Tiene razón Rodríguez Zapatero al querer infundir confianza en la economía española. Entre otros motivos, porque los analistas norteamericanos formulan graves vaticinios sobre nuestro futuro económico.
Sin embargo, el ignorar que existe un problema no es el mejor modo de solucionarlo, sino la garantía de su agravamiento. Y es que lo peor de la crisis aún está por llegar. Ruiz-Gallardón ya ha dado el primer aviso: Madrid no iniciará nuevas inversiones y para atender sus compromisos habrá de aumentar los impuestos.
Hasta Gambia nos toma el pelo. Su Gobierno esperó a que llegase un avión con 101 repatriados, escoltados por 117 guardias civiles, para acabar devolviéndolos a España. Total: 30.000 euros tirados, amén de la sensación de ridículo.
Corren malos tiempos para derroches y otros excesos económicos.
Hasta algo tan simbólico como la restauración de la Zona cero de Nueva York no estará a punto para 2011, décimo aniversario del atentado contra las Torres Gemelas. Lo ha reconocido el alcalde neoyorquino, Michael Bloomberg, echando indirectamente la culpa a Santiago Calatrava. El techo de su estación intermodal dejará de ser móvil, dado que el coste del proyecto supera ya en un 50 por ciento lo presupuestado.
Tras perder mi tarjeta de crédito, he ido a mi supermercado de siempre a ver si me la había dejado allí. En la caja central comienzan a rebuscar entre decenas de otras tarjetas —de crédito, de débito, de consumo…—, de carnés de identidad, de pasaportes… ¡La leche!
Uno de cada cuatro niños españoles se siente solo en casa.
En eso no resultan distintos de sus mayores, mírese por dónde. En muchos pueblos de este país quedan tan pocos habitantes que casi no tienen con quién hablar. Pero en las ciudades superpobladas tampoco nadie conoce a sus vecinos, como se aprecia tras un episodio de violencia doméstica: “Nunca observé nada anormal”, suelen decir aquéllos.
El resumen del debate sobre la crisis económica en el Congreso podría ser éste:
—¿A qué ha venido usted? —pregunta Mariano Rajoy.
—Sólo a dar la cara y a ofrecer confianza a los ciudadanos —responde Rodríguez Zapatero.
—¿Y tiene alguna medida nueva que proponer?
—No. Eso sería un ejercicio de improvisación.
Gane o no la elección presidencial, Barack Obama ya ha cambiado el panorama político norteamericano por el simple hecho de haber llegado hasta ahí. A partir de ahora, ya nada será igual en Estados Unidos. Eso, sin saber de qué va el candidato, porque el mensaje del senador de color es deliberadamente ambiguo y adaptable a las circunstancias.
Dada nuestra propensión a conducir por la izquierda, propongo suprimir el carril de la derecha de nuestras autovías y autopistas. Prácticamente, sólo lo usan aquellos apresurados conductores que nos adelantan en arriesgados zigzags de una parte a otra de la carretera.
Propongo, pues, convertir el de la derecha en un carril virtual, sin existencia física. Así, el Estado se ahorraría un pastón, en esta época de crisis. O, si lo prefiere, podría invertir ese dinero en añadir otra vía más por la izquierda, que es por donde nos gusta conducir.
En cualquier caso, los desplazamientos serían menos peligrosos, no habría absurdas y evitables caravanas y los adelantamientos se harían por su sitio.
Claro que también habrá quien le busque los tres pies al gato. Probablemente, los mismos tipos egocéntricos e insolidarios que se apropian siempre de los aparcamientos para minusválidos y ocupan dos plazas, en vez de una, en los parkings de los supermercados.
Y es que no aprendemos.
Tiene razón el bimedallista olímpico David Cal cuando afirma que “en cualquier competición, sólo hay un ganador; todos los demás son perdedores”. Para remacharlo, concluye que “la Historia sólo se acuerda de los que ganan”. De ahí su rictus de tristeza al recibir las medallas de plata.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel