de nuestro mercado está en Europa y de poco servirán los estímulos al consumo interno en España. Luego, porque la UE pretende que se realice una reestructuración del sector más que su mera salvación quedando tal cual está. ¿Por qué no se adaptó la industria del automóvil durante la época de bonanza, parece preguntarse? ¿Por qué se dedicó al derroche en modelos caros, de alto consumo, con velocidades imposibles de desarrollar, y no se invirtió en vehículos de menos de 20.000 euros de coste?
Finalmente: ¿qué razones económicas, políticas y hasta morales hay para ayudar a ese sector y no, por ejemplo, a las ópticas, las mercerías, las ferreterías y otras pequeñas empresas obligadas a cerrar por falta de clientes?
Y es que, no lo olvidemos, la crisis es global y generalizada y, lo que es peor, sin una receta coordinada de la propia UE, en la que la política de Gordon Brown va por un lado y de la Angela Merkel y Nicolas Sarkozy por otro. En lo único que están de acuerdo todos ellos, incluido nuestro Rodríguez Zapatero, es en endeudar a sus respectivos países para animar el consumo y evitar así la caída de la producción. ¿Pero es posible que todos los países sobrepasen el 3 por ciento de déficit fiscal y que lo hagan al mismo tiempo? ¿Quién o quiénes van a prestar el dinero de ese gigantesco crédito?
Ésas son la cara y la cruz de la globalización dichosa: que todo el mundo termina dependiendo de todo el mundo y que la compra de bonos basura en Wall Street acaba por reducir los vehículos que se producen en Almussafes. Por eso, bienvenido sea el déficit en la línea preconizada en su día por John Maynard Keynes. Pero su fórmula, válida cuando la recesión de los años 30, no preveía un escenario tan generalizado como el de ahora.
Ahora, mírese por dónde, los mayores prestatarios y más beneficiados de esta crisis pueden ser precisamente esos países emergentes que han tenido una rápida acumulación de capital durante los últimos años.
El primero, China, sin duda, el más interesado en mantener el trepidante ritmo de crecimiento del comercio mundial que le ha transformado en gran potencia. Aunque también la India, convertida en una gran democracia de gran avance tecnológico y que, no por casualidad, concita las iras de un terrorismo que quiere impedir que sirva como modelo de desarrollo económico. Finalmente, Rusia, sí, el país de ese arrogante Vladimir Putin que tiene el suministro energético de Europa en un puño, que extiende su influencia en Iberoamérica y que, si nadie lo remedia, puede hasta quedarse con Repsol.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel