Muchos años han nacido preñados de esperanzas colectivas por muy diversos motivos: porque se instauraba la democracia tras la muerte de Franco, se acogía un mundial de fútbol, se entraba en la Europa comunitaria, se celebraban los Juegos Olímpicos de Barcelona…
Acuciado por su compromiso con el presidente catalán, José Montilla, Rodríguez Zapatero acaba de pisar el acelerador de la reforma de la financiación autonómica. ¿En qué va a consistir, qué criterios van a primar y cuánto va a costar?
Fecha: víspera de Noche Buena. Lugar: sección del DNI en una Comisaría de Policía. Hecho: un caballero de mediana edad enciende un cigarrillo que finaliza minutos después, haciendo caso omiso de estar en un local público y de los letreros de prohibición. Lo peor es que ningún visitante ni funcionario se atreve a decirle nada.
Somos una sociedad de voyeurs. Sólo así se explica el éxito de Gran Hermano y otros programas banales de TV que filman las intimidades de personas que maldito lo que nos importan.
Antes, los timos los hacían los trileros apostados en las Ramblas de Barcelona o en la Gran Vía madrileña. Todo lo más, estafaban al prójimo por el simple método del tocomocho, como en aquella película de Tony Leblanc.
Ahora, hasta el fraude toma niveles globales y los pillos actuales son como el financiero Bernard Madoff, que ha estafado 50.000 millones de dólares con el viejo sistema piramidal a gente presuntamente tan lista como nuestros compatriotas Alicia Koplowitz, Juan Abelló o José Lladró.
Uno, en su ingenuidad, creía que eso de la prostitución era algo superado ya en este siglo XXI de permisividad sexual a tope y en el que, por ejemplo, los homosexuales de medio mundo vienen a España por la legítima libertad de que aquí disfrutan.
Pero, como siempre, me había equivocado. Leo que sólo en Salamanca ejercen el comercio carnal, por decirlo finamente, unas 700 trabajadoras del sexo. O sea, que se trata de una de las principales industrias locales, sin desmerecer a ninguna otra.
En las últimas décadas se han cerrado al culto bastantes templos católicos y alguno ha acabado como lugar de ocio o diversión.
Esta crisis no la entienden los economistas, por supuesto, que no fueron capaces de preverla, tampoco han sabido analizarla, difieren en las medidas a adoptar e ignoran las consecuencias que tendrá el proceso en curso.
En el desierto de Arizona me topé una vez con un indio navajo que, rara avis, hablaba tres idiomas: su lengua natal, el español y el inglés. “Pero para entenderme con la gente utilizo este último”, me aclaró.
Esa es la ventaja de una sociedad como la norteamericana: que al no existir ninguna lengua oficial la gente puede hablar en lo que le dé la gana. Es más: tiene derecho a que sus hijos reciban la enseñanza en la lengua que él exija.
Acabo de recopilar en un libro medio centenar de artículos sobre Valencia y sus vicisitudes publicados en diversos medios españoles durante dos años.
Vistos en conjunto, constato que esa comunidad no es el edén del que presume el Gobierno valenciano, pero menos aún la catástrofe que pregonan algunos críticos indoctos. De ahí el título del volumen: Valencia, entre el cielo y el infierno.
Y es que unos y otros pretenden que las cosas sólo son blancas o negras, cuando la vida consiste en una gama de grises más o menos llevaderos.
Lo bueno del caso es que en la Comunidad Valenciana, o País Valencià —que ambos bandos, puestos a llevarse la contraria, difieren hasta en el nombre—, se vive mejor que en otros lugares de mayor renta: por el carácter animoso de su gente, quizás, aunque eso desquicie a los partidarios del desastre.
Sé que este comentario tampoco gustará ni a unos ni a otros. Si no fuese así, el oficio de articulista sería más cómodo, claro, pero también más aburrido.
Los radicales antisistema no necesitan la Declaración de Bolonia como coartada para la perturbación de nuestra escasa vida académica y para dar quebraderos de cabeza a Francisco Tomás y al resto de rectores de las universidades españolas.
Una serie de siglas juveniles, desde Agir en Galicia, hasta los Maulets de Cataluña, han protagonizado en los últimos años boicots y agresiones a políticos de toda laya que pretendían disertar pacíficamente en los recintos universitarios, desde María San Gil a Rosa Aguilar, pasando por Rosa Díez. El último, y repetido, damnificado ha sido Josep Piqué, en la Complutense de Madrid, al responsabilizarle los manifestantes, mediante una espectacular puesta en escena con monos naranja, de las sevicias a los presos en Guantánamo.
Mientras otros países mejor dotados y con más turistas en Tailandia se lo tomaban con calma, el Gobierno español mandó enseguida sus aviones militares a repatriar a sus compatriotas de vacaciones en el país asiático.
Cuando tome posesión de su cargo Barack Obama el mes que viene, será el quinto presidente vivo de Estados Unidos.
Y es que en esa nación sus sucesivos mandatarios conservan de por vida el status y la consideración social de que gozaron, al margen de que hayan gustado más o menos y de lo acertado o no de su gestión. Jimmy Carter, George Bush padre e hijo y Bill Clinton no sólo siguen siendo presidentes, en su denominación protocolaria, sino que su consejo es solicitado cuando los grandes temas del país lo requieren.
Justo lo contrario de lo que sucede en España.
Aquí, tras cada cambio electoral, no sólo pasamos página, sino que solemos demonizar al mandatario anterior. No les cuento todo lo que dijo Aznar de Felipe González, porque cualquier lector ya lo sabe. Y ahora, al expresidente del PP no sólo lo menosprecian sus rivales del Gobierno actual, sino que tratan de ignorarlo hasta sus propios herederos.
A nosotros, está visto, nos mola más la confrontación que el diálogo y el cainismo que la colaboración.
El paro temporal (ERE) de 5.100 trabajadores de Ford no es más que el penúltimo eslabón de una mayúscula crisis en el sector del automóvil.
A escala de la Comunidad Valenciana, el acontecimiento supone llover sobre mojado, tras otra regulación de empleo hace dos meses. Pero es más: el paro de la producción de vehículos afecta a toda la industria auxiliar de la automoción. Según el responsable del sector, Juan Luis Esteve, otros 4.000 empleados externos que fabrican los componentes se quedarán sin faena, al menos temporalmente.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel