Por un motivo o por otro, la mayoría de los crímenes quedan impunes. Ahí tenemos, si no, el caso de la niña Madeleine McCain para ratificarlo.
Gracias al carnet por puntos, este verano estamos teniendo menos muertos en las carreteras. Pero, como la dicha nunca es completa, hay más accidentes en las playas y las piscinas.
No voy a hablar de política en este espacio, Dios me libre, sino de algo tan sencillo y tan cotidiano como la solidaridad.
Resulta que se han publicado las balanzas fiscales entre las distintas regiones de España y el Estado central y ya se ha armado el lío, al margen del color político de las respectivas administraciones. Era algo tan previsible que el haber permitido que sucediera supone ya una grave irresponsabilidad cívica. Todo, por dar satisfacción a algún aliado político que había hecho de la necesidad de la susodicha publicación un auténtico casus belli.
Hablábamos de pleno empleo cuando el paro rondaba el 8 por ciento, hace un año. Ahora estamos ya en el 10,4, superior al de 2001. Y subiendo.
¿Qué hacer para evitar su escalada y los dramas personales que conlleva? No parece que ésa sea la prioridad del Gobierno, sino sólo conservar las actuales prestaciones de desempleo; o sea, gastar más fondos públicos en mantener a los parados que sobrevengan antes que en crear nuevos empleos.
Cuando el ciclismo parecía levantar cabeza de pasados y repetidos escándalos, nuevos y consecutivos dopajes lo han vuelto a sumir en el descrédito. Han sido pillados con restos de drogas en la sangre no sólo corredores en declive, como el veterano Manolo Beltrán, sino también ídolos emergentes, como el joven Riccardo Riccó. Un tercero, Moisés Dueñas, se arriesga incluso a severas penas de cárcel por masiva posesión de sustancias dopantes.
¿Tan apremiante es el consumo de drogas para estos deportistas que lo hacen incluso con el aliento en su cogote de los médicos que los controlan a diario?
La edad de jubilación en este país es de 65 años, pero el 41 por ciento de los ciudadanos lo hace antes, con lo que la realidad es muy otra: nos jubilamos, de promedio, a los 61 años y cinco meses.
El ministro Miguel Sebastián, en un gesto premonitorio que nadie valoró, se quitó la corbata. Días después anunciaba un plan de ahorro energético.
No supimos apreciar entonces el críptico aviso ministerial. Por eso, anticipo que cuando veamos al titular de Industria con bermudas es que nuestro político ya habrá conseguido su objetivo.
Hace un año vimos cómo la nadadora ucraniana Kateryna Zubkova era golpeada por su padre y entrenador por haber quedado fuera de la final por unas décimas. No es el primer caso, ni será el último, de un deportista adolescente maltratado por unos progenitores que quieren sublimar con los éxitos de sus hijos sus frustraciones personales. Alguno, como el padre de Venus y Serena Williams, ya había decidido que éstas serían tenistas antes de que nacieran. A otro, como el de Mary Pierce, hubo que dictarle orden de alejamiento judicial a petición de su propia hija.
Al paso que va, no sé si llegaré a ver en funcionamiento el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, previsto para 2011. Y no será por falta de ganas, ya que cada día que pasa avanza un poco más la desmemoria colectiva.
Lo que sucede es que el pasado no es algo aséptico y neutral, sino una materia que se reescribe cada día para adaptarla al gusto y a la conveniencia de quien tiene la Historia por el mango.
No sólo los atletas se preparan para ir a los Juegos Olímpicos de Pekín. Jefes de Estados democráticos, empezando por George Bush, ya están haciendo las maletas.
¿Qué quedó, pues, de aquellas prédicas escandalizadas por la represión de los monjes tibetanos?
Todo el mundo menos Rodríguez Zapatero cree que estamos ante una crisis económica. Y es que ese optimismo presidencial es la mejor arma, si no la única, de que dispone el Gobierno para conjurar la crisis.
Las tormentas económicas se bandean mejor cuando se han prevenido a tiempo y se han tomado medidas antes de que estallen, lo que no ha sido el caso español. Aquí hemos crecido en los últimos años más que nadie de nuestro entorno y, por eso mismo, el batacazo también va a ser mayor que el de nuestros vecinos.
Si uno recorre la Quinta Avenida de Nueva York, a lo largo de varios kilómetros puede oír más de un centenar de lenguas. Son idiomas que coexisten en libertad, sin que nadie los imponga o los defienda; simplemente, la gente los usa para poder entenderse.
Eso sucede en un país, Estados Unidos, donde no existe lengua oficial alguna y todos los ciudadanos tienen el derecho a ser educados en su idioma materno, por exótico que sea. Cada cierto tiempo, no obstante, surge la propuesta de only english, de fomento del inglés, pero no como coacción, sino para evitar la discriminación de quienes no dominan esa lengua.
Todo eso es, justo, lo opuesto de lo que sucede aquí.
El supermillonario mexicano Carlos Slim lo ha explicado con claridad: “Todas las crisis no son más que oportunidades de hacer negocio”.
Ya ven qué diferencia, la suya, con aquéllos a quienes la crisis impide hacer frente a sus hipotecas, les aboca al paro o, simplemente, reduce sus posibilidades de vacaciones.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel