España aún no está rota. De momento, sólo deshilachada.
El último desgarrón lo ha padecido en sus carnes el PP, otrora partido de ámbito nacional, que además de estar prácticamente ausente en Cataluña y Euskadi acaba de ver cómo se le han ido ahora de su obediencia los regionalistas navarros, que se han quedado con el santo, la limosna y quién sabe si todos sus electores.
Amigos periodistas de varios continentes andan preocupados por el futuro inmediato de su profesión.
Los norteamericanos están que echan las muelas a cuenta de la crisis. Y no precisamente contra los políticos. Como decía esta semana un ama de casa asistente al programa televisivo de Bill O´Reilly, “la culpa no la tienen esta vez ni Obama ni McCain, ni siquiera Bush, sino esos tiburones de Wall Street que se han estado forrando a nuestra costa”.
Mientras los blancos de Estados Unidos tienen repartidas sus preferencias entre Obama y McCain, el 90 por ciento de los votantes negros dice que lo harán por el primero.
Sólo los republicanos más radicales confían en que el voto racial oculto acabe por dar la victoria a John McCain frente a Barack Obama.
El resto se ha convencido de que el factor étnico resulta irrelevante. Charlando en Nueva York con un amigo muy conservador, me confesaba ayer mismo: “Obama trasciende de razas, como Michael Jordan, Condoleezza Rice, Denzel Washington… Uno les admira o no por lo que hacen y dicen, al margen del color de su piel”. Por eso, esta vez mi amigo va a votar a un candidato afroamericano.
En el crack bursátil de 1929, algunos financieros arruinados se arrojaban desde los rascacielos norteamericanos, contribuyendo así a aumentar una desoladora sensación de pánico económico colectivo.
Eso no parece que vaya a ocurrir ahora, ni en Estados Unidos ni el parte alguna, entre otras razones porque el concepto del honor ya no se lleva y la asunción de responsabilidades sólo se aplica a subalternos de cuarta fila mientras que los grandes directivos de las empresas quebradas se lo llevan crudo.
¿Alguien se acuerda de la ley antitabaco?
Se trata de una norma tan etérea y surrealista como casi todas. Y eso que somos el país del mundo con más proliferación legislativa. Aquí se aprueba un promedio de cuatro normas diarias, la mayoría de las cuales sólo reiteran o contradicen otras anteriores, sin que al final, claro, nos acordemos de ninguna.
Todos conocemos el chiste del coadjutor que predicaba sobre la resurrección de Lázaro. “Cuando Jesús le dijo ‘levántate y anda’, Lázaro andó”, sermoneaba el auxiliar. Escandalizado por su lapsus linguae, el párroco le susurró, con irritación: “Anduvo, jodido, anduvo”. Creyendo cogerla al vuelo, el coadjutor precisó la frase: “Al principio anduvo jodido, pero andó”.
Eso les ocurre hoy día a cantidad de periodistas, políticos y otros personajes públicos: que escriben andó a tutiplén y ni siquiera andan jodidos, sino que se quedan tan frescos.
No me extraña, pues, que el informe PISA diga que nuestros escolares tienden al analfabetismo. En su descargo, al menos ellos aún tienen la posibilidad de aprender.
Lo malo es que hasta los mejores periódicos del país parecen escritos hoy por iletrados coadjutores como el del cuento, quienes muchas veces acaban diciendo lo contrario de lo que creen decir. Y es que la gramática tenió entre nosotros un pasado digno, en vez de la ignominia actual.
Pregunto en un bar a las afueras de Alicante si ya han detenido al autor de una violación acaecida en las inmediaciones.
—No—, me contesta, escuetamente, la joven dueña del local.
—Yo, a un tío que hiciese eso le daría un par de hostias —interviene, al oírnos, un cliente de unos treinta años, quien añade—: claro que la chica también tuvo la culpa, ¡quién le mandar ir sola por ahí, a las tantas de la madrugada!
Vayan las cosas bien o vayan mal, siempre ganan los mismos.
Ese secreto a voces lo acaban de descubrir ahora, vaya por Dios, los mandamases de la economía. ¿Para qué sirven, pues, las agencias de calificación de riesgos como Moody’s o Standard and Poor’s? Por lo visto, para nada.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel