Los norteamericanos están que echan las muelas a cuenta de la crisis. Y no precisamente contra los políticos. Como decía esta semana un ama de casa asistente al programa televisivo de Bill O´Reilly, “la culpa no la tienen esta vez ni Obama ni McCain, ni siquiera Bush, sino esos tiburones de Wall Street que se han estado forrando a nuestra costa”.
También piensan así muchos congresistas. Al hacer testificar a Richard S. Fuld, el presidente que hundió Lehman Brothers, la primera pregunta que le hicieron fue: “¿Le parece justo haber cobrado 420 millones de dólares en los últimos siete años?” Y tanto que debe parecérselo, ya que según él la quiebra de su empresa se debió a “circunstancias más allá de su control”. Por eso se ha ido tan tranquilo tras haber percibido 17.000 dólares a la hora por destruir la compañía más importante del sector.
No es el único financiero impresentable de esta crisis. Mientras sus empresas perdían el año pasado 320.000 millones y 80.000 empleados se quedaban sin trabajo, los dirigentes de las 16 firmas más afectadas por la hecatombe cobraban 315 millones de dólares.
El plusmarquista de todos es Stanley O´Neal, ex presidente de Merril Lynch, quien dejó hace unos meses la empresa en la agonía, llevándose 161 millones. Los reporteros de Fox Televisión le siguen desde entonces a todas partes sin que el hombre mueva un solo músculo. ¿Qué culpa tiene él, debe pensar, si en los últimos 30 años la diferencia salarial entre trabajadores y altos ejecutivos se ha multiplicado por ocho? Es decir: que un directivo cobra hoy día 275 veces lo que la media de sus empleados.
Aun así, cuando uno de estos ejecutivos mete la pata hasta el corvejón no se disculpa ni a tiros. Lo único que hace, quizás, es no resultar muy ostentoso. Ahora que se lleva entre los ricos norteamericanos el poseer mansiones que valen más de 30 millones —por debajo de eso se considera que su propietario es alguien sólo de medio pelo—, la revista Vanity Fair recogía este verano la hipócrita contrición de un financiero: “¿Cómo voy a gastar 40 millones en una casa cuando tengo que despedir a 2.500 personas?”
Es difícil, pues, meter mano a estos sinvergüenzas de cuello blanco que han actuado al socaire de una legislación permisiva. Y, lo que es peor, el FBI reconoce que no tiene agentes preparados para la labor, ya que la mayor parte de ellos se dedican al contraterrorismo desde el 11-S. Claro que, en compensación, parece la hora de los abogados, aunque los ejecutivos a demandar sean duros como el pedernal. “Es difícil, sí —afirma un letrado—, sacarle sangre a una piedra, pero podremos hacerlo de quien aseguró a esa piedra”.
Aun está por ver, con todo, si los indeseables representantes de la cultura de tanta ostentación y tanta avaricia acaban pagando por ello.
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Es algo que me he preguntado continuamente sin salir de mi asombro.¿No hay ningún responsable financiero de los que han montado esta crisis, en la puta cárcel?
Claro que,vaya preguntas tontas que me hago.¿A dónde van a parar los políticos de casi todos los países del mundo? Pues a los consejos de administración de las entidades que gobiernan estos indeseables.¿Cómo van a meter en la cárcel los políticos,a los que les van a hacer más ricos,cuando dejen la política?
Qué ingenuo soy.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel