La patria es un sentimiento. En algunos casos, también un idioma. Por eso, los independentistas de Esquerra Republicana han vuelto a la carga tras los Juegos de Pekín: Carod-Rovira, especulando con que unos Països Catalans independientes habrían obtenido la mayoría de las medallas españolas, y el ex diputado Joan Puig, reprochando a los deportistas de habla catalana el que no hayan utilizado su lengua.
Este curso escolar, los alumnos valencianos estudiarán Educación para la Ciudadanía en inglés. Me temo que no se trata tanto de que aprendan la lengua de Shakespeare como de que logren desconocer la polémica asignatura cívica.
No obstante, cada vez existen más espacios en nuestro país donde el inglés resulta más útil que el castellano. Hace un año, por ejemplo, un colegio público de la localidad alicantina de Rojales, con 700 alumnos de 59 nacionalidades diferentes, celebró una asamblea de padres. Uno de los siete únicos asistentes pretendió hablar en español. Los demás se opusieron, alegando que no entendían el idioma.
Los deportistas españoles no nos están decepcionando en Pekín, pese a lo que pregonan algunos agoreros de turno y aquellos otros a quienes sólo las medallas justifican la participación en unos Juegos Olímpicos. Lo que sí me ha defraudado, en cambio, es la incontinente retransmisión de TVE.
Nada mejor, al parecer, que las viejas rogativas de antaño para remediar el perenne déficit de agua en el sureste español. La filtración precipitada de la última alternativa, el trasvase —perdón, la “transferencia hídrica— desde el embalse de Valdecañas al río Segura, se ha abortado antes siquiera de germinar.
Hace nada, como quien dice, se enterraba en Salamanca a María San Cipriano, asesinada por su novio. Ahora, otro ciudadano, Jesús Neira, está en coma por la agresión de un maltratador frustrado.
Me perturba la catadura moral del doble agresor de Majadahonda, quien se hallaba tan ricamente de vacaciones en la playa tras cometer su delito. Me inquieta, asimismo, la discreción inicial de policías, jueces y medios de comunicación, que hurtaron su nombre y su rostro a la opinión pública. En cambio, por esas fechas, la imagen de la ciclista Maribel Moreno ocupaba las portadas de todos los periódicos por su dopaje en los Juegos de Pekín. ¿Es más infamante, más grave, mayor delito, el fraude deportivo de la deportista olímpica que el salvaje atentado de Antonio Puertas a un ciudadano honrado?
Creo en la justicia universal y ya me gustaría, ya, que los dictadores de cualquier pelaje fuesen juzgados por sus crímenes. Y eso es válido no sólo para Radovan Karadzic, sino también para muchos jefes de Estado —desde Robert Mugabe a Muammar al Gadafi y desde Kim Jong Il a Teodoro Obiang—, con quienes los distintos gobiernos españoles han estado dándose el pico, un día sí y otro también.
Me imagino el desconcierto, la frustración y hasta la rabia de los europeos si Barak Obama no es elegido presidente de los Estados unidos el próximo noviembre. Y es que Barak es nuestro candidato: el hombre que mejor representa la postmodernidad en la era de la globalización.
Cuando el caudillo bolivariano Hugo Chávez habla de Venezuela y de su presupuesto nacional lo hace en primera persona: “Yo compro”, “yo vendo”, “yo regalo”, “yo decido”,…
Hace bien en decirlo, porque es verdad. Siglos después de la separación de los bienes de la Corona y los del Estado, este monarca republicano, este príncipe absolutista, ha vuelto a la confusión original de ambos conceptos. Por eso, al decidir la estatalización del Banco de Venezuela, propiedad del BSCH, puede afirmar enfáticamente: “Lo nacionalizo”, “lo compro”. Y no lo hace porque ello resulte beneficioso para su país —ya nadie cree en los efectos taumatúrgicos de la nacionalización bancaria—, si no porque Emilio Botín iba a venderlo a otro empresario, Víctor Vargas, propietario del Banco Occidental de Descuento. Pero eso sí que no: el sector privado venezolano debe estar sometido al designio revolucionario del mesiánico líder populista. Faltaría más.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel