Mariano Rajoy ya ha ganado, antes de empezar, el congreso de Valencia ante la falta de alternativa. Sus más fieles, sin embargo, habrían preferido que se presentase la candidatura de Juan Costa para evidenciar, con la derrota de éste, el apoyo masivo al líder del Partido Popular. Ahora, en cambio, temen que los reducidos votos en contra de las ponencias y las abstenciones sean capitalizados por el difuso sector crítico como una bomba de efectos retardados contra la nueva línea oficial del partido.
Por todo esto, para los más conspicuos marianistas, tanto o más importante que en Congreso en sí es lo que pase en los meses sucesivos.
Lo cierto es que el PP lleva tanto tiempo enfrascado en su debate interno, que se ha olvidado de hacer oposición al Gobierno, pese a los encomiables esfuerzos de Soraya Sáenz de Santamaría, quien ya empieza a cogerle el tranquillo a su reciente portavocía.
Pero no me negarán que, con la que está cayendo, no es para machacar al Gobierno en Las Cortes. Y no me refiero sólo a los datos macroeconómicos de lo que, por fin, Pedro Solbes, en un lapsus, ha reconocido como “crisis”. La gestión de la huelga del transporte por Rodríguez Zapatero ha bordeado el desastre, al permitir deliberadamente su enconamiento para así poder justificar luego ante la opinión pública una intervención que debía haber realizado desde el primer día. Nos habríamos ahorrado el muerto de Granada, la violencia incendiaria, el desabastecimiento de los mercados, la sensación generalizada de caos y la negativa repercusión económica a medio plazo.
No nos engañemos. El efecto inducido y multiplicador de la huelga en los próximos meses hará subir alguna décima la inflación y recortará aún más el crecimiento de nuestro PIB, ante la parada de producción, ajustes de plantilla y otras consecuencias de la huelga. Con una inflación a fines de este año en torno al 5 por ciento y una renta cuya subida no llegará al 2 por ciento, no sólo tendremos más paro, sino que muchos nos acabaremos empobreciendo en términos reales.
En vez de dedicarse a combatir todo esto, Mariano Rajoy ha estado mareando la perdiz de un presunto viaje al centro para el que no hacía falta tanta improvisación y tanto estropicio. Con sus erráticas decisiones, un día deja a Ruiz-Gallardón al borde del abandono de la política y al otro lo acoge en su seno. Más tarde invita a Esperanza Aguirre a marcharse o, de repente, anuncia que Esteban González Pons es uno de sus hijos bien amados. No me extraña, pues, que muchos de su entorno no sepan con qué carta quedarse.
Si ese presunto viaje al centro —¿de verdad cree Mariano Rajoy, la insidiosa e interesada prédica de Pepiño Blanco de que el PP está ubicado en la extrema derecha?— se hubiese iniciado con prudencia hace cuatro años, nada de esto habría pasado.
Mientras ese zigzagueante periplo se completa, nadie en el PP toma decisiones, ya que su secretario general, Ángel Acebes, está amortizado y fuera de cobertura. Los mensajes del partido son confusos y contradictorios, no se sabe quiénes formarán el equipo de gobierno y lo único que se conoce es que un hasta ahora inexistente Consejo Autonómico de barones regionales —Paco Camps, Núñez Feijóo, Juan Vicente Herrera, Javier Arenas…— tendrá poderes ejecutivos, en una aproximación a los modos de hacer del PSOE.
Ante todo esto, la opinión pública aun resulta benévola, ya que en la última encuesta del CIS los populares sólo pierden 2,5 puntos en estimación de voto, situándose a 6 de distancia del partido socialista.
Éste es el escenario en el que Rajoy será reelegido presidente del PP el próximo fin de semana. ¿Y luego qué?
Luego es cuando se verá lo que aguantan las costuras del equipo de dirección que salga de ahí. Luego dejarán los delegados ese mundo virtual de conspiraciones internas y se enfrentarán a la vida real, con unas elecciones gallegas en las que el partido del socialista Pérez Touriño puede subir aun más a su costa, con unas insípidas elecciones europeas en plena crisis de la UE y con el posible adelanto electoral en Euskadi y Cataluña, dos comunidades nada proclives a los populares.
Ahí, sí. Ahí, y no en el congreso de Valencia, se verificará o no la fortaleza del nuevo PP y se verá si Mariano Rajoy es o no el líder que habrá de llevarle a la tierra prometida.
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Es más:
Decir, como ha dicho el señor Gallardón, que la labor como fiscal de la señora Olga Sánchez en el 11-M ha sido excelente, es un gravísimo insulto y una injuria contra la inteligencia y contra todas las personas cultas y bien informadas de este país.
Debería crearse una asociación cívica de personas formadas y expertas en Derecho para ponerle una querella criminal por insultos e injurias contra los ciudadanos informados al señor Gallardón.
Corrección:
¿Acaso escribir esto que he escrito es menos grave que decir que al señor Gallardón le interesa infinitamente más llegar al poder que cuál pueda ser la verdad sobre la masacre del 11-M, que al señor Gallardón le importa una higa los 192 asesinados y 1500 heridos como al señor Rajoy le importa una higa la crisis económica de los ciudadanos, sino es sólo para utilizarla como única oportunidad para llegar algún día a la Moncloa?
0 sea, señores Henares y Torres, que en este país es delito, según ustedes y cuando a ustedes les intere4sa o se les pone, no dar por manifiesta y probada la buena intención y limpieza ética de nuestros políticos.
Por cierto, don Vicente Torres y don Antonio Pérez Henares:
¿Es legal que uno pueda decir que a don Mariano le importa un guano la crisis económica de los ciudadanos per se y que sólo la utiliza como única posible oportunidad para poder llegar algún día a ganar unas elecciones?
O sea, don Vicente Torres y don Antonio Pérez Henares:
¿Deberían de ponerme como al señor Losantos una querella criminal y llevarme a los tribunales por delito de injurias al haber escrito esto? ¿Acaso decir esto es menos grave que decir que decir que al señor gallardón le interesa infinitamente llegar al poder que cuál pueda ser la verdad sobre la masacre del 11-M?
El Partido de los Marianeros sabe muy bien a qué está: al cuanto peor mejor, o sea, a la espera de si unos incompetentes y apoltronados como ellos puedan tener alguna oportunidad tras el naufragio general al que arrastrará a los ciudadanos, en general, la hecatombe y pésima gestión continuada de este Gobierno. El don Mariano ése sólo exhibe reflejos y da muestras de astucia y de verlas venir cuando se trata de su poltrona. Lo demás, como a ZP, le importa un guano.
A mí no me cuadra que el PP vaya perdiendo intención de voto respecto al PSOE. En EL MUNDO de hoy hay una encuesta de SIGMA DOS en la que el PP se pone A SOLO UN PUNTO de los socialistas. ¿En qué quedamos?
Excelente análisis como todos los de su autor. Me falta un poco saber qué pasará después del cónclave del PP.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel