Quienes creían que Barack Obama iba a llevar la revolución a Estados Unidos comienzan a desencantarse. Sus primeros nombramientos muestran la tradicional prudencia y el conservadurismo propios del establishment norteamericano. El octogenario Paul Volcker, que fue presidente de la Reserva Federal con Ronald Reagan, dirigirá el consejo de asesores económicos de la Casa Blanca, en el que se acomoda también Warren Buffet, el hombre más rico del mundo.
Debo tener tan poco sentido de la intimidad que me trae sin cuidado que me filmen en un lugar público. En el cuarto de baño de mi casa, en cambio, ya es otra cosa.
Por eso, me parece de perlas que 16 cámaras vigilen el que no se atente contra el patrimonio del casco histórico de Salamanca. Si, de paso, evitan que se cometa algún que otro crimen, mejor que mejor. Al fin y al cabo, nuestro peregrinaje urbano ya suele estar grabado por las cámaras de cajeros automáticos, grandes superficies, fachadas de edificios oficiales y un largo etcétera de vídeocontroles.
Se atribuye a Voltaire la famosa frase de “no comparto tus ideas, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlas”, dirigida a un antagonista.
Claro que de entonces a acá han pasado más de 300 años y ahora a los adversarios no se les da ni agua.
En ese ambiente de creciente hostilidad hacia los críticos y de premio al paniaguado de turno, las administraciones públicas otorgan frecuencias radiotelevisivas a grupos y personas afines. También, sin excepción, los canales audiovisuales autonómicos y municipales resultan obsecuentes servidores de quien manda.
Vivimos, pues, en un mundo democrático, sí, donde caben todas las opiniones, por supuesto, pero excluyéndose unas a otras, según sea el color político respectivo.
En ese alineamiento no hay fisuras. Sucede con los contertulios de radio y televisión: sea cual fuere el tema, sabemos previamente lo que van a decir sobre él. Ni una sola vez, los pobres, nos sorprenden con un pensamiento original, una idea propia o una opinión independiente.
No sé por qué los partidos políticos se empeñan en discutir los Presupuestos Generales del Estado. Su esfuerzo es tan inútil y tan baldío como querer cuantificar un texto poético de Antonio Gamoneda. ¿Cómo se valora la poesía?, podríamos inquirir en un caso. ¿Cómo se cuadran unos Presupuestos en que todos sus datos son ficticios?, deberíamos preguntarnos en el otro.
Las entidades de crédito españolas son de las mejor gestionadas del mundo. No lo digo yo, que carezco de cualificación para ello, sino los directivos de la banca extranjera, que por eso no han podido levantar cabeza en España.
Algunos aspectos serán criticables, claro, como saber qué han hecho con esos cuantiosos beneficios que doblaban cada tres o cuatro años, además de pagar a Ángel Corcóstegui al despedirle del BSCH 106 millones de euros, récord mundial de la especialidad.
Pero ahora nuestros bancos y cajas andan a la búsqueda de pasivo con el que incrementar sus depósitos. La táctica utilizada por algunos directores de sucursales es sembrar dudas sobre la competencia: “Si tienes el dinero en tal sitio, sácalo ya”, “cuando esos te ofrecen tanto, desconfía de ellos”, etcétera, etcétera.
Es la manera más tonta de querer recuperar la confianza a la que son acreedores. Como aquél que escupía al cielo creyendo que así lo ensuciaría, no saben que sus salivazos siempre acabarán por caerles encima.
Tiene razón el ministro Miguel Ángel Moratinos cuando dice que “el arte no tiene precio”. Lo que ocurre es que sí tiene un coste que en ocasiones se nos obliga a que lo sufraguemos los ciudadanos, como es el caso de la cúpula de la ONU en Ginebra, realizada por Miquel Barceló. Esa nueva capilla sixtina laica, en feliz expresión de Juan Manuel de Prada, nos ha salido por 20 millones de euros, medio millón de ellos desviados desde los fondos de ayuda al desarrollo, para más inri.
Los estudiantes valencianos corren el riesgo de seguir con la oceánica ignorancia de antes y añadir ahora a ella el desconocimiento de la educación para la ciudadanía y del inglés, ante la forzada coyunda contra natura de ambas asignaturas.
No sé cuál era, a ciencia cierta, el propósito inicial del presidente autonómico, Francisco Camps, y de su consejero de educación, Alejandro Font de Mora, con semejante ocurrencia académica. Lo cierto, en cualquier caso, es que han conseguido que la comunidad docente, los alumnos, los padres y la clase política de la aquella región no hablen de otra cosa. Gracias a la ingeniosa medida han pasado a un segundo plano los problemas reales de la educación secundaria: el clamoroso fracaso escolar, el bajo nivel de preparación académica, la creciente violencia en las aulas, la falta de dotación de algunos colegios,…
Mis amigos estadounidenses más conservadores están desolados tras las elecciones. “Es el fin del sueño americano”, me dicen. En el fondo, lo que les preocupa es que Barack Obama les subirá los impuestos.
Sotto voce, destacados militantes del PP dicen que con Mariano Rajoy no van a ninguna parte. No porque sea mal tipo, no, sino porque inspira menos interés y menos pasión que un yogur caducado. La última prueba la aporta el barómetro del CIS, donde los ciudadanos le suspenden con un bochornoso 3,88 sobre 10.
¿Y en quién se fijan esos peperos para remediarlo? Pásmense: en Barack Obama. La fascinación por el presidente electo norteamericano es tanta entre nuestra derecha como entre la izquierda. Políticos como Ruiz-Gallardón o Jorge Moragas ya mostraron su predilección por el candidato demócrata antes de las elecciones.
“Para poder ganar necesitamos alguien con una personalidad atractiva y un discurso ilusionante como el de Obama”, me dice en privado un amigo del PP. "¿Y la ideología?”, le pregunto. "¿Es que aún crees que eso es determinante?”, se sorprende: “Ya verás cómo Obama no hará ninguna revolución. Él, como cualquier otro, sólo tratará de que las cosas vayan algo mejor”.
Ya veremos.
Ante la reciente avalancha de casos de corrupción urbanística municipal, la pregunta es simple y delicada a la vez: ¿se trata de casos aislados de precoz detección o nos hallamos ante la punta de un iceberg de envilecimiento generalizado?
Si yo fuera del PP no estaría alborozado, precisamente, por el empate técnico con el PSOE, según el último barómetro del CIS.
Al contrario: me habría dado por la depresión o el suicidio. Y perdónenme por la brutalidad de la expresión. Pero, con la tromba económica que nos está cayendo encima, un partido de oposición como Dios manda tendría que sacarle a estas alturas varios codos de ventaja demoscópica a un Gobierno errático en sus diagnósticos y dubitativo en sus recetas. Al contrario: si el PSOE está descendiendo en intención de voto, también lo hace el PP.
Nos hemos pasado los mejores años de nuestra vida sacándole humo a las tarjetas de crédito y pidiendo préstamos hasta para veranear en las islas Seychelles. Como corolario, ahora nos va como nos va: hemos quemado el motor de la economía de tanto recalentarlo y no nos queda más que ir a pie.
Hasta hace dos días resulta que éramos ricos y no mirábamos la pela, como quien dice. Por eso, los políticos podían planificar piscinas en el Senado y los concejales, consellers y demás cargos públicos hacían viajes absolutamente prescindibles por todo el mundo.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel