Gane o no la elección presidencial, Barack Obama ya ha cambiado el panorama político norteamericano por el simple hecho de haber llegado hasta ahí. A partir de ahora, ya nada será igual en Estados Unidos. Eso, sin saber de qué va el candidato, porque el mensaje del senador de color es deliberadamente ambiguo y adaptable a las circunstancias.
No importa: en la cultura de la postmodernidad lo decisivo es la imagen, el envoltorio, la apariencia. Y Obama supone per se la apertura, el cambio, la subversión de valores.
Por todo eso, el aspirante demócrata a la Casa Blanca es el favorito de los europeos. Si nosotros votásemos en noviembre, el 75 por ciento de nuestros sufragios serían para él, según las encuestas. No por lo que dice, insisto, ya que lo ignoramos, sino simplemente por el cambio que representa. Los analistas independientes norteamericanos han llegado a la misma conclusión: frente a las posturas concretas --y por eso mismo discutibles-- de John McCain, el éxito del senador de Illinois radica en no mojarse en cantidad de temas.
¿Cómo sería, pues, el mandato de Barack Obama de ganar las próximas elecciones? Una auténtica incógnita, según la mayoría de observadores cualificados: «Obama parece más preocupado por cómo conseguir el poder para introducir cambios, que por adherirse a una ideología», decía la semana pasada The New York Times. Aun así, ofrece mensajes tan contradictorios en política exterior como salir de Irak, pero ser inflexible ante Irán y defender la capitalidad israelí de Jerusalén. Más prudente en política doméstica, aún no ha desvelado sus recetas contra la crisis económica, quizás por su escepticismo ante el papel del Gobierno en esos temas. «Su filosofía es la ambición», veo que dice Fred Siegel: «Para mí, él tiene más retórica que filosofía».
¿Le bastará con ese bagaje de ambigüedad para batir a un osado McCain, de carácter independiente y capaz de meterse en todos los charcos? Posiblemente, sí, porque soplan aires de cambio en la política norteamericana, con la irrupción de las minorías y el papel en alza de las mujeres. Paradójicamente, la única perdedora segura de todo esto es Hillary Clinton, ya que la primera mujer aspirante a presidenta parece que no será ella, sino Sarah Palin: si ahora gana McCain, porque al acabar su mandato éste tendría 76 años y, probablemente, daría la alternativa a su vicepresidenta; y si triunfa el candidato demócrata, porque entonces Sarah Palin sería la lógica rival de un Obama en busca de la reelección.
Hace tiempo, pues, que las elecciones presidenciales de Estados Unidos no se presentaban tan interesantes como éstas.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel