A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

Hablemos de Estados Unidos

13.11.08 | 18:29. Archivado en Artículos
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Mis amigos estadounidenses más conservadores están desolados tras las elecciones. “Es el fin del sueño americano”, me dicen. En el fondo, lo que les preocupa es que Barack Obama les subirá los impuestos.

He tratado de consolarles. “Si hubiera ganado John McCain las cosas serían peor”. “¿Por qué crees eso?”. Arguyo que de haber ganado el candidato republicano la frustración de mucha gente esperanzada con Obama podría haber generado una gran postración social y hasta inestabilidad política. “Ahora, en cambio, millones de personas al margen del sistema se hayan motivadas para integrarse en la sociedad, lo que mejorará la situación general del país y hasta ahorrará dinero en subvenciones”, concluyo.

No han quedado muy convencidos.

En lo que sí están de acuerdo es que McCain no suponía la panacea respecto a otros candidatos republicanos. Consideran al senador por Arizona una especie de progre imprevisible que habría acabado con el legado de Bush.

Barack Obama, en cambio —y lo siento por todos aquellos que en Europa piensan que va a poner las cosas patas arriba—, es un político absolutamente convencional en su biografía. Desde el primer día, todos sus pasos han ido encaminados hacia la Casa Blanca, sin un solo gesto disonante, cumpliendo uno a uno los mandamientos del perfecto aspirante, incluido el de conseguir la financiación necesaria para ello a cualquier precio.

Por eso mismo, Obama no parece tener los genes de un revolucionario, sino los de cualquier reformista, más acorde en sus planteamientos con Bill Clinton, por ejemplo, que no con políticos históricos de su partido más radicales, como Walter Mondale o Jimmy Carter. Los nombramientos de sus primeros colaboradores así lo evidencian.

O sea, que ni unos ni otros tienen por qué preocuparse: ni blancos ni negros, ni progres ni conservadores. Lo que ofrece el presidente electo de Estados Unidos es, simplemente, esperanza: la posibilidad de cambio, de progreso, de superación de barreras sociales de todo tipo.

Y eso, la esperanza, es algo que no tiene color político y sólo se basa en la ilusión y el entusiasmo.


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