El déficit de los ayuntamientos españoles es de 7.000 millones. Y creciendo. El alcalde de Játiva, Alfonso Rus, calcula, por otra parte, que el parón inmobiliario reducirá el 50 por ciento de sus ingresos por licencias de obras. ¿Cómo hacer frente, entonces, a la creciente demanda de servicios municipales?
Algunos ayuntamientos ya han comenzado a suspender eventos, reducir actos, recortar fiestas y congelar plantillas. Donde no hay, no hay. Lo peor es que no pueden acudir indefinidamente al déficit y al endeudamiento, como el Estado, o discutirle a éste los criterios de financiación, como hacen las comunidades autónomas.
Además, mientras que los ministros y los presidentes autonómicos son unos seres abstractos a quienes los ciudadanos sólo ven por televisión, a sus munícipes se los encuentran en el bar del pueblo. Recuerdo un breve recorrido urbano que hice con Jorge Alarte, alcalde de Alaquàs, 30.000 habitantes, en el que sus vecinos le paraban por la calle para plantearle sus problemas.
A los municipios no les queda otra, pues, que aumentar tasas e impuestos: servicio de agua, vados municipales, recogida de basuras… y el sempiterno IBI. Todo ello, en un momento en que los ciudadanos empiezan ya a apretarse el cinturón para que no se les caigan los pantalones. Algunos alcaldes, como el de Salamanca, Jesús Lanzarote, se anticiparon a subir en octubre pasado el IBI un 19 por ciento para cabreo no sólo de la oposición socialista, sino de sus propios votantes del PP.
Muchos otros, hasta 350, se han lanzado por su cuenta a cobrarles a las compañías de móviles un 1,5 por ciento de sus ingresos, a cuenta de las antenas instaladas en sus municipios, en una decisión cuya legalidad se ventilará en los tribunales.
Se entiende, por consiguiente, la rara unanimidad de todos los alcaldes, sin distinción de color político, en plantear al Gobierno la tantas veces pospuesta reforma de la financiación municipal. Desde Rita Barberá hasta Rosa Aguilar, pasando por el actual presidente de la federación de municipios, el socialista Pedro Castro, coinciden en reclamar una mayor transferencia de recursos del Estado, participar en los impuestos autonómicos y crear un fondo de nivelación entre localidades para dar más a quien más lo necesite.
De no hacerse de inmediato, los pueblos españoles, dotados hoy de eficientes policías municipales y rutilantes polideportivos, podrían volver a la incuria de hace décadas, con simples guardias de la porra y calles sin pavimentar.
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El problema de los ayuntamientos es que han aumentado sus plantillas de funcionarios como si fuesen ministerios. En muchos de ellos no se justifican tantos puestos como no sea por el amiguismo del partido o partidos de turno. Ahora que viene Paco con las rebajas no saben de dónde recortar y como siempre son los ciudadanos los que tenemos que pagar el pato.
¿porqué si están arruinados los ayuntamientos siguen gastando su dinero en cosas inútiles, como festejos y otras cosas similares?
Tanto hablar durante la pasada campaña electoral de bajar los impuestos y ahora todo anuncia que los ayuntamientos los van a subir. Nos engañan como a chinos.
Sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Los ayuntamientos sólo se acuerdan de cambiar su financiación cuando la vaca de las promociones inmobiliarias no da ya más leche. Tenían que haberse dado cuenta antes y no echarse sobre los bolsillos de los pobres contribuyentes que no dan más de sí.
Yo también me estoy arruinando con la subida de los alimentos y las hipotecas y no me dedico a esquilmar a mis compatriotas, como hacen los ayuntamientos. El de mi ciudad se ha puesto a perseguir como loco a los conductores y a retirar todos los coches mal aparcados. ¿Por qué no lo había hecho hasta ahora? Esto no es justo sino una cacicada.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel