Por un motivo o por otro, la mayoría de los crímenes quedan impunes. Ahí tenemos, si no, el caso de la niña Madeleine McCain para ratificarlo.
Unas veces, porque los delitos no son denunciados; otras, porque ni siquiera se sabe que han sido cometidos, las más porque no se descubre a los culpables. Pero hay más razones para la impunidad de los criminales: una justicia torpe e ineficaz que acumula procesos interminables; la desidia de muchos jueces, oficiales y auxiliares de los juzgados que propicia, por ejemplo, que el asesino de la niña Mari Luz Cortés estuviese en la calle en vez de en la cárcel; los errores y las torpezas de los procedimientos penales que llevan a la prescripción de algunos delitos… Así podríamos seguir a lo largo de varias páginas.
A veces, incluso, sucede justamente lo contrario: que un inocente, como en el caso de Rafael Ricardi, pasa trece años en la cárcel por una violación que no cometió.
El pecado de Rafael no fue haber violado a nadie, sino ser pobre, marginado, simple y sin ningún abogado mediático capaz de enredar el proceso hasta conseguir su absolución.
Si el recluso de Topas hubiese sido otro, la duda de las pruebas periciales habría llevado en 1996 a su excarcelación. También, cuatro años después, al comprobarse que los restos de semen no eran suyos, la fiscalía habría solicitado la revisión de la pena. Pero no: sólo cuando los verdaderos culpables llevan tiempo entre rejas, Rafael Ricardi ha recuperado la libertad.
El suceso resulta terriblemente inquietante. Un viejo aforismo jurídico dice que es preferible la libertad de mil culpables a la condena de un solo inocente. Aquí, rizando el rizo, hemos conseguido cometer simultáneamente ambas tropelías.
Aun así, con todo el desbarajuste judicial que padecemos, en España se ha doblado el número de reclusos en pocos años y once nuevas prisiones van a irse abriendo paulatinamente para albergar 18.000 internos más. Mejor que eso y, sobre todo, antes que eso, valdría la pena dotar de mayores recursos a nuestra justicia para que todos los culpables vayan a la cárcel y los inocentes puedan salir de ella.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel