Uno de cada cuatro niños españoles se siente solo en casa.
En eso no resultan distintos de sus mayores, mírese por dónde. En muchos pueblos de este país quedan tan pocos habitantes que casi no tienen con quién hablar. Pero en las ciudades superpobladas tampoco nadie conoce a sus vecinos, como se aprecia tras un episodio de violencia doméstica: “Nunca observé nada anormal”, suelen decir aquéllos.
Vivimos, pues, una época de soledad, en la que hay ya más divorcios que matrimonios y hasta parejas que pernoctan en domicilios distintos. En sólo una década, se ha doblado el número de gente que vive sola y la cuarta parte de las viviendas alberga hoy día a una sola persona.
Más que de cambio social, hablamos por consiguiente casi de una mutación genética. Somos ya unos seres aislados, conectados a un MP4 o prefiriendo hablar con alguien remoto en medio de una multitud a la que ignoramos.
Por eso, nuestros hijos, pobres, sólo son la consecuencia de ese apabullante solipsismo.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel